¿Cómo ayudar a nuestros hijos a superar los miedos?
Pequeños preguntones 3 min.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a superar los miedos?

¿De dónde nacen los miedos de nuestros hijos? Y cuando aparecen, ¿cómo ayudarles a superarlos? 

Para que esos miedos no crezcan y se alarguen en el tiempo, hay varias maneras de hacerlo. Sigue leyendo si quieres saber cómo hacerlo y conocer a Alberto Soler, psicólogo infantil y coautor del libro Tengo miedo.

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¿Es el miedo siempre algo negativo?

Por las propias sensaciones que provoca el miedo, tendemos a considerar esta emoción como algo negativo. Nos tiembla el cuerpo, las manos nos sudan, el corazón late más fuerte y la respiración se agita. Cuando pasamos miedo tenemos la sensación de que algo nos va a provocar algún daño. 

¿Es el miedo siempre algo negativo?

Pero hay una parte positiva en el miedo, aunque no lo creas, y por mucho que queramos que nuestros hijos sean personas seguras de sí mismas y de su entorno, que perciban estas sensaciones en determinadas circunstancias no es negativo. 

El miedo pone todos nuestros sentidos en alerta y prepara a nuestro cuerpo frente a agentes que nos puedan poner en peligro. La musculatura se tensa, el pensamiento se acelera y el organismo se prepara para la huida, pero para que el miedo no afecte el día a día de nuestros hijos, es necesario que les ayudemos a gestionar esas emociones y que, de una forma consciente, sepan qué está pasando en su cerebro y puedan salir de ese estado de angustia. 

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Hemos querido preguntar algunas cuestiones frecuentes sobre el miedo a Alberto Soler, coautor junto con Concepción Roger de Tengo miedo, un cuento infantil ilustrado para que los niños aprendan a reconocer y trabajar el miedo.

Alberto Soler y Concepción Roger, además de dirigir un prestigioso centro de psicología, comparten sus consejos sobre la materia en un videoblog, son autores de dos libros de crianza y colaboran con diferentes espacios de radio, televisión y prensa. Para ellos, el miedo «no es una emoción de la que tengamos que huir: los niños van a sentir miedo y, por tanto, hay que ponerle nombre, enseñarles que existe y que no es nada de lo que se tengan que avergonzar, mostrándoles modelos de cómo hacer frente a esa emoción».

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Lisa, la protagonista del cuento, siente inseguridad ante todo lo que desconoce, pero, en especial, tiene miedo a la oscuridad. Por suerte, un marciano habitante del planeta Churuchuru, donde no tienen miedo a nada —lo que les pone en peligro de extinción—, enseñará a Lisa a reconocer y gestionar ese temor. 

¿Cómo conseguirá Lisa cruzar el oscuro bosque y así poder ver las estrellas que tanto le gustan? 

tengo miedo

  • El miedo es una sensación angustiosa ante un riesgo que pueda producir un daño real o imaginario, pero, ¿cómo se puede tener miedo a algo imaginario?

Podemos tener miedo a algo imaginario gracias a los mismos mecanismos que nos permiten elaborar nuestras construcciones culturales, como la música, la literatura, la pintura, o los grandes y pequeños inventos que han hecho avanzar a la humanidad. Todo esto lo permite la imaginación y nuestra capacidad de abstraernos. Lo que ocurre es que los adultos somos bastante buenos en diferenciar la imaginación de la realidad, pero los peques pasan por una fase en la que tienen una imaginación poderosísima, pero aún no diferencian muy bien lo real de lo fantástico. Ahí es donde tienen lugar ese tipo de miedos. 

  • ¿Cuáles son los miedos más habituales de los niños y niñas?

Los miedos más habituales en la infancia van de la mano del momento del desarrollo en el que se encuentran los peques, y tienen una función evolutiva: protegerles de los peligros más importantes para ellos en ese momento. Desde bien pequeños y durante toda la infancia, está muy presente el miedo a separarse de los padres, un miedo que adquiere distintas formas, como la ansiedad de separación o el miedo a la soledad. Muy desde el principio está el miedo a los ruidos fuertes, a las tormentas, a los animales… Conforme adquieren capacidad de abstracción aparecen los miedos a seres imaginarios, a los monstruos, a la oscuridad… Luego llega el miedo al dolor, a las enfermedades. Ya en la preadolescencia el miedo al rechazo, al ridículo, al fracaso académico, preocupaciones de índole más social, etc. Cada etapa tiene sus miedos particulares. 

