La fabulosa historia de 8dedos

Alejandro Landoni

Fragmento

8dedos nació en la ciudad de Dolores con cuatro dedos en cada pie. Le faltaban los dedos chiquitos.

Al verlo, los papás se pusieron muy tristes, pero los doctores les dijeron que no se preocuparan porque era perfectamente normal, y porque no tener el dedo chiquito de cada pie no le iba a provocar ningún problema.

Así que 8dedos fue un niño feliz, como cualquier otro, hasta que empezó el jardín de infantes.

Tenía tres años y era el más chiquito de la clase, así que hablaba menos que sus compañeros. Por eso, justamente, los papás decidieron mandarlo al jardín para que pudiera jugar con otros niños y, entre juego y juego, se largara a hablar.

8dedos fue un compañero más de la clase durante casi todo el año hasta que, allá por el mes de setiembre, empezó el calor y la mamá decidió mandarlo de sandalias y no de zapatos, como lo había hecho hasta ese momento.

8dedos aún recuerda aquel día: su papá lo había llevado temprano, así que estaba jugando con los cubos sobre la alfombra verde, solo, en el medio del salón. Los amigos fueron llegando y se pusieron a jugar. Hasta que llegó Carmela.

Ella, que siempre iba vestida de rosado, era la que hablaba mejor, así que se pasaba todo el día mandando a los otros. Cuando se dio cuenta de que a 8dedos le faltaban los dedos chiquitos de cada pie, se empezó a reír como loca y gritó para que todos los compañeros la escucharan: “¡Mireeennn! ¡Le faltan deeedooosss!”.

Como todos se empezaron a burlar y a reírse de él, la maestra explicó que era un niño normal solo que con ocho dedos. Al escucharla, Carmela puso cara de diabla y mientras lo señalaba empezó a cantarle: “O-cho de-dos, o-cho de-dos…”.

8dedos siguió jugando un ratito más, pero después se fue llorando a abrazarse a las piernas de la maestra. A partir de allí, no quiso ir más a clase.

Cada día, sus compañeros y los niños de las otras clases se reían de él y ya no lo invitaban a jugar. Incluso algunos le pegaban y le tiraban la merienda al suelo.

Todos los días, a la hora de ir al jardín, 8dedos lloraba pidiendo para quedarse en casa.

Al año siguiente lo cambiaron de jardín, pero Dolores no es una ciudad muy grande, así que ya el primer día un compañero lo reconoció y lo siguieron llamando 8dedos. Aunque no lo trataban tan mal como en el jardín anterior, siempre lo trataron como a un niño raro, distinto.

Por eso no le gustaba jugar con otros niños. Y como tampoco tenía hermanos, se pasaba jugando solo.

Preocupado, su papá decidió jugar con él todos los días a la salida del trabajo. Jugaban a muchas cosas, pero lo que más disfrutaban era jugar a la pelota.

Un día, cuando estaba por cumplir seis años, 8dedos estaba esperando al papá con la pelota en la mano en la puerta de la casa. Estaba muy ansioso para mostrarle una nueva patada que había inventado y que había practicado toda la tarde.

—Vení, papá. Mirá lo que inventé.

Llevó a su papá hasta el fondo de la casa, puso la pelota en el suelo y le mostró un tiro fenomenal. Le pegó a la pelota con todas sus fuerzas justo con el dedo que le faltaba en el pie derecho. La pelota salió disparada por el aire y de pronto, en pleno vuelo, cambió de dirección como quien dobla la esquina, haciendo un gol increíble.

El papá quedó maravillado.

Nunca había visto nada igual.

Papá y mamá decidieron anotarlo en el baby fútbol. Lo veían muy entusiasmado con la pelota y pensaron que le iba a hacer bien para divertirse y para tener amigos nuevos.

Como ya les dije, Dolores no era una ciudad muy grande, así que tenía solamente dos cuadros de baby: Dolores de Cabeza y Dolores de Panza.

Dolores de Cabeza era el cuadro del barrio de 8dedos y salía campeón todos los años. El problema era que todos lo conocían y lo iban a volver loco.

Dolores de Panza quedaba en la otra punta de Dolores y sus jugadores no eran muy buenos, pero los papás de 8dedos no estaban tan interesados en el fútbol sino en que su hijo tuviera amigos nuevos.

Las prácticas de Dolores de Panza eran dos veces por semana. No iban muchos niños, pero daba para armar un cuadro. Ya en el segundo entrenamiento, el papá se dio cuenta de que su hijo no era muy hábil. Aunque se pasaba todo el día jugando a la pelota, jugaba solo o con él (que siempre lo dejaba ganar), así que —al lado de los demás— no agarraba ni una.

8dedos iba a la práctica entusiasmado y quería jugar partidos. Cuando iba a empezar el Campeonato y llegó el día de ficharse, lo ficharon último. El técnico y el presidente del cuadro estuvieron en la sede hasta pasada la hora esperando que viniera a anotarse algún otro niño, pero como no vino ninguno, le dieron la última ficha.

El día que repartieron las camisetas, le tocó la que no quería nadie: la 13.

El Campeonato de Baby de Dolores era tan solo de dos partidos.

En el primero de ellos, a Dolores de Panza le tocaba ser local frente a Dolores de Cabeza. La definición del Campeonato, o partido revancha, era en la otra cancha. Salía campeón el que tenía más puntos.

Dolores de Cabeza era el preferido de los habitantes de Dolores. De cada diez personas que vivían ahí, siete eran hinchas de Dolores de Cabeza, dos de Dolores de Panza y siempre hay algún desubicado al que no le interesa el fútbol.

Aquel domingo a la tarde, la gente de toda la ciudad se fue arrimando a la cancha de Dolores de Panza para alentar por sus equipos.

Cuando arrancó el partido, 8dedos estaba en el banco de suplentes. El técnico había dicho que jugarían todos, pero cuando arrancó e

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tus libros guardados