Cómo sacar tiempo para leer a los clásicos

Si la idea de empezar un libro de más de mil páginas te resulta ligeramente abrumadora, quizá estos creativos trucos te ayuden a llegar a la última palabra.

Crédito: Penguin Clásicos y Lumen.

Una de las novelas más largas publicadas en algún sello de Penguin Random House es En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Esta obra maestra modernista comprende seis gruesos volúmenes y un total de 3616 páginas (en su versión original en inglés). Suponiendo un ritmo de una página por minuto, leer En busca del tiempo perdido te llevará dos días enteros, doce horas y dieciséis minutos; es decir, eso si no paras para dormir, comerte una magdalena o seguir sin querer un hilo de pensamientos que te lleve a tu infancia y a tu achacosa tía Leonor.

Los libros largos como En busca del tiempo perdido presentan una paradoja. Su longitud resulta prohibitiva y desalentadora, y, sin embargo, que sean tan leídos a pesar de su gran volumen quiere decir sus recompensas son igualmente enormes, y esto los hace aún más atractivos. Suponen un reto. Al igual que a los montañistas de altura les atraen los picos cada vez más altos, los lectores pasean por las laderas de la literatura conscientes de que, a lo lejos, envueltas en nubes y coronadas por la nieve, se hallan cumbres tentadoras llamadas Moby-Dick (712 páginas), El conde de Montecristo (1176 páginas) y Sueño en el pabellón rojo (2576 páginas en inglés). Queremos leerlos, porque están ahí.

Sin embargo, no es fácil encontrar sesenta horas para leer a Proust. Leer y releer un par de páginas cada noche mientras te quedas dormido no lo acortará. Un senderista necesita diferentes técnicas si quiere escalar una montaña, y lo mismo ocurre al enfrentarse a los libros grandes. Aquí van nuestros consejos para llegar al campamento base literario e intentar alcanzar la cumbre de los libros más grandes.

Lee con detenimiento el mapa

Como dice Lao Tzu en el Tao Te Ching (192 páginas en inglés), «un viaje de mil millas comienza con un primer paso». Hazte con un ejemplar de tu libro y planifícalo. ¿Cuántos capítulos tiene? ¿Cómo están organizados? ¿Cuáles son los contornos y puntos de referencia? El índice puede ser útil, pero nunca tanto como hurgar en las páginas tú mismo, acostumbrarte a la tipografía, a las divisiones por secciones, a la forma general del libro. Por ejemplo, Los miserables, de Victor Hugo (1520 páginas), está dividido en cinco partes más o menos iguales, y cada una consiste en ocho o más libros, divididos a su vez en capítulos, algunos de una sola página.

Diseña un plan

Una vez que te has hecho una idea de cómo es el libro, divídelo en secciones manejables. Ten en cuenta tu velocidad de lectura, el tiempo que tienes para leer a la semana, si quieres leer otra cosa al mismo tiempo y cuándo quieres acabar el libro. Los miserables tiene 365 capítulos, así que puedes tomarte un año entero para leerlo: un capítulo diario. Eso resulta manejable para compaginarlo con la vida, el trabajo y otros libros. Identifica puntos intermedios: dónde deberías haber llegado al acabar el mes, por ejemplo. Esto ayuda si de vez en cuando vas retrasado. Algunos libros se prestan de forma natural a estos miniplazos. Podría ser divertido leer Las mil y una noches (2784 páginas en inglés) en mil y una noches de verdad. Al cabo de dos años y nueve meses, se podría apreciar muy bien el alcance de la imaginación de Scheherazade…

Viaja con compañía

Es peligroso hacer montañismo uno solo, y se disfruta más leyendo libros grandes en compañía. Vives con un libro grande un largo tiempo, así que es más divertido compartir la experiencia: puedes hablar de los personajes a medida que son presentados, sentir lástima por los giros de los acontecimientos tristes y celebrar las sorpresas. Leer con un amigo también te da vigor para seguir adelante. Es inevitable que uno vaya más adelantado en algún momento, así que podéis llamaros para daros ánimos. Si te quedas embarrancado en algún denso desvío del autor, es muy reconfortante saber que saldrás de nuevo a tierra firme. Sed cada uno el sherpa del otro.

Mantén vivo el libro

Ya estás listo para empezar. Simplemente sigue tu plan y el ritmo de tus secciones, presiona a tu compañero de lectura si es necesario y persevera hasta la última página. Solo que no siempre es tan sencillo. Todos sabemos que es mucho más fácil empezar un libro que acabarlo. Con un libro grande, sobre todo, es fácil distraerse y perder impulso. El oxígeno empieza a agotarse a medida que asciende el número de páginas. Algunas personas están benditas con la automotivación para seguir esforzándose, pero a veces necesitas un poco de ayuda.

Lee en tiempo real

Intenta dejar que un libro transcurra en tiempo real. Ulises, de James Joyce (1040 páginas) tiene lugar en un solo día, el 16 de junio. La acción comienza a las 8.00 h y acaba a las 4.00 de la mañana siguiente. 

Otra sugerencia es la Divina comedia de Dante (1744 páginas), que transcurre en la semana que va del Jueves Santo al jueves siguiente. La única pega es que Paraíso está ambientada en el cielo, fuera del tiempo y el espacio. Tendrás que hacer una pausa en el tiempo terrestre o aceptar una solución de compromiso.

Si quieres un reto que dure más, hazte con un ejemplar de la novela inglesa Clarissa, de Samuel Richardson (1356 páginas). Esta novela epistolar se compone íntegramente de cartas, y cada una va útilmente fechada, por lo que puedes leerlas todas en tiempo real, a medida que la narración se desarrolla a lo largo de un año, desde el 10 de enero hasta el 18 de diciembre. (Clarissa está ambientada en 1747, por cierto, cuando el 10 de enero cayó en martes. Si quieres leerlo en los días correctos de la semana, reserva fecha para 2023).

Este tipo de contexto temporal añade un elemento de vida real a tu lectura, lo que puede ayudarte mucho a seguir leyendo el libro y constituye una experiencia muy memorable.

Lee en el sitio correcto

Lograrás un efecto similar leyendo un libro en los lugares correctos. ¿Y si te propones leer Los cuentos de Canterbury (1328 páginas) caminando desde Londres a Canterbury, contando todos los cuentos por el camino? En la medida de lo posible, lo ideal sería hacerlo en los lugares especificados en el poema. Por ejemplo, el monje contaba su cuento delante de la catedral de Rochester, y el caballero contaba el suyo en St Thomas-a-Watering, un canal sagrado que hoy está bajo el aparcamiento de un supermercado Tesco en Old Kent Road. Repartir los cuentos en cuatro días y 96 km te brinda el tiempo para comentar cada historia y el espacio para apreciar la obra como un todo.

Otras posibilidades que podrías considerar es hacer un viaje a la ciudad de Ferrara, en el norte de Italia, y leer la serie de seis libros La novela de Ferrara, de Giorgio Bassani (1296 páginas); irte a cabalgar por La Mancha leyendo Don Quijote (1056) páginas; o refugiarte en Nueva York para leer La rebelión de Atlas, de Ayn Rand (1184 páginas). O mejor aún: alquilar un palazzo en Fiesole durante diez días en verano: podríais volver a contar las cien historias del Decamerón de Giovanni Boccaccio (1072 páginas).

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