El despertar de la magia

Maraluck

Fragmento

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INTRODUCCIÓN

Desde que soy pagana y practicante de brujería siempre he intentado encontrar mi sitio. Tradicionalmente, buscamos siempre fuera de nuestro entorno hacia culturas más llamativas o incluso más explotadas, pero con el tiempo entendí que nuestro territorio es parte de nosotros, que nuestros ancestros son igual de válidos que los de los demás y que, por mucho que no estén tan explorados como en el caso de otras civilizaciones, es igual de válido trabajar con ellos, o incluso más. Por esta razón empecé a investigar sobre nuestros antecesores y no tardé en enamorarme de la manera que tenían de entender el mundo y dar las gracias a sus dioses, tan diferentes a los demás; de su forma de proceder ante los actos mágicos y, por supuesto, de su brujería. Porque sí, la brujería existe desde que el ser humano tiene uso de razón. La magia, la fe en los dioses y la brujería nacen junto con nuestro pensamiento o nuestra razón: la necesidad de expresar ha creado en muchas ocasiones el arte e, incluso, una forma de vivir que, miles de años después, sigue teniendo influencia en nosotros. ¿Qué mejor que rebuscar en el origen de las cosas para entender cómo deberíamos hacerlas ahora? Debes entender dónde está ese origen, la raíz de tu lugar de nacimiento, para sacarle el máximo partido a tu práctica e, incluso, a tu fe.

Uno de los problemas que afronto a diario como bruja tradicional ibera es la falta de conocimiento accesible que existe sobre esta cultura. Sí, hay información, pero raras veces la vemos en un libro comercial en una librería cualquiera. Esta información se obtiene de estudios, tesis doctorales y de muchas reuniones con profesores de arqueología e historia. Aun así, soy consciente de que es complicado llegar a saberlo todo con certeza. ¿Qué conocimiento albergamos de toda la historia, realmente? Si nos planteáramos esa cuestión acerca de cualquier civilización, tendríamos la misma incertidumbre, ya que a diario surgen acontecimientos nuevos que modifican y reestructuran los conocimientos que dábamos por sentados. Del mundo ibero sabemos mucho, pero no tanto como deberíamos. ¿Por qué? Es bien sabido que, al no tratarse de una civilización que despierte el mismo interés que otras, no hay tanta investigación como puede haberla, por ejemplo, sobre la cultura egipcia o la mitología noruega. Por otro lado, muchas veces damos menos valor a lo que tenemos en casa porque lo que se nos presenta desde fuera llega mucho más adornado. Si sabemos mucho de otras civilizaciones es porque se ha invertido más dinero, más tiempo y más pasión.

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Cuando descubrí mi práctica actual también sentí que no era tan divertida como la épica magia nórdica, pero, conforme vas aprendiendo, te das cuenta de que no es ni mejor ni peor, sino diferente. Ojo, una pequeña aclaración: no tardarás en darte cuenta de que todas las culturas mágicas son muy parecidas, pues el ser humano repite patrones. El pueblo ibero es cuna de grandes civilizaciones, e igual que muchos pueblos influyeron a los iberos, estos también tuvieron influencia sobre otras culturas como la griega, la romana o, incluso, la de los pueblos germánicos.

Una vez escuché decir a un historiador que somos como somos gracias a lo que nos dejó el pueblo ibero. Es cierto: no somos tan diferentes como pensamos y, si hay alguna diferencia, es por la adaptación al territorio. Celebramos, vivimos e incluso morimos de forma muy parecida. Los iberos sabían la importancia que tenían los elementos naturales y los alzaban a sus dioses, que a veces no tenían nombre porque algo que ya conoces desde que naces no siempre necesita ser nombrado. Bastaba con sentirlo, y son miles las tradiciones que nos dejaron como herencia. En mi caso, me invade un gran sentimiento de orgullo. Pensamos que somos más modernos, pero, seas de donde seas, si miras atrás seguro que tienes una tradición dentro del mundo de la brujería que te ha marcado. Este libro trata de eso: de lo que fue y sigue siendo la península ibérica, de cómo hacían magia los iberos y de la tradición tan poderosa que tenemos en este lado del planeta. Sin embargo, también es una forma de ver qué podemos hacer para acercarnos más al origen, al principio e incluso a lo primario, sin adornos y rindiendo culto a lo auténtico, a lo ancestral.

Tengo que advertir que este libro es el resultado de largos años estudiando a los iberos como bruja tradicional: me interesan muchísimo su religión, sus ritos y sus creencias porque, debido a mi práctica y camino espiritual, me he visto obligada a rebuscar en el baúl de los recuerdos más lejanos. Sé que jamás se sabrá todo sobre las creencias de mis antepasados, pero estoy convencida de que, por mucho que creamos conocer la historia del pueblo nórdico, el celta o incluso el eslavo, existen muchas lagunas, y la información que se tiene es, en gran parte, una reconstrucción. Como me dijo mi profesora de Historia del Arte hace unos años: «Toda la historia es una posible mentira». Como verás, se ha recopilado mucha base histórica a partir de una infinidad de fuentes, pero existen rituales adaptados a nuestro tiempo para ayudarte a celebrar la magia de una forma tradicional y ancestral desde la comodidad de tu hogar.

Este libro incluye, pues, todo este conocimiento contrastado y accesible, pero también mi experiencia y mis creencias, no solo en historia ibera, sino también como bruja tradicional ibera. Aquí hablaremos del pasado, pero también encontrarás ejercicios y rituales para poder integrar en tu práctica parte de esta tradición.

Te doy la bienvenida a la magia ibera.

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ESE PUEBLO AUTÓCTONO

LLAMADO IBERO

No fueron los iberos quienes se autodenominaron así; fueron los griegos, con el fin de determinar al conjunto de pueblos del suroeste y el levante de la península ibérica (marcado, precisamente, por el río Iber, actual río Ebro) y diferenciarlos de otros pueblos de la península, que tenían costumbres e incluso lenguas distintas. Algunos de ellos eran los pueblos celtas y celtíberos, aunque a veces las diferencias entre ellos eran imperceptibles.

Desde su nacimiento hasta su desaparición, los iberos fueron un misterio muy mágico: ni siquiera los expertos, historiadores o arqueólogos se han puesto de acuerdo. Algunos sostienen que eran autóctonos del territorio de la península ibérica. Otros, sin embargo, explican que provienen del pueblo tartesio, que se fue desplazando y evolucionó gracias a las culturas que iba encontrando en su camino. Es una teoría interesante, pero lo cierto es que escasea la información sobre los orígenes de los tartesios. Es decir,

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