Apocalipsis

Stephen King

Fragmento

UN PRÓLOGO EN DOS PARTES

PRIMERA PARTE

PARA LEER

ANTES DE LA COMPRA

Hay un par de cosas que usted debe saber acerca de esta versión de Apocalipsis antes de haber salido de la librería. Por esta razón confío en haberle atrapado a tiempo, en la sección K de los títulos de ficción, con sus otras compras debajo del brazo y el libro abierto ante usted. En otras palabras, espero haberle atrapado mientras su cartera se encuentra todavía segura en su bolsillo. ¿Preparado? Bien. Seré breve.

En primer lugar, ésta no es una nueva novela. Si usted tiene alguna confusión al respecto, no deje de expresarla mientras aún se encuentra a una distancia prudente de la caja registradora donde le sacarán el dinero de su bolsillo y lo meterán en el mío. [1] se publicó originalmente hace ya varios años.

En segundo lugar, ésta no es una versión de trinca, nueva y diferente de La danza de la muerte. No descubrirá a los viejos personajes comportándose de forma distinta, ni el curso de la acción se torcerá en algún punto de la antigua trama, llevándole, fiel lector, en una dirección inesperada.

Esta versión de La danza de la muerte es una ampliación de la novela original. Como ya he dicho, no encontrará a los viejos personajes actuando de manera incongruente, pero sí descubrirá que casi todos ellos, aunque en la misma forma del libro original, hacen más cosas y, si no creyese que algunas de esas cosas eran interesantes y clarificadoras nunca hubiera estado de acuerdo en este proyecto.

Si esto no le interesa, no compre este libro. Y, si ya lo ha hecho, confío en que conserve el ticket de la caja, para poder cambiarlo por otro título.

Pero si esta ampliación le atrae, le invito a seguir conmigo un poco más. Tengo muchas cosas que contarle y creo que hablaremos mejor al doblar la esquina.

En la oscuridad.

SEGUNDA PARTE

PARA LEER

DESPUÉS DE COMPRAR EL LIBRO

Esto ya no es un prólogo, sino una explicación de por qué esta nueva versión de La danza de la muerte ha llegado a existir. Para empezar, es una novela muy larga, y esta versión ampliada será considerada por algunos, quizá por muchos, como una presunción por parte de un autor cuyas obras han tenido el éxito suficiente como para permitírselo. Confío en que no sea así, aunque muchos críticos la consideraron, para empezar, muy hinchada y más larga de la cuenta.

Si el libro era, ya de por sí, demasiado largo, o se ha vuelto así en esta edición, es un asunto que dejo al criterio individual del lector. Sólo deseo aprovechar este pequeño espacio para decir que estoy editando Apocalipsis como si fuese escrita por primera vez, no para servirme a mí mismo o a cualquier lector en particular, sino para atender a un conjunto de lectores que me han pedido que lo haga. No lo habría ofrecido si yo mismo no hubiese pensado que las partes que fueron eliminadas del manuscrito original hacen la historia más rica, y desde luego siento curiosidad por ver cómo se recibirá todo esto.

Le ahorraré el relato de cómo se escribió Apocalipsis. La cadena de pensamientos que produce una novela rara vez interesa a nadie más que a los aspirantes a novelistas. Suelen creer que existe una «fórmula secreta» para escribir una novela de éxito comercial; pero no es así. Tienes una idea. En un momento dado te llega otra idea. Realizas una conexión de una serie de ideas entre sí; unos cuantos personajes (por lo general, poco más que sombras al principio) se sugieren a sí mismos; la mente del escritor imagina un posible final (aunque cuando llega ese final, casi nunca se parece a lo que había imaginado el escritor); y, en un punto dado, se sienta con pluma y papel, una máquina de escribir o un ordenador. Cuando me preguntan «¿Cómo escribe?», invariablemente respondo: «Una palabra cada vez.» Y la respuesta siempre resulta desconcertante. Pero así son las cosas. Parece demasiado sencillo para ser verdad; pero considere, por favor, la muralla china: una piedra cada vez… Eso es todo. Piedra a piedra. Pero he leído que se puede ver desde el espacio.

Para los lectores interesados, la historia se cuenta en el último capítulo de La danza de la muerte, una tortuosa pero fácil visión general del género de horror que publiqué en 1981. Esto no es hacer propaganda de ese libro; sólo estoy diciendo que el relato está allí si lo desea, aunque se cuenta no sólo porque es interesante en sí mismo, sino porque ilustra un punto de vista diferente.

Lo que sí resulta importante para los propósitos del libro actual es que, en el bosquejo final, se suprimieron más de cuatrocientas páginas del manuscrito. La razón no fue de tipo editorial; de haber sido ése el caso, me hubiera contentado con que el libro viviese su vida y muriese, llegado el momento, tal y como se editó originalmente.

Las supresiones se realizaron por mandato del departamento financiero. Realizaron el correspondiente escandallo de los costes de producción, lo depositaron al lado de las ventas de tapa dura de mis cuatro libros anteriores, y decidieron que un precio fuerte de 12,95 dólares era todo lo que el mercado podría soportar (¡comparen ese precio con el de ahora, amigos y vecinos!). Se me preguntó si accedería a realizar los cortes, o si prefería que los hiciese alguien del departamento editorial. Aunque con desgana, convine en hacer la cirugía yo mismo. Me parece que mi trabajo fue bastante bueno, para un escritor que ha sido acusado una y otra vez de incontinencia. Existe sólo un pasaje (el viaje de Trashcan Man’s a través del país desde Indiana a Las Vegas) que se nota lleno de cicatrices.

Entonces, si toda la historia está aquí, cabía preguntarse para qué nos preocupamos. ¿No será a fin de cuentas sólo una autosatisfacción? De ser así, he pasado una gran parte de mi vida perdiendo el tiempo. Como suele ocurrir, creo que en los relatos auténticamente buenos el conjunto es siempre mayor que la suma de las partes. Si así no fuera, lo que sigue no pasaría de ser una versión aceptable de Hansel y Gretel:

Hansel y Gretel eran dos niños con un padre muy agradable y una madre estupenda. La estupenda madre murió y el padre se casó con una bruja. La bruja quería quitar de en medio a los niños, para disponer de más dinero. Engatusó a su pusilánime marido para que se llevase a Hansel y Gretel al bosque y los matara. En el último momento el padre de los chicos prefirió dejarlos en el bosque para que se murieran de hambre en lugar de proporcionarles una muerte rápida y misericordiosa con su cuchillo. Mientras erraban por ahí, encontraron una casa hecha de caramelo. Era propiedad de una bruja que practicaba el canibalismo. La bruja les encerró allí y les dijo que en cuanto estuviesen fuertes y gordos se los comería. Pero los niños se enfrentaron

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