Descodificarte

Maribel Barranco

Fragmento

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Introducción

Si has llegado hasta aquí es porque, al igual que yo, crees que las soluciones a nuestros conflictos y enfermedades no solo dependen de nuestra herencia genética, o de cualquier agente externo, sino que existe una estrecha relación entre la calidad de nuestros pensamientos, vivencias y emociones, y la calidad de nuestra salud física o psicológica.

Hace unos cinco años comencé a plantearme ciertas cuestiones. ¿Para qué enfermamos? ¿Por qué algunas personas enferman y otras no? ¿De qué depende, de la genética, de los malos hábitos, de la suerte? ¿Por qué las personas que ven siempre el lado positivo de la vida parecen no enfermar o enferman menos?

Bien, cuando estas ideas empezaron a rondarme por la cabeza, no hubo marcha atrás. Creo que, a la vez que me hacía estas preguntas, iba descubriendo mi camino. Los astros comenzaron a alinearse y las situaciones se presentaban una detrás de otra.

Un día, una amiga, que trabaja en el sector de la salud, me llamó para decirme que si quería acompañarla a una charla informativa sobre un curso de Descodificación Biológica. Yo no tenía otra cosa mejor que hacer y, dado que me pareció un tema interesante, le dije que sí y allí que nos fuimos las dos. Lo que no podía imaginarme era cómo aquella charla iba a cambiar mi vida. ¡En ella estaban todas las respuestas a mis preguntas!

Al salir, hablamos de lo interesante que parecía el curso. Mi amiga dijo que ella no lo haría porque, debido a sus horarios, era muy complicado, y en mi caso el único problema que había era el económico. No podía permitirme realizar la formación. No tenía un sueldo fijo y tampoco podía pedir el dinero a mis padres porque siempre he sido la «rarita» de la familia, la que siempre se ha interesado por las terapias alternativas y energéticas, y la que siempre ha tenido la cabeza llena de pájaros. Así que, nada, volví a casa un poco desilusionada y lancé al campo cuántico mi intención de formarme como acompañante en Descodificación Biológica. Pensé: «Si esto está en mi camino, ya llegará la manera de hacerlo».

Mi sorpresa fue mayúscula porque, en efecto, unos días antes de que terminase el plazo de inscripción para la formación, recibí un ingreso en la cuenta del banco por la cantidad exacta, ya que no había ni un euro de diferencia, de lo que costaba el curso. Por supuesto, no me cayó del cielo; era un dinero que me debía la Hacienda Pública desde hacía tanto tiempo que ya ni me acordaba; pero ahí lo tenía, como una señal divina diciendo: «¡Ahora o nunca!».

Y así fue como empezó mi nueva vida. Sí, mi nueva vida, porque ya nada ha vuelto a ser como antes. He experimentado un cambio de paradigma, un cambio en la forma de ver y sentir las cosas, porque ahora sé cuál es el origen de mi malestar. Y no es que los problemas hayan desaparecido; es que ahora puedo enfrentarme a ellos y, si me superan (que me pasa a menudo), me doy permiso para sentir las emociones, para vaciarlas y no acumular la tensión que más tarde podría convertirse en un síntoma.

Por esta razón, quiero contarte en las páginas siguientes lo que a mí me ha servido de guía, quiero acompañarte en este proceso de evolución. Y, aunque es complicado, resulta tan emocionante y liberador que sentirás que has nacido de nuevo.

¡Bienvenida/o a tu nueva vida!

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Origen de la Descodificación Biológica original

En la madrugada del 18 de agosto de 1978, un grupo de aristócratas celebraba una fiesta a bordo de un yate frente a la isla de Cavallo, al sur de la isla francesa de Córcega. A poca distancia, en la cubierta de un barco cercano, dormía un joven de diecinueve años llamado Dirk Hamer, hijo del respetado médico alemán Ryke Geerd Hamer.

Alrededor de las tres de la madrugada, el príncipe Vittorio Emanuele de Saboya empuñó su revólver y disparó al joven Dirk sin motivo aparente. Alcanzado por el disparo y malherido, este fue trasladado con vida a un hospital de Múnich, pero murió cuatro meses después, el 7 de diciembre de 1978, en Heidelberg.

El doctor Hamer y su esposa, la doctora Sigrid Hamer, sufrieron un dolor desgarrador no solo por la pérdida de su hijo, sino también por la ira reprimida al no hacerse justicia, ya que la investigación judicial quedó misteriosamente bloqueada.

Cuatro meses después del fallecimiento de Dirk, su padre fue diagnosticado de un cáncer testicular y su esposa recayó en varios cánceres, incluido uno de ovario, hasta que al final un infarto de miocardio terminó con la vida de ella en abril de 1985.

Estos sucesos llevaron al doctor Hamer a cuestionarse si no habría habido una estrecha conexión entre el desarrollo del cáncer, tanto en él como en su esposa, y el terrible sufrimiento por la pérdida de su hijo.

Dado que trabajaba como médico en un hospital, y además en el campo de la oncología, decidió realizar un examen a cada uno de sus pacientes para comprobar el posible origen de sus patologías. Durante su investigación descubrió que todos esos pacientes con diagnóstico de cáncer habían experimentado con anterioridad un shock psicológico inesperado, o un sufrimiento prolongado, y además lo vivían en silencio. Luego los sometió a resonancias magnéticas sin contraste y descubrió la existencia de una pequeña inflamación que no causaba ningún síntoma neurológico y que los radiólogos clasificaron como una mancha, un defecto de fábrica en la máquina.

Hamer no solo no estaba de acuerdo con sus colegas, sino que además se percató de que esa mancha aparecía en el cerebro de todos los pacientes diagnosticados de cáncer, y también de algo más: había una correspondencia entre la ubicación de la mancha en el cerebro y la del cáncer en el organismo. Hamer llamó a estas manchas «focos de Dirk Hamer» en memoria de su hijo asesinado.

Esto que el doctor Hamer empezó a cuestionarse tras el terrible suceso del asesinato de su hijo, ya fue intuido en la Edad Media. En la Edad de Oro del islam, Ahmed ibn Sahl al-Balkhi (850-934) y Ali Abbas (h. 930-994), dos médicos psicólogos, desarrollaron una interpretación inicial de las enfermedades que eran producidas por interacciones entre la mente y el cuerpo. Es decir, ambos se dieron cuenta de que la fisiología y la psicología de un paciente estaban relacionadas. Descubrieron correlaciones entre pacientes que eran física y mentalmente sanos y entre aquellos que eran física y mentalmente enfermos. Por desgracia, no fueron escuchadas sus teorías ni tenidas en cuenta.

A principios del siglo XX, fue el fisiólogo estadounidense Walter Cannon quien estudió el efecto de las emociones sobre el sistema nervioso autónomo de los animales y las reacciones al estrés, al miedo o a la rabia. Este científico promovió la investigación de reacciones de lucha o huida ante situaciones estresantes externas.

Más adelante, a mediados de los años cuarenta, el investigador canadiense de origen austrohúngaro Hans Selye propuso el concepto de síndrome de Adaptación General, o estrés, para resumir un conjunto de síntomas psicofisiológicos que ocur

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