Claudia Piñeiro: «Palabras tenemos, lo que no sabemos es dónde está la verdad y dónde está la realidad»
Verónica Balda es periodista y conduce uno de los programas de radio más escuchados de la mañana. Cierto día, recibe una noticia que cambiará por completo el curso de su vida: una joven cayó de un quinto piso en el barrio de Recoleta. El departamento pertenece a un reconocido empresario agropecuario y la muerte de la mujer es mucho más que una noticia alarmante. Verónica sabe quién es: una historia densa y secreta las conecta... En «La muerte ajena» (Alfaguara, mayo de 2025), Claudia Piñeiro desnuda, a través de la siempre fascinante posibilidad de la ficción, uno de los vínculos más oscuros, íntimos y antiguos: el de la prostitución VIP con el poder de turno. La gestora y creadora cultural Cristina Consuegra habla con ella en exclusiva para LENGUA.

Claudia Piñeiro. Crédito: Alejandra López.
En La muerta ajena (Alfaguara, 2025), Claudia Piñeiro despliega una literatura de alto vuelo que le permite aproximarse a todas aquellas variables sobre las que estamos asentando las sociedades occidentales a un ritmo vertiginoso que impide la reflexión y el mirar crítico. Pilares vinculados a la lógica tecno capitalista y cuyos elementos definitorios solicitan la suspensión de lo humano, todas aquellas características que conforman nuestra biografía común.
A partir de la vida de la protagonista de esta novela, Verónica Balda, Piñeiro desarrolla una historia de fuerte pegada social que le permite abordar asuntos como la crisis del periodismo, el avance de los populismos, la estrategia infalible de lo hegemónico masculino y el uso de los cuerpos de las mujeres en una sociedad hipersexualizada.
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LENGUA: Me interesa que comencemos la conversación a través de esa primera página con la que nos das la bienvenida, una primera página tan sumamente literaria, y, al mismo tiempo, tan contundente en el desánimo. Parece que prepararas al lector para la sacudida. ¿Hay más de advertencia, seña de identidad o declaración de intenciones?
Claudia Piñeiro: Creo que esta primera página, de alguna manera, empieza a pintar y describir el mundo de Verónica Balda, la protagonista de La muerte ajena. Cuando una presenta un personaje puede hacerlo directamente, pero también puede hacerlo presentando su mundo. Hay varios datos fundamentales sobre ella, y su mundo, en esa primera página. Trabaja en la radio, se levanta muy temprano porque tiene presente que el mundo amanece, pero que también podría no hacerlo porque a ella le interesa pensar el mundo desde las cuestiones ecológicas y del medio ambiente. Ella es consciente de que el mundo puede que, algún día, no amanezca por esos temas o por otras catástrofes que tenemos encima. Sobre esto, me interesa mucho que ella se presente como una superviviente de catástrofes. Todo esto descrito y presentado desde este lugar genera en el lector una inquietud relacionada con esas catástrofes que ella pasó -cuáles son, ¿no?- y una advertencia acerca de que probablemente se viene una nueva catástrofe que desconocemos. Así que, sí, creo que como dicen Edward Said y Amos Oz, en sus libros sobre los comienzos en la escritura - La historia comienza, en el caso de Amos Oz, y Beginnings, en el caso de Said-, en esos primeros párrafos el escritor establece los límites del mundo que va a contar, y, de alguna manera, hace un contrato de lectura con el lector y le dice mi historia va a ir por acá. Creo que, en esa página, están esas bases: por dónde va a ir la historia y cuál es el mundo que estoy delimitando con esas palabras.
