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Cerbantes en la casa de Éboli
Ficción ···

Cerbantes en la casa de Éboli

SUMA , junio 2017
(2)

A partir del hallazgo del manuscrito de Orán, posible relato autobiográfico de Miguel de Cervantes, Álvaro Espina reconstruye en esta novela la vida del escritor durante los años que pasó en la corte al servicio de los príncipes de Éboli.

Ficción ···

El contenido de un cartapacio descubierto tras el terremoto de Orán permite al editor de esta novela reconstruir la vida de Cervantes en Madrid entre 1566 y 1569, antes de su huida a Italia. Aunque el texto aparenta haber sido dictado o escrito por el propio Cervantes, el editor no descarta que se trate de una autobiografía apócrifa, de autor desconocido.

El joven Miguel de Cervantes se instala con su familia en una casa de la calle Atocha de Madrid y entra a formar parte de la casa Éboli como secretario privado de los príncipes y preceptor de su hija Ana. Al mismo tiempo prepara su examen de Bachiller por la Universidad Complutense en el estudio de López de Hoyos.

La obra relata la etapa más desconocida de la vida de Cervantes, mientras culmina su educación, y permite asomarse a lo que pudieron ser sus primeros pasos en el amor y en la creación literaria, como narrador predilecto de Juana de Austria, del príncipe don Carlos y de Isabel de Valois, antes de la desdichada desaparición del heredero al trono y de la reina.

La condición de testigo de las intrigas palaciegas que se desarrollan alrededor de esta tragedia tendrá para el joven Cervantes consecuencias imprevisibles.

Reseñas:
«Una gran novela que nos acerca a lo que pudo ser la vida de Cervantes en el Madrid de Felipe II y a las intrigas de la corte. Alvaro Espina es un gran contador de historias y su conocimiento de la época es extraordinario.»
Julia Navarro

«A partir de un supuesto manuscrito cervantino encontrado en Orán, el autor desarrolla una trama casi policíaca que mezcla gracia y erudición, pasión y distancia, imaginación y trabajo investigador. Componiendo este texto, Álvaro Espina se ha divertido mucho, a la vez que ha aprendido otro tanto sobre las entretelas de la corte de Felipe II y de la vida española del llamado Siglo de Oro.»
José Álvarez Junco

«Ha llegado el momento de educar nuestro presente y la literatura es un buen punto de partida. Cerbantes en la casa de Éboli, la primera novela de Álvaro Espina, es un estupendo compañero de viaje.»
El Economista

En los blogs...
«En ese apasionante y vertiginoso Madrid de los Austrias la trama nos sumerge en un relato de intrigas palaciegas, casi policíacas. Se hace un repaso, desde la ficción, a la juventud del escritor, a sus amores y desengaños, a sus inquietudes y sus primeros pinitos con la literatura.»
Blog La piedra de Sisifo

«Álvaro Espina nos deleita con esta apasionante biografía reconstruida a partir de un manuscrito escrito por Cervantes. Una novela que puede que se convierta en una de las joyas de la literatura española.»
Blog Entérate de lo último

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El contenido de un cartapacio descubierto tras el terremoto de Orán permite al editor de esta novela reconstruir la vida de Cervantes en Madrid entre 1566 y 1569, antes de su huida a Italia. Aunque el texto aparenta haber sido dictado o escrito por el propio Cervantes, el editor no descarta que se trate de una autobiografía apócrifa, de autor desconocido.

El joven Miguel de Cervantes se instala con su familia en una casa de la calle Atocha de Madrid y entra a formar parte de la casa Éboli como secretario privado de los príncipes y preceptor de su hija Ana. Al mismo tiempo prepara su examen de Bachiller por la Universidad Complutense en el estudio de López de Hoyos.

La obra relata la etapa más desconocida de la vida de Cervantes, mientras culmina su educación, y permite asomarse a lo que pudieron ser sus primeros pasos en el amor y en la creación literaria, como narrador predilecto de Juana de Austria, del príncipe don Carlos y de Isabel de Valois, antes de la desdichada desaparición del heredero al trono y de la reina.

La condición de testigo de las intrigas palaciegas que se desarrollan alrededor de esta tragedia tendrá para el joven Cervantes consecuencias imprevisibles.

