Niños desobedientes, padres desesperados

Rocío Ramos-Paúl
Luis Torres

Fragmento

 indice Dedicatoria

A todos los que nos pusieron normas

y a los que estamos enseñando a ponerlas.

A mis dos Ramones.

A Sonia.

Introduccion

Introducción

Que los niños sean desobedientes es lo que toca. Que los padres se desesperen, también. Siempre y cuando además lloren, rían, se enfaden, se sorprendan, se atrevan, se ilusionen, perdonen, premien... En definitiva, disfruten de todo lo que implica ser padres.

Todos los niños son reacios a hacer lo que no les gusta, porque se sienten exactamente igual que nosotros cuando el lunes suena el despertador y hay que ir a trabajar. La diferencia entre una situación y otra está en el control que sobre nuestros impulsos hemos adquirido. Si no fuera así, apagaríamos el despertador y seguiríamos durmiendo. De ese control tratamos en este libro, de la necesidad de aprender a saber lo que se puede hacer o no y de aprender a tener en cuenta las consecuencias en el entorno y en los demás cuando lo hago. Eso que a nosotros nos parece que viene de serie y sin embargo nos lo enseñaron nuestros padres.

A lo largo de la historia la autoridad es un tema recurrente más entre padres e hijos. Intentar que un niño haga caso es lo mismo que preguntar cómo conseguir que reconozca como figura de autoridad a sus padres, y debe ser importante que sea así; si no, ¿por qué preocupa tanto?

Trataremos de ofrecer una perspectiva sobre lo que actualmente pensamos acerca de la autoridad. En la vida cotidiana del niño tiene que haber unos límites y los padres tienen que ponerlos. Aprender cómo hacerlo aumentará las probabilidades de que se respeten y establecer consecuencias le facilitará funcionar tanto en la vida familiar como fuera de ella.

Nos gusta contarte cómo hacerlo, así que gran parte del libro lo hemos destinado a describir de forma sencilla estrategias en las que apoyarte para que tu hijo aprenda a hacer caso. De forma habitual decimos que para los niños no hay botón de off y argumentamos lo maravilloso que es que cada uno sea distinto. Los hay protestones, enfadicas, cabezotas, mentirosillos, charlatanes, pero todos quieren que sus padres guíen su comportamiento porque se sienten seguros cuando ocurre.

Todos los padres desean lograr que los hijos sean mejores que ellos, pero no siempre saben cómo conseguirlo. Comprendemos que te exigimos un gran esfuerzo para llevar a cabo las tareas que te explicaremos. Pero también somos conscientes, e igualmente te lo explicaremos, de los beneficios que comporta.

Por eso te damos una buena noticia con la que terminar: cuanto más te especialices en poner normas, mayor colaboración encontrarás en tus hijos y menos veces tendrás que aplicar consecuencias negativas para que se cumplan. Tu actitud repercutirá directamente en un ambiente agradable en tu casa en donde tus hijos se sientan felices.

Ahora lo sé, decía un padre; cuanto más me he empeñado en cumplir todas sus peticiones, más me ha exigido y peor me ha tratado. En cuanto he empezado a exigirle responsabilidades, se ha transformado en otra persona.

Y es que, como decía Abigail van Buren, «Si usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, colóqueles alguna responsabilidad sobre los hombros».

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