Políticamente indeseable

Cayetana Álvarez de Toledo

Fragmento

CYRANO

Que dites-vous?... C’est inutile?... Je le sais!

Mais on ne se bat pas dans l’espoir du succès!

Non! Non! c’est bien plus beau lorsque c’est inutile!

Qu’est-ce que c’est tous ceux-là?

Vous êtes mille?

Ah! je vous reconnais, tous mes vieux ennemis!

Le Mensonge?

[Il frappe de son épée le vide]:

Tiens, tiens! Ha! Ha! Les Compromis!

Les Préjugés, les Lâchetés!...

[Il frappe]:

Que je pactise?

Jamais, jamais!

Ah! te voilà, toi, la Sottise!

Je sais bien qu’à la fin vous me mettrez à bas;

N’importe: je me bats! je me bats! je me bats!

[Il fait des moulinets immenses et s’arrête haletant]:

Oui, vous m’arrachez tout, le laurier et la rose!

Arrachez! Il y a malgré vous quelque chose

Que j’emporte, et ce soir, quand j’entrerai chez Dieu,

Mon salut balaiera largement le seuil bleu,

Quelque chose que sans un pli, sans une tache,

J’emporte malgré vous,

[Il s’élance l’épée haute]:

et c’est...

[L’épée s’échappe de ses mains, il chancelle, tombe dans les bras de Le Bret et de Ragueneau].

ROXANE [se penchant sur lui et lui baisant le front]:

C’est?...

CYRANO [rouvre les yeux, la reconnaît et dit en souriant]:

Mon panache.

EDMOND ROSTAND, Cyrano de Bergerac, acto V, escena VI, 1897

Declinación

DECLINACIÓN

Escribo desde el socavón. Sin amargura ni desaliento, incluso con esperanzas. Cualquier cosa menos dar la razón a los profetas del fracaso español. De un lado, las tricoteuses; del otro, las plañideras. Unas y otras adolecen de una fatal y simétrica arrogancia. La de creer que nuestra generación verá la destrucción definitiva de un viejo país ineficiente. La realidad es más prosaica. España se ha adentrado en el sombrío bosque de la decadencia. Nada nuevo, aunque el proceso pueda doler o durar. Pregúntenselo al conde-duque de Olivares. O a mi biografiado Juan de Palafox, un idealista, un justiciero, un fracasado. Las estanterías de mi casa están llenas de volúmenes sobre la declinación española, de mi etapa como investigadora del siglo XVII. «Declinación», qué palabra tan bella y exacta. En la historia de España el espíritu del 98, pesadumbre y nostalgia, es más la norma que la excepción. La principal y decisiva diferencia es que la presente crisis se proyecta sobre un orden político de una profunda envergadura moral. La Constitución de 1978 es la respuesta más equilibrada, justa y fértil jamás dada al principal problema español, que es también el principal problema de la modernidad política: «Cómo vivir juntos los distintos», en expresión ya clásica de Libres e Iguales, la plataforma cívica que un pequeño grupo de militantes de la democracia promovimos en 2014. El orden constitucional español está en riesgo. En grave riesgo. ¿Desde cuándo? Unos dirán que desde el primer minuto, por la ingenuidad del constituyente y la deslealtad de los nacionalismos. Otros culparán a los sucesivos gobiernos, por su oportunismo y su cobardía. Otros más dirán que las élites abdicaron egoístamente de su responsabilidad. Los últimos acusarán al propio pueblo travestido en turba. Puedo coincidir con todos ellos. Como periodista y política, he vivido la declinación española, capítulo a capítulo. Sé hasta qué punto la mediocridad y el sectarismo han erosionado las instituciones. He visto a los medios de comunicación deslizarse por la pendiente de las junk news y a la sociedad entregarse al victimismo y la irracionalidad. Sobre todo, he vivido, en primera línea política, la convergencia de dos fenómenos letales: el Proceso nacido en Cataluña y la pandemia venida de China. Esa es la historia que cuenta este libro: la de mi experiencia como candidata por Barcelona y luego diputada y portavoz del Grupo Parlamentario Popular en un tiempo especialmente delicado para España. Durante un año y medio, entre marzo de 2019 y agosto de 2020, luché contra lo indeseable en la política hasta que me convirtieron en políticamente indeseable. Desde esa condición, la del hombre en la arena, que, con el rostro cubierto de sangre, sudor y polvo, políticamente derrotado, afirma: «Que por mí no quede», me reafirmo en mis esperanzas. España no es la excepción ni está condenada a ser un país dividido, declinante, mendicante, marginal. Sus problemas son homologables a los de muchas democracias del mundo. Después de la crisis vendrá la reconstrucción, el resurgimiento. La pregunta para la que no tengo respuesta, todavía, es quién pondrá orden. Pero sí sé que yo seguiré trabajando para que sea un orden liberal. El único deseable.

También por eso he escrito este libro. La política siempre ha intimado con la mentira, pero hoy directamente se hace contra la verdad, para deshacerla. Se lo dijo un día Antonio Fontán a un joven Alfredo Timermans, mi gran amigo: «La verdad, nunca a nadie; sólo a tu confesor y en caso de peligro de muerte». No recuerdo la última vez que me puse de rodillas. Y de la muerte, qué decir. Sólo conozco la muerte política y la desafío como Cyrano de Bergerac, espada en alto. He decidido contar mi experiencia movida por una doble responsabilidad. La que contraje cuando voluntariamente decidí ser española y la que asumí cuando pedí a mis compatriotas el voto. A ellos me debo. En España faltan y fallan muchas cosas, es indiscutible. Pero quizá ninguna tanto como la transparencia. No en el sentido voyeur y vulgar del término —la cuenta corriente, la esfera íntima—, sino en el más modesto y radical. Sólo cuando los políticos digamos en público lo mismo que afirmamos en privado, sólo cuando reconozcamos la degradación de nuestro oficio, sólo cuando nos veamos retratados en el implacable espejo de los hechos, sólo entonces seremos capaces de rescatar la democracia de las sucias mandíbulas del populismo. A eso aspira este libro. Es un alegato contra la resignación.

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