Cartas de cumpleaños

Ted Hughes

Fragmento

FULBRIGHT SCHOLARS

Where was it, in the Strand? A display

Of news items, in photographs.

For some reason I noticed it.

A picture of that year’s intake
Of Fulbright Scholars. Just arriving –

Or arrived. Or some of them.

Were you among them? I studied it,
Not too minutely, wondering
Which of them I might meet.

I remember that thought. Not
Your face. No doubt I scanned particularly
The girls. Maybe I noticed you.

Maybe I weighed you up, feeling unlikely.

Noted your long hair, loose waves –

Your Veronica Lake bang. Not what it hid.

It would appear blond. And your grin.

Your exaggerated American
Grin for the cameras, the judges, the strangers, the frighteners. Then I forgot. Yet I remember
The picture: the Fulbright Scholars.

With their luggage? It seems unlikely.

Could they have come as a team? I was walking
Sore-footed, under hot sun, hot pavements.

Was it then I bought a peach? That’s as I remember.

From a stall near Charing Cross Station.

BECARIOS FULBRIGHT

¿Dónde fue, en el Strand? Una muestra
de noticias varias, con fotografías.

Por alguna razón la vi.

Había una foto de aquel año
de los becarios Fulbright. Recién llegados
o que ya estaban aquí. O de algunos de ellos.
¿Estabas tú entre ellos? La observé,
sin prestar demasiada atención, divagando
acerca de quienes podría llegar a conocer.

Recuerdo ese pensamiento. No
tu cara. Por supuesto, repasé especialmente
a las chicas. Acaso me percaté de ti.

Quizás te valoré, sin ganas.

Aprecié tu pelo largo, ondulado y suelto.

El tupé a lo Veronica Lake. No lo que escondía.

Resaltaba lo rubio. Y tu sonrisita.

Tu exagerada sonrisa americana
ante las cámaras, los jueces, los amedrentadores, los extraños… Luego lo olvidé. Pero aún recuerdo
la foto: los becarios Fulbright.
¿Con equipaje? No creo.
¿Vendrían en equipo? Fui andando
con los pies molidos, con sol fuerte y adoquines calientes. ¿Compré el melocotón entonces? Así es como lo recuerdo.

En un puesto cerca de la Estación de Charing Cross.

It was the first fresh peach I had ever tasted. I could hardly believe how delicious.

At twenty-five I was dumbfounded afresh By my ignorance of the simplest things.

Era el primer melocotón fresco que probaba. No podía creer lo delicioso que era.

A mis veinticinco años estaba perplejo otra vez ante mi ignorancia de las cosas más sencillas.

CARYATIDS (1)

What were those caryatids bearing?

It was the first poem of yours I had seen.

It was the only poem you ever wrote
That I disliked through the eyes of a stranger. It seemed thin and brittle, the lines cold.

Like the theorem of a trap, a deadfall – set.

I saw that. And the trap unsprung, empty.

I felt no interest. No stirring
Of omen. In those days I coerced
Oracular assurance
In my favour out of every sign.

So missed everything
In the white, blindfolded, rigid faces
Of those women. I felt their frailty, yes: Friable, burnt aluminium.

Fragile, like the mantle of a gas-lamp.

But made nothing
Of that massive, starless, mid-fall, falling Heaven of granite
stopped, as if in a snapshot, By their hair.

CARIÁTIDES (1)

¿Qué sostenían aquellas cariátides?

Fue el primer poema tuyo que vi.

Fue el único poema escrito por ti
que me disgustó con ojos de desconocido.

Parecía endeble y frágil, fríos los versos.

Como el teorema de una trampa mortal.

Así lo vi. Y la trampa sin abrir, vacía.

No sentí ningún interés. La menor insinuación
de augurio. En aquellos días forzaba
el aserto de un oráculo
a mi favor, en cada señal.

No entendí nada
en las caras blancas, vendadas, rígidas
de aquellas mujeres. Sentí su frialdad, sí.

Friable aluminio quemado.

Frágiles como tulipas de lámpara de gas.

Pero no supe qué hacer
con aquel enorme cielo de granito, sin estrellas, a mitad de otoño, cayéndose,
detenido, como en una instantánea,
por su cabello.

CARYATIDS (2)

Stupid with confidence, in the playclothes
Of still growing, still reclining
In the cushioned palanquin,
The nursery care of nature’s leisurely lift Towards her fullness, we were careless
Of grave life, three of us, four, five, six – Playing at friendship. Time in plenty
To test every role – for laughs,
For the experiment, lending our hours
To perversities of impulse, charade-like Improvisations of the inane,
Like prisoners, our real life
Perforce deferred, with the real
World and self. So, playing at students, we filled And drunkenly drained, filled and again drained A boredom, a cornucopia
Of airy emptiness, of the brown
And the yellow ale, of makings and unmakings – Godlike, as frivolous as faithless,
A dramaturgy of whim.

That was our education. The world
Crossed the wet courts, on Sunday, politely,
In tourists’ tentative shoes.

All roads lay too open, opened too deeply
Every degree of the compass.

CARIÁTIDES (2)

Cegados por la ignorancia, con el uniforme
de los que están aún creciendo, reclinados aún
en un palanquín acolchado;
el cuidado parvulario de la naturaleza cuando crece ociosa hacia su plenitud, vivíamos despreocupados
de la seriedad de la vida, tres, cuatro, cinco o seis de nosotros. Jugando a la amistad. Tiempo de sobra
para probar cada papel, para reírnos,
para experimentar, prestando nuestras horas
a la perversidad del impulso, como en una mascarada, improvisaciones de lo inane,
como presos, pospuesta forzosamente
nuestra vida auténtica, con el yo real
y el mundo. Así es que, jugando a estudiantes, llenamos
de ebriedad y vaciamos, y volvimos a colmar y a vaciar
el cuerno de la abundancia del aburrimiento,
con la negra o rubia cerveza de la vaciedad, tejiendo y destejiendo.

Como dioses, frívolos y sin fe,
en una dramaturgia del capricho.

Así fue nuestra educación. El mundo
atravesaba los domingos patios mojados, cortésmente,
en informales zapatos de turista.

Todos los caminos estaban demasiado abiertos, abrieron tanto cada grado del compás.

Here at the centre of the web, at the crossroads.

You published your poem
About Caryatids. We had heard
Of the dance of your blond veils, your flaring gestures, Your misfit self-display. More to reach you
Than to reproach you, more to spark
A contact through the see-saw bustling Atmospherics of higher learning
And lower socializing, than to correct you
With our archaic principles, we concocted
An attack, a dismemberment, laughing.

We had our own broadsheet to publish it.

Our Welshman composed it – still deaf
To the white noise of the elegy
That would fill his mouth and his ear
Worlds later, on Cader Idris,
In the wind and snow of your final climb.

Ahí, en el centro de la telaraña, en ese cruce de caminos, publicaste tu poema
sobre las Cariátides. Habíamos oído hablar
de la danza de tus rubios velos, de tus fulgurantes gestos, de tu pose de inadaptada. Más para alcanzarte
que para reprocharte, más para provocar contacto
a través de la oscilante m

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