Educa Bonito

María Soto

Fragmento

Educación consciente en el siglo XXI
1 Educación consciente en el siglo XXI

En mi ciudad hay un monumento con forma de lazo blanco, erigido en honor a tres policías, los llamados «héroes del Orzán», que no dudaron en tirarse al mar para salvar a un chico que no era capaz de volver a la playa. Ninguno de los cuatro lo consiguió, y cada vez que paso por allí y veo ese lazo que parece ondear al viento en la orilla del océano, pienso que no somos los de las masacres, los del odio o los del miedo… Nosotros somos los de la compasión, los que se tiran al agua para salvar a los demás, los que atraviesan un país por un solo beso, los que trasnochan para hacer una tarta de cumpleaños, los que componen canciones de fiesta, los que dedican su vida a echar una mano al otro lado del mundo, los que meditan, cantan, bailan y rezan, somos los que escriben entre rejas «Soy el capitán de mi alma» o lloran viendo La vida es bella.

Nos merecemos una educación digna, que deje de mentirnos, amaestrarnos, clasificarnos, culparnos y enfrentarnos, que deje de someternos a ese miedo, que no siga anulando todo el amor que somos, toda la luz y la fuerza, todas las ganas de vivirnos a flor de piel. Nos merecemos no dejar nunca de crecer, no quedarnos en el «Muy mal» o el «Muy bien», que se nos permita despertar, porque somos los que convierten un trozo de madera en una sinfonía, los que ganan medallas en sillas de ruedas, los que saben agradecer hasta el valor que nace en un mal diagnóstico y son capaces de escribir poemas de amor con el corazón roto.

Somos gritando la vida en un parto y somos decorando con flores los recuerdos y las despedidas de nuestros muertos.

No somos el dolor que causamos porque se nos desborda algunas veces. No entendimos para qué servía, a veces nos sentimos perdidos, es solo eso…

Si hemos llegado hasta aquí, si somos capaces de perdonar, amar y no dejar de creer habiendo crecido tan solos y con tanto miedo, imagínate lo que seríamos capaces de sanar, crear y sentir si nos atreviéramos a hacerlo encendiendo la luz, con el corazón al aire y los ojos abiertos.

Vamos a perdonarnos la ceguera y devolvernos los abrazos perdidos, vamos a agradecer a nuestros hijos la oportunidad de volver a sentirlo todo de nuevo, la esperanza de entender que no nos hacen falta héroes y heroínas porque ya somos de carne y hueso. Somos los valientes de la ilusión por los caminos inciertos. Y vamos a volver a crecer libres y despiertos.

Consciente

1. adjetivo. Dicho de una persona: Que siente, piensa y actúa con conocimiento de lo que hace.

«A mí me educaron así y soy normal (estoy bien)»

Si has oído esta frase alguna vez como justificación del inmovilismo educativo y al escucharla te han dado ganas de rendirte y abandonar la conversación, o si por el contrario has intentado defender todavía con más furor tu argumento en contra, bienvenida a este libro.

Si tú misma has suscrito esta idea y sigues con la convicción de que la educación recibida por nuestra generación nos ha permitido crecer como personas adultas, maduras y «normales», pero, por alguna razón, alguien te ha ofrecido esta lectura, bienvenida.

Me gustaría proponerte unas cuantas dudas, permitirnos la licencia de compartir alguna que otra contradicción y ver si somos capaces de llegar a otro sitio juntas. Movernos. Porque ese es el secreto de todo lo que está vivo: el movimiento que nos mantiene en un equilibrio oscilante entre la luz y el caos.

Todo lo que está quieto está muerto.

Solía decirlo a menudo mi querida profesora de Biología. Ella sabía que con sus palabras también nos enseñaba Filosofía. ¿Qué solemos entender por «estar bien»? Cuando alguien dice que «está bien», ¿a qué se refiere? ¿A sus estrategias de gestión emocional? ¿A los sentimientos que conoce? ¿A un estado de paz? ¿A su manera de afrontar los problemas en la vida?¿A su forma de conseguir lo que necesita? ¿A la posición social alcanzada? ¿A los recursos que utiliza para relacionarse de manera equilibrada consigo mismo y con los demás?

¿Qué es «ser normal»? ¿Cumplir con un patrón de conducta o con un estereotipo físico determinado? ¿No quebrantar las leyes? ¿Sobrevivir sin hacer mucho ruido? ¿Ser consecuente con tus ideas? ¿No hacer daño a los demás? ¿Tener sentido común?

Estarás de acuerdo conmigo en que este concepto de «normalidad» y «bienestar» es totalmente subjetivo e insuficiente si lo que tenemos entre manos es algo tan importante, tan intenso y tan trascendente como educar a nuestros hijos.

¿Quién quiere ser normal pudiendo ser un paso de baile, un eslabón o una ficha del puzle, uno de los capítulos más importantes en su historia? ¿Quién quiere estar bien pudiendo estar despierto?

Somos todas buenas personas, de eso no me cabe duda, más o menos confundidas, solas o dolidas, pero buena gente, seguro, y podemos considerarnos «normales», podemos sentir que estamos bien… Pero ¿lo estamos realmente? ¿Somos una sociedad sana preparada para ser ejemplo de generaciones futuras? ¿Sentimos, pensamos y actuamos con conocimiento de lo que hacemos? ¿Cómo nos alimentamos? ¿Cómo nos exponemos de forma totalmente deliberada e irresponsable a dispositivos y sustancias nocivas? ¿Cómo nos hemos desconectado de nuestros propios instintos, de la naturaleza de la que formamos parte?

Lo estamos destilando en adicciones, en soledad crónica y consumismo voraz, en medicar el inconformismo, en relaciones tóxicas, violencia normalizada, miedos que nos bloquean y demasiada energía perdida en pisarnos para intentar crecer cada uno por su lado.

Individualismo, que es contrario a la esencia social humana. Son actitudes que provienen de una infancia mal acompañada por adultos solos e insatisfechos consigo mismos.

Estoy siendo muy dura, pero es que no creo que estemos bien. Hemos asimilado un patrón atrofiado de vida en el que llamamos «arte» a la guerra y «pobreza» a una existencia libre. Utilizamos más recursos en arrasarlo todo, en destruirnos entre nosotros y a nosotros mismos que en comprendernos y disfrutarnos. Necesitamos parar y darnos muchos más abrazos.

Admitámoslo, nos hemos acostumbrado a esto. A complicarnos. Pero no podemos decir «normal» ni «bien». Quizá es una caricatura de lo que podríamos llegar a sentir, o una versión de prueba de cómo podríamos llegar a ser. Porque estamos a generaciones luz de lograrlo. Pero ¿sabes qué? Ya hemos empezado.

No sé si te has sentido incómoda, emocionada, molesta, sorprendida, motivada o ilusionada, pero te has movido, no estás en el mismo lugar en el que estabas al tocar l

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