Reseñas:
«Una gran novela que nos acerca a lo que pudo ser la vida de Cervantes en el Madrid de Felipe II y a las intrigas de la corte. Alvaro Espina es un gran contador de historias y su conocimiento de la época es extraordinario.»
Julia Navarro

«A partir de un supuesto manuscrito cervantino encontrado en Orán, el autor desarrolla una trama casi policíaca que mezcla gracia y erudición, pasión y distancia, imaginación y trabajo investigador. Componiendo este texto, Álvaro Espina se ha divertido mucho, a la vez que ha aprendido otro tanto sobre las entretelas de la corte de Felipe II y de la vida española del llamado Siglo de Oro.»
José Álvarez Junco

«Ha llegado el momento de educar nuestro presente y la literatura es un buen punto de partida. Cerbantes en la casa de Éboli, la primera novela de Álvaro Espina, es un estupendo compañero de viaje.»
El Economista

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«En ese apasionante y vertiginoso Madrid de los Austrias la trama nos sumerge en un relato de intrigas palaciegas, casi policíacas. Se hace un repaso, desde la ficción, a la juventud del escritor, a sus amores y desengaños, a sus inquietudes y sus primeros pinitos con la literatura.»
Blog La piedra de Sisifo

«Álvaro Espina nos deleita con esta apasionante biografía reconstruida a partir de un manuscrito escrito por Cervantes. Una novela que puede que se convierta en una de las joyas de la literatura española.»
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Colección
SUMA
Páginas
904
Target de edad
Adultos
Tipo de encuadernación
eBook
Idioma
ES
Fecha de publicación
08-06-2017
Autor
Álvaro Espina
Editorial
Suma
Colección
SUMA
Páginas
904
Target de edad
Adultos
Tipo de encuadernación
eBook
Idioma
ES
Fecha de publicación
2017-06-08
Autor
Álvaro Espina
Editorial
Suma
9788491291664
08-06-2017
Álvaro Espina
Álvaro Espina
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Álvaro Espina es sociólogo, politólogo, historiador y ensayista. Fue ayudante de José Antonio Maravall, a quien propuso una tesis doctoral sobre Cervantes y la mentalidad española en el Renacimiento tardío.... Leer más

Álvaro Espina es sociólogo, politólogo, historiador y ensayista. Fue ayudante de José Antonio Maravall, a quien propuso una tesis doctoral sobre Cervantes y la mentalidad española en el Renacimiento tardío. Maravall pensó que el asunto era más bien propio de una obra de madurez y que debía escribirse en forma de novela. Casi cincuenta años después, Espina publicó Cerbantes en la casa de Éboli en esta misma colección, primera parte de una trilogía de novelas de la que ahora presenta la segunda entrega, Cerbantes cambista, marino, espía, cautivo, mientras el autor trabaja ya en la tercera y última, que llevará por título Cerbantes. El combate de las letras.

Durante esos cincuenta años Espina ha sido profesor de Historia, Sociología y Estado de Bienestar en la Universidad Complutense. Fue alto funcionario en los Ministerios de Economía, Hacienda, Empleo e Industria, y consultor de organismos internacionales. Ha publicado más de ciento veinte libros y ensayos históricos, sociológicos y de política económica y social, y multitud de artículos de prensa, sin descuidar la preparación de la trilogía Cerbantes. En los ensayos recogidos en su obra Poder Dinero y Moral estudió el contexto sociohistórico del mundo cervantino.

