¡Gol! 32 - ¡Estamos en racha!

Luigi Garlando

Fragmento

cap-1

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Hace un magnífico día de octubre, aunque reina un poco de confusión: las bajas temperaturas son un anticipo del frío del invierno, pero el cielo es de un azul tan intenso que se diría que aún estamos en verano. Conoces bien a todos los chicos que acaban de salir de la parroquia de San Antonio de la Florida.

—¿Qué nos querrá decir Champignon? —pregunta João.

—Estoy seguro de que nos quiere desear buena suerte para el campeonato, que empieza mañana —aventura Nico.

—Seguro —coincide Sara.

—La verdadera pregunta es más bien: ¿qué habrá puesto en la mesa? —comenta Fidu—. Espero que una carretada de merengues, por lo menos...

—Segunda pregunta: ¿cuánto durarán con alguien como tú? —bromea Dani.

Los Cebolletas se ríen con ganas mientras se dirigen al Pétalos a la Cazuela. El cocinero-entrenador los ha invitado a una merienda sorpresa.

Es sábado por la tarde, víspera del inicio del campeonato, un momento muy delicado.

Como sabes, después de los golpes bajos que se propinaron los Cebolletas y los Escualos durante el amistoso que disputaron antes del verano, Gaston Champignon suspendió todas las actividades de su equipo. Tras largas negociaciones con Tomi, acabó permitiendo a sus pupilos que se apuntaran a una liga, pero les castigó a que fuera el campeonato para equipos de siete jugadores, el mismo en que empezaron su andadura como equipo.

¿Te acuerdas de los tres equipos en que se repartieron Tomi y sus amigos después de celebrar un divertido mercado de fichajes? Los Cebogoles, encabezados por Tomi y entrenados por la maestra Elena; los Encebollados, guiados por Felipão, el abuelo de João, que llevará el brazalete de capitán, y los Cebotigres de Sara, que tendrán en el banquillo a Armando, el padre de Tomi.

—Hola, chicos —les saluda Champignon—. ¿Estáis listos para el inicio del campeonato?

—Nosotros estamos listísimos —asegura João—, los demás no lo sé.

—Pues tendrías que saberlo, porque en el amistoso triangular os ganamos —replica Tomi.

—Nosotros no estamos listos solo para jugar —tercia Sara—, ¡sino también para ganar!

Gaston sonríe atusándose el bigote por el lado derecho y comenta:

—Parece que tenéis el grado de pique adecuado... Os he invitado para desearos a todos un gran torneo, pero también porque os tengo preparada una sorpresa.

—Espero que se trate de una merienda —interviene el porterón.

—Tranquilo, Fidu, te está esperando una montaña de merengues —asegura el cocinero-entrenador—. Quería entregaros esto...

Gaston saca de un aparador una enorme bolsa de la que extrae una pulsera de goma, que entrega a Tomi, y luego da una vuelta a la mesa entregando una a cada Cebolleta.

—Cuidado, Fidu, que no se come —avisa Diouff.

—Es amarilla, casi de color cebolla —explica Champignon—. Llevadla en la muñeca cuando juguéis. Servirá para recordaros que, aunque vistáis camisetas distintas, seguís siendo pétalos de la misma flor. Siempre seréis Cebolletas, entre vosotros nada tiene que cambiar. ¿Los adversarios son enemigos?

—No, son amigos que nos dejan jugar contra ellos —responde Tomi.

—¿Es el árbitro un pesado al que hay que tratar de engañar en cuanto se presente la ocasión? —insiste el cocinero-entrenador.

—No, porque el reglamento es tan valioso como el balón: sin ninguno de los dos se puede echar un partido —afirma João.

—Aunque no puedo garantizar que no se me escape alguna falta un poco durilla —reconoce Sara, provocando varias carcajadas.

Fidu aprovecha el jolgorio para hincarle el diente al primer merengue y declarar de esta forma inaugurada la merienda.

—¿Vendrá a vernos mañana, míster? —le pregunta Pavel—. Jugamos en casa.

—¡Y nosotros! —salta Sara.

—Lo siento, chicos, he prometido a Issa que lo acompañaría a una carrera de minimotos en León. Nos vamos esta noche en la caravana. Pero intentaré asistir a los próximos partidos. No olvidéis algo muy importante: si tenéis problemas, venid a buscarme. Para vosotros siempre tendré todo el tiempo que haga falta.

Mientras habla, Gaston levanta el brazo y muestra la pulsera amarilla que lleva en la muñeca.

La mañana siguiente, los Cebolletas reciben otro regalo inesperado. Los chicos han quedado delante de la verja de la parroquia para comentar los cambios en los calendarios de los grupos: en el último momento, los organizadores han tenido que modificar el orden de los partidos: ahora los encuentros directos entre Cebogoles y Encebollados se producirán en las últimas jornadas de cada fase del campeonato, y no en las segundas, como esperaban ellos. Los derbis se harán esperar.

Mientras tanto, los Encebollados se disponen a subir a bordo del Cebojet para su primer partido a domicilio; por su parte, los Cebogoles y los Cebotigres jugarán en casa.

—Aunque hemos cambiado de campeonato, no nos hemos quitado de encima a los Escualos —se lamenta Becan, señalando a Pedro, César y Vlado, que se les acercan.

—Ya hacía días que no se dejaban ver —observa Sara—. Demasiado bonito para ser verdad.

—Queridos Cebolluchos, ¿me equivoco o empezáis a jugar hoy? —inquiere Pedro.

—No te equivocas —responde Tomi.

—Pues ya era hora, nosotros vamos ya por la tercera jornada. Y, naturalmente, somos los primeros de la tabla —les explica el coletas dándose aires de importancia.

—Y el nuestro es un trofeo de mayores —precisa César con un dedo metido en la nariz—, no como el vuestro, que es un campeonato para niños.

Los tres Escualos rompen a reír.

—Muy divertido —comenta Nico—. Pero recordad que estos «pequeños» ganaron la última liga y os derrotaron en todos los enfrentamientos.

—¿Dónde está el trofeo? —pregunta Vlado—. Yo lo único que veo es a críos jugando en un campo para siete jugadores.

—Bueno, que conste que no hemos venido a burlarnos de vosotros —añade Pedro, fingiendo ponerse serio—. Estamos aquí como buenos amigos. Os queremos regalar un amuleto. Ahora nos tenemos que ir, porque echamos un partido a domicilio. Nosotros ya no jugamos en los campitos de Madrid. Que os divirtáis, Cebolluchos...

Los tres jugadores del KombActivo se alejan entre carcajadas, después de haber entregado a Tomi, João y Sara, los capitanes, un chupete de bebé.

—¿Me lo das, capitán? —pide Rafa, divertido—. A fin de cuentas el Niño soy yo, o sea que seguro que puedo usarlo alguna vez.

—En realidad, no están del todo equivocados —comenta João observando el regalo de los Escualos—. Hemos dado un gran paso atrás.

—No es el campo lo que indica si un jugador es bueno o no —replica Tomi—, sino lo que sabe hacer con el balón. A partir de hoy volveremos a demostrar quiénes somos. Es hora de cambiarse. ¡Mucha suerte y que disfrutéis con el campeonato, colegas!

Los Cebogoles y los Cebotigres de despiden de los Encebollados, que suben a bordo del Cebojet. Augusto ya ha puesto en marcha el autobús. Acompañará al equipo de Felipão al campo de los Madrileños, que está en el centro de la ciudad, no lejos de la catedral.

El abrazo m

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