Julia Malye: «Escribir sobre mujeres del siglo XVIII implica cruzar puertas que permanecían cerradas»
En el siglo XVIII, un grupo de mujeres fue enviado desde París a Luisiana en unas condiciones de insalubridad, riesgo y peligro descomunales para contraer matrimonio con unos colonos a los que desconocían y que se abrían paso a la fuerza en una tierra hostil y despiadada. Julia Mayle ha rescatado este casi desconocido episodio histórico en «Luisiana» (Salamandra, junio de 2025), novela que cosechó un enorme éxito de ventas en Francia, paso previo a convertirse en un fenómeno internacional al verse traducida a más de veinte idiomas.
Por Antonio Lozano

Retrato de la escritora francesa Julia Malye. Créditos: Roser Ninot.
Sin voz ni voto para decidir su futuro, unas mujeres en situación de máxima vulnerabilidad fueron embarcadas en 1720 en el velero La Baleine para poner rumbo a las colonias francesas en tierras americanas. Ahí las aguardaban enfermedades, tempestades, indígenas levantados en armas y unos completos desconocidos a los que habían de esposar y ofrecer descendencia. Ahora bien, entre tanto desafío mayúsculo, también hubo espacio para la ilusión de iniciar una nueva etapa -con el alivio al dejar atrás, en la metrópolis, contextos complicados-, de conocer territorios, culturas y gentes de los que aprender y disfrutar, de establecer vínculos con las otras mujeres marcados por la complicidad y la solidaridad, de vivir aventuras, y en general, de acumular experiencias enriquecedoras, a partir de las cuales madurar y crecer.
Inspirada pues en unos hechos reales que clamaban por ser novelizados, Luisiana es una saga irresistible, a la vez conmovedora y épica, con la que Julia Malye ha rendido un sentido homenaje a unas mujeres que han permanecido demasiado tiempo a la sombra, tanto en Francia como en Estados Unidos. Esta novela representa pues un correctivo a la desmemoria histórica pero su responsable sabe bien que, si bien el rigor histórico y geográfico resulta imprescindible, lo que hace perdurable un relato en la conexión con los personajes, que nos sacudan emocionalmente. LENGUA conversó con la escritora en un hotel de Barcelona durante su paso por la ciudad para promocionar el libro.
LENGUA: Hay que empezar diciendo que hablas muy bien el español, ¿a qué se debe?
Julia Malye: No sabría decirte si lo hablo tan bien, pero lo aprendí hará unos diez años, cuando llegué a Los Ángeles como estudiante de intercambio. No tardé en advertir que con el inglés sólo tendría acceso a una parte muy pequeña de la vida comunitaria y la riqueza cultural de la ciudad. Ahí me hice amiga de unos granadinos y resultó que en Granada era muy barato sacarse el carnet de conducir, algo que yo ansiaba en esos momentos. Con 21 años no podía permitirme los dos mil euros que costaba hacerlo en París, así que me fui con ellos y residí unos meses en Granada, donde aprobar la teórica fue la demostración de que ya había dado un salto cualitativo con el idioma (risas).
LENGUA: Te licenciaste en Ciencias Sociales y Literatura Moderna, pero también hiciste un máster en Escritura Creativa. ¿Qué objetivos perseguías con una formación académica de este perfil?
Julia Malye: Por un lado hubo un interés por entender el pasado desde diversos ámbitos -historia, política, sociología, antropología...-, en especial por explorar de qué formas nos lo contamos, qué narrativas establecemos como ciertas y pasamos a llamar «realidad» Por el otro, quise trabajar desde la escritura el modo en que vinculamos los hechos históricos a la imaginación. Mi carrera académica me puso en la senda de lo que más adelante ha supuesto mi principal objetivo literario, resumible en equilibrar dos polos opuestos: lo factual y lo inventado.
LENGUA: ¿De niña ya soñabas con llegar a ser novelista?
