David Toscana: «Los eventos trágicos dan la oportunidad para relatarlos con cierto sentido del humor. Es lo misterioso del humor»
«El ejército ciego» (Alfaguara, marzo de 2026), la nueva novela del escritor mexicano David Toscana, es la ganadora del XXIX Premio Alfaguara. Una «fábula oscura y poderosa», como la definió el jurado, que nace de una crónica de guerra en los Balcanes de hace más de mil años. El periodista y escritor David López Canales conversa con Toscana sobre uno de los episodios más crueles de la Historia, un acontecimiento reescrito por ahora el autor como epopeya de los vencidos.

David Toscana. Crédito: Daniel Mordzinski.
Es uno de los diálogos más célebres de la historia del cine. Sucede en la secuencia final de El hombre que mató a Liberty Valance. Un periodista acaba de escuchar la verdadera historia sobre la muerte muchos años atrás del bandido Valance y dice aquello de «esto es el Oeste. Aquí cuando la leyenda se convierte en hechos, publicamos la leyenda».
David Toscana (Monterrey, 1961) disponía de unos hechos entre la realidad y la leyenda. Un párrafo, tan solo un párrafo, de crónica histórica hallado en un códice bizantino del siglo XII que cuenta lo sucedido en el año 1014 tras la batalla de Kleidon o Clidio. Entonces el emperador bizantino Basilio II apresó a los quince mil búlgaros a los que acababa de derrotar, ordenó que les extirparan los ojos y los envío de regreso a su patria como una prueba viviente de la derrota y como una pesada carga para el país (quince mil hombres supuestamente inútiles hace diez siglos eran aún más hombres que hoy…). Su regreso resultó tan traumático que, cuenta la crónica en ese parrafito, Samuel, rey de los búlgaros, murió del impacto. De aquel relato entre la historia y la leyenda, de esa semilla, brota El ejército ciego, 229 páginas de novela en las que el escritor mexicano publica su leyenda.
Toscana había ganado ya numerosos premios a lo largo de sus tres décadas de carrera, entre ellos el Bienal de Novela Mario Vargas Llosa en 2023, y en enero sumó el Alfaguara. De El ejército ciego alabó el jurado que es «una lectura simbólica, casi mítica, sobre la guerra». También su «épica de los vencidos». Porque es la historia de una derrota, sí, pero Toscana no se regodea en ella, con lo jugoso que es el fracaso para lo literario. Al contrario. El suyo es el relato de una historia que no lo fue como ahora se cuenta, el fracaso transformado en victoria y la victoria contada en epopeya. O una fábula más, simplemente, de este narrador que empezó a contar cuentos de pequeño repitiendo los que escuchaba en un disco de 33 rpm de cuentos clásicos.
Toscana comienza ahora, tras la publicación de la novela en todo el mundo, una gira de meses en la que se encontrará con los nuevos lectores que el premio intuye que le traerá y a los que se enfrenta con cierto temor por cómo lo recibirán a él y a sus historias. La primera parada para averiguarlo será en Bulgaria, en mayo, en una cita con sabor a examen. Él sabe, como dice, que en la escritura no hay nacionalidades y que los escritores son «ciudadanos del mundo y podemos escribir de todo, incluso de mundos que no existen». Pero otra cuestión es la reacción de los descendientes de los protagonistas de esta historia con tantas lecturas, tan evocadora como cruda, tan abierta a la interpretación subjetiva. Sirva una frase como ejemplo. «Como si uno viniera al mundo solo a ver», dice uno de los ciegos de la historia. Y ahora que ponga cada uno el adjetivo final que prefiera.
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David López Canales: Al buscar tu nombre en Google lo primero que aparece es la entrada de la Wikipedia y una foto donde estás sentado en un bar, mirando indeciso una cerveza y una copa de vino y un montadito de jamón y otro de boquerón y anchoa sin tocar sobre la mesa. Resulta una fotografía curiosa, poco frecuente para ser la primera que aparezca, y me preguntaba si dice esa foto dice algo de ti…
David Toscana: Pues es una foto que yo no sé cómo se fue manoseando para llegar ahí, pero tiene que haberla subido alguien cercano. Y me gusta la foto, porque estoy en la cervecería Cervantes de Madrid, que para mí es importante. Además, el vino y la cerveza siempre me han acompañado. ¿Y qué dices que tengo…?
David López Canales: Dos montaditos, como los llamamos en España, dos bocadillos pequeños, uno de jamón y el otro, muy típico, de anchoa con boquerón...