  • Conocemos la oscuridad desde que nacemos, deberíamos estar acostumbrados. ¿Por qué nos provoca tanto miedo?

Porque somos una especie que vive de día. Estamos adaptados a la luz, y cuando no hay somos más vulnerables. En principio la noche la aprovechamos para dormir, pero si nos dejan a cualquiera de nosotros una sola noche a dormir solos en la selva, en la sabana o en el bosque, lo más probable es que no durmiésemos mucho. No estaríamos tranquilamente tumbados hasta quedarnos dormidos, sí fuera una sola noche ya nos preocuparíamos de estar bien alerta para que no se nos zampe ningún animal que pase por allí. Probablemente buscaríamos algún lugar en el que refugiarnos y si encontráramos a alguien de nuestra especie, nos alegraríamos bastante y no querríamos separarnos de él. Esto siendo adultos. Si encima eres un niño, con mucho más motivo. Es normal para nosotros tenerle miedo a la oscuridad, igual para un búho no, pero para nosotros sí. Ese miedo nos ayudó a buscar las cuevas, luego las casas y después las empresas de seguridad. La mayoría nos refugiamos en nuestras casas por la noche y no es extraño que los niños, y muchos mayores también, le tengan miedo a la oscuridad. 

La oscuridad ha sido, y es, el escenario donde se desarrollan muchas historias de miedo (pocas películas de terror se ruedan a la luz del día) y también donde se producen situaciones atemorizantes que todos queremos evitar; las personas nos movemos con más dificultad por la oscuridad, nos sentimos más vulnerables, y eso nos genera temor. Si además lo aderezamos con la imaginación desbocada de la infancia, ya tenemos el lienzo donde pintar muchos miedos. 

  • ¿Cómo repercute en la vida adulta no haber superado un miedo infantil?

Los miedos infantiles, en el sentido de los que estamos hablando, se suelen superar sin mayores dificultades. Es lo que se conocen como miedos evolutivos. Cuando no se superan tienden a hacerse cada vez más invalidantes, a ocupar más espacio en la mente de la persona y a interferir más en su funcionamiento diario. Entonces ya estaríamos hablando de un problema clínico que es necesario abordar profesionalmente para evitar que condicione más aún la vida de la persona. 

  • ¿Cómo podemos los padres evitar contagiar nuestros miedos?

Siendo conscientes de ellos y trabajándonoslos. Realmente el modo de abordar los miedos no es muy distinto en la edad adulta y en la infancia, los principios son los mismos. Si identificamos que tenemos alguno de esos miedos que nos dificultan el día a día (lo que solemos llamar fobias) lo mejor es abordarlos directamente para evitar su contagio. 

  • ¿Qué le dirÍas a los padres y madres que no saben gestionar esa emoción en sus hijos?

Les animaría a perderle el miedo al miedo. Muchas familias temen abordar o mencionar esa emoción por temor a que si lo hacen despierten los miedos de sus criaturas. Realmente no es así, todos tenemos miedos a las más diversas situaciones. Es necesario aceptar esa emoción, hablar de ella, de las sensaciones que nos produce, y así evitar que se convierta en un tabú que no hará sino empeorar las cosas.

tengo miedo alberto soler

Un lugar en el mundo. El mismo que ET, mi casa.

El mejor recuerdo que tengas. Son muchos, pero elijo cualquier viaje con Kontxín.

¿Cuál era tu juego favorito de pequeño? Lego, mecano, construcciones… y videojuegos.

Un color. Negro.

Un sabor. Dulcesalado.

Un olor. Azahar.

Película favorita. Regreso al Futuro.

Libro favorito. El evangelio según Jesucristo (Saramago).

Héroe o heroína favorita. Son Goku.

Un miedo. Al dolor. 

Un deseo. El bienestar de la gente que quiero.

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