LENGUA: No nos movamos todavía de este gran inicio. En estos primeros pasos de La muerte ajena, ofreces al lector todo un ramillete de ideas que te sirve de suelo sobre el que ir transitando a través de la vida de su protagonista. Sabemos que la cosa no es fácil ni cómoda ni, ante todo, complaciente, pero de eso va la vida, ¿no?, de saber manejar todos los ingredientes. Propios y ajenos. En esta primera página escribes: «El territorio que será devastado» y esta frase resuena como un eco del que no se puede huir conforme la novela avanza porque, precisamente, a lo que nos invitas es a pensar una idea de mundo que está siendo devastado desde los mimbres de nuestro tiempo: la humanidad como lugar que será devastado.
Claudia Piñeiro: Hay cuestiones que son extraliterarias en esta respuesta y que tienen que ver con aquello que podemos hacer cada uno de nosotros, qué lugar ocupamos en la sociedad para que esto no suceda. En ese sentido, yo tengo un activismo en distintas causas, he participado en reuniones que tienen que ver con el ecologismo con el fin de evitar precisamente esa destrucción tan próxima de la humanidad y hoy parece que la destrucción de la humanidad está más cerca que nunca, por cierto. Pero no debemos parar sólo nuestra mirada en los asuntos que tengan que ver con el ecologismo, la bajada de presupuestos en las bibliotecas populares también es la destrucción de la humanidad porque es un lugar de encuentro comunitario. Con esto te quiero decir que todo aquello que tenga que ver con lo común, con los lugares comunitarios de participación y de representación se presentan como un contrapoder, lugares donde pueden empezar ciertas revoluciones.
LENGUA: Como en las heroínas del diecinueve literario, Verónica encuentra en el estudio, primero, luego en el trabajo, el único refugio posible ante una vida que pone todo su empeño en desmoronarse. Qué hacer ante tanto desprecio a la idea, al esfuerzo que se vincula al conocimiento. El rigor en aquello que se hace.
Claudia Piñeiro: La protagonista tiene una cicatriz en todo lo que tiene que ver con lo afectivo, constituye la fortaleza de su personalidad en el trabajo. Estudió la carrera y trabajó con ahínco para ser la periodista que es. Ella se siente muy segura en ese plano, en el plano de trabajo, en el plano profesional. Le falta una pasta, que es la afectiva. Todo lo que tiene que ver con el pasado está obturado y todo lo que tiene que ver con el presente está adormecido. Para ser una persona completa tendría que tener las dos partes equilibradas. Pero, mientras tanto, para protegerse del dolor, ella apuesta por lo profesional y desde ahí establece su base de operaciones.
LENGUA: Esa cicatriz que mencionas, guarda relación con un tema que se presenta fundamental para comprender la envergadura de La muerte ajena. Me refiero al desamparo. La protagonista pierde a su madre y su padre. La relación con su compañero es una relación cómoda, ese tipo de historias que se eligen para no estar solo en la vida. ¿Cómo se ve afectada la naturaleza de Verónica por ese desamparo que tan bien trazas y calibras en la novela?
Claudia Piñeiro: Ella queda sola enseguida, así es, con un padre ausente y una madre que fallece. Verónica está buscando, en todo momento, ese amparo perdido, arrebatado. Y lo logra en una jefa, en una redacción, en un trabajo en el que echa raíces, me interesa que tengamos presente esta intención última. De su jefa, Leticia Zambrano, por ejemplo, quiere aprender todo de ella. Ese vínculo es su cable a tierra, por lo tanto, es un amparo que ella encuentra en el trabajo y que conforme la historia avanza vemos que aparecen complicaciones en ese territorio. Además de ese amparo que puede ser físico, por así decirlo, existe otra cuestión que le concede otro tipo de amparo y que es la seguridad que ella siente respecto al trabajo, ten presente que es el sostén de ese hogar de dos, ella tiene un trabajo importante, le pagan bien, frente a su pareja que tiene ingresos aleatorios como escritor que imparte talleres ya que no siempre logra publicar. Cuando te sientes segura en una parte de tu vida eso ya te deja bien plantada, si a ella la hubieran echado del trabajo pues estaría desarmada, pero, por lo menos, logra hacer pie en su profesión por eso se la toma tan en serio y le molesta tan profundamente los nuevos usos y costumbres del periodismo pues su profesión es el lugar en el que se refugia.
