Tessa Hulls y la herida heredada: el viaje íntimo de «Alimentar a los fantasmas»
Diez años le ha llevado a Tessa Hulls plasmar en viñetas su dolorosa historia familiar, encabezada por una abuela aquejada de un profundo trauma psicológico que fue perpetuado por la madre de la autora en la figura de su hija. Con un pie en la documentación histórica sobre la dictadura comunista china del siglo veinte y otro en la contextualización clínica de las experiencias vividas con las dos mujeres con las que creció, la escritora y dibujante estadounidense firma «Alimentar a los fantasmas» (Reservoir Books, 2025), una de las autobiografías más oscuras y lacerantes que nos ha dado la novela gráfica, una obra que ya ha hecho historia al alzarse con el Premio Pulitzer (la segunda vez en la historia que lo logra una novela gráfica: en 1992, Art Spiegelman lo consiguió con «Maus»).
Por Carmen Cocina

Hay empresas que perforan el alma, gestas intimidantes que uno siente como una misión, ritos que realizar para saldar cuentas con el pasado. Para muchos, como Tessa Hulls, esta batalla se ha librado en la escritura: la pluma deslizándose libre por la hoja en blanco, materializando cada recuerdo, cada estado de mente, hurgando en los abismos de la psique y el trauma. A ella le llevó toda una vida decidirse y diez años ejecutarlo. El resultado es Alimentar a los fantasmas (Reservoir Books, 2025), una oscura autobiografía en cómic en la que Hulls ahonda en las verdades incómodas de su familia y pone el dedo en la llaga al revelar las dinámicas tóxicas de los cuidados con un retrato generacional ascendente y matrilineal en el que el perdón y el agradecimiento se confirman como la única respuesta sanadora a los errores que se cometen por amor maternofilial. Honesto, brutal y angustiante por momentos, este retrato sobre los conflictos de las relaciones madre/hija y las infiltraciones de los trastornos mentales en la crianza, que arranca en la China comunista de 1920 y desemboca en los Estados Unidos contemporáneos, revela los claroscuros de una pulsión tan primaria como la maternidad con un trasfondo vagamente optimista: donde hay amor hay curación.
Ver más
LENGUA: ¿Cuándo y cómo decidió escribir este libro?
Tessa Hulls: Llevaba toda la vida intentando contar esta historia. Me llevó veinte años ponerme a ello porque no sabía cómo afrontarlo. Cuando cumplí los treinta me sentí preparada para ponerme a ello. Lo primero que hice fue hablar con mi madre y decirle que necesitaba hacerlo. Leí, leí y leí hasta que entendí lo que necesitaba saber, especialmente sobre la historia de China y las memorias de mi abuela. Tenía un mapa cronológico estupendo para indagar en el periodo histórico en el que ella vivió: nació el primer año de la Guerra Civil China. Mi libro se encuadra en la historia de China desde entonces hasta el final de la Revolución Cultural, así que leí toda la historia de su país desde 1927 hasta 1976. En total, me llevó diez años escribir el libro. Había mucho que contar e investigar y muchos pasos que dar, empezando por traducir las memorias de mi abuela al inglés. Los dibujos, las palabras y la estructura también me llevaron mucho tiempo.
LENGUA: ¿Por qué decidió hacerlo en forma de novela gráfica?
Tessa Hulls: Sabía que era la única formar de plasmar lo que quería contar, y la que más impacto emocional podía dar a la historia. Si hubiera escrito un libro académico habría tenido novecientas páginas y nadie lo leería. Pero algunas novelas gráficas -como Maus o Persépolis- me enseñaron que esta disciplina resulta muy emotiva y al mismo tiempo condensa notablemente la información.
LENGUA: Retrata una historia matrilineal de su familia, en la que los padres, maridos y amantes son secundarios. ¿Cree que el hecho de que los tres miembros de su familia que retrata (su abuela, su madre y usted misma) fueran mujeres tuvo un impacto diferente en sus relaciones con sus descendientes y antepasados que si hubieran sido hombres?
