Es bueno que los niños se equivoquen y te contamos por qué
Pequeños preguntones 3 minutos

Es bueno que los niños se equivoquen y te contamos por qué

Dice el dicho que «de los errores se aprende». Y esto que llevamos escuchándolo de generación en generación, parece que a veces nos cuesta entenderlo o aplicarlo en nuestro día a día, y más si se trata de nuestros niños y niñas. 

¿Por qué estamos vigilantes para evitar que se equivoquen en lugar de dejarles experimentar con el ensayo/error? 

Hoy, Alejandra Melús nos explica por qué madres y padres nos empeñamos en evitar el fallo y qué beneficios tiene equivocarse. 

ALEJANDRA MELÚS

Experta en Atención Temprana y primera infancia

@melusalejandra

Enseñar a nuestros hijos e hijas que el error no les etiqueta como seres humanos, es parte fundamental de nuestro acompañamiento en su educación y crianza, ya que debemos recordarles que cometen un error respecto a algo, no que ellos son el error. Ya que en ocasiones empleamos de manera inadecuada el lenguaje, como por ejemplo: cuando decimos «eres malo», sería más adecuado decir «eso que has hecho me ha hecho sentir mal o no está bien». La cualidad debe hablar de la acción y no de la persona, ya que es esta la que nos genera una u otra emoción y no quién la ejecuta. Cambiando esta mirada aprenderemos a hablar de la equivocación con mucha mas naturalidad y calma.

Si hay una herramienta que nos puede ayudar a hablar sobre las equivocaciones, sobre las emociones que se generan tras ellas, y todo lo que gira alrededor de esta situación, esa es sin duda, los cuentos.

Te dejo aquí algunos de mis preferidos para tratar este tema y después sigue leyendo para descubrir por qué debemos permitir que nuestros hijos e hijas se equivoquen. 

Un cuento que habla sobre Veruca, una niña que desea tener todos los juguetes que le gustan y apetecen, pero que de igual modo no se siente nunca satisfecha. Este cuento habla sobre el riesgo que tiene nuestra sociedad siendo la era de la inmediatez, donde todo se obtiene rápido, casi sin esfuerzo, y donde la frustración es compleja de manejar.

Saber decir no a nuestros hijos, aprender a acompañar esas emociones que surgen tras una negativa como la frustración o permitir que se equivoquen y acompañarles en su enfado, disgusto o tristeza, es también parte del proceso como familia.

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Lo quiero todo (Cuentos para contar entre dos)

Un nuevo álbum ilustrado de Eloy Moreno, autor best seller de Invisible y Tierra, entre otros.

Este cuento de Diana Jiménez explica de manera cercana y práctica, cómo funciona el cerebro y cómo es nuestro comportamiento en según qué momentos dependiendo de qué parte estemos utilizando.

El símil que hace con los animales, hace que sea un cuento ideal para niños y niñas desde 3-4 años, pero también perfecto para adultos, donde comprender que a veces (casi todas) no es que los niños se estén equivocando ni que estén buscando llamar la atención del adulto, sino que se comportan de este modo debido a su inmadurez cerebral y al momento evolutivo que están transitando.

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Mamá, ¿por qué me porto mal?

Un magnífico álbum ilustrado para toda la familia de la mano de la psicóloga Diana Jiménez.

Este cuento de Bea Taboada es ideal para hablar de esa emoción que surge cuando estamos cansados, cuando decimos que no podemos más y ni nosotros mismos sabemos qué nos pasa.

Enseñar a los niños y las niñas, desde la naturalidad, que estar frustrados, cansados o enfadados es algo normal, que nos pasa tanto a niños como a adultos, nos hace conectar, dar valor a lo que pasa, validarlo, aceptarlo y asumirlo. 

No es necesario dramatizar pero tampoco restar importancia a las emociones que surgen en el día a día y, además, esto favorece a forjar vínculos reales y seguros entre adultos y niños.

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