«En la literatura, me interesa encontrar preguntas abiertas, debates que no tienen conclusión, sino que quedan en mi cabeza cuando leo un texto para seguir pensando».
LENGUA: Siguiendo con este personaje que citas, Leticia Zambrano, juega un papel fundamental en la vida de la protagonista. Primero, como espejo, luego, como bruma que muestra cómo todo vínculo es quebrantable.
Claudia Piñeiro: Verónica considera a Zambrano, su jefa, todo un referente y le concede toda su admiración. Para ella representa esa figura materna, pero también paterna debido a ese desamparo que comentábamos antes. Tener ese referente es recuperar una figura que ella había perdido muy tempranamente, por eso es que funciona de esa manera que señalas, como un personaje en el que ella deposita todas las ilusiones, una jefa a la que quiere imitar, hasta que Zambrano comienza a mostrar esas zonas grises y contradicciones que toda persona tiene. Es, en ese momento, donde Verónica debe decidir dejar de apoyarse en ella y apostar por sí misma, es decir, quién es sin su jefa. Se tiene que centrar en construir la Verónica que quiere ser.
LENGUA: ¿Cómo de importante es el deseo en la vida de Verónica Balda?
Claudia Piñeiro: Ella está anestesiada, de algún modo. Aprendió a anestesiar el dolor que brota de su historia familiar y eso, cuando el dolor se duerme, el deseo también baja. Si uno quiere bajar la ansiedad y tomas pastillas, el deseo baja. Ella se anestesió a sí misma para soportar el dolor. Tiene una vida en pareja cómoda, sin embargo, cuando se sumerge en las profundidades y comienza a pensar en la persona con la que está, por qué tiene la relación sexoafectiva que tiene con esa persona y si tiene ganas de vivir de ese modo, aquí es donde puede aparecer el dolor, dejar de hacer efecto la anestesia y aparecer el deseo. De todas maneras, en nuestro siglo el deseo, en general, está bastante anestesiado tal como señala en sus estudios Luigi Zoja, por ejemplo. Verónica no deja de ser parte de la sociedad y de los tiempos que vivimos.
LENGUA: Hablemos del ejercicio del periodismo. Cuando los medios de comunicación fallan, fallan las sociedades contemporáneas. Nos narras un cambio de ciclo en la trayectoria de Verónica Balda, el paso de una redacción convencional a la radio con ese nuevo lenguaje y formatos. Esto te permite abordar muchos de los problemas del actual periodismo contemporáneo.
Claudia Piñeiro: Sí, es curioso. A través de ella, de su visión del periodismo, en realidad, estamos alcanzando temas que afectan a las sociedades contemporáneas. Cuando ella se queja del frenesí de las redacciones, de la falta de profundidad de los contenidos, en realidad, está contando algunos de los males contemporáneos de nuestra sociedad. Por ejemplo, pensemos en la actual obsesión que tenemos con la imagen. Esto ha llegado a alcanzar el puesto de trabajo de Verónica. Antes, podías acudir a la radio con ropa más cómoda, pero, ahora, con esas cámaras que muestran la vida de los trabajadores en directo obligan a mantener cierto nivel estético y esto es así porque se suma a los contenidos de los medios, es decir, la imagen del propio periodista forma parte del contenido de la noticia. El propio periodista se convierte en parte de la información y esto es altamente preocupante. Sobre el tema de los contenidos. Cuando Verónica se entera de la noticia de la muerte de esa mujer «que cae del quinto piso de una torre del barrio de Recoleta» sus compañeros varones, aliados, se le filtra el prejuicio una mirada que podríamos llamar ancestral. Se le filtra esa mirada patriarcal que a ella tanto le incomoda y aquí es donde debe actuar el buen periodismo y el buen periodista.

Claudia Piñeiro. Crédito: Alejandra López.