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Absolutamente espantoso.Empecemos por el formato físico del libro: 900 páginas. Muy incómodo, impensable llevarlo con nosotros mismos en desplazamientos en transporte público, por ejemplo. Tampoco nos podemos plantear llevarlo a la playa o la piscina, porque es sumamente incómodo de sujetar, tanto sentados como tumbados. Por otra parte, son 900 ... Leer más
Absolutamente espantoso.Empecemos por el formato físico del libro: 900 páginas. Muy incómodo, impensable llevarlo con nosotros mismos en desplazamientos en transporte público, por ejemplo. Tampoco nos podemos plantear llevarlo a la playa o la piscina, porque es sumamente incómodo de sujetar, tanto sentados como tumbados. Por otra parte, son 900 páginas de letras minúsculas. Da muchísima pereza tener que leer en ese formato. ¿No hubiese sido mejor hacerlo en varios volúmenes? La trama, desde luego, da para ello.Centrándonos ahora mismo en el estilo y el vocabulario, estos son tediosos, complicados, enrevesados, retorcidos y pedantes. Acostumbrada a todo tipo de literaturas, este libro se me ha antojado innecesariamente pretencioso.En cuanto al contenido en sí, durante gran parte del libro tuve que comprobar y recomprobar qué tipo de literatura estaba en mis manos: ¿un ensayo biográfico? ¿una novela de ficción? ¿un libro de historia? No queda claro en ningún momento.El inicio es prometedor: el terremoto de Orán de 2008 dejó al descubierto un cartapacio aparentemente escrito por Cervantes. A partir de ese texto, el autor narra la vida de Cervantes mientras culmina su educación y forma parte de la casa Éboli. A pesar de las bases, la trama no llega a engancharnos, no tiene nada de emocionante, siquiera de interesante, todo ello aderezado con el estilo anteriormente mencionado.Como puntos positivos, la excelente introducción, que hace prever un buen desarrollo, así como la gran cantidad de referencias que figuran al final del libro (100 páginas más).En definitiva, no recomendado en absoluto. Leer menos
La vida de un gran escritor
ditar datos en Wikidata]Está considerado la máxima figura de la literatura española y es universalmente conocido por haber escrito El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha (conocida habitualmente como el Quijote), que muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal, además de... Leer más
ditar datos en Wikidata]Está considerado la máxima figura de la literatura española y es universalmente conocido por haber escrito El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha (conocida habitualmente como el Quijote), que muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal, además de ser el libro más editado y traducido de la historia, solo superado por la Biblia.[6] Se le ha dado el sobrenombre de «Príncipe de los Ingenios».[7]  VidaInfancia y juventud Torre de la iglesia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, donde fue bautizado Miguel de Cervantes. Resultó destruida en un incendio durante la Guerra Civil Española.Desde el siglo XVIII está admitido que el lugar de nacimiento de Miguel de Cervantes fue Alcalá de Henares,[5] dado que allí fue bautizado, según su acta bautismal, y que de allí aclaró ser natural en la llamada Información de Argel (1580).[8] El día exacto de su nacimiento es menos seguro, aunque lo normal es que naciera el 29 de septiembre, fecha en que se celebra la fiesta del arcángel San Miguel, dada la tradición de recibir el nombre del santoral del día del nacimiento. Miguel de Cervantes fue bautizado el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María la Mayor.[9] [10] El acta del bautizo reza:Domingo, nueve días del mes de octubre, año del Señor de mill e quinientos e quarenta e siete años, fue baptizado Miguel, hijo de Rodrigo Cervantes e su mujer doña Leonor. Baptizóle el reverendo señor Bartolomé Serrano, cura de Nuestra Señora. Testigos, Baltasar Vázquez, Sacristán, e yo, que le bapticé e firme de mi nombre. Bachiller Serrano.[11]Sus abuelos paternos fueron el licenciado en leyes Juan de Cervantes y doña Leonor de Torreblanca, hija de Juan Luis de Torreblanca, un médico cordobés; su padre se llamaba Rodrigo de Cervantes (1509-1585) y nació en Alcalá de Henares por casualidad: su padre tenía entonces su trabajo allí. Lo educaron para ser cirujano, oficio más parecido al antiguo título de practicante que a nuestra idea de médico, pero la secuela de una enfermedad infantil lo dejó desde niño con una extrema sordera, lo que se averiguó por un documento exhumado por Krzysztof Sliwa según el cual el escritor hizo al menos una vez de intérprete para su padre.Don Rodrigo no pudo seguir estudios continuados no solo por su sordera, sino por el carácter inquieto e itinerante de su familia, que llegó a moverse entre Córdoba, Sevilla, Toledo, Cuenca, Alcalá de Henares, Guadalajara y Valladolid, que se sepa; sin embargo aprendió cirugía de su abuelo materno cordobés y del padrastro, también médico, que lo sucedió, sin llegar a contar nunca con un título oficial.Según Américo Castro, Daniel Eisenberg y otros cervantistas, Cervantes poseía ascendencia conversa por ambas líneas familiares; por el contrario, su último biógrafo, Jean Canavaggio, afirma que no está probado y lo compara con los documentos que apoyan esta ascendencia sin lugar a dudas para Mateo Alemán; en todo caso, la familia Cervantes estaba muy bien considerada en Córdoba y ostentaba allí y en sus cercanías cargos importantes. El padre del escritor, Rodrigo, casó con Leonor de Cortinas, de la cual apenas se sabe nada, excepto que era natural de Arganda del Rey.