Mi bella desconocida (Teatro Capitol 1)

Lisa Kleypas

Fragmento

Creditos

Título original: Somewhere I’ll Find You

Traducción: Ana Silvia Mazía

1.ª edición: julio, 2013

© 2013 by Lisa Kleypas

© Ediciones B, S. A., 2013

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B. 18.613-2013

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-516-1

Maquetación ebook: Caurina.com

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Dedicatoria

 

 

 

 

 

Para Griffin,

con amor, de tu madre

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Prólogo

Warwickshire, 1825

La música proveniente de los festejos del 1 de Mayo que colmaba el aire llegaba flotando desde la aldea, hasta el castillo de piedras de color miel que había junto al lago. Uno de los habitantes de ese castillo, Damon, lord Savage, marqués de Savage, iba andando por el camino a la aldea, atraído por esa música, a pesar de sí mismo. Él no era un hombre frívolo, tampoco le agradaba participar en reuniones de muchas personas. A lo largo de los dos últimos años, Damon había dedicado su vida a reconstruir la fortuna de la familia, y a cuidar de su hermano y de su padre enfermo. Las responsabilidades que habían recaído sobre él no le dejaban tiempo para la diversión. En ese momento, una mezcla de curiosidad, soledad y la necesidad de estar al aire libre lo impulsaron a dirigirse al pueblo.

Una multitud de muchachas vestidas de blanco, doradas por la luz malva del atardecer, bailaban en torno de un árbol adornado con cintas y guirnaldas. Los aldeanos se habían reunido para celebrar las fiestas paganas del 1 de Ma-yo, riendo y bebiendo; continuarían así toda la noche.

Sin hacerse notar, Damon se mantuvo en el borde de la muchedumbre, mientras caía la noche. Se encendieron lámparas y antorchas que proyectaban sombras vacilantes sobre la hierba. Damon había presenciado muchas veces los ritos del 1 de Mayo y, sin embargo, seguía impresionándolo el cuadro pintoresco que constituían las doncellas que enlazaban largas cintas en torno del poste pintado y adornado con flores que siempre se colocaba en el centro del lugar de los festejos. Ellas saltaban con gracia, en rueda, con su cabello adornado con coronas de flores, las largas faldas blancas ondulando en torno de sus piernas enfundadas en calcetines.

Al igual que todos los demás hombres presentes, Damon se fijó en las muchachas más atractivas. Hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer. Se prometió a sí mismo que, más adelante, tomaría una querida y gozaría de los placeres a los que había renunciado, pero de momento tenía mucho que hacer. Rogó poder librarse del incómodo deseo de sentir el cont

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