Cómic

Feminismo, nuevas masculinidades y tabúes sociopolíticos: un viaje de ida al universo de Liv Strömquist

Irónica y sagaz. Polémica y reflexiva. Tremendamente ácida. Y divertida, muy divertida. A través de sus cómics, Liv Strömquist coloca sobre la mesa del debate público —con elegancia y mucho mucho desparpajo— temas como el feminismo posmoderno, el amor romántico, la menstruación y las nuevas masculinidades. Y lo hace, además, con sólidas bases culturales —es licenciada en Ciencias Políticas— y sin perder la sonrisa. Sean bienvenidos al universo Strömquist, un fascinante lugar del que nunca querrán escapar. «No siento nada», su última obra (edita Reservoir Books), es una puerta de entrada excepcional. Tienen nuestra palabra.
8 minutos

D. R.

En 2017, la estación de Slussen del metro de Estocolmo fue el centro de una polémica nacional: la exposición de dibujos de Liv Strömquist «The Night Garden» disparaba todas las críticas por una imagen que representaba a una patinadora sobre hielo que mostraba al levantar su pierna una marca roja con forma de corazón. Podía pensarse que en la avanzada y reconocida sociedad sueca la representación normalizada de la menstruación no tendría mayor repercusión, pero lo cierto es que Isprinsessa, una de las imágenes incluidas en su libro El fruto prohibido, resumía con acierto la hipocresía de una sociedad que, independientemente de su aparente avance, sigue estigmatizando el cuerpo de la mujer. 

Strömquist lanzaba un dardo guiado perfectamente al centro de esa amplia diana que representa los problemas que arrastra nuestra sociedad hacia las mujeres y que la autora sueca ha combatido desde un activismo que la ha llevado por radio y televisión, pero que ha tenido en el cómic su principal estandarte. Sus obras parten siempre desde una visión de compromiso feminista y político, pero destacan por la facilidad con la que hace accesibles argumentarios casi académicos. Practica una forma de ensayo en cómic que no huye de la rigurosidad académica, con un profuso uso de las citas que revelan una trabajada documentación, pero que con una facilidad pasmosa hace asequible a cualquier lector.

Si en El fruto prohibido (Kunskapens frukt, 2014) diseccionaba con lucidez la representación del cuerpo femenino y los tabúes creados a su alrededor, con especial foco en la menstruación, tanto en Los sentimientos del Príncipe Carlos (Prins Charles Känsla, 2010) como en su nueva obra, No siento nada (Den rödaste rosen slår ut, 2019), abre el debate del amor romántico desde la perspectiva de una sociedad que tiene que asumir la cuarta ola feminista y el movimiento #MeToo. 

Y la fórmula que utiliza es tan atrevida como efectiva: parte de una estricta revisión de la investigación sociológica, desde el feminismo postestructuralista y posmoderno a la teoría queer, pero rompe todo anatema del elitismo académico mezclando las referencias filosóficas con personajes del star system y de la prensa del corazón. Una bomba conceptual y metodológica que es capaz de partir de las novias de Leo DiCaprio para acabar con los planteamientos de Eva Illouz en un hilado de ideas que, paradójicamente, no solo funciona, sino que está lleno de una lógica incontestable que lleva con facilidad a la reflexión. 

Planteamientos bien engrasados además con una aplastante ironía que completa las partes de una ecuación casi perfecta: Strömquist logra a través de sus obras llevar a sus lectores y lectoras allí donde quiere tenerlos, en una posición incómoda que obliga a sacar conclusiones con todos los argumentos posibles expuestos. No hay salida posible, Strömquist ha sido exquisitamente sincera en la exposición de sus razonamientos, se ha desnudado para expresar sus dudas y cuestionar todas sus preconcepciones, obligando al que lea su obra a iniciar el mismo proceso, a sabiendas de que los lugares de destino no tienen por qué ser los de la autora. 

Interiores de No siento nada. Cortesía de Reservoir Books.

Las obras de Strömquist son misiles teledirigidos contra los prejuicios y las incoherencias de una sociedad que se resiste a deshacerse de los estigmas del pasado, pero atacándolos con una precisión quirúrgica que busca la comprensión de los cambios sociológicos que estamos viviendo, no simplemente dinamitándolos: sus cómics no se quedan en la apariencia, sino que van directamente a las raíces, a entender las causas de por qué somos como somos para comprender cómo un sentimiento tan universal como el amor está mutando más allá del empuje feminista o la aparición de nuevas masculinidades, contextualizándolo en un profundo cambio cultural impelido por las transformaciones económicas. Puede parecer un ambicioso objetivo, pero es indudable que los tebeos de la autora sueca lo consiguen sin renunciar a la sonrisa.



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