Isadora Moon va al colegio (Isadora Moon 1)

Harriet Muncaster

Fragmento

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Isadora Moon: ¡esa soy yo! Mi conejo Pinky y yo nos divertimos mucho juntos.

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Mi madre es la condesa Cordelia Moon. Es un hada. ¡Sí, en serio! Le gusta cuidar el jardín, nadar en los riachuelos salvajes, hacer hogueras mágicas y dormir al aire libre, bajo las estrellas.

Mi padre es el conde Bartolomeo Moon. Es un vampiro. ¡Sí, en serio! Le gusta estar despierto por las noches, comer solo cosas rojas (tomates… ¡PUAJ!), contemplar el cielo nocturno con su telescopio especial y volar bajo la luna llena.

También está mi hermanita, el bebé Flor de Miel. Es mitad hada, mitad vampiro, ¡como yo! Le gusta dormir a todas horas, decir gugú y beber leche rosa.

Mi conejo Pinky y yo lo hacemos todo juntos. Era mi peluche favorito, así que mamá le dio vida con su magia.

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¡Y esta es nuestra casa! Mi habitación es esa de ahí, en lo alto de la torre más alta. Se ve la ciudad entera desde mi ventana. A Pinky no le dejamos casi nunca que se asome, porque le gusta demasiado saltar de los sitios.

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Cree que puede volar, como yo.

Pero no puede.

Todas las mañanas miro como los niños humanos van andando al colegio por la calle. Llevan unos uniformes muy graciosos, con corbatas de rayas.

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Y aunque parece que los niños son muy simpáticos… y que se lo están pasando muy bien… me alegro de ser un hada vampiro, porque las hadas vampiros no tienen que ir al colegio.

O eso es lo que yo pensaba…

Ayer por la tarde, estaba ensayando mis piruetas en el aire frente a la ventana de mi cuarto, cuando papá me llamó desde la planta baja.

—¡Isadora! ¡Es la hora de desayunar! —dijo.

Papá siempre desayuna a las ocho de la noche porque duerme durante el día. Mamá toma su desayuno por la mañana. Por eso, yo normalmente tomo dos desayunos. No me importa, porque las tostadas con mantequilla de cacahuete son mi comida favorita.

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Papá estaba sentado a la mesa bebiendo su batido rojo superespecial. A mí me parece asqueroso. No me gusta la comida roja, y menos todavía los tomates. Sé que el batido rojo superespecial de papá los lleva.

—Algún día lo disfrutarás, como un buen vampiro —me dice siempre—. A todos los vampiros les encanta la comida roja.

Pero yo sé que a mí no me encantará. Al fin y al cabo, solo soy mitad vampiro.

Mamá también estaba allí, abriendo las ventanas de la cocina para que entrara el aire fresco y poniendo un montón de flores en jarrones. Tenemos catorce floreros en la cocina. ¡Y un árbol en mitad del suelo! A mamá es que le encanta meter dentro de casa todo lo que es de fuera.

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Flor de Miel estaba lloriqueando en su trona porque se le había caído el biberón al suelo. Se lo recogí y lo rellené con más leche rosa. Ella también odia el batido rojo, como yo.

Papá dijo:

—Isadora, ya ha llegado el momento de que empieces a ir al colegio.

—Pero papá —repuse—, soy un hada vampiro. No necesito ir al colegio.

—Hasta las hadas tienen que ir al colegio —dijo mamá.

—¡Y los vampiros! —añadió papá.

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—Pero yo NO QUIERO ir al colegio —dije—. Llevo una vida perfecta y completamente ocupada aquí en casa con Pinky.

—Pero el colegio te gustaría —insistió papá—. A mí me encantaba mi escuela de vampiros cuando era jovencito.

—¡Y yo adoraba mi escuela de hadas! —dijo mamá, mientras echaba en su cuenco una cucharada de yogur de néctar de flores.

—¡Te lo vas a pasar de maravilla! —ambos sonrieron.

Yo no estaba tan segura.

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—Pero no soy solo hada —dije—. Y tampoco solo vampiro. Así que… ¿a qué escuela iría? ¿Hay alguna escuela especial para hadas vampiros? ¿Hay un colegio para mí?

—Pues… no —respondió mamá—. No exactamente.

—Tu caso es muy raro —dijo papá, sorbiendo su batido con una pajita.

—¡Muy especial! —añadió mamá rápidamente—. Yo creo que encajarías a la perfección en la escuela de hadas.

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—Pero claro, tal vez te guste más la escuela de vampiros —se apresuró a decir papá—. Es mucho más emocionante.

—¿Ah, sí? —preguntó mamá, como si no estuviera nada de acuerdo—. ¿Qué te parece si dejamos que sea Isadora la que lo decida?

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Pinky, contento con la idea, se puso a dar saltos.

—Isadora puede pasar un día en la escuela de hadas y una noche en la de vampiros y decidir cuál le gusta más —dijo mamá.

—Pero… —empecé a decir.

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—¡Qué idea más fantástica! —exclamó papá.

—Bueno… vale —dije en voz baja. De pronto, dejó de gustarme el desayuno. Agarr

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