Julia Malye: ¡Y tanto! Rellenaba cuadernos con dibujos y anotaciones porque sentía pánico a olvidar cosas. Con algo de generosidad podríamos llamarlos diarios en los que consignaba de forma obsesiva todo lo que me ocurría. A los doce años los releí y me quedé atónita al comprobar que no reconocía en absoluto a la persona que me hablaba desde ellos, sus experiencias no resonaban en mi interior, aquellos recuerdos pertenecían a una extraña. Era como leer la vida de un personaje imaginario, me sentí traicionada, la escritura me había fallado... de modo que tomé la decisión de escribir ficción, mejor volcar tus emociones en personajes que son y no son tú misma que llevarte el disgusto de no poder reflejarte con generosidad y honestidad en textos presuntamente íntimos.
«Tuve un montón de suerte porque supe de forma temprana lo que quería hacer con mi vida, algo que me parece un milagro, y luego conocí a gente estupenda que me ayudó a hacerlo posible».
LENGUA: Publicas tu primera novela, La fiancée de Tocqueville, con quince años. A eso se le llama precocidad.
Julia Malye: Mi mejor amiga del colegio era descendiente de un mariscal de Napoleón y mezclé parte de la historia de su familia, tan grabada en la historia con mayúsculas, con descubrimientos que hice sobre mi propio apellido (desciendo de un soldado de la Revolución y del Imperio). Al final se trataba de la historia de una amistad entre dos chicas de principios del siglo XIX , ficticia y de perfil muy folletinesco, aderezada con algunos episodios prestados de la realidad. Visto con perspectiva, por entonces era sólo una cría -recuerdo el rubor que me producía fabular con escenas románticas que no había experimentado en mis propias carnes-, pero esa ingenuidad me permitió lanzarme a un proyecto algo loco y coger confianza para seguir escribiendo. Al final tuve un montón de suerte porque supe de forma temprana lo que quería hacer con mi vida, algo que me parece un milagro, y luego conocí a gente estupenda que me ayudó a hacerlo posible.
LENGUA: Vayamos con el origen de Luisiana, una novela que supuso muchos años de documentación y de trabajo de campo. ¿Cuál es la mecha que enciende el proyecto?
Julia Malye: Fui a Estados Unidos a hacer el máster de escritura y hacia el final de mi estancia pensé que sería imperdonable no visitar Luisiana antes de regresar a Francia, dado el vínculo colonial de mi país con la misma. Quedé rendida a los pies de Nueva Orleans y pronto se cruzó en mi camino la historia de estas mujeres que en el siglo XVIII habían llegado desde París para contraer matrimonio con colonos. De inmediato me postulé para una beca que me permitiera investigar a fondo el tema con la vista puesta en desarrollar un proyecto creativo. Tuve la fortuna de conseguirla y me sumergí en los archivos locales, donde confirmé que ahí había un material narrativo extraordinario. Lo que no pude anticipar es que dedicaría ocho años de mi vida a construir una novela en torno a ellos. Gran parte del proceso de documentación discurrió en paralelo al de la escritura porque cada capítulo exigía un conocimiento específico -pongamos la terminología técnica durante una travesía por el Atlántico o el vocabulario de las tribus indígenas- y no podía esperar a recabarlo todo para dar inicio al proyecto. Fue un proceso de consulta de fuentes agotador -ahí está la ingente bibliografía al final del libro-, a lo que se unió las visitas físicas a los escenarios históricos. Sólo te diré que la primera versión contaba con diez puntos de vista (o narradores) distintos en vez de los tres de la definitiva...

Julia Malye. Crédito: Roser Ninot.
LENGUA: ¿Qué es lo primer que hemos de entender al viajar literariamente al siglo XVIII? ¿En qué marco histórico, social, cultural y político debemos colocarnos?
Julia Malye: Son tiempos de una violencia atroz que está en el corazón de las decisiones políticas, hablamos de la horrible era de las colonización que empuja a los poderes europeos a saquear impunemente algunas regiones del globo. Sobre el tema específico de Francia y Luisiana a principios del siglo XVIII, cabe destacar que existe una diferencia abismal entre las cosas que se dicen en París sobre este territorio y la realidad. Se proyecta en la opinión pública una imagen idealizada, aquello es un paraíso en el que el tabaco crece a toda velocidad, permitiendo amasar grandes fortunas y bañar a Francia en un esplendor majestuoso. La realidad es que se trata de un territorio profundamente hostil, húmedo a más no poder, infestado de insectos, proclive a las tormentas devastadoras y en el que los nativos te van a atacar a las primeras de cambio para defender lo suyo. En definitiva, la adaptación exigía una lucha sin cuartel.