LENGUA: ¿Qué hacer ante el avance del populismo, de la manipulación ideológica, dentro del periodismo?
Claudia Piñeiro: Voy a compartir contigo una receta personal que no quiere decir que sea ni la mejor ni que sirva para todo el mundo: en estos momentos, de altísima falsedad en toda la información que nos llega de distintos lugares, incluso de medios reconocidos, lo que busco es la firma de autor. Hay medios con los que no coincido, pero en ellos hay dos, tres, cuatro periodistas que lo que dicen es certero y está basado en un análisis profundo. Incluso así, puede que nos encontremos con algún error en esa información, pero creo que, en estos casos, si hay errores es porque todos nos equivocamos. Con esto te quiero decir que, ahora, más que nunca, busco la firma, el nombre del profesional que me informa sobre algo. Es la única manera de protegernos frente a ese anonimato que permite decir lo que sea sobre quien sea. Hay que volver a la fuente con firma. Es un buen camino para protegernos.
LENGUA: La cuestión de género resulta fundamental para La muerte ajena. Ya no sólo en la propuesta argumental, sino también por la apuesta que haces en torno a los personajes femeninos, ya sean secundarios o protagonistas. Son diversos, contradictorios y complejos. Se agradece esa riqueza a la hora de abordar la naturaleza de estas mujeres.
Claudia Piñeiro: A mí me gusta mucho una frase de David Lodge que dice que «toda novela es el desarrollo de la conciencia de los personajes» y es lo que trato de hacer: contar quiénes son los personajes. Las protagonistas de esta novela son básicamente mujeres, con algún personaje secundario masculino importante, incluso el personaje masculino que el marido de Verónica crea tiene trascendencia, los hay; pero, sin duda, las protagonistas de La muerte ajena son Verónica y su hermana Juliana. Me esfuerzo mucho por comprender quiénes son esas mujeres, de dónde vienen, adónde se dirigen, cuáles son sus conflictos, cuáles sus contradicciones. Qué hacen cuando se encierran en el baño y nadie las ve. Qué guardan y no confiesan a nadie. Cuál es su secreto más profundo. Seguramente, por intereses personales me aparecen más fácilmente los personajes femeninos y me gusta mirar el mundo desde su punto de vista, por eso tienen esa preponderancia. También para darles un lugar que no tenían antes. Venimos de siglos y siglos de una literatura protagonizada por hombres, de un sesgo que nos dejaba fuera, hemos sido educadas desde lo universal masculino. A nosotras no se nos ocurriría decir no voy a leer Cartas al padre, de Kafka, porque si es una historia de un padre e hijo varones, esto no es para mí. No lo diríamos, en cambio, nos hemos cansado de escuchar a hombres que dicen que determinadas novelas son para mujeres. Por suerte, esto está cambiando y la nueva generación de lectores amplían el universo y elimina el sesgo; leen novelas protagonizadas y escritas por mujeres del mismo modo que las escritas y protagonizadas por hombres.
«Las protagonistas de esta novela son básicamente mujeres (...) y me esfuerzo mucho por comprender quiénes son esas mujeres, de dónde vienen, adónde se dirigen, cuáles son sus conflictos, cuáles sus contradicciones. Qué hacen cuando se encierran en el baño y nadie las ve. Qué guardan y no confiesan a nadie. Cuál es su secreto más profundo».
LENGUA: La filósofa andaluza, María Zambrano, dejó escrita la frase siguiente: «Toda política se dirige a un futuro, lo crea». A la luz de lo que planteas sobre el ejercicio del poder, en La muerte ajena, esta frase queda suspendida en el aire esperando que alguien la recoja, que se haga cargo de ella. ¿Qué debe ocurrirle a la política actual para que tengamos un futuro?