[12] Los hermanos de Cervantes fueron Andrés (1543), Andrea (1544), Luisa (1546), que llegó a ser priora de un convento carmelita; Rodrigo (1550), también soldado, que le acompañó en el cautiverio argelino; Magdalena (1554) y Juan, solo conocido porque su padre lo menciona en el testamento.Hacia 1551, Rodrigo de Cervantes se trasladó con su familia a Valladolid. Por deudas, estuvo preso varios meses y sus bienes fueron embargados. En 1556 se dirigió a Córdoba para recoger la herencia de Juan de Cervantes, abuelo del escritor, y huir de los acreedores. No existen datos precisos sobre los primeros estudios de Miguel de Cervantes, que, sin duda, no llegaron a ser universitarios. Parece ser que pudo haber estudiado en Valladolid, Córdoba o Sevilla. También es posible que estudiara en algún colegio de la Compañía de Jesús, ya que en la novela El coloquio de los perros describe un colegio de jesuitas con una precisión que parece propia de su experiencia estudiantil.Lápida conmemorativa de los estudios de Miguel de Cervantes en la calle de la Villa (Madrid).En 1566 se estableció en Madrid. Asistió al Estudio de la Villa, regentado por un buen catedrático de gramática, el filoerasmista Juan López de Hoyos, quien en 1569 publicó un libro sobre la enfermedad y muerte de la reina Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II. López de Hoyos incluye en ese libro dos poesías de Cervantes, a quien llama «nuestro caro y amado discípulo». Esas son sus primeras manifestaciones literarias. En estos años Cervantes se aficionó al teatro viendo las representaciones de Lope de Rueda, como afirma en el prólogo que puso a sus Ocho comedias y ocho entremeses (1615):Me acordaba de haber visto representar al gran Lope de Rueda, varón insigne en la representación y en el entendimiento [...] Y, aunque por ser muchacho yo entonces, no podía hacer juicio firme de la bondad de sus versos, por algunos que me quedaron en la memoria, vistos agora en la edad madura que tengo, hallo ser verdad lo que he dicho; y si no fuera por no salir del propósito de prólogo, pusiera aquí algunos que acreditaran esta verdad. En el tiempo deste célebre español, todos los aparatos de un autor de comedias se encerraban en un costal, y se cifraban en cuatro pellicos blancos guarnecidos de guadamecí dorado, y en cuatro barbas y cabelleras y cuatro cayados, poco más o menos. Las comedias eran unos coloquios, como églogas, entre dos o tres pastores y alguna pastora; aderezábanlas y dilatábanlas con dos o tres entremeses, ya de negra, ya de rufián, ya de bobo y ya de vizcaíno: que todas estas cuatro figuras y otras muchas hacía el tal Lope con la mayor excelencia y propiedad que pudiera imaginarse. No había en aquel tiempo tramoyas, ni desafíos de moros y cristianos, a pie ni a caballo; no había figura que saliese o pareciese salir del centro de la tierra por lo hueco del teatro, al cual componían cuatro bancos en cuadro y cuatro o seis tablas encima, con que se levantaba del suelo cuatro palmos; ni menos bajaban del cielo nubes con ángeles o con almas. El adorno del teatro era una manta vieja, tirada con dos cordeles de una parte a otra, que hacía lo que llaman vestuario, detrás de la cual estaban los músicos, cantando sin guitarra algún romance antiguoY, según declara en la segunda parte del Quijote por boca de su personaje principal, en su juventud «se le iban los ojos tras la farándula» (Don Quijote, II, 12).Viaje a Italia y la batalla de Lepanto La batalla de Lepanto (de artista desconocido). National Maritime Museum, Greenwich.Se ha conservado una providencia de Felipe II que data de 1569, donde manda prender a Miguel de Cervantes, acusado de herir en un duelo a un tal Antonio Sigura, maestro de obras. Si se tratara realmente de Cervantes y no de un homónimo, podría ser este el motivo que le hizo pasar a Italia. Llegó a Roma en diciembre del mismo año. Allí leyó los poemas caballerescos de Ludovico Ariosto, que tanto influirán en el Don Quijote según Marcelino Menéndez Pelayo, y los Diálogos de amor del judío sefardita León Hebreo (Yehuda Abrabanel), de inspiración neoplatónica, que determinarán su idea del amor. Cervantes se imbuye del estilo y del arte de Italia, y guardará siempre tan gratísimo recuerdo de aquellos estados, que al principio de El licenciado Vidriera, una de sus Novelas ejemplares, hace poco menos que una guía turística de ella:Llegaron a la hermosa y bellísima ciudad de Génova; y, desembarcándose en su recogido mandrache, después de haber visitado una iglesia, dio el capitán con todas