De Homero a Nolan: «La Odisea», la aventura más célebre de todos los tiempos
A pesar de ser una de las obras más influyentes de la literatura occidental, «La Odisea» ha inspirado un número sorprendentemente reducido de adaptaciones cinematográficas. La esperada versión del director Christopher Nolan podría convertirse en la producción que, por fin, salde esta deuda con el cine. El célebre poema épico, compuesto por Homero en el siglo VIII a. C., narra los viajes de Ulises (Odiseo en su versión griega) tras su paso por Troya y su largo regreso a Ítaca. Un mundo poblado por criaturas míticas como Polifemo, Escila -el monstruo de seis cabezas-, las sirenas o la maga Circe. Su protagonista es uno de los personajes más emblemáticos jamás escritos: el ingenioso y astuto Ulises, un héroe atípico capaz de salir airoso de cualquier situación y cuyo viaje se ha convertido en el prototipo de los relatos de aventuras y fantasía. El resultado es un poema que mantiene asombrosamente una frescura y una viveza que permite que cualquier lector actual pueda acercarse a él. Además, la belleza de su lenguaje y su estructura narrativa ha marcado a gran parte de la literatura de todos los tiempos. Nos encontramos así ante un extraordinario relato fundacional sin el cual no nos podemos entender.

Londres, Inglaterra. 6 de julio de 2026. De izquierda a derecha: Charlize Theron, Himesh Patel, Travis Scott, Mia Goth, Robert Pattinson, Lupita Nyong'o, Tom Holland, Anne Hathaway, Matt Damon, Emma Thomas, Christopher Nolan, Zendaya, Samantha Morton, Elliot Page, Benny Safdie, John Leguizamo, Hoyte van Hoytema y Ludwig Göransson asisten al estreno mundial de La Odisea en el Odeon Luxe Leicester Square. Crédito: Getty Images.
La gran pregunta que siempre nos hacemos ante los clásicos universales es qué tienen para seguir hablándonos después de, como en este caso, haber sido escritos hace unos dos mil setecientos años. El relato que configura La Odisea además nos describe un mundo aún más pretérito (la acción transcurre varios siglos antes, tras la caída de Troya), en el que los mitos griegos, los imaginarios del mundo antiguo, y lo real, se funden con una armonía que nos fascina. Dioses, héroes, monstruos, conviven así con total naturalidad en distintas islas del Mediterráneo, escenarios del famoso viaje de Ulises. Pero más allá de estos elementos fantásticos, las dificultades del héroe por reencontrarse con su familia, su lucha contra todo tipo de dificultades, incluso contra poderosos dioses, nos sigue conmoviendo a día de hoy.
En general se ha establecido que el poema fue redactado en el siglo VIII a.C. después de La Ilíada, el otro gran texto atribuido al más grande de los poetas griegos, Homero, cuyas obras eran memorizadas por los escolares griegos y cuyo prestigio nunca ha sucumbido al paso del tiempo. En La Ilíada narró los últimos días de la guerra de Troya y tiene como protagonista a Aquiles y su famosa cólera. Un poema épico centrado en lo trágico y la conquista de la legendaria ciudad, que describe un mundo de guerreros. Unos hechos que están muy presentes en La Odisea, en cierto modo la continuación de La Ilíada, ya que su acción transcurre después de la guerra y recoge constantemente el recuerdo y las consecuencias del conflicto. Aparte, durante una de las aventuras de Ulises, cuando por ejemplo viaja al Hades, el inframundo, el héroe hablará con personajes como Aquiles o el rey Agamenón, protagonistas del cerco de Troya.
La Odisea es un relato muy distinto respecto a La Ilíada, mucho más abierto y con múltiples escenarios. Frente a la gravedad y el patetismo que luchan en Troya, los viajes de Ulises nos introducen en un mundo luminoso lleno de aventuras en el que la única forma de sobrevivir será el ingenio y la astucia, además de, por supuesto, la ayuda de algún dios, en este caso, Atenea. Ulises no es una figura trágica cuyo fin es alcanzar la gloria, sino sobrevivir a los vaivenes del destino. Es un héroe errante que, tras pasar diez años en la guerra de Troya, donde se hizo conocido por idear el famoso caballo de madera que permitió su conquista, intentó regresar a casa junto con sus compañeros a bordo de doce naves.
