¡Cumpleaños sorpresa! (Cole de locos 3)

Dashiell Fernández Pena

Fragmento

cap-1

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Como era habitual, los alumnos de 2.ºA del cole de locos esperaban a que su tutora, Ana, entrase por la puerta de la clase haciendo lo que mejor se les daba: el loco (¡ese colegio no se había ganado su nombre por nada!). Un corrillo de niños y niñas había improvisado un mercado negro de intercambio de cromos en el centro del aula, y el trueque de cromos raros por sándwiches del almuerzo estaba a la orden del día. Un chaval había decidido que el techo estaría más mono con algún que otro pegote de papel mojado pegado y ya se habían iniciado las tareas de redecoración. Al fondo, un par de niñas competían en una apasionante carrera de sillas armando un jaleo tan gordo que se oía por todo el edificio. Pero ese ruido no era suficiente para desconcentrar a otro chaval que se estaba dedicando en cuerpo y alma a convertir sus apuntes de naturales en una simpática flota de aviones de papel. En pocas palabras, ¡el mismo desmadre de todas las mañanas!

En medio del caos reinante, solo Lucas y Carlos permanecían sentaditos en sus respectivas sillas sin hacer nada. Y cualquiera que los conociese un poco habría adivinado enseguida que eso podía significar... ¡que estaban tramando algo! Aunque alguien que no los conociese de nada también lo habría adivinado, porque la sonrisa de Lucas era tan malévola que habría podido servir como prueba en su contra en un tribunal. Entre otras muchas cosas, Lucas era famoso por ganar, cada año, el título de bromista oficial del cole de locos. Y, aunque, en realidad era un título no oficial que se había inventado él mismo, y en el que nadie más participaba, Lucas se lo tomaba muy muy en serio. Carlos había empezado a estudiar en el cole de locos ese mismo curso, pero no había tardado nada en convertirse en el mejor amigo de Lucas. Y resulta que este era algo así como un imán para las bromas y las trastadas, porque ¡siempre se las ingeniaba para arrastrar a Lucas a todas ellas!

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—Mmm... ¡Hoy tenemos una mañanita muy ajetreada por delante! —dijo Lucas con la mano en el mentón—. Voy a consultar mi agenda...

—¿Agenda? ¿Qué agenda? —preguntó Carlos—. ¡Si tú no te apuntas los deberes en la vida!

—Me refiero a mi agenda de las bromas, tío. Veamos... A primera hora toca la broma del globo refrescante. ¡Un clásico! Con este calor, ¡Ana nos la agradecerá y todo! ¿Está todo bajo control?

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Carlos dijo que sí con la cabeza y señaló la puerta del aula, sobre la que descansaba un enorme globo repleto de alguna sustancia líquida. La puerta estaba entreabierta y el globo se mantenía encima a duras penas, temblando sin parar. ¡La siguiente persona que pusiese la mano sobre esa puerta iba a llevarse una buena sorpresa!

—Todo correcto —dijo Lucas, tachando esa actividad de su agenda—. Oh, ¡la siguiente broma te va a encantar! Vamos al baño, llenamos el lavabo de zumo de tomate y dientes de mentira y a la que entre alguien, salimos gritando: «¡Ratoncito Pérez, lo hice por ti!» ¡Ya verás qué careto se le va a quedar a la gente!

—Espera, espera... —dijo Carlos, abriendo mucho los ojos, que, tras las enormes gafas que llevaba, parecían más grandes de lo que eran—, ¿me estás diciendo que el zumo de tomate no era para llenar el globo?

—No no no no no..., ¡claro que no! ¡Vaya ideas se te ocurren! —dijo Lucas sin darle importancia—. El globo tiene que estar lleno de agua. Una cosa es pegarle un pequeño remojón a Ana y otra muy distinta es tirarle un globo lleno de zumo de tomate encima. ¿Te imaginas? ¡Eso sí que sería una auténtica locura!

En ese momento, Lucas enmudeció y también abrió los ojos como platos: ¡acababa de darse cuenta del lío en el que se habían metido! ¡Carlos se había confundido y había rellenado el globo con zu­mo de tomate! ¡Y Ana, su tutora, estaba a punto de llegar y abrir la puerta! Lucas solo tenía unos pocos segundos para impedir aquella terrible catástrofe, así que se levantó de un salto y corrió como pocas veces lo había hecho en su vida. Habría llegado antes a la puerta de no haber tenido que esquivar a un par de chavales que estaban haciendo la croqueta por los suelos y a un yoyó que salió de la nada y estuvo a punto de saltarle los dientes, pero lo importante es que lo consiguió. Ahora solo tenía que retirar el globo de ahí con mucho mu

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