La rebelión de las audiencias

Fragmento

Título

Introducción

En menos de una década pasamos del imperio del rating al dominio del mundo hiperconectado a través de estos nuevos superpoderes de las nuevas tecnologías: Google, Facebook, Twitter, Apple, AT&T, Microsoft y sus tentáculos.

El Big Brother orwelliano de la pantalla televisiva cambió al de la pantalla telefónica y los dispositivos móviles, pero con un sutil y riesgoso cambio de ecuación para las élites: los vigilados pueden vigilar, las audiencias pueden producir contenidos, los ciudadanos pueden reclamar sin la mediación de los partidos o los grandes medios de comunicación. La interacción ha convertido esta nueva galaxia comunicacional en un nuevo y complejo ecosistema, con riesgos y posibilidades aún inciertos.

En 2005 escribí La televisión que nos gobierna, publicado por Grijalbo. El objetivo fundamental de esta obra fue describir la estructura e infraestructura del poder de la televisión en México. Apenas iniciaba la convergencia tecnológica (fusión del espectro radioeléctrico con las redes de telecomunicaciones como el internet, la telefonía o el satélite), pero ya se veía venir una dinámica nueva sobre la misma y anquilosada estructura de concentración y poder monopólico.

La obra era un duro recuento de la decepción frente a la alternancia foxista, sobre todo en materia de democratización de los medios de comunicación masiva. Fue un libro previo
a la ley Televisa que irrumpió en la sucesión presidencial de 2006 y demostró quiénes gobernaban realmente sobre la mentira de una transición fallida a la democracia. La televisión que nos gobierna se convirtió entonces en una radiografía y en un manual para entender esta estructura abusiva del poder mediático que demostró sus excesos y debilidades entre 2010
y 2017.

Del tamaño de los excesos y de la impunidad del monopolio televisivo ha sido la caída y la acelerada deserción de sus audiencias, especialmente de la nueva generación de consumidores y generadores de contenidos que ya no son “gobernados” por la televisión.

En menos de una década, el imperio colapsó junto con la caída del último presidente del retorno priista al poder: Enrique Peña Nieto.

Al descenso brutal de Peña Nieto le ha sobrevenido el derrumbe del modelo de control televisivo sobre una sociedad indignada, una economía en franco estancamiento y un entorno violento y virulento, producto de una década de guerra civil indirecta y una explosión de fenómenos de corrupción y abusos de los poderes militares y criminales.

Esta rebelión de las audiencias ha sido un proceso con características singulares del sistema político mexicano, pero también con referentes globales similares a los de otras latitudes: la apropiación social y generacional de las nuevas tecnologías; la transmutación del imperio del broadcasting en el reino creciente del streaming; la sustitución y convergencia
de los emporios telefónicos y televisivos con los tentáculos de Google, Facebook, Apple, Netflix; el crecimiento exponencial de movimientos y protestas sociales ajenos o distintos a los grupos clientelares que combinan las calles con las redes sociales; la era de la información instantánea que se transforma en “posverdad” o en mentiras socialmente admitidas; la irrupción de las audiencias hipersegmentadas, diversificadas y dispersas.

Con frecuencia los analistas y observadores sociales de este fenómeno global y nacional confundimos a los grandes superpoderes que pretenden apropiarse de la comunicación digital en redes sociales con los auténticos protagonistas de este fenómeno: las propias audiencias. No es la tecnología per se sino sus usuarios, las audiencias digitales, quienes están encabezando esta nueva rebelión global.

En menos de una década pasamos de un proceso de deliberación crítica restringida, acotada a los “generadores de opinión pública”, a una auténtica rebelión de las audiencias con múltiples características: anárquica, intensa, pasional; desinformada en muchos casos, desconfiada en la mayoría; desencantada con los viejos modelos y paradigmas partidistas y mediáticos; crédula y apocalíptica en algunos momentos, comprometida y solidaria, en otros.

Algunos semiólogos como Umberto Eco han descalificado a estas audiencias como la “legión de idiotas”, observando sólo una parte de este fenómeno y no toda la complejidad de una era de rebelión que es caldo de cultivo para demagogos como Donald Trump, pero también la posibilidad de múltiples formas de resistencia civil frente a los poderes insaciables, o una forma de enfrentar a las nuevos rostros de la autocracia y la censura.

Los nuevos superpoderes de Facebook, Google, Apple, Twitter no le tienen miedo a las administraciones y gobiernos nacionales sino a la pérdida de sus audiencias y usuarios. Ahí radica la clave de un poder encubierto, poco analizado, que les otorga a los “vigilados” una responsabilidad y poder enormes.

El mayor temor de las élites se ha cumplido: las víctimas del panóptico son las que vigilan ahora. Cobraron vida, tomaron voz, intervienen, inciden, presionan, insultan, comparten contenidos y puntos de vista, interactúan de manera neurótica o enajenante, con una intensidad no vista en anteriores generaciones.

La rebelión de las audiencias puede conducir a nuevas y perniciosas formas de enajenación social en el “mundo líquido” de consumo que analizó un sociólogo tan sugerente como Zygmunt Bauman, pero también a una fórmula nueva de ecosistema comunicacional que se entiende poco y se practica menos por quienes provenimos del viejo paradigma analógico.

El objetivo de este libro no es actualizar La televisión que nos gobierna, sino revisitar esa vieja “fórmula” del poder mediático en México para analizar lo que ha sucedido en los últimos años con la irrupción de la audiencias digitales.

Dividimos en cuatro capítulos este análisis con el objetivo de aportar elementos de discusión teórica, descripción periodística de los fenómenos televisivos y digitales, una revisión histórica del punto de partida hasta las últimas reformas legales en materia de telecomunicaciones, pero también un acercamiento a las claves del mundo de las redes sociales.

Como toda obra escrita en una coyuntura cambiante, es un libro abierto a la interpretación y al enriquecimiento del lector. Es apenas un punto de partida para interactuar más allá del trending topic del día o del like instantáneo.

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