Claudia Piñeiro: Cuando hablo de esta novela, me parece importante hablar de la esperanza de futuro, es decir, no solamente de un futuro, porque siempre lo va a haber y puede que sea tremendo, inhóspito, sino que creo que lo importante es hablar de la esperanza de futuro porque la esperanza es lo que hará que tengamos una vida que nos guste y un lugar en el que poder vivir. En este sentido, cuando la novela plantea la historia de Juliana, la hermana de Verónica, que es una chica de clase media y que va a la universidad, ella no responde a los patrones que, por prejuicios, imaginamos sobre las mujeres que se dedican a la prostitución. Con esto quiero destacar que hay trabajos que, en pleno siglo veintiuno, los jóvenes aceptan por la ausencia de futuro porque falta esa esperanza de futuro. Se ha roto esa lógica del bienestar en la que, si estudiabas, terminabas los estudios, lograbas un trabajo, pues podías alquilar un departamento, y, al tiempo, comprar una casa, tener una familia, ... Todo esto se ha roto, ya no existe. Los jóvenes no tienen acceso a esta lógica porque sus vidas están precarizadas en todo ámbito. A raíz de la pandemia, aparecieron una serie de trabajos de acompañamiento, la prostitución VIP o escorts, incluso, trabajos relacionados con la sexualidad como los que se desarrollan en OnlyFans, donde chicas se muestran y exhiben sus fotos, chatean con quienes las miran, y que les dan unos ingresos muy rápidos y altos. Puesto que ese mundo prometido ya no existe, algunos jóvenes apuestan por tomar la ganancia de donde puedan. En el caso de los varones, sucede algo similar, pero es más habitual en el ámbito de las criptomonedas y en juegos online que también prometen un dinero rápido y elevado. Dicho todo esto, la política lo que debería de hacer es pensar en nosotros, en los ciudadanos, en el bien común, y dejar de pensar en los intereses personales y particulares de quienes están en el poder. Mi duda es cuál va a ser el nuevo sistema que funcione. Estoy segura de que esto que plantean las últimas derechas no es el sistema que va a funcionar, pero me parece que, como dice la frase de Gramsci, «mientras aparece lo nuevo surgen los monstruos» y yo lo que quisiera es que aparezca rápidamente lo nuevo, eso que nos va a permitir tener una vida, una sociedad y un mundo mejor.
LENGUA: La novela encuentra en lo relacional un eje vertebrador que le permite reflexionar sobre cómo estamos decidiendo relacionarnos en los distintos ámbitos de lo humano. Parece que fuera más fácil hacer daño, tratar indignamente, despreciar al otro, que ofrecer afecto y respeto. Una cuestión que, además, se ha precipitado desde la irrupción de la pandemia. En lugar de potenciar lo próximo, reforzar el afecto cotidiano, ha sucedido justamente lo contrario.
Claudia Piñeiro: Sin duda, hay una exacerbación de lo individual, del individualismo frente a lo colectivo. El otro, ese otro, al que tratamos, al que tratamos bien o mal, está en lo colectivo. Cuando las personas empiezan a pensar en lo individual, a pensar en sí mismas, a pensar que tienen que buscar su propia salvación sin preocuparse por los demás, suceden estas cuestiones de maltrato, desconsideraciones y perjuicios hacia otras personas. Eso se ve muchísimo en los últimos tiempos, en los discursos, incluso de los gobernantes, como en mi país, por ejemplo, que todo el tiempo hablan de las soluciones individuales, sin pensar que tenemos que también ser solidarios y hacernos cargo de situaciones sociales que afectan a otras personas y no necesariamente a nosotros. Eso hoy tiene mala prensa, hoy pensar en el otro no está bien considerado, hoy no ser un individualista que lo único que quiere es salvarse tiene mala prensa. Hace poco en Argentina, bueno, en todo el mundo, se estrenó la serie basada en un cómic argentino que se llama El Eternauta, de Héctor Oesterheld, con muchísimo éxito, y cuyo lema era «Nadie se salva solo». Creo que ese lema picó mucho en Argentina, mucho nos hicimos cargo de esa frase tan corta y que resume tanto, pero no es lo que parece abundar en la sociedad, sino más bien la salvación individual centrada en sí misma y, por lo tanto, egoísta.