Tessa Hulls: Las relaciones madre/hija son lo más complicado del mundo. Ceñir la historia a las mujeres de mi familia se alinea con el hecho de que eran las mujeres quienes asumían los roles de la responsabilidad familiar y quienes contaban sus recuerdos. Si no hay hombres en el libro es porque no asumieron esa responsabilidad ni sufrieron los daños.
LENGUA: ¿Cree que los vínculos y las expectativas son diferentes hacia una madre que hacia un padre, hacia una hija que hacia un hijo?
Tessa Hulls: Mucho. Los roles de género son algo que he explorado mucho en este libro. Mucha gente me pregunta por la relación de mi hermano con mi madre, y lo cierto es que era totalmente diferente a la que manteníamos ella y yo. Él no tuvo que enfrentarse al miedo y al control que mi madre ejerció sobre mí. Por otro lado, la sociedad china tiene una consideración muy diferente hacia los hombres que hacia las mujeres.
«Ceñir la historia a las mujeres de mi familia se alinea con el hecho de que eran las mujeres quienes asumían los roles de la responsabilidad familiar y quienes contaban sus recuerdos. Si no hay hombres en el libro es porque no asumieron esa responsabilidad ni sufrieron los daños».
LENGUA: En el libro apenas menciona a su hermano. ¿Cómo es su relación con él? ¿No vivieron juntos de niños?
Tessa Hulls: Nos llevamos solo un año y medio, así que crecimos juntos, pero somos muy diferentes. Respondimos a la disfuncionalidad de mi familia huyendo en direcciones opuestas, así que no tenemos mucho en común.
LENGUA: Según entendemos en su libro, la enfermedad mental de su abuela no era genética, sino que la adquirió a causa de los malos tratos políticos y la tortura. Según su experiencia, ¿cómo puede un síndrome adquirido afectar a la generación siguiente cuando se convive con esa persona?
Tessa Hulls: Los traumas se transmiten de generación en generación a través de las personas que nos cuidan. Lo que alguien no ha resuelto acerca de sus relaciones afectivas lo perpetuará en su descendencia. En otro mundo la vida de mi abuela podría haber sido diferente, si alguien le hubiese brindado las herramientas para procesar y superar lo que había sufrido, pero una vez que mi madre se mudó con ella a Estados Unidos no tuvo otra opción que permanecer aislada, porque nadie salvo mi madre hablaba su idioma, ni siquiera yo. Esa tragedia quizá podría haberse evitado si hubiera contado con una comunidad de apoyo. Pero no la tenía, así que se hundió más y más en su pasado.
LENGUA: Escribe en su libro que su madre entendía el amor fraternal como cuidado y sacrificio. ¿Cómo lo entiende usted?
Tessa Hulls: El único rol que conoció mi madre fue el de los cuidados. Se sentía atrapada por él, y yo sentí que ella quería más libertad pero no sabía cómo conciliarla con sus obligaciones como madre. Le estoy muy agradecida por todo el amor que me dio, incluso aunque ese amor haya resultado dañino para mí.

Tessa Hulls. Crédito: Gritchelle Fallesgon.
LENGUA: En su libro habla de epigenética. Según su experiencia y la de su familia, ¿en qué medida cree que somos producto de nuestros genes y en qué medida producto del entorno o de las experiencias adquiridas, incluso las de nuestros antepasados?
Tessa Hulls: Creo que es una combinación de ambos factores. Hay ciertas inclinaciones genéticas que disparan el riesgo, pero nuestra forma de relacionarnos con el entorno que nos rodea y la sensación de la seguridad y de tener un objetivo es mucho más importante. Por eso yo he priorizado tener unas relaciones personales ricas.
LENGUA: Dice que tuvieron una relación cómoda y amorosa hasta los diez años. ¿Qué cambió entonces?
Tessa Hulls: Esa es la edad en la que un niño empieza a forjar su identidad individual, y mi madre no vio esa separación como algo natural, sino como síntoma de que estaba sumergiéndome en la misma enfermedad mental que mi abuela. Eso nos sumió en una oscuridad muy dolorosa y conflictiva.
LENGUA: ¿Cómo consiguió escapar de eso?
Tessa Hulls: Huyendo, literalmente. Empezó a gustarme pasar mucho tiempo sola: hacer largas rutas en bici por la montaña, perderme en el bosque... Todo eso me aliviaba mucho.
