Los prisioneros de La Armada Invencible

Pedro Luis Chinchilla

Fragmento

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Prefacio

Fue a mediados de agosto de 1992, durante mi primer viaje a Irlanda. Había viajado por primera vez a la isla tras recorrer España y Francia en coche para embarcar en El Havre en lo que sería, también, mi primera singladura en barco y, asimismo, mi primera vivencia de una tormenta en el Atlántico. Mi recorrido en coche por Éire, con apenas una pequeña guía de viajes, en esos tiempos en los que internet ni siquiera había asomado a nuestras vidas, me llevó, por casualidad, a una pequeña península del oeste llamada Curraun.

Fue allí donde, sin saber por qué, percibí la irremediable necesidad de detener el coche. Vagué por las inmediaciones sin conocer muy bien el sentido de aquella necesidad. Poco después, encontré una modesta placa en el suelo donde se indicaba que en aquel lugar había naufragado la San Nicolás Prodanela, una nao ragusea perteneciente a la armada de 1588. Más adelante me enteré de que, de sus casi trescientos tripulantes, únicamente sobrevivieron entre sesenta y noventa hombres, de los cuales casi todos (a excepción de menos de una decena) fueron inmediatamente asesinados al conseguir llegar a tierra.

Sentí una llamada de atención tan clara, un grito por parte de toda aquella gente que, inmediatamente tras mi vuelta a España, comencé a interesarme por su historia. Compré mi primer libro sobre la armada de 1588 (La Gran Armada, de Colin Martin y Geoffrey Parker, en su primera edición en castellano, de 1988) y tan honda fue mi impresión al conocer la epopeya que decidí volver a aquel mismo sitio al año siguiente. Durante el segundo viaje a ese mismo lugar (al que he vuelto en numerosísimas ocasiones) y después de él, los acontecimientos, las casualidades y los guiños que percibía, así como los referentes a este suceso histórico, acabaron por hacer del estudio de tal odisea uno de los mayores estímulos de mi vida y, por qué no, convertir en uno de mis objetivos fundamentales el hacerme portavoz de todos aquellos hombres casi olvidados para volver a traerlos a nuestra memoria.

Todo se precipitó en 2014 cuando conocí la existencia de un grupo de personas en Irlanda que trabajaba con ese mismo objetivo, en esa misma misión, que hasta entonces yo consideraba secreta y solitaria. Fue a partir de ese momento cuando empecé a colaborar con la Spanish Armada Ireland y todo resultó una vorágine. Desde 2016, y previa autorización del jefe del Estado Mayor de la Armada, los buques de la Armada que han viajado a Irlanda para conmemorar los naufragios de la Juliana, la Santa María de Visón y la Lavia han arbolado en su pabellón una réplica de la bandera que izaron en su día los navíos de la armada de 1588, que obsequiamos a la Armada. En 2017 y tras mis estudios en marketing digital, creamos Armadainvencible.org, la plataforma para el estudio y la divulgación de la armada de 1588. El éxito casi inmediato de esta iniciativa, apoyada por un trabajo de difusión en las redes sociales, permitió que el proyecto de la Spanish Armada Ireland y, por consiguiente, la historia de esta armada multiplicase su visibilidad en España. Ese mismo año, esta asociación irlandesa, tras años de infatigable labor, fue reconocida con la Placa de Isabel la Católica otorgada por el rey Felipe VI. En junio de 2022 colaboramos con la Portballintrae Heritage Society en el homenaje a los náufragos de la Girona de dicha localidad (Irlanda del Norte) donde la Ulster Orchestra estrenó la obra No tengo más que darte, compuesta por Manuel Comesaña (encargada y sufragada por Armadainvencible.org) y que se interpretó en las inmediaciones del lugar de su naufragio, donde también se inauguró un monumento en su honor. Nuestro trabajo de divulgación nos permitió, además, conocer a algunos autores, historiadores y arqueólogos de prestigio nacional e internacional (e incluso entablar amistad con ellos), como Colin Martin, Magdalena de Pazzis Pi Corrales, Renato Gianni Ridella, Fionbarr Moore, Karl Bardy, Declan Downey, Connie Kelleher, René Vermeir, Miguel San Claudio, Antonio Luis Gómez Beltrán y Luis Gorrochategui. (A estos dos últimos debemos el haber despertado en nosotros, independientemente de nuestra tarea como divulgadores, el deseo de ejercer como investigadores). Nuestra labor de ayuda a estas asociaciones y estamentos irlandeses preocupados por salvaguardar este patrimonio continúa hasta hoy.

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Introducción

Muy poco se ha escrito en la historiografía acerca de los prisioneros de la armada de 1588 que fueron apresados en Francia, los Países Bajos, Escocia, Inglaterra e Irlanda. Apenas mencionados en la bibliografía española, el drama vivido por esos hombres, del que, hasta el presente, solo existía un monográfico realizado por la historiadora Paula Martin de la Universidad de Exeter (y referido únicamente a los prisioneros de la Nuestra Señora del Rosario y la San Pedro el mayor), merecía una revisión más profunda. Hasta ahora, a excepción de los casos más sonados de estos prisioneros (como el caso del capitán Pedro de Valdés), las tremendas vivencias sufridas por muchos de estos hombres únicamente han quedado relegadas a algunos comentarios dentro de los grandes estudios sobre la historia de esta armada, pasando de puntillas sobre hechos tan execrables como las matanzas que se produjeron en las cercanías del castillo de Alliagh de los tripulantes de la Trinidad Valenzera, los cientos de náufragos asesinados en la ciudad de Galway u otros tantos que lo fueron en el noroeste de Irlanda.

En este estudio nos centraremos fundamentalmente en los prisioneros, y dejaremos en segundo plano a los náufragos que fallecieron en el mar, a los hombres que consiguieron escapar a las tropas inglesas para volver por sus medios a España o a los que decidieron quedarse en Irlanda o Escocia (aunque estos últimos suman un número muy escaso); sin embargo, como es lógico, todos ellos aparecerán en nuestro relato. Intentaremos poner en contexto las situaciones a las que se vieron abocados a la hora de convertirse en prisioneros de la Corona inglesa y las circunstancias que rodearon el desenlace de su presidio, que como veremos fueron de lo más dispares, tanto en lo que respecta al trato recibido después de su captura, como a los lugares donde fueron retenidos y, sobre todo, al final de su cautiverio, para unos feliz y para muchos otros trágico. En aras de estructurar el presente trabajo hemos dividido a estos prisioneros según el lugar donde fueron capturados y encarcelados por primera vez, es decir, en Francia, Inglaterra, los Países Bajos, Escocia o Irlanda. De todos modos, como veremos, esta estructura se desvanece debido al tránsito relativamente frecuente entre unos y otros lugares, que se produjo tanto en el caso de los más poderosos (nobles, capitanes y otros), como también, y por otras circu

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