Bella, no soy tu Bestia (Trilogía No soy 3)

Girl-chick

Fragmento

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1. Baile

Tomo el carmín rojo y repaso mis labios, mirándome al espejo. Me gusta que sea de un rojo fuerte porque los resalta, ya que son un poco delgados. Mis compañeras dicen que debería hacerme un estiramiento o, si no quiero gastar mucho, aplicarme un poco de bótox. No les hago caso con ninguna de sus sugerencias. Y no es que no quiera gastar dinero, es solo que no me gusta hacerme nada en mi rostro ni en mi cuerpo. Tampoco lo necesito. No me disgustan mis labios, y muchas de las partes que algunas se han operado para verse mejor yo las moldeo con ejercicio, además, que la práctica del baile le hace muy bien a mi cuerpo y ya he aprendido a dominar más que el tubo con mis movimientos.

—Bella, prepárate, es tu turno —avisa Franky asomándose en mi puesto de tocador.

Le miro y asiento poniéndome de pie para mirar cada ángulo de mi cuerpo con el atuendo de esta noche. Él es nuestro jefe y supervisor, también nuestro entrenador y coreógrafo. Es quien nos entrena y cuida cada detalle para que todo salga bien.

Soy bailarina exótica y no me disgusta lo que hago. Amo bailar y eso me ha permitido conseguir parte de los sueños que me he propuesto y, aunque esté ad portas de empezar en un trabajo de oficina como pasante, no dejaré de hacerlo. Me gusta y bailar me libera y hace que olvide lo malo y piense siempre en positivo sin avergonzarme de lo que hago, porque eso lo hace ya mi familia, desde que se enteraron cuál era mi trabajo para poder terminar de pagar mis estudios después que el negocio de mi padre quebrara y nos quedáramos en la ruina. Tuve que aceptarlo, porque la beca que gané no fue suficiente para cubrir todos mis gastos universitarios. Después de eso, ellos, simplemente, me apartaron y casi no me invitan a nada, luego de que mi padre empezara a reponerse.

Pero eso pasa por tener una familia tan conservadora como la mía. Afortunadamente, viven lejos, metidos en su burbuja y se preocupan por no toparse conmigo. Ellos creen que les miento cuando les digo que solo bailo y nada más. Y no miento, mi trabajo en el Moulin Bleu es solo ese. Bailar como mejor lo sé hacer para entretener a los clientes y que me lancen muchos billetes como recompensa. Todas las noches hago dos rondas de baile, y no es por dármelas de más, me va bien y soy de las chicas más esperadas. Antes tenía una, pero Franky, al ver que tuve mucho éxito entre los clientes, me asignó otra más y eso significa una paga más grande. Me llamo Belladona Gauthier, pero cuando bailo soy solo Bella, y también cuando no. Fue un gusto de mi padre llamarme así y muy pocos me conocen con ese nombre un tanto largo y no tan bonito, por eso prefiero ser solo Bella.

Escucho la señal y caliento un poco mi cuerpo moviendo mis piernas, brazos y algunos movimientos de cuello. También practico mi mejor cara, que es la que no sonríe, pero que aparenta que estoy dispuesta a complacer cualquier sueño de baile fantasioso. Mi caminar es recto, y en dirección de la tarima, no tengo muchas curvas, pero sí un cuerpo esbelto y que me deja moverme como quiero.

—Como siempre, espectacular —Marine, la del turno que acaba de terminar, dice al pasar a mi lado con sus manos llenas de billetes—. Suerte —añade besando su buen premio de la noche.

Afortunadamente, todas podemos salir llenas de billetes. El Moulin Bleu solo admite clientes con buena cartera e invitaciones de lujo. Los aplausos de pie me reciben cuando salgo a la tarima. No sonrío, solo lo simulo mientras me ubico en la barra horizontal. Me gusta más que el tubo en vertical, porque me trae recuerdos de mis clases de danza clásica. Era lo que mamá deseaba, pero llegó el momento en que ya no hubo dinero y las clases se convirtieron en un lujo que hubo que cortar. Sin embargo, no lo desaproveché, eso me ayudó a pasar mi primera audición cuando me presenté en este lugar. La música empieza a sonar y es mi nota de partida para iniciar mi baile y mis primeros pasos para que los billetes empiecen a caer.

No me fijo en ellos, muchos me los tiran solo por salir. Me meto en mi mundo de movimientos sensuales y un poco eróticos sintonizados con la música y mi cuerpo. No miro a nadie en particular, nunca lo hago. Todo desaparece a mi alrededor y solo somos la barra y yo. Fijo mi punto de comienzo y doy rienda suelta a mi cuerpo, jugando con la barra que sostiene todos mis movimientos. Es mejor, porque en un principio solía hacerlo y eso me desconcentraba un poco e incluso me hacía ver como una torpe principiante. Pero algunos clientes son bastante atractivos, no obstante, está prohibido simpatizar con ellos, para evitar cualquier problema. Así que prefiero no hacerlo con nadie.

Sin embargo, no puedo rehuir fijarme en alguien que parece completamente nuevo en el lugar. Debe serlo, porque no le he visto antes, y el punto que capta mi atención es que no luce para nada emocionado con lo que hago. Ni siquiera se mueve de su sitio, donde permanece inmune a todos a su alrededor, evitando contagiarse del sonido de la música y mis estilizados movimientos de baile.

Nunca me había pasado que algún cliente, básicamente, se aburriera con mi actuación. Y este parece que será el primero. Dejo de mirarlo o me desconcentraré, y no puedo darme el lujo de eso. Tengo que brillar desde el comienzo de mi primer paso acompañado de la nota hasta el final.

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2. Tropiezo

El final llega y me detengo acompasando mi movimiento con la última nota brutal del cierre que me deja arrodillada frente a todos ellos, mirándolos. Solo en ese momento, sonrío para todos. Los billetes vuelven a caer como una lluvia en mi tarima. Les hago gestos de agradecimiento mientras recojo cada uno de ellos, hasta no dejar ninguno. Los aplausos, los besos al aire, las rechiflas y los pedidos de que les dedique una mirada llueven sobre mí como los billetes. Me despido luego de complacerlos y vuelvo por donde entré. En el camino le deseo suerte a Susset. La siguiente en bailar.

—Bien hecho, Bella. —Franky me espera con su planilla, tachando mi primera ronda de baile.

—Gracias —digo depositando todos los billetes en mi caja de propinas.

Él debe contarlos y nos da nuestro porcentaje de la noche. Es aparte del sueldo y es la parte que más que agrada de mi trabajo. No todas tenemos ese privilegio, y solo lo tenemos quienes logramos cautivar a un gran número de público. Vuelvo a mi camerino y allí me recibe Marine con una botella de agua helada. Tenemos prohibido beber alcohol, para mantenernos saludables, aunque ella siempre camufla una pequeña botella con el trago que más le gusta y le da bríos para bailar. Con Susset, somos las bailarinas ejemplares y que nos dedicamos exclusivamente a bailar y ganamos mucho dinero por eso.

El sitio tiene su grupo de meseras y también el de bailarinas que, aparte de bailar, prestan otra clase de servicios por gusto propio, pero ese no es mi estilo.

—Viste que hay un nuevo cliente en la zona de baile —comento en lo que tomo de mi agua y me s

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