David Toscana: Ah, no había llegado a tanto al ver la foto… Estoy bien con esa foto, porque me la he encontrado yo también, aunque nunca la he usado. Muchas veces te escriben de los festivales literarios y te piden una foto. Y entonces yo mismo me googleo, agarro una foto y se la mando. Pero esta nunca la he usado porque no es la que les gusta… Pero ahora que me lo dices, me hago preguntas que nunca había meditado... Pienso, por ejemplo, que lo único que me falta entonces en esa foto es una hoja de papel, un libro y una pluma para redondear todo mi yo, para que estén todos los elementos que me hacen falta. Y, si ya la quiero metaforizar, dado que es el bar Cervantes y sé que por ahí atrás está la palabra Cervantes, entonces además me puedo imaginar que está Cervantes detrás de mí viendo lo que escribo.
«Es una novela que no te aplasta, que más bien te eleva. Eso me pasó a mí como escritor cuando la escribí. La tuve muchos años en la cabeza, pero no era más que una tragedia. Y yo no quería escribir eso».
David López Canales: ¿Dices un papel y una pluma porque escribes a mano?
David Toscana: Mayormente, sí. La primera versión viene a mano. Después la transcribo, luego la imprimo y la leo ya impresa, reviso a mano…. Es un proceso donde el inicio está a mano y ya lo que viene después es un híbrido entre a mano e impresión.
David López Canales: ¿Cuál es la parte más complicada, o la que te genera más dudas, de todo ese proceso, desde la idea original hasta que entregas un libro?
David Toscana: Siempre digo que comienzo a escribir con una semilla, que es una idea original. De ahí a pasar a una historia o una novela que, efectivamente, quiero contar, es la parte difícil. Lo demás, escribir, prueba y error, corregir, etc., a mí me parece fascinante, me gusta mucho escribir, cambiar, escuchar... No sufro escribiendo, para mí es muy placentero. Pero lo difícil es eso: pasar de la idea a algo que ya puedes llamar una novela, a tener una historia que vas a contar, unos personajes...
David López Canales: ¿Cómo condiciona todo eso, si lo hace de alguna manera, ser ingeniero de formación, como eres tú, que estudiaste y trabajaste como ingeniero industrial?
David Toscana: Esta pregunta a veces también me la quiero responder a mí mismo, pero no puedo. No sé si condiciona. Si tuviera un antes y un después, lo sabría, pero yo al mismo tiempo puedo pensar que si soy ingeniero es porque tenía cierto tipo de cabeza y no necesariamente la ingeniería me dio la cabeza. Pero como ingeniero de novelas soy muy malo, porque los ingenieros sabemos partir de un diseño, de un plano, de una idea preconcebida, de cierto programa que vamos avanzando. Y mi novela en cambio es pura prueba y error, lo que para un ingeniero sería terrible. No puedes construir un puente y decir: bueno, tú pones piedras y si no funcionan las quitamos y ponemos otras. No trabajo como trabajaría un ingeniero.
David López Canales: Es decir, no tienes una idea preestablecida de las novelas.
David Toscana: No, nunca la he tenido, nunca he sabido a dónde voy a llegar, todo ha sido prueba y error.

David Toscana. Crédito: Daniel Mordzinski.
David López Canales: ¿Cómo conoces la historia detrás de El ejército ciego, cómo te llegas a obsesionar con ella para saber que quieres escribir sobre ella y cómo hallas cómo hacerlo?
David Toscana: Creo que me la topé por primera vez en uno de estos trabajos enciclopédicos enormes de varios tomos que se llama La historia de la civilización, de un gringo: Will Durant. Después busqué más información y no la encontré. Leí a algunos novelistas búlgaros y tampoco. Y yo, feliz de no encontrar nada porque pensé que era terreno virgen. Y ya por último leí a un historiador polaco, Paweł Jasienica, que también estudia esta época, escribir: esto es material ya no para un historiador, sino para un novelista, porque además están todos los elementos de la tragedia clásica. Ahí ya decidí: bueno, pues a por ello. Pasé tiempo ensayando posibilidades hasta que me salió el primer capítulo, donde el personaje dice: «Sí, por eso nos volvimos locos». Y yo me dije: esto va a tener este toque más bien lúdico con un toque de locura escapando del realismo porque, bueno, si quisiera ser realista me costaría trabajo. Y eso que había acumulado muchísima información histórica. Había visitado Bulgaria, visto los museos medievales, sabía cómo eran las armaduras, las armas y las estrategias militares de la época. Pero pensé: no, no, no, esto no es de mi novela.