Ulises/Odiseo es un personaje atípico dentro de la literatura griega. Un héroe que pasó otros diez años perdido en el mar, en parte por sus propios errores y también por los de sus hombres, antes de poder llegar a Ítaca. Tras cegar al famoso cíclope Polifemo, hijo de Poseidón, el dios de los mares tratará a toda costa de vengarse de Ulises y acabar con su vida. Luego, en cada isla que encuentre, hallará un nuevo peligro, como la isla de los lotófagos, donde hay unos frutos que provocan no desear volver al hogar o en la isla de la maga Circe, donde sus compañeros serán convertidos en cerdos y permanecerá un año. Es un personaje que sabe salir de cualquier entuerto, curioso, capaz de arriesgar su vida solo, por ejemplo, para poder escuchar la voz de las sirenas, cuyo irresistible canto provocó la muerte de tantos marineros. Él decide ser atado a un mástil y escucharlas.
También se disfrazará de mendigo con la ayuda de su protectora, Atenea, para no ser reconocido a su regreso a su tierra. Cuando le conviene, se inventará relatos ficticios sobre su vida (lo hará en varias ocasiones), y demostrará una sed de violencia aterradora cuando decida vengarse de los pretendientes que quieren casarse con su esposa Penélope y hacerse con sus tierras. Junto con su hijo Telemáco provocará una carnicería digna hoy en día de un filme gore. Pero frente a la fuerza y la valentía de los héroes clásicos, Ulises utiliza sobre todo su inteligencia y su astucia, como cuando se hizo llamar Nadie ante Polifemo para que de este modo, cuando los otros cíclopes fueron en su ayuda y preguntaron quien le atacaba, este respondiera que «nadie». Hay así un elemento jocoso que nada tiene que ver con la gravedad de un Héctor o de un Aquiles. Ulises no es el más fuerte, ni el más bello, ni el más diestro en las armas, aunque destaca en todo. Es más bien un maestro del ardid, cuya astucia le permite adecuarse a distintas situaciones. Tampoco es hijo de un dios o posee un gran reino. Lo que más le caracteriza es su fuerte voluntad, la nostalgia, y su ansia por regresar junto a su familia.
Tráiler oficial de La odisea (Christopher Nolan, 2026). Crédito: cortesía de Universal Pictures.
Otro aspecto que es necesario destacar es que La Odisea no es sólo un relato de aventuras; podría ser considerado como uno de los primeros grandes relatos sobre la identidad. En él Ulises está continuamente: ocultando quién es, inventándose biografías, fingiendo y probando a los demás. De hecho, no sabemos hasta qué punto dice la verdad o exagera cuando recuerda su viaje. En cierto modo, se construye a sí mismo a través de su relato.
A pesar de que la historia de su regreso a la patria se ha convertido en un relato arquetípico conocido ya por todos, sus viajes en realidad ocupan solo un tercio del poema homérico. Los primeros cuatro cantos están dedicados a Telémaco y la búsqueda de noticias sobre su padre, cuando encontrará a personajes como Néstor, Menelao y Helena, quienes le narrarán el final de la guerra de Troya. En estos cantos se describe la penosa situación que vive Penélope, asediada por los pretendientes que se están comiendo literalmente su hacienda. A partir del canto V se cuenta cómo Ulises saldrá, tras siete años de estancia, de la isla de Calipso -ninfa enamorada de él que le ofrecerá la inmortalidad-, hasta llegar a la isla de los feacios, donde será acogido. Será frente a su rey Alcínoo, cuando Ulises cuente en primera persona todos sus fantásticos viajes y penalidades (cantos IX-XII), recurso que permite conocer mejor su peculiar personalidad y su extraordinario talento como narrador. La tercera parte, que va desde el canto XIII hasta el final, el XXIV -parte que ocupa casi la mitad del poema-, se centra ya en su estancia en Ítaca y en la lenta preparación de su venganza. Es un hombre que, después de tan largo viaje, demuestra una paciencia sobrehumana, y posterga su plan hasta el momento idóneo.
