La etapa de los porqués: curiosidad, aprendizaje y desarrollo emocional en la infancia
La llamada etapa de los porqués es uno de los momentos más fascinantes del desarrollo infantil. De repente, los niños empiezan a enlazar preguntas casi sin descanso: quieren saber cómo funciona el mundo, por qué ocurren las cosas y qué sentido tienen las pequeñas rutinas de cada día. Aunque a veces pueda resultar agotadora para las familias, esta curiosidad incansable es una señal muy positiva. Preguntar es una forma de aprender, de ordenar ideas y también de buscar seguridad en los adultos de referencia. Comprender por qué preguntan tanto los niños ayuda no solo a acompañar mejor esta fase, sino también a convertirla en una oportunidad para estimular el lenguaje, el pensamiento y la autoestima. Escuchar, responder con paciencia y compartir la búsqueda de respuestas puede fortalecer el vínculo afectivo y sentar las bases de un aprendizaje más rico, cercano y duradero.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Llega un momento en la infancia en que los niños pasan de decir palabras sueltas a crear frases más elaboradas y, de repente un día, te encuentras a tu hijo haciéndote preguntas sin parar desde que se despierta por la mañana, como si de un periodista se tratara: «Mamá, ¿por qué sale el sol?», «Papá, ¿por qué tienes pelo en el cuerpo?». Y así un sinfín de cuestiones que no terminan nunca y cada vez se vuelven más difíciles de contestar.
Quizás, aunque pueda parecer una etapa intensa que requiere de energía y presencia para ser acompañada, estas señales nos demuestran que todo está yendo tal y como podemos esperar, y que nuestro hijo está entrando de lleno en la etapa del por qué, donde la curiosidad, la ilusión y el asombro son los pilares fundamentales donde se asienta.
Alrededor de los 2 o 3 años, el cerebro del niño o la niña experimenta una transformación radical. Es en este momento cuando el cerebro empieza a buscar la causa de cada cosa que sucede alrededor de sí mismo, preguntándose para qué sirven las cosas, cómo se crean, de dónde vienen o quién las necesita.
El niño está comenzando a organizar su mente, relacionando los actos y las situaciones entre sí, no como hechos concretos o aislados sino como una red entrelazada con coherencia y cohesión entre sí, tal y como se organiza el cerebro adulto, pero en un paso muy incipiente y primario.
Por qué pregunta mi hijo
Lo primero de todo es comprender que los niños preguntan por muchas razones y no sólo por una en concreto. El inicio de esta etapa se trata de un cambio significativo en el desarrollo madurativo del cerebro, como hemos visto anteriormente, pero también el niño pregunta por otras cuestiones:
Conexión y presencia. Los niños necesitan sentirse vistos y pertenecientes. La atención que encuentran ante una pregunta a un adulto es mucha, por lo que algunos preguntan todo lo que se les ocurre a pesar de saber la respuesta o de no interesarles la misma. Es cuestión de analizar si el niño está buscando nuestra atención o si realmente tiene curiosidad por lo que pregunta. Quizás ante un caso de este tipo debamos buscar otro modo de interaccionar con el niño, más positivo y funcional para ambos, como a través del juego, los cuentos o las canciones, donde exista conexión y reciba disponibilidad y accesibilidad del adulto sin tener que estar haciéndole preguntas constantemente.
Explorar. El niño o la niña quiere conocer y descubrir el mundo que le rodea y pregunta porque tiene curiosidad. Es el momento ideal para enseñarles su entorno, contarles anécdotas y aprovechar su atención, interés y asombro por la vida.
Enriquecimiento del lenguaje. Es un modo de practicar nuevas palabras, aprender vocabulario, emplearlo en el contexto adecuado y enriquecerse a todos los niveles del lenguaje. Es una gran oportunidad para ofrecer nuevo , enseñarles a emplear nuevas estructuras gramaticales y mejorar el lenguaje verbal y no verbal.
Anticipación o reafirmación. A veces los niños necesitan preguntar muchas veces las mismas cosas para sentir seguridad en distintas situaciones como, por ejemplo, ante una despedida, o ante un momento que no desean sentir o vivir, como ir al médico o separarse de papá o mamá. Se trata de un modo de protegerse, de preguntar para saber qué va a suceder en cada momento y prepararse para ello.
Es importante que ante las preguntas que los niños hacen, encuentren una respuesta y no se sientan poco importantes o desatendidos. Bajarse a su altura, ofrecer contacto ocular y buscar su atención, es el modo más adecuado para responder a sus dudas.
Si, además, un niño insiste en preguntar algo una y otra vez, es importante que tratemos de abordarlo en un entorno de calma, donde no nos distraigan otras cuestiones, donde haya un clima de seguridad y conexión y sienta que es importante para nosotros y que nos interesa lo que nos plantea.
Cómo fomentar que la curiosidad no se pierda
Aunque en un inicio puede resultar agotador responder cada día a decenas de preguntas, es importante que el ser humano no pierda esa curiosidad innata por aprender, por seguir creciendo cada día, y esto está en manos de los adultos que le acompañan.
Una de las claves que podemos emplear, es devolverles la pregunta a los niños en algunas ocasiones, permitiendo que respondan lo que ellos crean o piensen, sin juzgar sus respuestas, potenciando el juego y dejando que la imaginación y la creatividad sean las mejores aliadas a la hora de crear hipótesis.
Buscar información juntos, ofrecer un entorno rico, visitar la biblioteca, ir a museos, consultar una guía o buscar un vídeo donde amplíen la información, puede ser una buena herramienta para seguir enriqueciéndonos de manera conjunta.
Explicarles que en ocasiones los adultos tampoco conocemos la información, nos baja a un plano más terrenal, honesto y humilde, donde el niño puede sentirse reflejado según vaya creciendo, es decir, ser adulto no es sinónimo de ser perfecto o de saberlo todo, simplemente somos más mayores y disponemos de más recursos y estrategias, pero siempre podemos seguir aprendiendo de la vida y de los niños que nos rodean.
Libros y cuentos para pequeñas y pequeños preguntones
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