En busca de la felicidad: libros para criar niños más libres y seguros
La perfección no existe, pero la felicidad real puede que sí. A menudo nos enfocamos en que nuestros hijos lo tengan todo creyendo que eso les hará felices pero, quizás sea más sencillo si nos centramos en el vínculo afectivo y en la autonomía personal.
¿Cómo hacer felices a nuestros hijos?
Al convertirnos en madres o padres, las expectativas llegan de manera inevitable y, con ellas, las preguntas habituales: ¿lo estaremos haciendo bien?, ¿qué necesitan nuestros hijos realmente?, ¿qué recordarán de su infancia cuando sean mayores? o ¿son verdaderamente felices? Y es que ser padres es la tarea más compleja del mundo y para la que ninguna carrera universitaria te prepara. Es, al final, la práctica quien te acompaña en una formación continua que se realiza con cada uno de los hijos, de manera individual y constante. Pero, si hay algo que a todas las familias nos preocupa es que nuestros hijos sean felices.
¿Qué es la felicidad?
Aristóteles decía que es el florecimiento humano, vivir de acuerdo a los valores de uno, tener un sentido y un propósito de vida, aunque el camino implique esfuerzo y sacrificio para conseguirlo. La felicidad nos produce placer, una recompensa inmediata por cumplir metas que llega en forma de dopamina a nuestro cerebro y nos hace sentir bien, satisfechos, plenos. Pero esto no puede mantenerse en el tiempo si no se cultivan otras áreas que implican mayor esfuerzo, constancia y perseverancia.
Para alcanzar la felicidad se necesita afecto, vínculo, crear lazos de seguridad y amor incondicional donde uno se sienta amado sin condiciones, tal y como es. El amor pleno que implica ser querido por quien eres y no por cómo eres.
Un niño que se siente amado, siente seguridad y unas raíces fuertes en los vínculos generados con sus progenitores, con sus hermanos, sus abuelos o con sus profesores, se siente preparado y confiado para seguir generando nuevos vínculos en otros entornos, tanto con sus iguales como con otros adultos.
Además, la felicidad también se encuentra en la autoestima, en el valor de cada uno. Cuando uno se siente valorado, siente que es necesario y útil para su entorno, que forma parte de él, que se le tiene en cuenta, que su opinión importa y tiene un papel fundamental para el grupo al que pertenece, se siente contribuyente y esto le hace ver que su vida es necesaria para todos los que le rodean.
Un sentido de pertenencia positivo, contribuyente y funcional, es esencial en la vida de cada uno de nosotros.
Tener metas y objetivos es imprescindible en la vida. Tener la ilusión por conseguir nuevos retos, aprender a realizar nuevas tareas, adquirir conocimientos, ser capaz de crecer en cualquier área de la vida, implica esfuerzo, preparación, constancia y dedicación y, todo ello, supone formación, razonamiento, resiliencia, aprender a resolver conflictos y no centrarse en la frustración sino en encontrar la tecla adecuada en cada caso para llegar al siguiente objetivo. Centrarse en un nuevo objetivo es mirar al futuro con ilusión y ganas.
Basar la felicidad en aspectos materiales o tangibles, hace que los niños (y los adultos) dejen de asombrarse por las cosas. Se acostumbran a abrir regalos, comprar y sentir altos niveles de dopamina que son complejos de mantener sin ese estímulo físico, por lo que es difícil sorprenderles y satisfacer su sentido de la ilusión.
Menos es más, ya que aquellos que sólo reciben regalos materiales en momentos puntuales, valoran mucho más el presente y son capaces de disfrutarlo mucho más, sintiendo niveles de felicidad mayores que el niño que cada día recibe algo nuevo.
Es esencial aprender a manejar las emociones, conociéndolas todas, entendiendo que la frustración forma parte de la vida, y que nos enseña y prepara para enfrentarnos a situaciones cotidianas, para adquirir herramientas y estrategias de adaptación al medio en el que vivimos, entendiendo que la felicidad no es estar siempre sonriente sino un estado de paz y bienestar en el que también participan otras emociones y sentimientos.
Enseñar a nuestros hijos a ser autónomos e independientes les da seguridad, confianza en sí mismos y les proporciona un buen autoconcepto, sintiéndose parte fundamental del grupo en el que viven.
Todos estos aspectos reman a favor del bienestar de una persona, aportándole calma y felicidad, unido a la importancia del entorno que, indudablemente, tiene un gran peso sobre el niño, ya que si sus figuras de referencia se enfrentan al día a día con una actitud optimista, alegre, resolutiva y práctica, contagiarán seguramente de esta energía a sus hijos e hijas y a todo el que se relacione con ellos.
En busca de la felicidad: libros esenciales
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