sus camaradas en una hostería, donde pusieron en olvido todas las borrascas pasadas con el presente gaudeamus. Allí conocieron la suavidad del Treviano, el valor del Montefrascón, la fuerza del Asperino, la generosidad de los dos griegos Candia y Soma, la grandeza del de las Cinco Viñas [...] Finalmente, más vinos nombró el huésped, y más les dio, que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco. Admiráronle también al buen Tomás los rubios cabellos de las ginovesas, y la gentileza y gallarda disposición de los hombres; la admirable belleza de la ciudad, que en aquellas peñas parece que tiene las casas engastadas como diamantes en oro. [...] Y en cinco [días] llegó a Florencia, habiendo visto primero a Luca, ciudad pequeña, pero muy bien hecha, y en la que mejor que en otras partes de Italia, son bien vistos y agasajados los españoles. Contentóle Florencia en estremo, así por su agradable asiento como por su limpieza, sumptuosos edificios, fresco río y apacibles calles. [...] Y luego se partió a Roma, reina de las ciudades y señora del mundo. Visitó sus templos, adoró sus reliquias y admiró su grandeza; y, así como por las uñas del león se viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad, así él sacó la de Roma por sus despedazados mármoles, medias y enteras estatuas, por sus rotos arcos y derribadas termas, por sus magníficos pórticos y anfiteatros grandes; por su famoso y santo río, que siempre llena sus márgenes de agua y las beatifica con las infinitas reliquias de cuerpos de mártires que en ellas tuvieron sepultura; por sus puentes, que parece que se están mirando unas a otras, que con solo el nombre cobran autoridad sobre todas las de las otras ciudades del mundo: la vía Apia, la Flaminia, la Julia, con otras deste jaez. Pues no le admiraba menos la división de sus montes dentro de sí misma: el Celio, el Quirinal y el Vaticano, con los otros cuatro, cuyos nombres manifiestan la grandeza y majestad romana. Notó también la autoridad del Colegio de los Cardenales, la majestad del Sumo Pontífice, el concurso y variedad de gentes y nacionesSe pone al servicio de Giulio Acquaviva, que será cardenal en 1570 y a quien probablemente conoció en Madrid. Le siguió por Palermo, Milán, Florencia, Venecia, Parma y Ferrara, itinerario que también aparece admirativamente comentado en El licenciado Vidriera.[13] Pronto lo dejará para ocupar la plaza de soldado en la compañía del capitán Diego de Urbina, del tercio de Miguel de Moncada. Embarcó en la galera Marquesa. El 7 de octubre de 1571 participó en la batalla de Lepanto, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», formando parte de la armada cristiana, dirigida por don Juan de Austria, «hijo del rayo de la guerra Carlos V, de felice memoria», y hermanastro del rey, y donde participaba uno de los más famosos marinos de la época, el marqués de Santa Cruz, que residía en La Mancha, en Viso del Marqués. En una información legal elaborada ocho años más tarde se dice:Cuando se reconosció el armada del Turco, en la dicha batalla naval, el dicho Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura, y el dicho capitán... y otros muchos amigos suyos le dijeron que, pues estaba enfermo y con calentura, que estuviese quedo abajo en la cámara de la galera; y el dicho Miguel de Cervantes respondió que qué dirían de él, y que no hacía lo que debía, y que más quería morir peleando por Dios y por su rey, que no meterse so cubierta, y que con su salud... Y peleó como valente soldado con los dichos turcos en la dicha batalla en el lugar del esquife, como su capitán lo mandó y le dio orden, con otros soldados. Y acabada la batalla, como el señor don Juan supo y entendió cuán bien lo había hecho y peleado el dicho Miguel de Cervantes, le acrescentó y le dio cuatro ducados más de su paga... De la dicha batalla naval salió herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano, de que quedó estropeado de la dicha mano.De ahí procede el apodo de Manco de Lepanto,[14] que se interpreta mal, pues la mano izquierda no le fue cortada, sino que se le anquilosó al perder el movimiento de ella cuando un trozo de plomo le seccionó un nervio; estaba, pues, tullido de la mano izquierda. Aquellas heridas no debieron ser demasiado graves pues, tras seis meses de permanencia en un hospital de Messina, Cervantes reanudó su vida militar, en 1572. Tomó parte en las expediciones navales de Navarino (1572), Corfú, Bizerta y Túnez (1573). En todas ellas bajo el mando del capitán Manuel Ponce de León y en el aguerrido tercio de Lope de Figueroa, personaje que aparece en El alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca.Después recorrió las principales ciudades de Sicilia, Cerdeña, Génova y la Lombardía. Y permaneció finalmente dos años en Nápoles, hasta 1575. Cervantes siempre se mostró muy orgulloso de haber luchado en la batalla de Lepanto, que para él fue, como escribió en el prólogo de la segunda parte del Quijote, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros» Leer menos
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