Guillermo Arriaga: narrar para sobrevivir al pasado
Guillermo Arriaga no escribe, disecciona. Como un cazador —uno real, con rifle, con barro hasta las rodillas— persigue las emociones humanas más primitivas: la violencia, la culpa, el deseo de redención. En 2025 sigue siendo el narrador visceral que conmovió al cine global con «Amores perros», «21 gramos» o «Babel» y que en la literatura ha consolidado una voz brutal y poética a la vez. En persona, Arriaga alterna una ternura insospechada con una mirada que parece venir de otro tiempo, más salvaje. En su última novela, «El Hombre» (Alfaguara, mayo de 2025), Arriaga explora la vida de Henry Lloyd, un hombre con un enigmático pasado que logra forjar a sangre y fuego una inmensa fortuna, a mediados del siglo XIX. En esta entrevista con el también escritor Juan Cruz Ruiz, Arriaga habla del duelo, de la muerte y de por qué contar historias sigue siendo un acto de supervivencia.
Por Juan Cruz Ruiz

Guillermo Arriaga en una imagen de 2023. Crédito: Getty Images.
El Hombre, de Guillermo Arriaga, es un libro apasionante, extraño, fuera de serie, inesperado, natural; sin embargo, no cesa de proponerle al lector la comparación con otras obras maestras. En la narración literaria y en el cine bien narrado. Aquí Arriaga muestra su pasión por contar. Su manera de hacerlo tiene parangones en sus paisanos Juan Rulfo y Martínez de Guzmán y en otras importantes figuras, tan distintas como William Shakespeare, Ernest Hemingway o Pío Baroja.
Junto al periodista que lo entrevistó se escuchó esta frase: «Un día serás Nobel, como Octavio Paz», y él se echó a reír con esa risa chiquita con la que escucha y con la que, cuando no está dura la naturaleza de la conversación, Arriaga responde. Este es el resultado de nuestra conversación para LENGUA.
Juan Cruz Ruiz: En el libro nombras a William Shakespeare, a Francis Scott Fitzgerald, a Ernest Hemingway, a otros, y de pronto noté que faltaba Rulfo…
Guillermo Arriaga: ¡No, no! Rulfo y Faulkner y Martínez de Guzmán son mis maestros de siempre, tenlo claro!
Juan Cruz Ruiz: ¿Con qué literatura te acuestas tú? ¿Qué literaturas te van hablando?
Guillermo Arriaga: Faulkner. Faulkner y Rulfo. Y Shakespeare. Quizá Steinbeck…
Juan Cruz Ruiz: ¿Y por qué ellos? ¿Por qué Rulfo, por ejemplo?
Guillermo Arriaga: Porque cuando empecé a escribir lo hacía de forma desordenada y cuando leí a Rulfo me di cuenta de que él escribía de manera tan desordenada como yo. Tiene una estructura distinta para cada cuento, y así yo había iniciado mis cuentos, con una estructura distinta para cada uno. Con Faulkner me pasó parecido... los dos me llevaron a pensar que lo que yo hacía no estaba tan desencaminado. En cuanto a Shakespeare, este me enseñó cómo abordar el origen de los conflictos: mientras más cercanos son los personajes, más grande es el conflicto.
Juan Cruz Ruiz: Cuando empecé a leer El Hombre sentí parte de esos conflictos. Soy de un barranco, en Canarias. Tu novela nos acoge a los lectores como si se hubiera escrito desde lo hondo de un barranco. Le escribí a tu editora lo que sentí: «Una novela es un libro cuando su historia te afecta, no es tan solo una novela». El primer párrafo de El Hombre retrata la burla de los niños pobres. El personaje del niño Jack Barley, azotado por los fuertes, es la primera señal de esta apasionante narración. ¿Cómo nació el libro?
Guillermo Arriaga: Yo no tenía clara la historia. Sabía que iba a hablar de un tipo que construyó un imperio, eso era lo único que sabía. Y de pronto surgió ese niño.
Juan Cruz Ruiz: ¿De dónde surgió?