«Los traumas se transmiten de generación en generación a través de las personas que nos cuidan. Lo que alguien no ha resuelto acerca de sus relaciones afectivas lo perpetuará en su descendencia. La terapia es una herramienta poderosísima para que la gente sane sus historias rotas».
LENGUA: Desconfía de lo que su abuela escribe en sus memorias; por ejemplo, sospecha que su relación con su abuelo no era tan romántica como ella dice y que, al contrario de lo que escribe, su mirada de enajenada no era deliberada. ¿Por qué?
Tessa Hulls: Cuando leí las memorias de mi abuela mi historia se hizo mucho más compleja. Las escribió justo al principio de su primera crisis nerviosa. Pensé que cuando escribes unas memorias creas deliberadamente un personaje: eliges qué contar y qué no. Lo que yo vi en ellas fue a una mujer joven que estaba aterrorizada y que fingía no estarlo. La cuestión de qué creer de ello y qué no se convirtió en algo fundamental en mi libro.
LENGUA: Me ha llamado la atención que, mientras que en China Sun Yi fue hospitalizada en una institución psiquiátrica, cuando se mudó a Estados Unidos a finales de la década de 1970 con su hija, encontró recursos disponibles para ella, principalmente medicación y terapia. ¿Qué diferencia puede suponer en la vida y el bienestar de una persona?
Tessa Hulls: La terapia es una herramienta poderosísima para que la gente sane sus historias rotas. Pero mi abuela, cuando llegó a Estados Unidos, solo contaba con atención psiquiátrica, no psicológica: nadie hablaba su idioma. Sin entenderla, no podían ayudarla.
LENGUA: Durante la revolución comunista china, el partido animó a los campesinos más pobres a asesinar sin piedad a aquellos campesinos que no eran tan pobres como ellos. Esto es lo contrario de una de las dinámicas más comunes del capitalismo: enfrentar al penúltimo peldaño de la sociedad contra el último, convencerlos de que los más pobres, y no las élites, son sus enemigos. ¿Cómo cree que pasamos realmente de un extremo al otro?
Tessa Hulls: Los extremos se parecen. La historia nos ha enseñado cómo los regímenes totalitarios alientan a distintas facciones del pueblo a enemistarse las unas con las otras. Ese es su componente más importante: el enemigo común, que distrae la atención sobre el verdadero problema estructural.
LENGUA: Se describe a sí misma como una vaquera. ¿Por qué?
Tessa Hulls: Quería tratar el conflicto entre mi madre y yo como un choque cultural. Me pregunté: ¿cuál es el mito estadounidense por antonomasia? Y es ese, el vaquero: alguien que cabalga y desaparece al atardecer cada vez que hay algo que no quieren afrontar. Ese personaje era el opuesto al de la tradicional buena hija china. Con ello quería representar la antítesis de las normas culturales, que son muy limitantes.

Fotos escaneadas de Tessa Hulls. Aparecen su madre, Rose Kappeller Hulls, y su abuelo, Wills Kappeller. Crédito: Getty Images.
LENGUA: ¿Cómo fue crecer siendo mestiza en Estados Unidos, especialmente cuando su aspecto es prácticamente blanco? ¿Qué reacciones encontró a lo largo del camino cuando revelaba que tenía ascendencia china?
Tessa Hulls: La gente me percibía en función de lo que sabía de mí: mestiza, blanca, asiática... Aprendí a sentirme a gusto en ese espacio intermedio. Eso sí, a Estados Unidos no se le da bien encajar la complejidad, así que la pregunta de «¿pero tú qué eres?» saltó a la palestra bastante a menudo.
LENGUA: Una de las tácticas del Partido Comunista que describe en su libro es especialmente devastadora: la reforma del pensamiento, que consiste en obligar a un sospechoso a escribir una confesión de delitos que no ha cometido, luego acusarlo de mentir y obligarlo a escribir diferentes confesiones una y otra vez hasta que ya no sabe qué es verdad ni quién le creerá. ¿De dónde viene este tipo de tortura y cómo cree que afectó a su abuela?