Claudia Piñeiro. Crédito: Alejandra López.
LENGUA: Qué responsabilidad tenemos como ciudadanos en todo lo que nos sucede en este ahora tan frenético y en el que nada parece echar raíces.
Claudia Piñeiro: Yo soy de las que me hago responsable de muchas cosas, de muchas cosas a mi alrededor y que me pasan y que nos pasan en la sociedad y trato de pensar, bueno, qué parte de lo que hice o hago tiene que ver con estas consecuencias. Creo que tenemos que pensar que cuando hay una expansión tan impresionante de la ultraderecha en todo el mundo, mi país incluido, hay consecuencias, también son consecuencias de acontecimientos anteriores, de no haber satisfecho las demandas de un gran sector de la población que se sintió fuera del sistema, que se sintió que esos derechos que ahora nosotros pensamos que nos van a quitar, ellos tampoco los tenían antes o no sentían que los tenían antes o no sentían que importaban. Tenemos que hacer una revisión de esas cuestiones, pero más allá de eso, lo que está pasando en el mundo no tiene que ver solamente con que hay cosas que podemos haber hecho mal, tiene mucho más que ver con intereses económicos, con intereses económicos mundiales, que son movimientos calcados, uno ve lo que dice el presidente de Estados Unidos y es idéntico a lo que dice el presidente de Argentina y, probablemente, si yo supiera hablar otros idiomas diría que Orbán también está diciendo lo mismo, pero como no sé qué es lo que dice no lo puedo asegurar, pero no tengo duda de que todo el discurso de la ultraderecha y las políticas que plantean van hacia el mismo lado y de eso no creo que seamos responsables. Somos responsables, quizá, de que haya gente que hoy les crea tratando de mejorar una situación que no estaba bien tampoco antes y de no haber podido transmitir los peligros de aceptar esta alternativa como solución a esos déficits, pero de lo que está haciendo esta gente no somos responsables, eso es algo que la historia, la justicia y la sociedad le va a demandar en un futuro y tendrán que responder y probablemente pagar algún precio, porque lo que está pasando hoy en muchos de nuestros países tienen consecuencias gravísimas que, en algún momento, serán empujadas.
LENGUA: La prostitución aparece en La muerte ajena como parte de la vida de algunos personajes. Cuestión que te permite desarrollar una reflexión, en clave narrativa, sobre el ejercicio del poder masculino, los cuerpos de las mujeres y la hipersexualización de nuestro tiempo.
Claudia Piñeiro: Me interesaba mucho hablar sobre la sexualidad y el poder en el siglo veintiuno, relación que tiene algunas características diferentes a las anteriores, básicamente por el nivel de exposición. Me explico. Siempre hubo mucha relación entre el poder y la sexualidad, siempre hubo políticos, hombres poderosos, que han tenido amantes o que han recurrido a la prostitución, pero, anteriormente, todo esto era más discreto, los hombres mostraban una familia constituida, una mujer, unos hijos y, si tenían amantes o prostitutas, todo estaba más escondido. Hoy, hay una exhibición de la mujer sexualizada. En el caso de ese tipo de hombres, muestran y exhiben a este tipo de mujeres que, incluso, pueden llegar a ser esposas de ellos, fruto de segundos o terceros matrimonios; mujeres que se exhiben al lado de ellos, con una imagen hipersexualizada y que busca poner en valor el poder de ese señor. Es decir, el cuerpo de la mujer se convierte en mera mercancía porque se reduce a ello. Hay una sexualización muy exacerbada producto de las redes, de los medios, de todo aquello que tiene que ver con mirar un cuerpo y exponerlo. En el caso de la novela, hay un doble uso de las mujeres: estas mujeres son usadas para el trabajo sexual, pero también las usan los servicios de inteligencia para espiar a opositores. También las utilizan los partidos políticos que necesitan poner a alguna mujer en un cargo público, en un puesto, recurren a ellas porque saben que no tienen la preparación necesaria y son fácilmente manipulables. No me interesaba hablar tanto de la prostitución como del poder y cómo este poder se aprovecha de las prostitutas. Por eso no hay escenas de sexo en la novela.