David López Canales: En enero te otorgaron el premio Alfaguara. El jurado dijo entonces que era una fábula oscura y poderosa. Y tiene oscuridad. Pero a mí me resulta, en cambio, especialmente luminosa…
David Toscana: Es que tiene las dos cosas. Tiene la oscuridad de la tragedia, porque es un episodio muy cruel de la guerra. Y tiene la oscuridad de los que pierden los ojos. Pero tiene la luz del espíritu humano que se levanta. Y de las distintas formas de percibir el mundo cuando ya no lo percibes a través de la vista. Entonces, sí, al final yo creo que es una novela que no te aplasta, que más bien te eleva. Eso me pasó a mí como escritor cuando la escribí. La tuve muchos años en la cabeza, pero no era más que una tragedia. Y yo no quería escribir eso.
«Tengo quince mil personajes para que cada uno sea como sea. Pero, al final, como en un cuento infantil, como en una ópera de Rossini, triunfa la bondad. Y aquí la maldad está en otra parte».
David López Canales: Hay tres aspectos que me han llamado mucho la atención. El primero, que se lee como si se estuviera escuchando, como si hubiera un rapsoda o un bardo contando la historia. ¿Cómo se logra eso? ¿Leyendo mucho en voz alta?
David Toscana: Sí, la novela la concibo como algo oral. Tan así que termina diciendo que alguien debería escribir esto, pero no está escrito. Entonces, todo lo que estamos leyendo es algo que más bien está hablado. Para darle el toque de que se va creando la leyenda, siempre lo imaginé como un relato de taberna, como si el que está contando en ese momento está en una taberna y tiene gente que lo está escuchando. Pero, claro, el lenguaje está muy cuidado para que tenga ritmo, para que no sea tal cual. La literatura es un artificio; no puedo escribirla como si de veras fuera algo oral, porque no hablamos así, no contamos con precisión, usamos muletillas, hacemos muchas cosas al hablar que estorban la pureza de una narración... Y luego, sí, yo todo lo leo en voz alta. Hasta que no puedo leer un texto mío de principio a fin, sin tropiezos, no lo considero terminado.
David López Canales: El segundo, porque te decía que había tres aspectos que quería destacar, es que al ir leyendo la historia parece que hay mucho de realismo mágico o directamente de magia o de un mundo onírico, pero luego te percatas de que es todo real...
David Toscana: Sí, todo va así como al extremo, pero sin que llegue lo sobrenatural.
David López Canales: Eso es, no hay nada sobrenatural...
David Toscana: Exacto. Y el extremo tiene que ver con este toque de juego infantil un poquito a la hora de contar las cosas. Estoy seguro de que un oftalmólogo me diría: mira, perdóname, pero los ojos no son así, un ojo de vidrio no funciona así. Además, si alguien se lo mete en las cuencas vacías se le va a caer. Yo sé que mi novela no está a prueba de un examen oftalmológico, pero pues vamos a jugar un poquito.
David López Canales: Y por último, el tercero que me ha sorprendido es que todos los personajes son buenos. Pero después me ha sorprendido el hecho de que me sorprenda eso y me preguntaba si la bondad es una cualidad que tenemos, desgraciadamente, muy desterrada, no solo de la literatura, sino de la vida…
David Toscana: Había leyendas donde el ciego más bien era malvado y, en general, cualquiera que tuviera una insuficiencia física podría ser más bien malvado. Pero yo creo que, como lo pongo aquí, ellos marchan orgullosos y fuertes y meses después regresan débiles, ciegos, sin ojos. Tengo quince mil personajes para que cada uno sea como sea. Pero, al final, como en un cuento infantil, como en una ópera de Rossini, triunfa la bondad. Y aquí la maldad está en otra parte. Es la que les dio la ceguera... Según hablamos estoy repensando rápido los personajes, porque me has hecho una pregunta que no había pensado... El día que alguien me la vuelva a preguntar, seguro que ya tendré una respuesta más clara.
David López Canales: Lo preguntaba no solo por los personajes, sino también por esa sorpresa que me provocaba encontrar personajes buenos…
David Toscana: Sí... Yo sé que me vuelvo más bueno cuando me enfermo o me pasa algo malo. De pronto, así como que la vida te vuelve más modesto. Pero te digo: no lo había pensado. Espérate a que alguien me haga la pregunta...