Guillermo Arriaga: Yo estuve rodeado de niños sin padre, con gente de padres abandonantes. De hecho, mi apellido es el apellido de mi abuelastro, no de mi abuelo de sangre, del que adoptó a mi papá, eso se va metiendo en tu memoria y en tu vida, y de alguna manera este personaje, el niño, es el resultado de esa filtración de la historia del chico en mi propia historia. Yo siempre he dicho que, en un libro, tú tienes que poner lo menos de uno para que haya lo más de uno, porque si empiezas a poner lo de ti mismo empiezas a hacer caricatura, como hacía Hemingway en Al otro lado del río y entre los árboles, y yo encuentro que ese libro tiene mucho de mí porque traté de poner poco de mí.
Juan Cruz Ruiz: ¿Cómo fueron llenando tu cabeza no sólo este sino todos los episodios de este libro?
Guillermo Arriaga: No lo sé. Siempre pensé que cuando te bulearan lo mejor era ser mucho más salvaje que aquel que se burlara de ti, aunque te destrozara… Cuando yo tenía doce años vivía en un barrio muy bravo e iba a una escuela privada. Entonces yo tenía un cuchillo escondido en la manga. No lo necesitaba en la escuela, lo necesitaba en el barrio. Entonces el grandote de la clase me tiró de la tarima donde yo recibía las clases. Y saqué el cuchillo y se lo puse al grandote en el cuello y le dije: «Hasta aquí llegaste». Me dijeron: «Te van a expulsar». Y yo dije, no me importa, hasta aquí llegaste, gordo. No lo maté, obviamente. Hay un momento en que te cansas y te terminas defendiendo de alguna manera…
«Cuando empecé a escribir lo hacía de forma desordenada y cuando leí a Rulfo me di cuenta de que él escribía de manera tan desordenada como yo. Con Faulkner me pasó parecido... Los dos me llevaron a pensar que lo que yo hacía no estaba tan desencaminado».
Juan Cruz Ruiz: ¿Cómo va viniendo el libro, qué raíz tiene? Porque este libro es toda la vida, desde el siglo XIX hasta 2024…
Guillermo Arriaga: Se me fue ocurriendo desde que tenía dieciséis años. Yo fui a cazar a un lugar cerca de un pueblo que se llama Nacimiento de los Negros, fundado por esclavos americanos que huyeron de Estados Unidos cuando México decreta la abolición de la esclavitud. Ahí estaba un vaquero negro, como un profesional que empezaba a retar al encargado del rancho y después al primo del dueño del rancho. Me di cuenta de que, cada vez que se peleaba, cuando terminaban de ponerle los guantes a los otros él les pegaba y les ganaba rápido… Así que me dije que no me iba a aplicar esa medicina. Cuando me tocó enfrentarlo no dejé que se levantara; le pegué hasta que le rompí la nariz. Me empezó a lanzar cuchilladas que yo iba salvando con mis guantes de box. Le dije que no se enojara, que aquello era como el fútbol: «no te gano porque yo sea mejor». Ese encuentro, y esa pelea, me llevaron a explicarme la situación de los negroamericanos y los apaches… cuando leí ¡Absalón, Absalón! sentí que este libro debía de tener esa raíz.
Juan Cruz Ruiz: Faulkner en el corazón…
Guillermo Arriaga: Y lo pensé primero como una película, y escribí algunos intentos. En Hollywood me pedían que escribiera el argumento. Yo les decía que yo no escribía argumentos… Después de muchos intentos, durante veinte años sentí que esta idea pedía libro y no película, y terminó siendo El Hombre, este libro.
Juan Cruz Ruiz: ¿Qué hay más en esta literatura: hechos, arte, imaginación, la vida?
Guillermo Arriaga: Por orden: son los hechos, la imaginación, la literatura… si algo quiero de mis libros es que estos se sientan impregnados de vida, que parezca, porque sea verdad, que fui testigo cercano de lo que sucedió… en este caso, lo que sucedió evidentemente pasó en años limítrofes, y hay una época, 2024, que evidentemente está a la vuelta de la esquina.
Juan Cruz Ruiz: Pero todos los personajes parecen ser tus contemporáneos…
Guillermo Arriaga: No sé si tomarlo como un halago o como un defecto de la novela...
