18 de julio de 1936 (La España del siglo XX en siete días)

Pilar Mera Costas

Fragmento

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LA ESPAÑA DEL SIGLO XX EN 7 DÍAS

 

 

Jordi Canal

 

 

 

 

En toda historia de un país, unas fechas resultan más importantes que otras. Unos días empiezan o concluyen periodos, mientras que la mayoría no entran a formar parte del calendario a recordar. En algunos casos, un día es mucho más que un día, puesto que representa una época. A veces ello es evidente desde el mismo momento en que tienen lugar los hechos, en otras ocasiones no se asume hasta mucho tiempo después. El papel de la prensa y la radio, pero sobre todo de la televisión —el siglo XX analógico va a abrir las puertas de un siglo XXI que construye fechas-acontecimiento de forma sensiblemente distinta—, no es menor.

Esta colección de libros reconstruye la historia de la España del siglo XX a partir de siete días decisivos, una semana. No son cien años, puesto que hemos optado por un siglo XX algo más largo de lo normal, empezando en 1898, con la batalla que supuso el final del viejo imperio español moderno, y terminando en 2004, cuando, en un país modernizado y de consolidada democracia, se produce el mayor atentado de su historia. Unos son días de guerra, mientras que en otros casos se privilegian atentados terroristas o conatos de golpe de Estado, sin olvidar momentos clave para la sociedad española tanto en el terreno cultural como en el deportivo.

A partir de la narración de lo ocurrido en un día concreto de la historia de España se propone una aproximación al periodo, a las implicaciones nacionales e internacionales de los hechos y, asimismo, a la historia y a la memoria de aquella jornada. La aproximación micro se convierte en la clave de una comprensión macro. En los libros de esta colección se recupera una historia con fechas y acontecimientos —sin que ello represente un retorno a maneras del pasado—, en la que los hombres y mujeres de carne y hueso son los auténticos protagonistas y que, asimismo, sin ninguna merma de crítica y rigor, está sobre todo pensada para ser leída y disfrutada.

Tomás Pérez Vejo, José-Carlos Mainer, Pilar Mera, Antonio Rivera, Juan Francisco Fuentes y Mercedes Cabrera, todos historiadores conocidos y reconocidos, se unen a quien firma estas líneas para contar y analizar en siete libros, dedicados a otras tantas fechas, un centenar de años de nuestro pasado.

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PRÓLOGO

UN SÁBADO DE JULIO

 

 

 

 

Diez de la noche. Las campanas de la iglesia de Alcabre resuenan en el silencio de los caminos donde sólo se escucha el rumor de los grillos. Menos mal que se ha levantado una brisa suave y la temperatura empieza a aflojar, porque el día ha sido abrasador. ¡Qué julio más bueno el de este verano! Pero mejor que se haya levantado un poco de aire, porque con las carreras que lleva iba a llegar sudorosa y acalorada. Tendría que haber salido antes de casa, pero se estaba tan bien leyendo al sol… Y luego tenía que arreglarse y el dichoso pelo siempre se rebela cuando tiene prisa. El vestido bonito, polvos blancos y un toque de carmín. ¡Por fin es sábado!

La verdad es que menuda semana lleva. Todavía no le ha dado tiempo de recuperarse de las fiestas del Carmen y ya están aquí las de Bouzas. Todo el mundo dice que son las mejores y eso le pareció el año pasado, aunque todavía estaba aterrizando y no era como ahora, que ya se ha hecho con su plaza, con las niñas y con el lugar. Aunque, qué pena que coincidan con las fiestas de Santa Marina, porque la maestra de Candeán las pone por las nubes. Pero le quedaba demasiado lejos y no podía perderse lo de hoy. Pilar ha quedado con sus amigas, casi todas maestras como ella. La Sociedad Cultural Deportiva de Bouzas ha montado una verbena en la terraza del Maravillas y va a tocar toda la noche la orquesta del maestro Capellanes, que se sabe todas las modernas. Y al parecer lo han llenado por completo de luces y está precioso. ¡Qué ganas de bailar! Y Pilar cierra los ojos y tararea dando una vuelta saltarina, antes de enfilar cuesta abajo rumbo a la Alameda. Ya casi está. ¡Cómo le gusta esta ciudad!

—¿Dónde vas, niña? ¿No sabes que hoy no es día de andar por la calle?—. Pilar pega un respingo al tropezar con la pareja de guardias que la miran con el ceño fruncido.

—Voy al baile, al de la fiesta. Me están esperando mis amigas.

Los guardias se miran como diciendo, ¿dónde tiene la cabeza esta cría? En fin, paciencia. Tampoco se puede esperar que las mujeres se enteren de las cuestiones importantes.

Y algo así es lo que le dicen. Con tono de padre regañón, la invitan a darse la vuelta y a salir corriendo. Marcha para casa, niña. Que hay noticias de los militares en Marruecos y las cosas se van a poner serias y no es momento de que las muchachas estén fuera de su casa. Y por supuesto, no es tiempo de bailes.

Confundida y con un punto de fastidio, Pilar se va por donde ha venido y recorre los mismos caminos, aunque más despacio, porque ya no tiene prisa. Por eso y porque antes era de día, que ya se sabe que en julio el sol se toma las noches con calma. Pero le van a dar las once y hoy hay luna nueva. No va a ver un pimiento. Aunque lo que le preocupa es lo que han dicho los guardias. ¿Qué estará pasando para que suspendan la verbena? ¿Será una tontería y podrá volver mañana? ¡Ojalá! Pero ¿qué pasará con los militares? Tiene que ser gordo lo que ha sucedido para que sea importante lo que hagan y todos tengan que estar pendientes. Pilar se abrocha la chaqueta con un escalofrío y reza un padrenuestro atropellado y muy bajito, pidiendo muy fuerte que no se estropee ese verano que estaba siendo tan bonito.

El que sí sabe lo que pasa o se lo teme es Arturo. Pilar no lo sabe y él tampoco, pero va a ser su marido. Aunque eso será cuando se conozcan y aún quedan unos cuantos años y una guerra, que es casi como decir una vida. Arturo va en un autobús, muerto de miedo, camino a casa. Él también es maestro y empezó su sábado con una excursión por el monte en el pueblo de Lugo donde está destinado. Pero cuando viene de vuelta por la tarde, con la chaqueta al hombro, risueño y descamisado, mientras se para un momento para limpiar con el pañuelo los cristales empañ

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