«Siempre hubo mucha relación entre el poder y la sexualidad, siempre hubo políticos, hombres poderosos, que han tenido amantes o que han recurrido a la prostitución, pero, anteriormente, todo esto era más discreto, los hombres mostraban una familia constituida, una mujer, unos hijos y, si tenían amantes o prostitutas, todo estaba más escondido. Hoy, hay una exhibición de la mujer sexualizada».
LENGUA: Sobre este tema, el lenguaje y sus eufemismos. No querer nombrar la realidad para que la realidad no sea vista. La estructura híbrida que nos planteas se apoya en tres líneas a través de las cuales desarrollas la novela y guarda relación, precisamente, con la trascendencia de lo real y de la realidad.
Claudia Piñeiro: Hay poca cosa que no se pueda nombrar dentro de la sexualidad. Lo que hoy está en juego, fíjate, es la realidad o la verdad. Palabras tenemos, lo que no sabemos es dónde está la verdad y dónde está la realidad. No hay palabras para describirlas porque esa verdad es inasible, esa realidad es inasible. Lo que estamos viendo y quisiéramos llevar a palabras cambia permanentemente; nos muestran una cosa como verdad y, al rato, muestran lo que la contradice. Esto quise trasladarlo a la novela a través de la estructura como bien dices. Hay tres partes con tres versiones diferentes de los hechos. El lector debe pensar dónde está la verdad, quién miente, esto que nos está sucediendo justamente en la sociedad. Literariamente, el recurso que usé para ello es el narrador no confiable. El lector debe pensar y decidir.
LENGUA: Ante un volumen considerable de títulos publicados al año y vinculados al género negro, que, en ocasiones, poco cuidan este territorio, está tu mirada tan audaz a la hora de preservar el que posiblemente sea el principal objetivo del género: ahondar en los márgenes de nuestra realidad, desvelar lo que no (nos) es mostrado.
Claudia Piñeiro: Creo que se escribe muy buena novela negra y también se escribe novela negra, simplemente, para pasar el rato. Las dos intenciones son válidas según sea lo que el lector esté buscando. A mí me gusta pensar que lo que escribo son novelas, al margen del género. Esto es importante tenerlo presente. El género es algo que viene a posteriori porque así lo determina quien tiene que pensar qué es esta novela. Sí considero que La muerte ajena es una novela de personajes: quiero saber lo que les pasa, cuáles son sus conflictos, por qué están ahí y contar la sociedad en la que viven. Sin duda, para mí la sociedad no es un escenario, sino una protagonista de todas las historias que cuenta. Hay otros autores de novelas negras que se inclinan más por el juego del enigma, por resolver casos en el estilo puzle y le importa menos la historia de los personajes, de dónde vienen, quiénes son, a dónde van. A mí es al revés. Me interesa más la historia de los personajes que el enigma o el crimen que pueda haber aparecido en esa historia. Son simplemente instrumentos que me sirven para contar quiénes son esos personajes y para contar la sociedad en donde esos crímenes se cometen. No todas las sociedades se cometen el mismo tipo de crímenes y nos definen esos crímenes. Las novelas que escribo tienen elementos del género negro, pero subvierten la pregunta típica del género que es quién lo mató y por qué. En general no van a responder esa pregunta de quién lo mató y por qué, sino que responden otras preguntas y muchas veces abren preguntas que no son respondidas. En la literatura, me interesa encontrar preguntas abiertas, debates que no tienen conclusión, sino que quedan en mi cabeza cuando leo un texto para seguir pensando.

