Te odiaré hasta que te quiera (Bad Boy's Girl 1)

Blair Holden

Fragmento

cap-1

 

Introducción

Ya están otra vez. Mis padres vuelven a pelearse. Oigo sus gritos a través de las paredes de casa, que parecen de papel. Siguen creyendo que si se pelean en la planta baja, yo no los oigo desde arriba. Pero, por desgracia para ellos, y para mí, me llega hasta la última palabra con total claridad.

Es lo de siempre. Se enzarzan hasta que quieren tirarse de los pelos y luego se van a su habitación. Últimamente, mi padre está durmiendo en la de invitados, de la que sale a escondidas todas las mañanas antes de que yo me vaya a clase.

Cree que no me doy cuenta, pero sí.

Soy consciente de que no están bien, pero no se separarán. Son así de tercos. Es algo que he heredado de ellos, la cabezonería, pero espero no verme nunca en una situación parecida. Claro que yo no tengo que preocuparme por encontrar a alguien que me quiera para luego acabar odiándolo, porque el tío del que estoy enamorada nunca me va a querer. Está demasiado ocupado babeando por Nikki la Zorra. Vale, un momento, que rebobino y te explico los motivos exactos por los que Nikki es una zorra.

Nicole Andrea Bishop, también conocida como el origen de todos mis males, es mi ex mejor amiga y segunda capitana del equipo de baile del instituto. La conozco desde la guardería, cuando todo eran arcoíris y mariposas, y compartir un helado con otra niña te convertía automáticamente y para siempre en su mejor amiga. La verdad es que eso es lo que fuimos Nikki y yo durante más o menos diez años. Luego llegó el instituto, y ella se transformó en un engendro de Satanás.

Adiós a la niña mellada que me hacía trenzas porque yo era físicamente incapaz. Adiós a la amiga con un acné importante que se quedaba despierta toda la noche ayudándome a estudiar para los exámenes de francés, una auténtica pesadilla para mí. Adiós a la chica a la que consideraba casi una hermana, que cenaba con mi familia todos los sábados antes de la maratón semanal de Las chicas Gilmore.

Para cuando terminó el primer año, a Nikki ya la había poseído el espíritu de Regina George y yo era la mosca que no dejaba de revolotear a su alrededor. Hice todo lo que pude para mantener viva nuestra amistad, de verdad que sí, pero mi orgullo tenía un límite.

Ahora es cuando te cuento que yo antes estaba gorda. Y cuando digo gorda, no me refiero a esa gordura que te permite llevar vaqueros ajustados con una camiseta corta y aun así atreverte a criticar esos kilitos de más.

Por aquel entonces pesaba la friolera de ciento cinco kilos, más que todo nuestro instituto junto. Era esa chica que llevaba chándal con capucha y Converse todo el día, todos los días, sin siquiera planteárselo. Pero, antes de que te dé pena, déjame que te diga que nunca fui consciente de mi peso. Es más, tampoco me suponía un problema. No hacía régimen ni deporte (para disgusto de mi madre) y tampoco sacrificaba pequeños animalillos para que los dioses me hicieran perder milagrosamente los kilos que me sobraban. Comía lo que me apetecía, me quedaba en casa viendo Gossip Girl en el portátil y mis compañeros de clase me obviaban, no me hacían bullying, pero pasaban de mí. Fue entonces cuando Nicole se apuntó al equipo de baile, y de pronto todo el mundo empezó a odiarme. ¿Sabes?, es como si aún oyera los silbidos y los comentarios discretos; bueno, discretos más bien poco, cada vez que Nicole y yo pasábamos junto a un grupillo de estudiantes.

«¿Qué hace una macizorra como Nicole Andrea Bishop con una tía como esa?»

«¿Qué le estará haciendo Tessa la Obesa para obligarla a que sea su amiga?»

«¿Por qué Nicole no se quita ese peso de encima y ya está?» Sí, este era para partirse.

Ni que decir tiene que Nicole acabó dándose cuenta de que yo estaba perjudicando su reputación, así que, después de meses evitando mis llamadas y sin tiempo para quedar conmigo, al final me dejó bien claro que era una carga para ella y que ya no podíamos seguir siendo amigas.

Me tragué el orgullo y lo acepté. Diez años de amistad a la basura, así, sin más, y todo porque mi mejor amiga era demasiado cobarde para plantarle cara a la gente que cuestionaba nuestra amistad. Y no me habría parecido mal si se hubiera limitado a ser eso, una cobarde, pero Nicole decidió que un defecto de semejante calibre no era suficiente para ella. Por lo visto, uno de los requisitos de la popularidad es convertirse en uno de esos villanos retorcidos que salen en las pelis. Y se puso manos a la obra.

Cuando empezamos el segundo curso, yo había perdido treinta y seis kilos y ella había ganado un novio. Y no uno cualquiera. Nicole volvió a clase siendo la novia del chico del que yo estaba colgada desde los ocho años.

Jason «Jay» Stone fue el primer chico que me regaló flores. Bueno, si por flores entendemos un diente de león arrancado de cualquier manera. Íbamos a tercero y aquel día yo había ido al colegio con mi diadema favorita. Me dijo que estaba muy guapa, y a mí aquello me bastó para enamorarme hasta el tuétano. Con el paso del tiempo nos hicimos buenos amigos. Bueno, al menos él se comportaba como un amigo. Yo me quedaba muda cada vez que se me acercaba. Y es que era el prototipo de chico americano: rubio, ojos azules y con una habilidad envidiable para jugar al béisbol. Por desgracia, a medida que fui ganando peso, empecé a avergonzarme de que me vieran con él. Estaba gorda y era todo lo torpe que puede ser una preadolescente. Digamos que no era el tipo de chica que merecía pasar tiempo con Jay Stone, así que acabé por alejarme de él.

Nicole sabía perfectamente lo que yo sentía por él. Incluso me animaba a que le pidiera para salir porque, según ella, Jay estaba colgado de mí a pesar de mis problemas de peso. Yo estaba totalmente en contra de esa idea, por decirlo suavemente. Sin embargo, al volver del verano y antes de empezar el segundo curso, vi la luz al final del túnel. Me había pasado horas encadenada a la cinta de correr, consumiendo mi propio peso en agua, y sentí que quizá esa vez sí. Aquel sería mi año. El año en el que por fin tendría una oportunidad, en el que me convertiría en alguien capaz de tontear con Jay Stone.

No tenía la menor idea de lo que se me venía encima.

La primera vez que vi a Jay después del verano fue en los pasillos, justo antes de entrar en clase. Yo llevaba mis mejores vaqueros, que casualmente me hacían un culo bonito, una camiseta ajustada y ligeramente escotada, lo justo, y mis botas negras de rock star. Me había peinado a conciencia, ondulando mi melena rubia en plan playero, e iba perfectamente maquillada. Por desgracia, en cuanto lo vi, no fueron necesarios ni cinco minutos para que tuviera la cara llena de chorretones de rímel.

Jay tenía la lengua metida hasta la campanilla de mi mejor amiga, perdón, ex mejor amiga. Si aquella mañana hubiera desayunado, el contenido de mi estómago no habría tardado en volver a salir por donde había entrado. Recuerdo que sentí una presión en el corazón, como si alguien me lo apretara con todas sus fuerzas hasta romperlo en mil pedazos. Se me llenaron los ojos de lágrimas y noté un nudo en la garganta. Fue lo peor que he sentido nunca.

Había perdido a Jay Stone, el amor de mi vida, y por si fuera poco a manos de mi ex mejor amiga, que encima me lo rest

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