LENGUA: ¿Cómo era el hospital de la Salpêtrière de París del que salen las protagonistas? ¿Qué tipo de mujeres acababan ahí y por qué?
Julia Malye: Eran mujeres marginalizadas, muchas de ellas huérfanas, otras díscolas, en el sentido de que no acataban las normas sociales y/o familiares, aunque también había algún hombre. Nace como un lugar de refugio para los pobres, a los que se ofrece techo y comida, pero con el tiempo deviene una suerte de prisión o centro de castigo. Había chicas muy jóvenes que acababan ahí tras un embarazo no deseado e intramuros bien podían coincidir con las mujeres que las habían ayudado a abortar. ¿Otros casos? Padecer de problemas mentales, rechazar un matrimonio concertado o regresar por sistema tarde a casa tras un baile.
LENGUA: El colonialismo francés en tierras americanas fue despiadado.
Julia Malye: Brutal hasta decir basta: expolio de tierras, genocidio de poblaciones autóctonas, inicio de la tortuosa cultura de la plantación que se extendió hasta el siglo XIX... El castigo por tanta atrocidad fue que la mera supervivencia supuso para los colonos una pesadilla, sólo las condiciones climáticas eran para volverse loco: tormentas, tifones...
«Las historias femeninas de amistad y de deseo que describo en el libro son un poco la salvación o el lado luminoso detrás de todas este conjunto de penalidades, una pizca de suavidad, de calor. Las relaciones lésbicas en el siglo XVIII estaban muy extendidas, pero no te las encuentras en los archivos institucionales, fueron invisibilizadas. Mi novela las quiere sacar a la luz y reivindicar».
LENGUA: Las bodas de mujeres francesas con colonos franceses traen al recuerdo las caravanas de mujeres que fueron al Oeste americano a contraer matrimonio.
Julia Malye: Sí, pero las mujeres americanas fueron voluntariamente, al menos en su mayoría según tengo entendido, y sobre ellas se han escrito libros y filmado películas que han permitido conocer su historia, mientras que el drama de las francesas, que por una decisión institucional fueron forzadas a abandonar su hogar y dejar atrás cuanto conocían para no regresar jamás, se ha silenciado. Si simplemente se hubiera tapado un poco, podríamos decir que al menos se reconoció su existencia, cuando la verdad es que su memoria se borró por completo. También cabe matizar dos cosas: 1) estas mujeres no son enviadas como esclavas, en teoría son libres, al menos hasta donde lo podían ser las mujeres blancas francesas de esa época, y 2) algunas de ellas van a ser cómplices de las relaciones de poder violento que se ejerce sobre los indígenas, es decir, que por un lado tienen algo de víctimas y son explotadas (al menos en el ámbito doméstico), pero a su vez van a explotar a los locales. De todos modos, imagínate que tu idea de la familia empieza ahí, en Luisiana, porque has dejado atrás cuanto conoces, y tu mundo privado te resulta del todo extraño porque, para empezar, tu marido es un desconocido para el que puede que no representes más que una pura mercancía. Y, para colmo, tu entorno macro es algo que tampoco entiendes porque la naturaleza es asfixiante y muy agresiva, al tiempo que las culturas autóctonas te resultan un misterio indescifrable.
LENGUA: La otra cara de la moneda es que en medio de experiencias tan duras florecen vínculos afectivos muy fuertes.
Julia Malye: Cierto. Las historias femeninas de amistad y de deseo que describo en el libro son un poco la salvación o el lado luminoso detrás de todas este conjunto de penalidades, una pizca de suavidad, de calor. Las relaciones lésbicas en el siglo XVIII, por ejemplo, estaban muy extendidas, pero no te las encuentras en los archivos institucionales, también fueron invisibilizadas. Mi novela las quiere sacar a la luz y reivindicar. Escribir sobre mujeres en esta época es hacerlo sobre el espacio doméstico de la intimidad y mirar por la cerradura de puertas que permanecían cerradas. Debían buscar respiraderos fuera de la institución del matrimonio, lejos de los hombres.

