Steve Smallman, de «La ovejita que vino a cenar» a «Mi mamá es…»: «Un libro con corazón conecta con todas las edades»
El creador de «La ovejita que vino a cenar», uno de los álbumes más compartidos en familia, reflexiona sobre el poder de las emociones, el humor y la sorpresa en la literatura infantil. En esta conversación, el autor del mes de mayo de 2026 en Penguin Kids nos habla de su nueva colección («Mi mamá es…»), del valor de los personajes imperfectos y de cómo las historias pueden acompañar a los niños en sus primeras experiencias como lectores.
Hay libros infantiles que se leen una vez y otros que se quedan a vivir en casa. Steve Smallman conoce bien ese territorio emocional. Autor de La ovejita que vino a cenar, uno de esos álbumes ilustrados que muchas familias han convertido en lectura compartida, el escritor e ilustrador británico ha construido un universo reconocible donde el humor, la ternura y la sorpresa abren la puerta a conversaciones importantes.
Ahora, con su nueva colección Mi mamá es…, Smallman vuelve a mirar el mundo desde la infancia, pero también desde los vínculos que sostienen a los niños en sus primeras experiencias lectoras. Sus historias hablan de sentimientos, emociones y relaciones; de personajes imperfectos, cercanos, capaces de despertar empatía en pequeños y mayores. En esta entrevista, el creador reflexiona sobre el poder de los cuentos con corazón, la alegría de ilustrar sus propias historias y la importancia de que la literatura infantil acompañe, divierta y emocione.
Penguin Kids: La ovejita que vino a cenar es uno de tus libros más queridos por las familias. ¿Por qué crees que esta historia sigue conectando con tantos lectores con el paso del tiempo?
Steve Smallman: Esto es porque tiene mucha carga emocional. Ves al pequeño personaje y piensas: pobre ovejita, perdida en el frío, a punto de ser devorada por el gran lobo feroz. Pero su corazón puro y su inocencia te conquistan a ti y también al lobo. Creo que son elementos a los que la gente reacciona de una manera muy especial. Tanto los niños pequeños como los adultos y los abuelos sienten lo mismo. En definitiva, es un libro con mucho corazón.
Penguin Kids: Muchas de tus historias parten de una idea sorprendente o incluso provocadora. ¿Qué te atrae de ese primer impacto en los lectores?
Steve Smallman: Hay tantísimos libros ahí fuera, y algunos son muy predecibles. Del tipo: es la historia de un osito que no tiene amigos, conoce a alguien y todos viven felices para siempre. Y piensas: vaya, otro igual. Por eso está bien tener un giro inesperado, algo que provoque un «¡no me lo esperaba!». Creo que eso engancha, consigue que el lector se involucre y quiera seguir leyendo. Y me parece un muy buen punto de partida.
Penguin Kids: El humor está muy presente en tus libros. ¿Crees que es una forma especialmente honesta de hablar con los niños?
Steve Smallman: Sí, totalmente. Si consigues hacer reír a un niño mientras lee, ya tienes la mitad del camino recorrido. Lo has atrapado y le has alegrado el día. Yo escribo para el niño de cinco años que llevo dentro, y me hago reír a mí mismo cuando escribo estas historias. Si a mí me hace gracia, es buena señal, porque compartimos esa broma y eso me une al lector.
Penguin Kids: Tus personajes suelen equivocarse, exagerar o meterse en problemas. ¿Qué pueden aprender los lectores de esos errores?
Steve Smallman: Sí, está bien equivocarse. Todo el mundo comete errores y se aprende de ellos. Si tienes tanto miedo a equivocarte que no haces nada, tu vida se vuelve muy, muy aburrida. Hay que asegurarse de que los errores no pongan a los personajes en una situación tan peligrosa que el niño sienta miedo, pero un poco de peligro moderado, ese «¿y ahora qué va a pasar?», lo hace emocionante. Eso sí, el lector necesita saber que al final todo va a salir bien. Es un equilibrio, pero se necesita un poco de peligro para darle sabor a la historia.
Penguin Kids: Ahora llega Mi mamá es…, que arranca con Mi mamá es un enano gruñón. ¿Cómo nació esta nueva colección y qué vamos a encontrar en ella?