Tessa Hulls: Tras el proceso, los afectados ya no se fiaban de nada de lo que pensaban. El gobierno comunista quería reconfigurar los pensamientos de los ciudadanos para que fueran obedientes y, por lo tanto, no peligrosos. El resultado fue que los afectados dejaron de relacionarse con las personas que les rodeaban: se volvieron miedosos y paranoicos, que es lo que le pasó a mi abuela y a miles, millones de personas más.
«Muchos países se han ido deslizando hacia el nacionalismo y el autoritarismo, lo que demuestra que no hemos aprendido nada del pasado. Mucho de lo que sucedió tras la fundación de la República Democrática China se está repitiendo hoy en día en muchos lugares del mundo».
LENGUA: Dice que su madre estaba tan desesperada por evitar que desarrollara una enfermedad mental que la llevó a diferentes psiquiatras que decían tonterías sobre usted y, al final, esa estigmatización y ese estrés la afectaron mucho, provocándole ansiedad y depresión. ¿Cómo lo superó? ¿Cree que sigue siendo tan fácil etiquetar a un niño sano como perturbado o problemático si sus padres lo dicen?
Tessa Hulls: Me gustaría pensar que eso ha cambiado, y probablemente ahora estemos mucho más concienciados de que la salud mental de cada uno se inscribe en un cuadro mucho más grande, en el que las dinámicas personales en las que están insertos pesan mucho. Cuando mi madre me llevó a todos esos psicólogos y psiquiatras, esa concienciación no existía, y nadie se fijaba en el trauma que arrastraba ella ni se preguntaba por qué insista tanto en que yo no estaba bien. Para liberarme de ello, me alejé de mi familia hasta que encontré las fuerzas suficientes como para volver, que es lo que cuento en mi libro.
LENGUA: Algo que cuenta sobre los medios de comunicación comunistas en China es que publicaron algo que no era cierto para que se convirtiera en cierto; por ejemplo, haciendo creer a los campesinos que otros campesinos estaban entregando sus sueldos al partido, ellos mismos acabarían haciéndolo. ¿Cree que este tipo de sugerencias interesadas también son habituales en los medios de comunicación actuales, incluso en las democracias modernas?
Tessa Hulls: Sí. Vivimos en la era de la posverdad y no sabemos manejarlo, especialmente las redes sociales y sus algoritmos. Cada uno se ha forjado su propia realidad, no hay consenso. Si nos remontamos a la época del comunismo que vivió mi abuela en China, sus técnicas eran absolutamente ingenuas en comparación con los deepfakes y la sofisticación de las fake news que dan forma a la realidad, en lugar de dejar que sea la realidad lo que reflejen las noticias.
LENGUA: Conoce a fondo las atrocidades del régimen comunista chino: asesinatos aleatorios, violencia, terror, campos de trabajo, tortura psicológica, incluso canibalismo. ¿Crees que la gente es más consciente de los daños y atropellos del fascismo y el capitalismo, al menos la gente occidental? ¿Es diferente en China?
Tessa Hulls: No conozco lo suficiente la China contemporánea como para responder a esa pregunta. Sí es cierto que muchos países se han ido deslizando hacia el nacionalismo y el autoritarismo, lo que demuestra que no hemos aprendido nada del pasado. Mucho de lo que sucedió tras la fundación de la República Democrática China se está repitiendo hoy en día en muchos lugares del mundo.
LENGUA: ¿Cuáles son las principales diferencias culturales que has observado entre China, Hong Kong y Estados Unidos?
Tessa Hulls: En Estados Unidos hay un gran espacio para la individualidad y el inconformismo: la audacia del sueño americano no existe en ningún otro lugar. En cuanto a Hong Kong y China, la diferenciación de sus valores culturales está poniéndose de relieve cada vez más: China no está cumpliendo las promesas que asumió cuando los británicos le devolvieron Hong Kong, y hay toda una batalla existencial acerca de lo que significa ser chino y lo que significa ser hongkonés.
LENGUA: ¿Cuál es su estado de ánimo actual?
Tessa Hulls: Muy bueno. Tenía una misión que cumplir y por fin lo he hecho.

