Gran Guía de la España Templaria

Templespaña

Fragmento

Indice

Índice

Cubierta

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Introducción, por Fernando Arroyo Durán

Los guardianes de la Tierra Santa en la tierra santa de Occidente

Vacío documental y pacto de caballeros

Hallazgos y evidencias

Gran guía templaria

Lugares sagrados y dimensión mística del Temple

El secreto templario

El signo de los elegidos

Corona de Aragón

I. Ruta templaria de Barcelona, por Jordi Castañé i Mestres

II. Ruta templaria de Zaragoza, por Juan Carlos Herreras Belled

III. Ruta templaria de Castellón, por Julián Darío Martos Carbonell y Julián Martos Rodríguez

Reino de León y Castilla

IV. Ruta templaria de Guadalajara, por Juan Ignacio Cuesta Millán

V. Ruta templaria castellano-manchega, por Fernando Arroyo Durán

VI. Ruta templaria de Madrid, por Fernando Arroyo Durán

VII. Ruta templaria de Segovia y Ávila, por Juan Ignacio Cuesta Millán

VIII. Ruta templaria de la Región de Murcia, por Antonio Galera Gracia

IX. Ruta templaria de Badajoz oeste, por Santiago Soler Seguí

X. Ruta templaria de Badajoz este, por Santiago Soler Seguí

XI. Ruta templaria de Andalucía oriental, por Emilia Cobo de Lara

XII. Ruta templaria de Andalucía occidental, por Emilia Cobo de Lara

XIII. Ruta templaria vasco-riojana, por Marian Alonso Damián y Luis Cebrián Alcaide

XIV. Ruta templaria del Principado de Asturias, por Luis Cebrián Alcaide y Marian Alonso Damián

XV. Ruta templaria de Soria, por Ángel Almazán de Gracia

Reino de Navarra

XVI. Ruta templaria de Navarra, por José Luis Delgado Ayensa

Sobre Templespaña

Créditos

Grupo Santillana

Dedicatoria

A Lourdes Alboreca
In memoriam

Introducción

Introducción

LOS GUARDIANES DE LA TIERRA SANTA EN LA TIERRA SANTA DE OCCIDENTE

La orden de los Pobres Soldados de Cristo, según las crónicas más fiables, se funda tras la Primera Cruzada (1095-1099), teniendo desde un principio su sede en Jerusalén, en las ruinas del templo de Salomón, de ahí que estos extraños monjes-guerreros fuesen llamados caballeros templarios.

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Sigillum Templi. Sello del Temple. Reproducción: Julián Martos (Templespaña). (Foto: José Luis Delgado, Templespaña).

Su principal actividad militar, inicialmente, fue la protección de los peregrinos cristianos que visitaban los Santos Lugares, actuando como una especie de policía de caminos entre el puerto de Jaffa (actual Tel Aviv-Yafo) y la Ciudad Santa. Pronto esta misión se amplió y los templarios se erigieron, junto con los caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, en destacados paladines de la cristiandad en su lucha secular contra el islam, religión que, tanto en Oriente Medio como en la península Ibérica, se hallaba entregada a su particular yihad o guerra santa. Así, ambos frentes de batalla se convierten en la prioridad militar de esta orden de caballeros de Oriente y Occidente que, desde un principio, evidenció su vocación de constituirse en una fuerza transnacional.

Cuando comienza la gran expansión de la orden del Temple, entre 1128 y 1131, los cristianos de la vieja Hispania visigótica estaban divididos en cuatro nuevas entidades, soberanas en mayor o menor medida, fruto del proceso de reconquista de territorios al islam y de la política hereditaria feudal: los reinos de Aragón y Navarra, reunidos bajo la enérgica figura del rey Alfonso I, El Batallador; el reino unificado de León y Castilla, cuyo monarca era Alfonso VII, El Emperador; los condados catalanes, agrupados en torno al conde de Barcelona Ramón Berenguer III, El Grande, y, por último, el condado de Portugal, gobernado por Alfonso Enríquez, primo del monarca castellano-leonés y futuro primer rey portugués.

Cuando Hugo de Payns, primer maestre de la orden del Temple, regresa a Tierra Santa en febrero de 1130 después de su periplo europeo para recabar apoyo y mecenazgo, deja tras de sí un gran número de bienes recibidos en donación. Para poder organizar y administrar las nuevas encomiendas europeas, el maestre general nombra a dos maestres provinciales, Payen de Montdidier y Hugo Rigaud, confiando a este último la búsqueda de apoyos financieros y el reclutamiento de efectivos en los reinos cristianos españoles.

De la presencia de templarios en tierras ibéricas ya habla un documento datado el 19 de marzo de 1128, casi un año antes de la celebración del concilio de Troyes, que tuvo lugar el 13 de enero de 1129 y por el que se reconoció oficialmente a la congregación templaria y se la dotó de su regla —redactada, según to

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