David Toscana. Crédito: Daniel Mordzinski.
David López Canales: Además hay otro elemento en esta novela, pero que está muy presente en tu obra, que es el sentido del humor. ¿Hasta qué punto es importante para ti y dónde están los límites en ese humor?
David Toscana: Al escribir y al contar anécdotas y demás, siempre tengo este toque de humor. Es algo que viene más de la personalidad que de una voluntad literaria. Siempre he dicho que no es lo mismo el evento que el relato del evento. Y los eventos trágicos dan la oportunidad para relatarlos con cierto sentido del humor. Lo que le pasa a don Quijote una vez tras otra es una tragedia, lo muelen a palos. Pero el relato tiene su gracia. Es un espacio para reírse con cierta crueldad de lo que le ocurre. Y son estos misterios del humor que vienen bien, no se entienden, incluso la psicología habla de ellos sin llegar a ninguna conclusión. Tampoco sabemos físicamente qué ocurre para que alguien se ría, porque algo te lleva a estos movimientos espasmódicos que se parecen a la tos, pero son otra cosa. Si tú buscas y lo tratas de encontrar, no hay una explicación clara. Es algo misterioso. A mí me gusta el humor sin que sea el chiste. El humor es una composición de palabras que te muestra un evento, y la mezcla entre evento y la selección de palabras que haces es la que te hace que ese evento pueda ser trágico o ser humoroso. No un humor que sea chistoso, pero sí un humor que te lleva a cierta confusión mental, que te hace reír.
David López Canales: En tu caso es un humor oscuro en muchas ocasiones...
David Toscana: La mayoría de las veces sí, puesto que no estamos hablando nunca o casi nunca de eventos declaradamente simpáticos.
«Yo del presente y del futuro nunca hablo y por eso nunca fabularía sobre Trump. Pero sé que cuando fabulas del pasado estás hablando del presente de manera inevitable».
David López Canales: ¿Hay menos límites con el humor al escribir que, por ejemplo, al hablar, hoy día, públicamente, hay mayor libertad y menos autocensura?
David Toscana: El humor cambia, y siempre ha cambiado. Cuando leemos a los trágicos griegos, los leemos y los podemos ver igual, pero la comedia griega ya necesita ciertas adaptaciones, puesto que ya no nos hace gracia lo que les hacía gracia a los griegos. Hay cierto teatro contemporáneo que ya lo dicen algunos dramaturgos, ha tenido que hacerle cambios, que lo que era chistoso hace apenas 30 años, cuando publicaron o escribieron sus obras, ya no lo es. Un chiste antifeminista ya no lo es, y la sensibilidad de la gente ya tampoco es la misma. Entonces, ¿qué pasa cuando estamos escribiendo, el día de hoy, algo que tenga humor, hay más censura o menos? Buena pregunta. Sí, la novela es un territorio más libre que el teatro, por ejemplo. El teatro se hacen estas adaptaciones porque estás muy directamente con un público muy contemporáneo, y lo tienes en grupo, y en grupo basta que uno te abuchee para que todos lo hagan. Y la literatura, cierto tipo de novela, va más dirigida a otro tipo de público, a uno que acepta más los retos mentales.
David López Canales: Te hago una última pregunta. Otro elemento que se repite en tus libros es tu gusto o tu intención por reescribir la historia, o por inventarla, como haces en El ejército ciego, pero también, por ejemplo, en Evangelia con el Evangelio. Aunque todavía se esté escribiendo esta historia, ¿cómo sería un final de Toscana para la era Trump?
David Toscana: Bueno, a mí me gusta jugar a la seguro y por eso escribo novelas de hace mil años donde ya sabemos lo que ocurrió... La prueba es que todos los que se han querido anticipar siempre se equivocan.
David López Canales: Más que una predicción, te pedía una fabulación…
David Toscana: Yo del presente y del futuro nunca hablo y por eso nunca fabularía sobre Trump. Pero sé que cuando fabulas del pasado estás hablando del presente de manera inevitable. Y no sólo cuando hablas del pasado, sino cuando leemos autores que escribieron hace 2.500 años. Cuando leemos La Iliada, encontramos el presente. Hay que fabular sobre cualquier momento, en mi caso, del pasado, y si no tratas de meterle una agenda muy precisa, si no intentas que de algún modo ya represente algo, entonces solito lo va a hacer.
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