¿El fin de la democracia? Cinco libros para entender los (convulsos) tiempos que corren

La democracia es, por unanimidad, el mejor de los sistemas políticos posibles. Ahora bien, ¿se corresponde la democracia ideal con la democracia posible? ¿Cuáles son sus principales enemigos? Seleccionamos varios títulos que abordan estas cuestiones.

15 septiembre,2022

Crédito: Getty Images.

Hoy, 15 de septiembre, es el Día Internacional de la Democracia. Y en la coyuntura internacional actual, el debate sobre su fragilidad y legitimidad es más candente que nunca. El ubicuo alcance y el imparable desarrollo de las nuevas tecnologías, cuyos algoritmos son más sofisticados cada día que pasa, han convertido a esa herramienta aparentemente democratizadora que es Internet en un instrumento para el control y la vigilancia de las masas. Obviamente, su modus operandi no es tan invasivo y ansiógeno como el que retrataba George Orwell en 1984, pero precisamente en ello radica su peligro: la manipulación interesada ejercida a través de las redes sociales, entre otros canales, se basa en la recopilación de datos de sus usuarios y la aplicación del sesgo de confirmación (aquel por el cual tendemos a asumir como ciertas las informaciones que encajan con nuestra visión del mundo).

En consecuencia, el proceso resulta sádicamente placentero, incluso adictivo: vilipendiar y ensañarse con el enemigo político (tanto si es un representante público como si se trata de ciudadanos de a pie), desde el anonimato y la privacidad que proporciona la red de redes se ha convertido en un deporte global alentado por oscuros mecanismos de poder en consonancia con sus intereses y objetivos. «Explotamos Facebook para acceder a la información proporcionada por sus usuarios. Y construimos modelos para explotar lo que sabíamos de ellos y apuntar a sus demonios internos. Esa era la base sobre la cual la compañía se fundó», declaró Christopher Wylie, el exempleado de Cambridge Analytica que reveló cómo esta consultora, que cuenta con capital de los republicanos Robert Mercer y Steve Bannon, violó la política de privacidad de la citada red social comprando los datos de 50 millones de usuarios. Su misión: crear perfiles psicológicos detallados y localizar personas permeables a los cambios de opinión para dirigir, a través de noticias falsas y selección parcial de la información, su intención de voto hacia la candidatura de Donald Trump durante la precampaña de las elecciones en las que resultó investido presidente de Estados Unidos. Según reveló un canal de televisión británico, la consultora había recurrido a la misma estrategia en beneficio del candidato Mauricio Macri, ganador de las elecciones de Argentina en 2015, y realizó operaciones similares en México en 2018. 

Ante una artimaña de tal magnitud, no cabe menos que preguntarse si la democracia, tal como se vive hoy en los países occidentales, responde a los estándares de libertad, igualdad y fraternidad que sustentan la democracia liberal; para empezar, si una persona que actúa movida por el engaño actúa con libertad plena. Si un escenario dominado por la endogamia política, financiera y empresarial, al arropo de un tentacular engranaje de medios de comunicación que manipulan conciencias para mantener el statu quo de las élites, no es una corrupción desmedida de la democracia. En paralelo al auge, en toda Europa, de los partidos con rasgos autoritarios, las grandes empresas y entidades financieras se imponen, subrepticiamente pero con crudeza, sobre el Estado de bienestar desde el que Thomas H. Marshall se refería al bien común como un valor esencial de la democracia. Una premisa derribada por el neoliberalismo y la libertad entendida en lo económico, en lugar de su tradicional adscripción a lo civil.

¿Hacia dónde se dirigen las democracias occidentales? ¿Cuál es nuestro margen de acción frente a su indeseable involución? Estos ensayos tratan de dar respuesta a esos y otros interrogantes urgentes.

La periodista, historiadora y ganadora del Premio Pulitzer Anne Applebaum fue una de las primeras voces en señalar la deriva antidemocrática occidental y el gran lastre del ordenamiento político neoliberal: la alianza del poder político, el financiero y los medios de comunicación, que hoy ya es un secreto a voces. Sustentado sobre el bulo y las nuevas tecnologías, especialmente la mensajería móvil y las redes sociales, el autoritarismo del siglo XXI se extiende como la pólvora porque vende ideas simples y la simpleza es adherente. Las dicotomías simplistas, los remedios mágicos y la llamada al sentimiento patriótico, tradicionalmente excluyente, venden a los ciudadanos de Europa y Estados Unidos el sueño húmedo del nacionalismo: la autarquía, que ya le está estallando en la cara al Reino Unido post-Brexit. En la base, un principio clave: azuzar al penúltimo escalón de la pirámide social (en Estados Unidos, la llamada white trash o basura blanca) para que clave las fauces al último (entre otros, los inmigrantes). Así, ese enemigo común al que ya apuntaba Chomsky hace medio siglo se convierte en el motor aglutinante de las masas, que validarán en las urnas los rasgos del autoritarismo vinculándolo así a la voluntad popular. 

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El ocaso de la democracia

***Premio de Periodismo de El Mundo y Premio Francisco Cerecedo de Periodismo 2021***

Un análisis demoledor sobre el panorama político actual.

El mejor libro del año según The Washington Post y T...