Steve Smallman: Todo empezó con el personaje del dragón: un dragoncito que solo tenía un ala. Al principio, la historia iba a girar en torno a eso, a tener una sola ala, pero al final no importaba, porque simplemente era así, era quien era. Así que lo dejamos de lado y nos centramos en otra cosa: encontrar a mamá. Al crear a este dragoncito tan lleno de vida, de amor y de entusiasmo por el mundo, me di cuenta de algo: los niños pequeños descubren todo por primera vez, con los ojos muy abiertos, y los más mayores, como yo, podemos volver a apreciarlo todo a través de ellos. Esa es la relación que quiero que tengan los personajes. Y es que, como un pajarillo recién salido del huevo que se apega a la primera persona que ve, el dragoncito piensa: «¡Mamá!». Ese fue el punto de partida. Pero entonces pensé: no, el enano no es su mamá, quizás la siguiente persona que encuentre lo sea. Y como la dragoncita nació de un huevo y nunca ha visto a su mamá, no sabe qué aspecto tiene. Así que en su cabeza podría ser cualquiera, cualquier cosa. Aunque no tiene mamá, nunca está triste, nunca está abatida, nunca se va a un rincón a lamentarse. Ella piensa: «¿Dónde estará hoy mi mamá?» con una actitud de pura ilusión. Y eso me encantó. Además, tener un personaje gruñón en el primer libro, el enano malhumorado, y mostrar cómo esta pequeña criatura consigue transformarlo y abrirle al mundo de una manera que nunca antes había experimentado… eso es un tema que quiero mantener a lo largo de toda la serie. Cada personaje que la dragoncita encuentre en cada libro será transformado por ese encuentro, y su historia irá creciendo a medida que avance la colección. Al final de este primer libro seguimos buscando a mamá, el enano gruñón, que sigue siendo gruñón, se une a la búsqueda, y el siguiente personaje que aparece es alguien completamente diferente. Hay tanto por explorar… estoy muy emocionado con todo esto.
Penguin Kids: Muchos niños dicen «mi mamá es…» o «mi papá es…» cuando están enfadados. ¿Te inspiraste en frases reales escuchadas a niños?
Steve Smallman: La verdad es que no. No creo que yo nunca le haya dicho eso a mi mamá. Pero los niños sienten las emociones de manera muy intensa y muy inmediata. Es decir, un niño puede estar contentísimo, eufórico, y que todo cambie en el instante en que se le cae el helado. De la alegría al llanto en un segundo. Los niños reaccionan así, y se entienden entre ellos perfectamente. Pero la dragoncita nunca tiene una mala palabra para nadie. No dice «eres un gruñón», «estás triste», «eres un miserable» o «estás sucio»... Es más bien: «así eres tú, hueles un poco raro, pero te quiero igual». No creo que ninguna frase concreta de mis hijos o mis nietos haya dado pie directamente a esto, pero todo lo que dicen y hacen acaba colándose en mis historias de una manera u otra. Tengo cuatro hijos y ocho nietos, y al estar con ellos me dan ganas de escribir.
Penguin Kids: Si el lobo de La ovejita que vino a cenar leyera Mi mamá es un enano gruñón, ¿cómo crees que se sentiría?
Steve Smallman: Después de tanto tiempo junto a Estofado, el lobo se ha abierto mucho más de lo que era antes. Así que creo que se preocuparía por la dragoncita. En las historias de Estofado, el lobo siempre está muy pendiente de los animales pequeños que están en peligro: les dice «vuelve a casa», «come algo» o «te ayudaremos a encontrar a tus padres o tu hogar o a recuperarte». Creo que con la dragoncita sentiría lo mismo, esa preocupación, pero también estaría más que dispuesto a echarle una mano.

Penguin Kids: A lo largo de tu carrera has publicado muchos libros. ¿Hay algo que siga resultándote difícil cada vez que empiezas una nueva historia?
Steve Smallman: A estas alturas, la tecnología y el mundo moderno han avanzado tan rápido que me han dejado un poco atrás. Pero no me importa, la verdad. Si tuviera que escribir una historia sobre un joven de hoy jugando a videojuegos en el iPad, hablando por el móvil o haciendo vídeos para TikTok, creo que no sabría por dónde empezar. Así que mis historias se basan en sentimientos, emociones y relaciones, y eso no cambia. Con los años, sigue siendo lo mismo. Creo que me quedaré en ese territorio, y así estaré bien.
Penguin Kids: En esta nueva colección de Mi mamá es... las ilustraciones también son tuyas. ¿Cómo te sientes al respecto?
