Quien bien te quiere te hará reír (Bad Boy's Girl 4)

Blair Holden

Fragmento

cap-1

1

Mi objetivo del año: no acabar en la morgue

¿Dónde te ves dentro de cinco años?

Es una pregunta que todos hemos oído alguna vez y que odiamos, o al menos la odiarías si fueras como yo. Supongo que hay gente que tiene toda la vida planeada y, si les pides que te detallen qué van a hacer en los próximos cinco años, se vienen arriba. Es que, de verdad, me parece increíble que alguien pueda estar tan seguro de sí mismo y de dónde estará dentro de cinco años. Tampoco pretendo abrir un debate filosófico sobre el tema, pero para alguien como yo, que ni siquiera sé qué cenaré esta noche, tanta expectativa puede acabar provocándome un ataque de nervios.

Y es que cuando tenía dieciocho años, recién acabado el instituto, jamás se me habría ocurrido que a los veintidós estaría celebrando Halloween en chándal y subiendo cajas a pulso hasta mi nuevo piso, que está en una cuarta planta.

Mi piso.

El mismo en el que vivo yo sola.

—¿Se puede saber qué hay en esta? —pregunta mi hermano con la frente cubierta de sudor, mientras carga con una de las tres cajas llenas de zapatos que he traído.

Teniendo en cuenta que es un loco del gimnasio, tanto agotamiento por su parte es una prueba más de la gravedad de mi obsesión por los zapatos. Es un vicio que descubrí durante el primer año de universidad y que en los dos siguientes no hizo más que empeorar.

—Ten cuidado con mis bebés, Trav, y para de quejarte. Recuerda que la idea de no contratar una empresa de mudanzas fue tuya.

Soplo y resoplo mientras subimos el último tramo de escaleras. Los ascensores están fuera de servicio, cómo no. Al menos hoy ya no tendré que hacer sesión de cardio.

—Lo decía porque eres nueva en la ciudad y prefiero que mi hermanita pequeña no muera apaleada justo en la víspera de su primer día de trabajo.

Le pongo los ojos en blanco. Da igual los años que tenga; el instinto protector de Travis siempre seguirá vivo y con la misma intensidad de siempre. Creo que está intentando compensarme por todos los años que no pude contar con él y, aunque no quiero que se pase la vida sintiéndose culpable, reconozco que me gusta saber que mi hermano mayor se preocupa por mí.

Aunque no sea capaz de cargar con una mísera caja llena de zapatos.

—En serio, Travis, eres la alegría de la huerta... ¿Así es como le das la bienvenida a tu hermana? —le espeta su novia y una de mis mejores amigas, Beth Romano, mientras nos adelanta.

Beth se está portando como una jabata. Me está ayudando en todo lo que puede; hasta ha pedido el día libre en el trabajo. Es becaria en un sello discográfico muy importante, lo que vendría a ser el trabajo de sus sueños, aunque sé que le están dando caña. Encima ha tenido que venir a la ciudad, con la locura que es Halloween, y la adoro aún más por ello.

—No tengo miedo —intervengo—. Con la cantidad de comprobaciones que habéis hecho entre papá, mi novio y tú, sé que aunque se escapen todos los presos de Guantánamo yo estaré a salvo en mi pequeña caja fuerte.

Los hombres de mi vida aún no se han hecho a la idea de que voy a vivir sola por primera vez y, encima, en una ciudad nueva; y es que en cuanto supe que me habían dado el trabajo no lo pensé dos veces. ¿Que tengo que vivir sola? Sin problemas. Además tampoco es que haya mucho donde elegir en cuanto a compañeros de piso se refiere. Beth y Travis llevan cinco años viviendo juntos y mi otra mejor amiga, Megan, también comparte piso con su novio mientras estudia medicina en Maryland. En su momento, consideré la posibilidad de preguntárselo a otra de mis amigas, Cami, pero nada más aceptarla en psiquiatría, su novio, Lan, se me adelantó y buscó un apartamento para los dos. Él ya conoce la ciudad. Trabaja en una empresa de inversiones y en cuanto supo que su novia también se venía a vivir aquí durante al menos cuatro años... Pues eso, que no tuve ninguna posibilidad.

Sé que se sienten culpables por cómo han acabado las cosas. Cuando íbamos al instituto, siempre decíamos que cuando fuéramos mayores viviríamos juntas, pero no lo hicimos en la universidad y tampoco parece que vaya a pasar, al menos no por ahora; aunque, la verdad, estoy bastante emocionada con esto de la independencia. Un poco cagada también, lo admito; he visto demasiados documentales sobre neoyorquinas que terminan convirtiéndose en carne de asesino en serie, pero de momento creo que podré arreglármelas sin acabar hecha carne picada.

Ese es mi objetivo del año: no acabar en la morgue.

Además, sé que hay alguien que siempre cuida de mí. Un chico que se preocupa por mis cosas más que yo misma, que no se va a dormir hasta que no ha hablado conmigo y que no se pone en marcha por la mañana hasta que no le mando el primer mensaje del día. Lo echo de menos con todas mis fuerzas, pero mientras sepa que puedo contar con él, no me preocupa lo que me depare el futuro. Porque si hay una constante imprescindible en mi vida es Cole Grayson Stone y sé en lo más profundo de mi ser que nunca me fallará.

Nos las apañamos para subir las últimas cajas y, voilà, por fin me he mudado oficialmente a Nueva York del piso de estudiantes que compartía con Cole en Providence. Beth silba impresionada mientras se pasea por las habitaciones. He de reconocer que me alegro de que durante estos últimos dos años mi padre se haya dedicado a las inversiones inmobiliarias. De no ser así, tendría que vender varios órganos si quisiera alquilar un piso como este por mis propios medios y encima solo me llegaría para el primer mes. Es un apartamento reformado con mucho gusto, de una habitación y dos baños, en un edificio con portero de los de antes de la Segunda Guerra Mundial. Los techos son altos y con las vigas al descubierto; los suelos, de madera y muy bonitos, y tengo espacio de sobra para guardar mi colección de zapatos, además de mucha luz natural. La sala de estar es grande y la preside una mesa de comedor donde se pueden sentar fácilmente seis personas. La cocina también es muy amplia y soleada; la encimera es de cuarzo y los electrodomésticos, de acero inoxidable, totalmente nuevos. Hay un montón de armarios por si algún día me da por atracar una tienda de KitKats. Es demasiado para una persona y, de hecho, ya empiezo a sentirme un poco abrumada con tanto espacio, pero teniendo en cuenta los otros pisos que he visitado y que se ajustaban a mis posibilidades económicas, sé que este es el mejor de todos.

Le estoy muy agradecida a mi padre por haberme echado una mano. Creo que si ha aceptado la idea de que viva sola es porque sabe que será en un edificio del que es copropietario. Al igual que mi hermano, sospecho que él también se siente culpable por no haberse involucrado demasiado en mi vida, al menos hasta hace poco, y porque sus aspiraciones políticas a veces han tenido consecuencias bastante graves sobre mí. Ahora estamos mucho mejor, hemos recorrido un camino muy largo como familia. En cuanto a mi madre..., bueno, hablamos de vez en cuando y este último año hemos intentado quedar más a menudo. No creo que mis padres sean capaces de estar bajo un mismo techo, pero, eh, tampoco aspiramos a ser la tribu de los Brady.

—¿Seguro que no queréis quedaros esta noche? Tengo espacio de sobra y hay un chino muy bueno aquí cerca.

Lo reconozco: me siento un poco sola.

Beth y

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