Pack Besos en Richmond

Ana Álvarez

Fragmento

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Prólogo

Boda de Javier y Alice

Sevilla

Durante toda la ceremonia de la boda de Alice y Javier, Stefany había sentido sobre ella la mirada oscura y penetrante de uno de los invitados, causándole un ligero desasosiego. Alto, moreno y de ojos negros e insondables, pelo muy corto y porte marcial, tenía aspecto peligroso y atrevido. Cuando le preguntó por él a su hermana, esta le explicó que era primo de Javier, y nada más, pero su curiosidad no se quedó satisfecha con tan escasa información.

Después, en el almuerzo que se celebró a continuación, se encontraron sentados en mesas diferentes, puesto que ella estaba ubicada junto a los novios, como único familiar de Alice. Pero eso no evitó que el hombre continuara observándola con insistencia. También ella le miraba de vez en cuando, para encontrarse con unos ojos atrevidos que parecían desnudarla y una sonrisa provocadora. Él se había quitado la chaqueta del traje gris claro que vestía y se había quedado con el pantalón y la camisa negra que se ajustaba a un cuerpo que sin ropa debía quitar el hipo. Hombros anchos, abdomen plano y un trasero en el que debía ser un lujo apoyar las manos.

Stefany parpadeó tratando de evitar esos pensamientos acerca de un desconocido que tenía todo el aspecto de traer problemas a cualquier mujer que se le acercara. Y si había algo que ella no deseaba eran problemas, y mucho menos con un familiar de Javier.

Trató de ignorarlo y se concentró en comer y en conversar con Alice y Susana, sentadas cada una a un lado. Sin embargo, estaba segura de que no terminaría la tarde sin que el hombre se acercara.

Eso sucedió en cuanto la comida hubo finalizado. Tras los postres, y antes de que el grupo de la familia más íntima se trasladase a la casa de Fran y Susana a pasar la tarde en la piscina, disfrutarían de un rato para tomar unas copas. En cuanto se sirvió una y se disponía a acercarse a su hermana para charlar un poco, vio al desconocido dirigirse resuelto hacia ella, con paso elástico y felino.

—¡Hola! Soy Manuel, primo de Javier.

—Lo siento, no hablo español. —respondió con la única frase que su hermana le había enseñado en este idioma.

Él esbozó una sonrisa y dijo en un perfecto inglés sin pizca de acento:

—Ningún problema. ¿Amiga de la novia?

—Soy su hermana.

—Yo, como ya te he dicho, primo del novio. Todo queda en familia.

—¿En qué familia?

Él rio alzando una ceja.

—Es una frase hecha que decimos por aquí. ¿Y cómo se llama la hermana de la novia?

—Stefany.

—Un nombre tan bonito como su dueña.

—Gracias, pero no me gusta demasiado.

—¿El nombre o la dueña?

No le agradaba que aquel hombre se hubiera dirigido a ella sin ser siquiera presentados, y mucho menos que la tratara con tanta familiaridad. Pero sobre todo que la mirase como lo estaba haciendo, como llevaba haciéndolo desde hacía horas, con una intensidad en sus ojos oscuros que le producía una sensación incómoda que no le permitía relajarse y disfrutar. Como un animal a punto de ser llevado al matadero. No quería ser desagradable con un pariente de Javier, pero si Manuel quería ligar con ella lo tenía difícil. Era atractivo, mucho, con una especie de encanto animal oscuro y misterioso, pero ella prefería a hombres como Javier, tiernos y encantadores. No obstante, una vocecilla interior le dijo que una experiencia sexual con alguien así debía ser algo digno de recodar. Pero era familia de su hermana y prefería mantenerlo a distancia.

—El nombre, por supuesto. La dueña me encanta.

—Eres modesta ¿eh?

—Tanto como tú.

Él esbozó una sonrisa ladeada.

—¿Qué te hace pensar que no lo soy?

—Pues que te has acercado a mí muy seguro de ti mismo, con la evidente intención de ligar conmigo.

La contempló con más detenimiento aún, y el cosquilleo que Stefany sentía aumentó.

—¿Y lo voy a conseguir?

—No.

—¿Así de rotunda?

—Así de rotunda.

—¿Puedo preguntar por qué?

—¿Puedo preguntarte yo por qué de entre todas las mujeres guapísimas que hay en esta sala quieres ligar conmigo?

—¿Respondo la verdad, o algo que te halague?

—La verdad.

La sonrisa se hizo más intensa.

—Porque eres la única que no conozco.

Stefany paseó la mirada por la estancia. Había mujeres de todas las edades, ataviadas con ropa elegante y apropiada para la ocasión.

—¿Te estás jactando de haberte acostado con todas ellas?

—¡No, mujer! Cuando hablo de conocer, no me refiero en el sentido íntimo. ¡No pensarás que me he enrollado con mi prima ni con mi tía! Alguna sí ha pasado por mi cama, pero no me refería a eso. Cuando te he visto me has parecido diferente y eso ha despertado mi curiosidad.

—¿Curiosidad? Por la forma en que llevas mirándome todo el día, intuyo que despierto algo más que eso.

—¿Y te molesta o te halaga?

Stefany fingió una indiferencia que estaba lejos de sentir. Ninguna de las dos cosas que él había insinuado era la acertada, pero desde luego no la dejaba indiferente. También ella había recorrido con la mirada a los invitados y él era el único hombre que había llamado su atención de entre los presentes. Los hermanos de Javier eran muy atractivos, cada uno a su manera, pero Manuel desprendía un magnetismo, un aura de peligro que lo hacía distinto a ellos. Era el tipo de hombre del que ella siempre había preferido mantenerse alejada

—Ninguna de las dos cosas —respondió.

—¡No seas mentirosa! —rio leyéndole el pensamiento—. Ninguna mujer permanece indiferente ante un hombre que no deja de mirarla, y que demuestra interés.

—Entonces debo ser un tipo raro de mujer.

Él enarcó una ceja.

—¿Lesbiana?

Stefany puso los ojos en blanco, exasperada.

—¿Por qué todos los hombres piensan que una mujer debe ser lesbiana cuando no cae rendida a sus pies?

—Yo no pienso eso, pero mi experiencia me dice que el interés de un hombre despierta o halago o rechazo, pero nunca indiferencia.

—Y tienes mucha experiencia, claro.

—Alguna.

—Pues conmigo te equivocas. Me da igual que me mires de lejos o de cerca, indiferencia es lo único que me causas.

—En ese caso, aceptarás bailar conmigo.

Stefany miró a su alrededor.

—No hay baile.

—Pero seguramente lo habrá, más tarde.

—Creo que no. La fiesta terminará en casa de los padres de Javier, de forma íntima y en la piscina. ¿No dices que eres primo del novio? Deberías saberlo.

—Caray con mis primos, celebran las bodas más raras de la historia. Yo que esperaba bailar contigo…

—Pues me temo que no.

—Pero que no lo sepa, tiene su explicación. He estado ausente y he llegado apenas ayer para la ceremonia.

—¿Vives fuera de Sevilla? ¿Eres otro emigrante a causa del desempleo?

—No, soy militar, vivo en Valencia y paso mucho tiempo fuera de España, destinado en misiones.

—¡Misiones! —exclamó con fingido y exagerado asombro—. ¿Tratas de impresionarme?

—En absoluto; pero tú sí t

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