Steve Smallman: Estoy tremendamente emocionado con esto, porque empecé como ilustrador hace más de 40 años. Durante unos 20 años ilustré libros, sobre todo educativos, de los que los niños se llevan a casa para aprender a leer, antes de ponerme a escribir. La ovejita que vino a cenar fue el primer libro que escribí, y ya tiene más de 20 años, porque se publicó por primera vez en el Reino Unido en 2006. Desde entonces he escrito muchas historias, pero no he ilustrado tantas. Poder ilustrar mis propias historias es una alegría enorme. Soy muy feliz. ¿Puedo enseñaros mi cuaderno de bocetos? Todas mis historias, incluso cuando no voy a ser el ilustrador, empiezan ahí. Verás, cuando dibujas un personaje, el dibujo empieza a hablarte y te cuenta más cosas sobre sí mismo. Dibujarlo con distintas expresiones, distintos estados de ánimo, y luego hacer pequeños bocetos de lo que va a pasar en el libro, de las pequeñas cosas que podrían ocurrir… Aquí, por ejemplo, está el momento en que el enano gruñón se esconde de la dragoncita, pero ella siempre le encuentra. Y hay personajes que iban a quedarse en segundo plano, árboles parlantes… Lo bonito es que, al ser un mundo mágico, todo es posible, tanto en las ilustraciones como en la historia. Aquí fue donde el enano gruñón apareció por primera vez en mi cuaderno. Y los personajillos que están en el fondo no forman parte de la trama, pero sí de ese mundo. Así que podemos tener pequeñas hadas, arañas, setas con carita… Hay un caracol con sombrero de mago. Todos tienen su propia historia, aunque no aparezcan en el texto. El conjunto se vuelve muy rico, es un mundo que ha salido enteramente de mi cabeza, que puede ser un lugar un poco inquietante, pero cuando sale, está bien. No puedo enseñaros el resto porque aún no está listo, pero lo estará pronto.
Penguin Kids: Sabemos que tu familia es también una fuente de inspiración. ¿Qué te dicen tus nietos cuando leen tus historias?
Steve Smallman: Tengo un nieto que escribe sus propias historias. Cuando escribo algo nuevo, tengo que enseñárselo, él lo lee y me dice lo que piensa, con total claridad. Y entonces se va, escribe la historia a su manera y me la trae. Luego tenemos una pequeña sesión en la que comentamos: «Ah, sí, esto podría funcionar». Así que tengo un nieto que es mi editor y tengo otro nieto al que se le da muy bien dibujar, así que hacemos dibujos juntos. Es una alegría enorme poder compartir todo esto con ellos.
Penguin Kids: ¿Qué te gustaría que sintieran los niños al cerrar uno de tus libros?
Steve Smallman: Lo que quiero es que se sientan satisfechos, felices, seguros y reconfortados, con ganas de la siguiente historia. Porque al final de un cuento, quieres que sea ese momento de: «Ahhh… y ahora, a dormir».
Penguin Kids: Si uno de tus personajes pudiera entrevistarte a ti, ¿quién sería y qué crees que te preguntaría?
Steve Smallman: Sería el Enano Gruñón. Él sería quien me entrevistaría, y me diría: «¿Pero qué demonios haces dibujando en los pantalones? Eso no es propio de un adulto». Mi mujer me dice cosas muy parecidas, y yo les digo a los niños: no intentéis esto en casa. La verdad es que no se me da muy bien eso de ser adulto, así que creo que el Enano Gruñón estaría bastante gruñón conmigo… aunque al final acabaría ablandándose.
Penguin Kids: Si pudieras invitar a una gran cena a cualquier personaje —real o inventado—, ¿con quién te sentarías a la mesa?
Steve Smallman: Si hablamos de alguien real, aunque por desgracia ya no esté entre nosotros, elegiría a Jim Henson. Me encantaría pasar una velada charlando con él. Y si hablamos de un personaje ficticio… no sé. Creo que invitaría a uno de los míos. La dragoncita sería una buena compañera de mesa, creo que nos lo pasaríamos muy bien juntos, y mis nietos podrían conocerla.
Penguin Kids: Para terminar, ¿hay algo que quieras decirles a tus lectores de España?
Steve Smallman: Me gustaría decir, en general, lo absolutamente feliz que me hace que el público español, los niños españoles, hayan acogido mis historias de esta manera. Cuando vengo a España, siento que llego a mi segunda familia. Los niños se alegran tanto de verme, conocen los cuentos… y eso me llena el corazón. ¡Gracias!
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