Entrevistas

Javier Cercas sobre «Anatomía de un instante»: «Para los españoles, el golpe del 23F es una gran ficción colectiva»

Con motivo del 40 aniversario del golpe, hablamos con el autor extremeño sobre el modo que tiene nuestro pasado (no tan) reciente de condicionar nuestro día a día.
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Crédito: Getty.

Por REDACCIÓN LENGUA



Anatomía de un instante, de Javier Cercas, es un relato vibrante, tenso y pormenorizado sobre aquel funesto 23 de febrero de 1981; un texto que empieza como una novela policíaca y acaba como una novela de terror. Aprovechando que se han cumplido 40 años desde aquel funesto día, Miguel Aguilar entrevista a Cercas para Lengua.

Lengua: Anatomía nace de un fracaso, el de escribir una novela sobre el golpe. ¿Por qué esa historia rechazaba la ficción?

Javier Cercas: Porque, para los españoles, el golpe del 23 de febrero de 1981 es una gran ficción colectiva, en el mismo sentido en el que lo es para los norteamericanos el asesinato de Kennedy. Cuando comprendí esto, después de tres años trabajando en este libro, sumergido durante ese tiempo en un océano de medias verdades, mentiras, hipótesis descabelladas, teorías de la conspiración, etc., decidí que no tenía ningún sentido escribir una ficción sobre otra ficción; que eso era redundante, literariamente irrelevante, y que lo que tenía sentido de verdad era restituir la realidad de los hechos, escribir una novela, sí, pero una novela cosida a la realidad: una novela sin ficción. Eso es lo que intenta ser Anatomía (y también un combate a muerte contra todas las trolas contadas sobre el golpe y sobre la Transición).

«La historia, que es la madre de la verdad (lo dijo Cervantes), debería ayudarnos a entender las cosas, a no incurrir de nuevo en los mismos errores, pero por lo visto no hay manera.»

Lengua: Es un libro con tres protagonistas individuales, SuárezCarrillo y Gutiérrez Mellado. Más de diez años después, ¿cómo ha cambiado tu visión de esos tres personajes?

J. C.: La verdad es que no ha cambiado: para mí son tres personajes históricos, pero también tres de mis personajes, como si me los hubiera inventado. Son, en cualquier caso, lo que llamo en el libro tres héroes de la traición, tipos capaces de traicionar un error una vida educada y vivida en un marco mental totalitario para construir un acierto: la democracia española. Gracias a esa triple traición vivimos en libertad. Lo cual significa que, aunque la lealtad sea un valor, hay momentos en la vida de los hombres, y de las colectividades, en que es más valiente, más honesta y más virtuosa la traición que la lealtad.

Lengua: El libro también tiene dos protagonistas colectivos subyacentes, la generación de tu padre y la tuya, o dicho de otro modo, la que hizo la transición y la que disfrutó de sus frutos y vivió con creciente incomodidad su herencia. Tu libro en parte suponía una reconciliación entre ambas. ¿Habrá que explicar ese período de pactos y cesiones mutuas a cada generación para que la entiendan?

J.C.:  Absolutamente: eso es lo que intenta este libro. Hegel escribió que lo único que se aprende de la historia es que no se aprende nada de la historia. Por desgracia, tenía razón. Los seres humanos somos tan estúpidos que cometemos una y otra vez los mismos errores, como si la historia no sirviera para nada y cada generación tuviera que volver a aprender de nuevo, sufriéndolo en sus carnes, lo que ya aprendió la anterior, como si, por más brutal que sea, la experiencia de nuestros antepasados no nos sirviera para nada. La historia, que es la madre de la verdad (lo dijo Cervantes), debería ayudarnos a entender las cosas, a no incurrir de nuevo en los mismos errores, pero por lo visto no hay manera. Este libro intenta entender de verdad, a través de un minúsculo instante preñado de sentido, cómo fue el cambio de la dictadura a la democracia en España, con toda su complejidad, para aprender de él. Ojalá sirva para eso (y para alguna cosa más).

Lengua: ¿Qué pregunta le habrías hecho a Adolfo Suárez si hubieras podido?  

J.C.: Ninguna. Me habría limitado a darle las gracias.

Lengua: Tras sumergirte en esa etapa de tremenda crispación, ¿qué lecciones te parecen aplicables para otros momentos de tensión como el actual?

J. C.: Infinitas, literalmente. Que es mejor una paz mediocre que una buena guerra, por ejemplo. Que la única forma de hacer algo útil con el futuro es tener el pasado siempre presente. Que la democracia es la cosa más frágil que existe. Que, en cuanto la das por hecha, ya la estás poniendo en peligro. «Quien no está ocupado en nacer está ocupado en morir», dice un verso de Bob Dylan; la democracia es parecida: o mejora o empeora, o nace cada día o muere sin remedio. Y que la democracia no es el Paraíso terrenal, pero sí el mejor instrumento que hemos encontrado de momento para que cada cual busque a su manera la pequeña y fugaz porción de Paraíso que le corresponde.

Lengua: ¿Nos recomiendas cinco libros sobre la transición?

J. C.: Esta nos la saltamos, Miguel.

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