A priori una herramienta democratizadora (en cuanto que brinda a cualquier ciudadano la posibilidad de emitir mensajes de alcance impredecible, en oposición a lo que ocurría en los tiempos del dominio de la prensa en papel), Internet está controlada por un reducido número de empresas que conforman la infraestructura de la democracia a través de complejos algoritmos con los que este poder fáctico maneja a los ciudadanos a su antojo y moldea sus líneas de pensamiento con un objetivo último: su voto, que queda reducido a las sombras de la caverna. Los mecanismos son subrepticios, pero este modelo ha hecho realidad la fantasía que apuntaba la serie Los Simpson hace un cuarto de siglo: la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, espoleada por el flagrante escándalo de la consultora Cambridge Analytica y su infame (e ilegal) compra de datos a Facebook. Marta Peirano señala a la red como una máquina de vigilancia colectiva y arroja luz sobre los opacos procesos, normas, candados y microdecisiones digitales en un ensayo que es también una advertencia y una llamada a la acción para gestionar la crisis de la democracia de la mejor forma posible.

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El enemigo conoce el sistema

Todo lo que no quieres pero necesitas saber sobre el poder, la economía, la sociedad y las telecomunicaciones en la era de la información.

«Una de las raras periodistas que realmente se han especi...

La democracia no ha sobrevivido es la continuación ¿natural? de La democracia en España ¿sobrevivirá?, ensayo publicado en 1993 en el que el mismo Ángel Cristóbal Montes recopilaba y exploraba las vicisitudes que atravesaba este régimen, aún relativamente joven en España, a partir de veintitrés artículos publicados en prensa. El análisis auspiciaba los peores augurios, pero también dejaba un margen para la esperanza. Transcurrido un tiempo más que prudencial, el autor se remitía a los hechos acontecidos a lo largo de los veinte años siguientes para dar respuesta a su propia pregunta en La democracia no ha sobrevivido, cerrando con él un ciclo que había arrancado con la euforia y las buenas intenciones para luego perder fuelle y, a juicio del autor, quedarse en agua de borrajas. Arraigado como está en el más profundo desencanto, sorprende el arrojo con el que el autor se remite a la máxima «a grandes males, grandes remedios» al proponer una serie de reformas sin parangón para extirpar de cuajo el mal engendrado por la perversión de los postulados democráticos. Un libro que entristecerá a los mansos, enervará a los cínicos y a los miopes y encenderá a los luchadores.

Si de democracia hablamos, la dimensión ontológica es más determinante que nunca: definirla es concretar qué podemos (y debemos) esperar de ella. La cuestión ha traído de cabeza a los grandes pensadores desde que el mundo es mundo, y Sartori (fervoroso anticomunista, provocador para algunos y polémico para la mayoría) recoge las aportaciones de Aristóteles, Rousseau, Locke y Marx, entre otros, para articular su propia definición. Una ecuación en la que no solo interviene el factor político, sino también otros como la economía, la revolución, la reforma, el Estado o la sociedad civil. Tomando como punto de partida una postura tan impopular como la minusvaloración de la definición etimológica de la democracia (el poder del pueblo), el italiano articula una teoría unitaria de la democracia, que no es otra que la democracia liberal y resulta de la conjunción de los planos del ser (democracia descriptiva) y el deber ser (democracia prescriptiva). A partir de la exploración de las nociones de liberalismo y libertad, desde sus orígenes hasta llegar a las acepciones de su uso actual, el autor plantea la democracia como un tríptico (democracia política, democracia social y democracia económica), en el que las dos últimas caras son una prolongación de la primera. Con los significativos cambios políticos, tecnológicos y sociales como telón de fondo, Sartori aborda también las perspectivas de futuro y, más allá de definir la democracia ideal, se aventura a identificar las condiciones de la democracia posible.

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¿Qué es la democracia?

Giovanni Sartori

¿Qué es y qué no es la democracia?

«La democracia no es algo que se consigue de una vez para siempre; hay que ganársela a pulso día a día». Tan rotunda afirmación enmarca un ensayo que señala el progresivo deterioro del que, en principio, es el mejor sistema político posible. En 2005, año en que fue publicado este ensayo, la dictadura soviética ha quedado bien atrás y los viejos dictadores (algunos, no todos) están llamados a rendir cuentas ante la Justicia, pero los tribunales acusan su parcialidad y las poderosas fuerzas subyacentes que manejan entre bambalinas el curso de la democracia. Los grandes progresos científicos permitirían erradicar para siempre el hambre y la pobreza, pero la coyuntura internacional responde a intereses mucho más particulares y lucrativos: las grandes corporaciones y las instituciones financieras, blindadas frente a cualquier control democrático  y arropadas por un desmedido despliegue de medios de (des)información de la ciudadanía, mueven sus hilos al abrigo de los organismos internacionales, que usurpan competencias tradicionalmente reservadas a los gobiernos estatales. El imparable ascenso de las tecnologías de la información y los avances en los estudios sociológicos permiten adoctrinar a las masas, y los medios de comunicación recurren a mecanismos más enterrados para difundir interesadamente ideologías y perpetuar el control por parte del poder económico y sus mercenarios políticos. Pero tal como señala el autor, una de las actividades más higiénicas del humano consiste en descubrir lo oculto tras las apariencias. Este libro es un buen comienzo.

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Abajo la democracia

Eduardo Álvarez-Puga