Un cuento sobre el consentimiento, los límites ...
Por qué no obligar a los niños a pedir perdón
El adultocentrismo nos ha llevado a creer que los hijos nos pertenecen, sin ser conscientes de que la capacidad de pedir perdón en el ser humano es una cuestión de empatía y madurez de cerebral y no de respeto y uso de normas de cortesía. Te contamos mucho más sobre este asunto -y te recomendamos unos cuantos libros relacionados- en este artículo.

¿Es el perdón una norma de cortesía?
Seguro que en alguna ocasión, casi de manera inconsciente nos hemos visto exigiéndole a nuestro hijo que pidiera perdón a otro niño por un pequeño conflicto habitual entre niños de esa edad, sacando de manera instintiva esa parte más mamífera y primitiva de dentro de nosotros, que no es ni de lejos el modo racional y emocional en el que nos gusta educar a nuestro hijo.
Y es que de manera casi involuntaria, actuamos desde el automático en el que quizás fuimos educados, porque el bagaje pesa mucho y tendemos a actuar del modo en que crecimos, aunque no queramos repetir ciertos patrones con los que no nos sentimos cómodos a la hora de educar a nuestros hijos e hijas.
Es momento de cuestionar si lo que consideramos una norma de cortesía es, en realidad, un patrón de conducta habitual dentro del desarrollo madurativo de los niños. A menudo, la línea que separa el respeto de las normas de cortesía impuestas es tan delgada que acabamos exigiendo comportamientos para los que nuestros hijos no están preparados biológicamente.
Lo que a veces interpretamos como una falta de educación o un incumplimiento de las normas, para un niño puede ser, simplemente, comportarse como un niño, ya que tener la capacidad de comprender el significado de pedir perdón está íntimamente ligado a la madurez cerebral.
Cuando exigimos a un niño que se disculpe sin que comprenda el porqué, fomentamos un gesto vacío, una palabra emitida al aire, sin peso ni intención y si el objetivo es que comprenda que su acción no es la adecuada, necesitamos educar y acompañar la situación ajustándonos a su capacidad de comprensión y entendimiento. La insistencia del adulto hacia el niño para que pida perdón sin más, responde a una cuestión de ego adulto y no a una necesidad de educar al niño en valores, ya que el pequeño no habrá comprendido nada ni adquirido ningún aprendizaje.
Fomentar la empatía y acompañar sin juicio ni sentimiento de culpa
La sociedad en la que vivimos sigue poniendo el foco en una mirada adultocentrista, es decir, es el adulto quien sabe lo que el niño debe hacer, lo que es mejor para él y en muchas ocasiones defiende incluso que los niños sean adultos en miniatura. La realidad es que el cerebro del niño está en continuo desarrollo a lo largo de toda su infancia y adolescencia, necesitando de tiempo, práctica y ejemplo para crecer adecuadamente.
Lejos de lo que en ocasiones se cree, los niños no son egoístas sino que es su inmadurez la que no les permite ponerse en la piel del otro, ya que no poseen la capacidad de empatizar ni de prever las consecuencias de sus actos.
Entonces, ¿qué podemos hacer cuando nuestro hijo no siga las normas o no respete a otros?
Nuestro papel nunca debe ser el de juzgar el comportamiento o señalarlo, es decir, los adultos siempre debemos ser ejemplo y guía. En lugar de obligar a pedir perdón, puede resultar mucho más educativo tratar de comprender por qué lo ha hecho, qué le ha llevado a actuar así y darle herramientas para reparar el daño causado con sus actos. La empatía se enseña con ejemplo y estas situaciones pueden ser la oportunidad perfecta para adquirir las herramientas necesarias.
El objetivo principal debe centrarse en ayudarle a razonar y a conectar con sus emociones y con las de los demás, enseñándole así a que pedir perdón no es una cuestión vacía sino un modo de empatizar con el otro. Enseñar a pedir perdón nunca debe nacer del abuso de poder o de la generación de culpa. Si empleamos la fuerza o la presión para obtener una disculpa, paradójicamente, estaremos mostrando una falta de empatía hacia el niño.
El vínculo de apego seguro como aliado
Si educamos desde la amabilidad, la cercanía y el afecto, estaremos sembrando las bases de la empatía, generando unas raíces fuertes donde crecer.
Aprender a pedir perdón no es solo una cuestión de educación o una norma de cortesía, sino un hito evolutivo dentro del desarrollo y madurez cerebral, que acabará floreciendo con constancia, calma y práctica.
El camino para dicho aprendizaje puede no ser rápido y sencillo, pero con persistencia y paciencia acabará dando sus frutos.
Libros para poner en valor la empatía
Una maravilla para los sentidos, en forma de historia e ilustraciones, con un mensaje muy cuidado donde la empatía reina y es protagonista. Dos amigos muy diferentes tienen una gran pelea donde aprenden a pedirse perdón no solo con palabras sino a través de diferentes actos que demuestran haber comprendido su mensaje.
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Un álbum ilustrado que nos habla de la ansiedad infantil, de la importancia de aprender a expresar los sentimientos, a ponerles palabra. Por ello la importancia de validar las emociones en lugar de aprender a silenciarlas.
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En este libro podremos profundizar en 12 valores esenciales para el ser humano, donde uno de ellos es el perdón, a través de diferentes herramientas, estrategias y actividades prácticas. No es un libro teórico sino un manual al que poder acudir una y otra vez, tanto para niños como para jóvenes y adultos.
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Hacerse preguntas forma parte de la curiosidad innata de la infancia. Preguntarse de dónde sale el agua, qué es un amigo o quién soy yo, es parte de ese interés propio de los niños y las niñas. Esta etapa quizás no debería solo ser una, sino formar parte de toda la vida.
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Un cuento sobre emociones agradables y menos agradables de sentir, donde aparecen los celos, la rabia, el enfado o la frustración y por ende, el valor del perdón a través de la empatía y el afecto.
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