Beneficios de leer en familia
Primeros lectores 3 min.

Beneficios de leer en familia

¿Cuántos momentos compartes con tus hijos? Aprovechar los ratos de lectura para estar juntos es una ocasión perfecta para generar lazos entre los miembros de la familia, además de fomentar el interés por los libros, mantener una charla al terminar un cuento o simplemente aprender a disfrutar de un momento de tranquilidad, sin ruidos y sin prisas. 

Sigue leyendo este post de Beatriz Millán para descubrir los beneficios de leer en familia. 

BEATRIZ_MILLÁN

Apasionada de la literatura infantil. 

@beatrizmillan

La etapa que va de los cero a los siete años es extremadamente importante a nivel de aprendizaje lector, y acompañar de cerca a los peques en su proceso es todo un regalo inolvidable.

Cuando crezcan, sus recuerdos relacionados con los libros y la lectura serán mucho más bonitos si estáis vosotros en ellos, y para que eso ocurra solo tenéis que dedicar unos minutos al día y poner en práctica algunos consejos que comparto en este artículo.

Tengo en cuenta que cada familia es un mundo y que las realidades de cada una de ellas varían y afectan al tiempo que podemos pasar con nuestras hijas e hijos, pero ¿qué os parecería prescindir de quince minutos de pantallas y dedicarlos a leer juntos? Ese momento diario va a crear un hábito familiar que será la base para que los peques amen la lectura.

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Asimismo, a medida que crezcan será más complicado compartir estos minutos con ellos y lo más habitual será encontrarlos en su mundo, bien sea leyendo o pegados al ordenador, así que mientras pidan: «¿Me lees un cuento?», aprovechad la oportunidad al vuelo e intentad convertirlo en vuestro pequeño momento juntos.

Además de vivir experiencias preciosas relacionadas con la lectura junto a los peques, los libros y las lecturas compartidas que hagamos se van a convertir en poderosísimas herramientas de comunicación con nuestras hijas e hijos, y saber utilizarlas y darles el suficiente valor nos acercará más a ellos y a su entorno. Y lo más importante, si conseguimos encontrar ese momento diario para leer juntos, significará que estamos encontrando la ocasión para comunicarnos con ellos y compartir las vivencias y emociones del día. Al fin y al cabo son muchas las horas que por regla general pasamos separados y muchas las cosas que nos perdemos de sus vidas.

Así que leer en familia no se trata solo de motivarlos e inculcarles amor por la lectura, sino también de reservar un rato al día para pasarlo con nuestros peques y prestarles toda nuestra atención. Si además creamos un entorno especial, la experiencia será mucho más completa. Por ejemplo, podemos establecer ese momento cuando volvamos a casa después del cole y quedarnos en el sofá con una merienda para compartir mientras leemos, o bien recostarnos con ellos en su cama si el ratito lector es justo antes de ir a dormir.

Esta comunicación que hacemos a través de la lectura nos va a hacer descubrir muchísimas cosas sobre la vida de nuestros peques cuando no están con nosotros, en esas horas que pasan en el cole y en las que viven muchas experiencias que nos perdemos y que a veces, aunque son muy importantes para ellos, olvidan compartir con nosotros.

Por eso, cuando terminemos de contarles un cuento, podemos preguntarles sobre si alguna vez se han sentido como el protagonista, o si les ha pasado algo parecido en el cole alguna vez. Si les parece bien la actitud del personaje hacia lo que ocurre, si ellos hubieran actuado de otra manera, o qué se les hubiera ocurrido para solucionar el problema… Todas estas preguntas sirven para dar un paso más en la lectura del libro y harán que nuestra comunicación sea fluida, que aprendan a contarnos las cosas dándoles pie a que lo hagan, y conoceremos detalles sobre nuestros peques que de otro modo seguro que se nos escaparían, ya sea por falta de tiempo, de herramientas o de todo a la vez.

La lectura en familia también es un momento único que podremos compartir a nivel individual cuando adquieran independencia lectora. 

Por ejemplo, en la mayoría de las casas hay establecido una noche de cine en familia. Compartir una peli con palomitas y ver una película juntos es un plan muy de fin de semana, pero ¿por qué nos cuesta tanto buscar esos mismos momentos para leer?

Una de los mejores recuerdos que tengo de las semanas de confinamiento es que nuestro día comenzaba leyendo. Poníamos el despertador a las ocho, como un día de cole normal. Escuchábamos música, desayunábamos con calma, y después de asearnos, vestirnos y hacer las camas, nuestro plan durante una hora no era otro que leer. Leíamos las tres, a veces yo les leía a ellas dos (afortunadamente, algunos niños que ya leen solos se siguen dejando leer), se leían la una a la otra, leíamos para nosotras mismas y también en voz alta. Cada día; una hora cada día. Casi diría que lo echo de menos.

Ahora nuestro ritmo ha cambiado y ya no podemos permitirnos ese lujo, pero ambas, de tanto verme llevar un libro de aquí para allá adonde quiera que fuera, han tomado la misma costumbre y cuando vamos en transporte público aprovechamos para leer algunas páginas, o cuando vamos a pasar el día a un parque y hacemos un descanso… 

En este momento ambas tienen ocho y once años, y quiero pensar que los momentos de lectura individual han llegado para quedarse, pero han ocurrido muchas cosas en estos años para poder llegar a este punto, y todas ellas las hemos implantado en familia:

  • Desde que eran unas bebés, los libros formaron parte de su vida. De tela, de texturas, con sonidos… No sabía si sería importante o no, pero quiero pensar que ese fue el inicio de lo que vino. Aunque no entendieran nada, les hemos leído historias desde que nacieron. Escuchar nuestro tono de voz les tranquilizaba, y a medida que fueron creciendo e interactuando con el libro, esos ratitos se convirtieron en juegos, canciones, en una mayor concentración en la lectura, en la repetición de algunos fonemas y, por supuesto… la imitación. Ellas también querían agarrar el libro y pasar sus hojas, también querían descubrir el mundo que encerraba ese objeto cuadrado.
  • Los libros siempre han estado a su alcance y han podido acceder a ellos de manera sencilla. La lógica nos dice que debemos colocarlos en estanterías, pero la práctica es que de ese modo, van a depender de un adulto para alcanzarlos. Una simple caja con ruedas puede ser la mejor de las bibliotecas. La idea es que puedan manipularlos por sí mismos (y que luego vayan a buscarte con un libro en la mano y sentarte en el sofá para que les leas).
  • Los libros siempre han estado entre sus regalos, tanto en navidades como en sus cumpleaños. Y también los han regalado a sus amigos y amigas, aprendiendo a darles el valor que tienen.
  • Los libros han formado parte de nuestras tradiciones en casa. Para el día de la Madre, del Padre, o Navidad, siempre adquirimos libros de esta temática para tener una pequeña colección. En alguna ocasión también los hemos regalado a los abuelos y ha sido un acierto total.
  • También los libros han formado parte de nuestros recuerdos de viajes. Allí adonde hemos ido hemos visitado librerías y bibliotecas, y hemos comprado libros en otros idiomas, de autores de esa ciudad o país.
  • La Feria del Libro también ha sido un momento clave en cuestión de tradiciones familiares. Siempre que se ha celebrado nos hemos pasado por allí, ellas han gastado su dinero en comprar los libros que querían, e incluso han hecho cola para conseguir la firma de algún autor o ilustradora favorita.

Todas estas pequeñas cosas que han formado parte de su vida desde peques no solo han conseguido una muy buena evolución lectora en ambas, sino algo mucho más importante: el amor que tienen por la lectura.

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