Llamando a las puertas de la revolución

Karl Marx

Fragmento

cap-2

 

I. NI MARX NI MENOS

 

Esta antología, esta propuesta de lectura nace del convencimiento, no excluyente de otros posibles convencimientos, de que Karl Marx fue, sobre todas sus otras facetas, un revolucionario. Alguien que quería hacer la revolución, hacer posible la realidad de una sociedad igualitaria basada en la comunidad de bienes y actividades, y que dedicó toda su vida a saber y enseñar qué revolución hacer, quién podría hacerla, contra quién tenía que hacerse y cómo podría llevarse adelante. La revolución como horizonte, como ese lugar hacia el que se avanza y nunca parece poder alcanzarse. Como ese lugar donde la construcción del bien común nace de la deliberación continua y en condiciones de igualdad de todo el colectivo social. Quisiéramos narrar la historia de un revolucionario a través de sus propios escritos, de sus propias palabras y reflexiones, ofreciendo a los lectores, a modo de huellas que señalan un camino, aquellos textos que, a nuestro entender, permiten cartografiar el desarrollo de sus ideas y propuestas.

Aun leyendo esta antología, quien no haya leído a Marx seguirá sin haber leído a Marx. Porque una antología no puede ser una disculpa para no leer, ni puede legitimar la negligencia, ni puede jugar a que la parte vale por el todo. Una antología no sustituye, no puede sustituir al conjunto de una obra que se reparte en más de cincuenta volúmenes de extensión semejante a este. Tampoco, aunque nos felicitaríamos si pudiera serlo, se pretende como muestra representativa ni menos aún como una síntesis o resumen de su pensamiento. A lo que sí responde —y esa es la responsabilidad que asume— es al propósito de ser un libro con vocación narrativa que utiliza los textos de Marx y algunos otros para contar una historia protagonizada por aquel revolucionario que se llamaba Karl Marx.

Una antología es un libro a la vez propio, pues nace de la responsabilidad del editor, y ajeno, ya que su autoría se asienta no solo en el antologizado sino, en este caso, en toda una tradición y equipaje de trabajos que han logrado construir alrededor de la figura y obra de Karl Marx un universo de conversaciones, imposibles de reproducir en su totalidad pero que inevitablemente contribuyen a cualquier lectura que hoy se pueda hacer de Marx. Diría incluso que el papel del antólogo es semejante al del actor que da voz al texto del dramaturgo o al del director que dirige la puesta en escena, siempre que entienda como necesario, además de inevitable, que en el telón de fondo deben estar presentes los ecos que esa tradición pone en juego. El antólogo como un intermediario entre el autor y el público, entre la obra y su lectura, entre el tiempo del autor y el tiempo del lector o la lectora. El antólogo como momento.

Se trata de facilitar que la obra de Karl Marx sea de nuevo escuchada, que su llamamiento vuelva a estar en el aire, en ese aire, la historia, que es pasado, presente y futuro. El antólogo como intermediario parcial, interesado y directamente concernido. Y la antología como herramienta, vehículo, vuelo, comunicado. Como lugar de encuentro o reencuentro, como espacio para el diálogo, como conversación e inmersión, como debate y polémica y, llevando la metáfora hasta el extremo, como agonía: combate, lucha, tránsito, renacimiento.

En el mercado editorial en lengua castellana no faltan excelentes selecciones de textos de Marx aunque, después de que se paralizara la ejemplar publicación de las Obras completas de Marx y Engels, OME, que proyectó el profesor Manuel Sacristán, sigue existiendo esa laguna bibliográfica cuya superación facilitaría el acceso a su obra. Hay muchos Marx o, por mejor decir, muchos ángulos en sus textos, y la elección de estos encuentra distintas legitimidades en función de los objetivos que cada edición se proponga.

Desde la premisa de configurar esta antología como una narración, y por tanto, como la comprensión de una experiencia («comprensión» en cuanto la acción de entender y la facultad de conocer, pero también en cuanto abarcar toda su dimensión), creo que como en cualquier planteamiento narratológico quizá lo primero sería determinar sobre quién o quiénes recaería el papel del destinatario o lector implícito. Los destinatarios, ¿tomados como demanda o como oferta? Es decir, ¿como un conjunto de población previa y objetivamente interesada en la obra de Marx o como posibilidad de respuesta a una necesidad de lectura ni siquiera asumida ni imaginada?

Sobre ese posible primer grupo la dificultad consiste en discernir qué se envuelve bajo ese «objetivamente»: si señala a los estudiosos y conocedores que ya mantienen trato con la obra de Marx, o bien se refiere a aquellos que por sus circunstancias, situación social o estado de ánimo político estarían interesados en aproximarse a un conocimiento del que tienen noticias difusas, confusas o confundidas. Nuestra opción es clara: preferimos dirigirnos a ese segundo conjunto, de contenido flotante diríamos, que siente como deseo, necesidad e inteligencia introducirse en un autor al que, por los motivos que sea, desconoce pero que en absoluto ignora: militantes de movimientos sociales, estudiantes en actitud de mayor o menor indignación y rebeldía, ciudadanos que han oído campanas pero buscan saber dónde, inconformes con los discursos políticos o económicos dominantes, etcétera.

Respecto al segundo grupo de destinatarios y a la posibilidad de ofrecer respuesta a esa necesidad no reconocida ni menos aún verbalizada, su concreción cualitativa abarcaría cada uno de los segmentos de población lectora donde se pueda producir la pregunta «qué es lo que están haciendo conmigo», incluyendo el desdoble sartriano sobre el «qué es lo que estoy haciendo con lo que están haciendo conmigo». Este segundo grupo no es difícil de entender como el verdadero etcétera que sigue a los segmentos antes señalados. Dicho más expresivamente: en el imaginario de esta antología están presentes como destino a satisfacer todas aquellas inquietudes inconformes con el «esto es lo que hay» y que, en consecuencia, pueden encontrar en Marx respuestas a los problemas que enfrentan en sus vidas cotidianas. El destinatario como deseo de conocimiento y cambio.

Desde ahí, desde este destinatario que se busca, se desprende el Marx que queremos ofrecer. Primero, como negación: no un Marx para académicos, estudiosos o conocedores en profundidad de sus obras; no un Marx para exámenes u oposiciones a los cuerpos administrativos del Estado; no un Marx como valor de cambio para estos tiempos de superficiales mudanzas ideológicas; no un Marx como lección. Después, como afirmación: un Marx accesible, visualizable semánticamente, cercano a los lenguajes y cuestiones presentes hoy, útil como interlocutor y como instrumento de defensa y combate ideológico, capaz de inquietar y aclarar, de propiciar la reflexión y el impacto, con la levedad del guepardo y la densidad del agua que apaga la sed.

Pretendemos ofrecer muestras de todos los Marx que están dentro de Marx sin dar preferencia especial a ninguno de ellos. Metidos en el dilema althusseriano sobre el Marx humanista o el Marx científico, entre continuidad y ruptura, hemos optado por presentar la continuidad como integración de un permanente proceso de rupturas; entre el Marx joven y el Marx maduro elegimos el inevitable desarrollo; entre el Marx de

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