Mala índole

Javier Marías

Fragmento

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Ha pasado mucho tiempo desde que publiqué mis dos únicos libros de cuentos, Mientras ellas duermen (1990, con una reedición ampliada en 2000) y Cuando fui mortal (1996). El suficiente para que quizá no esté de más reunir aquí sus relatos, con el añadido de los cuatro que, escritos con posterioridad a las fechas iniciales de esas colecciones, andaban hasta ahora perdidos en las hemerotecas —si es que alguien visita aún esos lugares— y en todo caso resultaban difíciles de encontrar para el lector aficionado o curioso. Y dado que en los últimos años he dedicado muy poca energía a los cuentos y no llevo visos de írsela a dedicar tampoco en el futuro cercano, el presente volumen es una buena oportunidad para recuperarlos, sin esperar —tal vez en vano— a reunir los bastantes ‘nuevos’ para componer un tercer libro independiente. Debo decir, en mi leve descargo, que el que da título al conjunto, ‘Mala índole’ —el más largo y acaso el más logrado—, hace mucho que algunos lectores impacientes me piden que lo vuelva a dar a la imprenta, sobre todo tras ver que en otras lenguas sí está disponible, publicado como librito autónomo, y que a él se hacía leve referencia en mi novela más reciente, Los enamoramientos. Que vuelva a existir en español —no voy a engañarles— es una de las principales razones para justificar esta recopilación.

Como se puede comprobar en el Índice, he distribuido mis cuentos bajo dos epígrafes: Cuentos aceptados, que incluye todos aquellos de los que aún no me avergüenzo, y Cuentos aceptables, con aquellos de los que sí me avergüenzo un poco pero no demasiado. Si he dado el visto bueno a estos últimos ha sido, en parte, para no ofrecer menos piezas de las que contenía la reedición de 2000 de Mientras ellas duermen, en la que figuraban todos ellos. Pero, al aparecer ahora agrupados, el lector lo tendrá más fácil si desea saltárselos. No perdería demasiado.

Los textos de los dos apartados suman treinta, y no son todos los que he escrito del género. De hecho, hay un tercer epígrafe que no aparece en el Índice puesto que las piezas correspondientes sí están excluidas, al ser Cuentos inaceptables. La mayoría de éstos son prehistóricos, es decir, escritos o publicados hacia 1968 o así, tres años antes de la aparición de mi primera novela, Los dominios del lobo. Sé los títulos de casi todos, mientras que el recuerdo de su contenido es muy difuso, por fortuna, y no pienso someterme al bochorno de releer los que conservo: ‘El viejo vasco-andaluz’, con algún eco barojiano; ‘El loco de las lilas’ y ‘La mirada’, sin duda cursis hasta el sonrojo; ‘Los pies en la cara’, influido (pioneramente en España, ya que es en efecto de 1968) por las canciones de Leonard Cohen que escuchaba a todas horas; ‘Gospel, el monstruo feliz’, del que mi primo Ricardo Franco y yo sacamos luego el guión de su primer cortometraje como director, Gospel, que ganó un premio en un festival de cine. Y, si no me equivoco, tuve la debilidad de insertar una versión de este cuentecillo en Los dominios del lobo. También en esa época hubo uno muy breve sobre un enano homosexual corruptor, cuyo título se me escapa. Se lo dediqué y regalé a un amigo muy gay de aquel entonces —aunque más tarde sé que se casó y tuvo hijos—. Mi madre lo leyó por azar y se preocupó un poco, para mi diversión, pues en aquellos tiempos iba ya de novia en novia efímera, como correspondía a mi edad, y más bien penando por ellas, como también

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