Uno de los elementos que más llama la atención de esta parte es su relación con el porquero Eumeo, a quien ocultará su identidad, igual que a su hijo Telémaco. Ulises no tiene así inconveniente en codearse con el pueblo llano. También hablará con su antigua nodriza, Euriclea, quien le reconocerá a pesar del disfraz. Son todos ellos personajes que han demostrado su fidelidad, lo que a Ulises más parece importar, y motivo por el cual seguirá durante largo tiempo disfrazado en su propia casa. Quiere distinguir a los leales de los desleales e impartir su brutal justicia. De hecho, el propio Ulises irá a su palacio y será humillado por los pretendientes que lo ocupan, de forma que comprobará el comportamiento de unos y otros. La hospitalidad es otro de los temas más presentes en este poema, tradición hoy ya perdida; cómo tratar a un invitado da igual su condición.

Matt Damon como Odiseo (o Ulises). Crédito: Universal Pictures.
La Odisea, como se puede apreciar, es un poema lleno de acción, giros narrativos, muertes violentas, monstruos, tramas paralelas, y hechos fantásticos, que deberían haber permitido poder ser adaptado al cine con mejor fortuna. Quizá la versión más recordada es la película protagonizada por un fantástico Kirk Douglas en 1954, Ulises (Mario Camerini, Mario Bava) aunque se trata de un producto irregular y de bajo presupuesto. Todo lo contrario de la nueva versión de Christopher Nolan, con un presupuesto de 250 millones de dólares, filmada en formato IMAX de 70 mm, con tres meses de rodaje, espectaculares localizaciones, y un elenco de actores extraordinario: Matt Damon como Odiseo (Ulises), Tom Holland como Telémaco, Anne Hathaway como Penélope, Robert Pattinson como Antínoo, el principal de los pretendientes de Penélope, Zendaya como Atenea o Charlize Theron como Calipso.
El resultado es un filme épico en todos los sentidos, en el que cada plano trata de demostrar su propia grandiosidad. Algo que ya vemos desde el comienzo, cuando se escenifica la famosa historia del caballo de Troya ideado por Ulises, tras la cual comienzan propiamente sus aventuras a través de mares embravecidos. A pesar de las licencias históricas, como el uso de un lenguaje demasiado actual y un diseño de vestuario un tanto anacrónico, Nolan busca la autenticidad a través de escenarios naturales. Un mundo agreste y peligroso que se siente casi de forma física en su filme, logrando transmitir la fuerza y la luz de las imágenes creadas por Homero. El diseño sonoro es igualmente espectacular, especialmente en escenas como la del monstruo Escila o las Sirenas. También la película destaca al recuperar la pasión por los relatos de aventuras clásicos que ya casi se había perdido, inspirándose en películas de los años sesenta como Jasón y los argonautas (Don Chaffey, 1963) famosa por los efectos especiales de Ray Harryhausen. Quizá el elenco de actores -demasiado- famosos puede sacar de la historia, ya que es difícil no ver a Matt Damon o Zendaya haciendo de ellos mismos (cosa que no sucede con un magnífico Tom Holland como Telémaco) y se echa de menos a un Ulises más ambiguo y fabulador. Aun así, en secuencias como la de Polifemo, La Odisea recupera ese espíritu antiguo, la pasión por las aventuras en estado puro, ya casi olvidada debido al abuso de una narrativa postmoderna y autoconsciente. Pero, más que nada, La Odisea de Nolan —que está al nivel de películas como El caballero oscuro (2008)— es un filme que se vive como una experiencia sensorial y emotiva —gracias a la escena con el perro de Ulises, Argos, o la ansiada venganza final—, que te hace navegar literalmente dentro del poema homérico.
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