Juan Cruz Ruiz: En este caso, quiere ser un halago.
Guillermo Arriaga: Yo lo que quiero es que los lectores sientan que estos son personajes que vivieron en ese tiempo, y que son hijos de su tiempo. Esa es la idea que tuve al escribir también los episodios basados en 2024, cómo iba quedando el legado de aquel hombre que se llamó Henry Lovett. En cuanto al niño con el que comienza la novela, no me gustaría hacer spoiler, pero sí puedo decir que ese personaje se va convirtiendo en la némesis del protagonista, el único que puede derrotar su imperio. El verdadero enemigo del protagonista es ese niño, Jack, el único que podría acabar con él... y ninguno, nadie, sabe de dónde viene el creador de ese imperio. Allá por las páginas 150 o 180 se sabrá cuál es el pasado de ese hombre y por qué le tiene tanto miedo a Jack Barley.

Guillermo Arriaga en una imagen de 2023. Crédito: Getty Images.
Juan Cruz Ruiz: Hay muchas escrituras en este libro, y todas son distintas. Como si fueran distintos autores juntos escribiendo de distintas maneras… ¿Cómo te las arreglaste?
Guillermo Arriaga: Eso fue quizá lo más difícil, porque a mi no me gustan las novelas que tienen varias voces, aunque todas hablan igual… y aquí cada uno tiene su vocabulario. Hay quienes tienen un vocabulario más básico y otros que lo tienen más elevado, distintas sintaxis. Al principio apareció alguien un campesino rufiano, pero alguien me avisó de que cambiara la voz, y le adjudiqué una sintaxis distinta, y ahora es un esclavo africano que se niega a hablar la lengua de sus colonizadores. Pero ese lenguaje limitado, que parece en efecto extraño, termina siendo altamente poético.
Juan Cruz Ruiz: ¿Hasta qué punto, Guillermo, no es este un libro de actualidad?
Guillermo Arriaga: Es curioso lo que dices, y así me han dicho muchos: que este libro ha salido en el momento en que debía salir… en un momento en que se están cuestionando las relaciones entre países, y en el marco de los Estados Unidos y de su gran vecino, México. Cuando hay descontento profundo de las clases blancas americanas. Cuando el problema de la negritud se les está revertiendo a los blancos. Hay gente que me dice que es un libro ideal para esta época, que por eso va a tener un diálogo con el momento en que vivimos, a pesar de que su escritura remite, desde el principio, al siglo XIX. Todo ahora parece, desde el libro y en la realidad, una nebulosa novelística en la vida norteamericana.
«Primero lo pensé como una película, y escribí algunos intentos. En Hollywood me pedían que escribiera el argumento. Yo les decía que yo no escribía argumentos… Después de muchos intentos, durante veinte años sentí que esta idea pedía libro y no película, y terminó siendo El Hombre».
Juan Cruz Ruiz: Y en realidad nace el libro, en todas sus páginas, también en las de 2024, cuando aún no estaba en la actualidad el encuentro del mundo con Trump y con Musk. Has narrado un país, América, y un país en el que hay mucha gente ruin...
Guillermo Arriaga: Hay mucha gente ruin y mucha gente dolida. La promesa de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan de que iban a crear un sistema neoliberal que haría feliz a todo el mundo fue mentira. Reagan hablaba de una economía que daría beneficios que nunca llegaron, ni en Inglaterra ni en Estados Unidos. Eso provocó que las clases blancas inglesas y norteamericanas recelaran de los migrantes, y no del sistema, y eso es lo más fácil, lo que en definitiva dio lugar al Brexit y, en Estados Unidos, a Trump, por eso hay gente muy dolida, muy desesperada, muy confundida y muy asustada.
Juan Cruz Ruiz: El libro llena de inquietud contemporánea, no de siglos atrás, sino de ahora mismo. ¿Cómo saliste tú de su escritura?
Guillermo Arriaga: Yo siempre salgo muy feliz de cualquier libro, no importa el tema que esté escribiendo. Los que escribimos dramas así somos gente que salimos indemnes de lo que escribimos. Este es un drama bien contemporáneo y ojalá importe en este momento. Es mi mayor deseo.

