Por qué leer los clásicos de la literatura infantil y juvenil
Rebeldes con causa 3 min.

Por qué leer los clásicos de la literatura infantil y juvenil

Seguro que conoces de memoria las historias de «Caperucita Roja», «Hansel y Gretel» o «Robinson Crusoe». Tú y toda la gente que pertenece a tu generación, a la de tus padres y a la de tus abuelos. 

Pero ¿y tus hijos?, ¿han leído ellos algunos de los cuentos clásicos que te han acompañado toda la vida?

Es fácil que con tantas novedades literarias se te haya escapado regalarles las historias que han acompañado a millones de niños, pero hoy Adrián Cordellat te va a dar algunas razones para que hagas un hueco a los clásicos de la literatura infantil y juvenil en la biblioteca de tus hijos. 

ADRIÁN CORDELLAT

Periodista especializado en infancia y literatura infantil y juvenil

@acordellat

¿Nos hemos alejado mayoritariamente, como sociedad, de los grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil? Todo apunta a que sí. Podríamos tirar balones fuera y señalar con el dedo acusador al sector editorial. Argumentar que, en mitad de la vorágine de nuevas publicaciones, de la fiebre de la novedad, es imposible pararse un momento para echar la vista atrás. Sería lo fácil. 

No hay mejores libros que aquellos que una vez acabados te empujan a querer más, a seguir leyendo.

Eso omitiría, sin embargo, otra realidad: que ese alejamiento también tiene mucho que ver con el moralismo que rige la oferta y la demanda —sobre todo la demanda— en el ámbito de la literatura infantil; un moralismo en cuyo canon no parecen tener cabida determinadas escenas, diálogos y actitudes que son rasgos distintivos de los clásicos y que hoy, al parecer, ofenden a determinados sectores de la población. Eso explicaría, en parte, la fiebre por reescribir esos clásicos, el boom de publicaciones que intentan hacer un lavado de cara a obras cumbre de la literatura universal para hacerlas encajar en el canon, aunque sea a costa de robarles por el camino aquello que las hace mágicas, aquello que les ha permitido sobrevivir de generación en generación.  

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clásicos infantiles y juveniles

Podríamos hablar aquí de los cuentos clásicos de los hermanos Grimm, desde Caperucita Roja a Hansel y Gretel pasando por Rapunzel (que, por cierto, también puedes escuchar narrados, recuperando la tradición oral, con la voz de Mario Iván Martínez), posiblemente las historias más manoseadas por unos y otros, las más limadas para hacerlas encajar en el puzle de la moral dominante. Pero también de otros títulos y autores, como Roald Dahl (que, si no fuera el clásico que ya es, probablemente hoy tendría dificultades para publicar sus libros), Charles Dickens y sus Cuentos de Navidad, Mark Twain y Las aventuras de Huckleberry Finn, Daniel Defoe y su Robinson Crusoe o Robert Louis Stevenson y La isla del tesoro, entre muchos otros. Todos ellos autores y títulos que han alimentado durante décadas y décadas la imaginación de niños y niñas de todos los rincones del mundo. 

¿Dónde están hoy esos clásicos? ¿Tienen cabida en nuestras estanterías domésticas? ¿Los buscamos en librerías y bibliotecas o han sido sepultados por las novedades incesantes y por nuestra preferencia por historias más neutras, más blancas, más acordes con los valores que hoy consideramos válidos? Que cada cual revise sus estanterías y sus decisiones y haga un ejercicio de reflexión. Que cada uno elija el camino que considere oportuno, faltaría más. Pero en este post me propuse reivindicar los clásicos, esos cuentos y novelas que, de una u otra forma, nos han marcado y nos han despertado las ansias lectoras a muchos. Y es que no hay mejores libros que aquellos que una vez acabados te empujan a querer más, a seguir leyendo y descubriendo otros autores y otras historias. Y de esto último los clásicos saben un rato.

Cinco motivos por los que leer los clásicos

Existen infinitas razones y motivos para recomendar la lectura de los grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil, pero aquí van cinco argumentos de peso para leer estas historias con nuestros hijos o invitar a que las lean ellos mismos con la misma pasión con la que leen el último libro del influencer de moda. 

  • Porque si algo ha sobrevivido al paso del tiempo, es por algo: hay libros que se publican hoy en día que difícilmente se leerán dentro de diez años. Son absolutamente generacionales. No pasa eso con los clásicos, que conservan su vigencia y se siguen reeditando siglos después de su primera publicación. Para ellos no pasa el tiempo. Emocionan igual a un niño en 2022 que a una niña en 1860, pese a los profundos cambios experimentados por la sociedad. Conseguir eso es un logro de una magnitud difícil de explicar, algo al alcance únicamente de los elegidos.

audiolibros clásicos

  • Porque, a su manera, son tratados de la condición humana: hoy tenemos smartphones, podemos viajar en unas horas a cualquier rincón del planeta y estar comunicados al instante con personas de cualquier parte del mundo, viajar incluso al espacio. Pese a todos esos avances, en el fondo seguimos siendo el mismo ser humano de 1950 o 1840, con los mismos miedos, los mismos temores, los mismos deseos, las mismas aspiraciones. Por eso los clásicos han perdurado en el tiempo, porque nos interpelan a todos, porque, a su manera, son unos grandiosos tratados de la condición humana.
  • Porque nos acercan a los grandes temas: no dan respuestas, pero los grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil hacen una cosa todavía más importante: dejar en el aire preguntas sobre los grandes temas de la humanidad (la vida y la muerte, el amor y el odio, la bondad y la vileza, la enfermedad…). Preguntas que surgen solas de la boca de los pequeños lectores, preguntas para las que, muchas veces, ni los adultos tenemos respuesta y que nos invitan a conversaciones filosóficas en las que niños y niñas son consumados maestros. 

libros clásicos infantiles y juveniles

  • Porque nos reconcilian con la tradición oral: en tiempos de smartphones, tabletas y libros electrónicos, los clásicos de la literatura infantil y juvenil —como toda la literatura infantil en general— nos conectan con la tradición oral, con el contar en voz alta, con la lectura y el tiempo compartido alrededor de un libro y una buena historia. No les podemos hacer mejor regalo a nuestros hijos e hijas. Tampoco, os lo aseguro, nos podemos hacer mejor regalo a nosotros mismos.
  • Porque son una extraordinaria base literaria: todo lector en construcción necesita unos buenos cimientos sobre los que asentarse. Los clásicos de la literatura infantil y juvenil son esa base sólida. Lo son porque permiten a niños y niñas empezar a desarrollar su propio imaginario personal, a cuestionarse cosas a partir de las metáforas que plantean las historias, a desarrollar el pensamiento crítico. Y lo son porque, a su vez, conocer los clásicos es una garantía de enriquecimiento personal, de crear un bagaje para que luego puedan captar las referencias que se pueden encontrar a los mismos en numerosas obras, tanto literarias como de otras disciplinas artísticas.

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