Diario. Una novela

Chuck Palahniuk

Fragmento

22 DE JUNIO

22 DE JUNIO

Cuando leas esto serás más viejo de lo que puedes recordar.

El nombre oficial de esas manchas de la vejez que tienes es lengitines hiperpigmentado. El término anatómico oficial para designar una arruga es rítide. Esas arrugas que tienes en la mitad superior de la cara, esas rítides que te surcan la frente y te rodean los ojos, esas son arrugas dinámicas, también conocidas como líneas faciales hiperfuncionales, y las causan los movimientos de los músculos subyacentes. La mayoría de las arrugas de la mitad inferior de la cara son rítides estáticas, y las causan el sol y la gravedad.

Echemos un vistazo al espejo. Mírate la cara con atención. Mírate los ojos y la boca.

Esto es lo que crees que conoces mejor.

Tu piel consta de tres capas principales. La que puedes tocar es el stratum corneum, una capa de células planas y muertas que las células de debajo van expulsando. Lo que notas, esa sensación grasa, es el manto ácido, la capa de aceite y sudor que te protege de los gérmenes y los hongos. Debajo tienes la dermis. Debajo de la dermis hay una capa de grasa. Debajo de la grasa tienes los músculos de la cara.

Tal vez recuerdes todo esto de la facultad de bellas artes, de la clase de Anatomía 201. Aunque tal vez no.

Cuando retraes el labio superior –cuando enseñas ese diente de arriba, el que te rompió el vigilante del museo–, lo que accionas es tu músculo levator labii superioris. El músculo de las muecas. Digamos que notas un olor a orina rancia. Imaginemos que tu marido acaba de matarse en el coche de la familia. Imagínate que tienes que ir y limpiar con una esponja los meados del asiento del conductor. Digamos que tienes que seguir usando ese montón de chatarra oxidada y apestosa para ir al trabajo, y que todo el mundo te ve y todo el mundo lo sabe, porque es el único coche que tienes.

¿Algo de esto te resulta familiar?

Cuando una persona normal, una persona normal e inocente que está más claro que el agua que se merece algo mejor, llega a casa después de trabajar de camarera todo el día y se encuentra a su marido asfixiado en el coche de la familia y con la vejiga goteando, y al verlo suelta un grito, lo que está haciendo es simplemente tensar al máximo el músculo orbicularis ori.

Esa arruga profunda que te va de las comisuras de la boca a la nariz es el pliegue nasolabial. A veces se llama la «bolsa de las muecas». A medida que envejeces, esa especie de almohadilla de grasa que tienes dentro de la mejilla, cuya denominación anatómica oficial es grasa malar, va cayendo más y más hasta que se te llega a apoyar en el pliegue nasolabial y la cara se te convierte en una mueca perpetua.

Esto no es más que un pequeño curso de puesta al día. Una pequeña guía paso a paso.

Un pequeño repaso. En caso de que no te reconozcas a ti mismo.

Ahora frunce el ceño. Es el músculo triangularis que tira hacia abajo de los extremos del músculo orbicularis oris.

Finge que eres una chica de doce años que quería a su padre con locura. Que eres una chica preadolescente que necesita a su padre más que nunca. Que contaba con que su padre siempre estaría presente. Imagina que todas las noches te vas a la cama llorando con los ojos tan fuertemente cerrados que se te hinchan.

Esa textura como de piel de naranja de tu barbilla, esos bultitos parecidos a burbujas, te los causa el músculo mentalis. El músculo de los mohínes. Esas líneas que ves todas las mañanas, cada vez más profundas, que van desde las comisuras de la boca hasta el borde de la barbilla, se llaman líneas de marioneta. Las arrugas que hay entre las cejas se llaman surcos glabelares. El hecho de que los párpados se hinchen y caigan hacia abajo se llama ptosis. Tus rítides laterales cantales, las «patas de gallo», empeoran día a día y solamente tienes doce putos años, por Dios bendito.

No finjas que no sabes de qué va esto.

Va de tu cara.

Ahora sonríe, si es que todavía puedes.

Ese es tu músculo zygomaticus major. Cada contracción te retira la carne igual que los alzapaños te abren las cortinas de la ventana de la sala de estar. Igual que los cables levantan el telón de un teatro, cada una de tus sonrisas es una noche de estreno. Una primera representación. Tu desvelamiento.

Ahora sonríe como sonreiría una madre anciana cuando se suicida su único hijo. Sonríe y dale unos golpecitos en la mano a su esposa y a su hija adolescente y diles que no se preocupen: que en realidad todo va a salir bien. Sigue sonriendo y recógete el pelo canoso con un pasador. Ve a jugar al bridge con tus amigas ancianas. Empólvate la nariz.

Ese montón de grasa enorme y horrible que ves colgar debajo de tu barbilla, la papada, creciendo y volviéndose más bamboleante cada día, eso es grasa submental. Ese aro de arrugas que te rodea el cuello es una banda platismal. Todo ese descenso lento de la cara, de la barbilla y del cuello lo causa la gravedad sobre tu sistema músculo-aponeurótico superficial.

¿Te resulta familiar?

Si ahora te sientes un poco confuso, relájate. No te preocupes. Lo único que te hace falta saber es que esta es tu cara. Lo que crees conocer mejor.

Que estas son las tres capas de tu piel.

Que estas son las tres mujeres de tu vida.

La epidermis, la dermis y la grasa.

Tu mujer, tu hija y tu madre.

Si estás leyendo esto, bienvenido de vuelta a la realidad. Aquí es donde te ha traído todo el potencial glorioso e ilimitado de tu juventud. Todas las promesas sin cumplir. Esto es lo que has hecho con tu vida.

Te llamas Peter Wilmot.

Lo único que te hace falta entender es que has resultado ser un saco de mierda patético.

23 DE JUNIO

23 DE JUNIO

Llama una mujer desde Seaview para decir que le falta el cuarto para la ropa. El pasado mes de septiembre su casa tenía seis dormitorios y dos cuartos roperos. Está segura. Ahora solamente tiene uno. Llega para abrir la casa que tiene en la playa a principios de la temporada de verano. Llega en coche con los niños, la niñera y el perro, llegan con todas las maletas y se encuentran con que ya no hay toallas. Han desaparecido. Puf.

Triángulo-de-las-Bermudizadas.

A juzgar por su voz

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