Julia Malye. Crédito: Roser Ninot.
LENGUA: El retrato que llevas a cabo de los asentamientos de ultramar es inmensamente rico en viveza, color y detalles, por ejemplo, consigues transmitir al lector el mismo asombro que procura a las protagonistas una naturaleza tan indómita como bellísima.
Julia Malye: Creo que cuando se escribe sobre una época tan lejana este tipo de detalles funcionan como puentes entre los siglos; apelar a los sentidos -la vista, el olfato...- es una forma sensual, automática e intuitiva de transportar al lector al sitio que deseas. Todo el trabajo de campo que realicé previamente me permitió visualizar y sentir lo mismo que mis futuros personajes. La humedad en Luisiana es tan opresiva que el simple hecho de respirar llega a suponer un esfuerzo y esto es algo que uno debe experimentar de antemano.
LENGUA: Luisiana también se detiene en el reconocimiento del otro, profundizando en la sabiduría ancestral de las culturas autóctonas.
Julia Malye: Era muy importante para mí intentar expandir los puntos de vista, colocar los destinos de estas mujeres en un contexto histórico más amplio, es decir, explorar las perspectivas indígenas. Pero esto también abría a su vez un montón de interrogantes, para empezar, ¿quién soy yo, una chica blanca francesa, para intentar ponerme en la cabeza de una mujer natchez? Y al final me dije, bueno, voy a intentarlo, pero tengo que investigar de la manera más meticulosa posible y por eso entré en contacto con el actual jefe natchez de Luisiana. Al principio no quiso hablar conmigo y tuve que construir una relación de confianza que me llevó varios años. La recompensa a mi paciencia y perseverancia fue que me dirigiera a fuentes nativas imprescindibles y que aceptara leer todos los capítulos donde aparecen personajes autóctonos de cara a realizar sugerencias.
«Mi intención es quedarme lo más cerca posible de los hechos (...), el objetivo sería hallar un equilibrio entre el respeto a la época, marco o fresco, y llevar a los personajes a tu terreno».
LENGUA: ¿Cómo trabajas la tensión entre fidelidad a los hechos históricos y las licencias de la ficción?
Julia Malye: Mi intención es quedarme lo más cerca posible de los hechos porque soy de la opinión que la Historia, la vida, o la realidad, no sé cómo llamarla, posee más imaginación que cualquiera de nosotros. Ahora bien, este marco tiene un límite que son aquellos relatos o testimonios que no han sobrevivido, como es el caso del de las mujeres que protagonizan mi novela. Es aquí donde empieza a intervenir la imaginación. Lo único que debes inventar es lo que hervía en la mente de los personajes, sus ideas, emociones, sentimientos... el objetivo sería hallar un equilibrio entre el respeto a la época, marco o fresco, y llevar a los personajes a tu terreno.
LENGUA: Tengo entendido que escribiste la novela en paralelo en francés y en inglés.
Julia Malye: Sí, un proceso de locos. ¡Nunca más! La novela nació en inglés y en este idioma fue creciendo a lo largo de los primeros cinco años, pero entonces mi agente la vendió tanto a editores anglosajones como franceses, momento en el que me puse a simultanear la reescritura de lo que estaba en inglés al francés y el ir avanzando la trama en ambas lenguas, así hasta las revisiones finales. Con todo, ambas versiones no son idénticas, presentan diferencias sutiles.
LENGUA: Y después de un proyecto tan agotador, ¿dónde tienes volcadas las energías?
Julia Malye: El año pasado necesité regresar a formatos menos exigentes como artículos, cuentos o ensayos cortos. Ahora mi intención es aparcar la novela histórica que demanda años de investigación para centrarme en el mundo contemporáneo, aunque este es tan horrible que a veces me pregunto por qué. En cualquier caso, seguiré centrada en los mismos intereses; la memoria, el lenguaje, las relaciones femeninas, el sentido de pertenencia...
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