«La hija»: Sergio del Molino explora la intimidad de Goya
Hay libros que aspiran a esclarecer un enigma y otros, más raros, que comprenden que todo verdadero enigma debe preservarse. «La hija» (Alfaguara, marzo de 2026), de Sergio del Molino, pertenece a esta segunda categoría: la de las obras que se acercan a la historia no para clausurarla, sino para escuchar mejor sus resonancias. Sobre la figura de Francisco de Goya, artista esquivo, casi mudo acerca de sí mismo, Del Molino construye un artefacto literario de notable sutileza, suspendido entre la ficción, la no ficción y la reflexión sobre los límites de ambas. Pero donde el libro encuentra su verdad más honda es en el territorio de los afectos: en Leocadia Zorrilla, en Rosario Weiss, en esa constelación íntima que devuelve al pintor una dimensión humana, vulnerable, viva. De ese gesto literario, ambicioso y conmovedor, conversa Cristina Consuegra con el autor para LENGUA.
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Sergio del Molino en una imagen del año 2022. Crédito: Jeosm.
La hija (Alfaguara, marzo de 2026), la nueva obra de Sergio del Molino explora, en contenido y forma, el sentido de la literatura en nuestro tiempo, qué papel puede jugar a la hora de abordar contextos y biografías históricos, manejados habitualmente por especialistas y disciplinas fuertemente estancas, al tiempo que realiza un sofisticado ejercicio con el que contrasta las coordenadas de la ficción y la no ficción y gracias al cual aproxima nuestra mirada al misterio de Goya, un artista que nunca habló sobre sí mismo, y que nos presenta gracias a la descripción de su paisaje íntimo edificado, primordialmente, a partir de las relaciones que mantuvo con Leocadia Zorilla y, su hija, Rosario Weiss, sin duda, el aspecto más poderoso y conmovedor de este libro.
Dividido en dos partes que se plantean como dos manuscritos con firmas y épocas diferentes, uno atribuido a Juan Antonio Rascón y otro a Sergio del Molino, La hija explora la manera con la que la naturaleza mestiza de la literatura puede contribuir a describir un mapa emocional, cultural y político de una época muy concreta de España, un tiempo de fractura y cuestionamiento de una identidad colectiva, para rescatar, en realidad, la verdad en torno a una de las figuras más importantes de la biografía de nuestro país, Francisco de Goya, y lo hace poniendo en el centro aquello que dota de sentido a toda vida: las personas que quiso, las personas que lo quisieron y acompañaron. Con capítulos profundamente conmovedores, de una belleza estética difícil de encontrar en el actual contexto narrativo, con descripciones históricas realmente emocionantes y con altas dosis de reflexión sobre la trayectoria artística de Goya y Rosario Weiis, Sergio del Molino ha escrito una de las obras más importantes, ya no sólo de su corpus, sino del canon contemporáneo español. Un acontecimiento literario que sitúa la carrera de este escritor en los márgenes de la mejor tradición europea.
LENGUA: ¿Cómo ha sido mirar a Goya a través de los ojos de Rosario Weiss? ¿Y al revés?
Sergio del Molino: Pues, mirar a Goya a través de la mirada de Rosario ha sido muy gratificante porque me ha permitido descubrir un Goya mucho más íntimo, mucho más cercano, sobre todo ese Goya viejo. Me ha permitido distanciarme muchísimo de los tópicos románticos, del tópico del artista torturado, incluso de muchos tópicos políticos que estaban adheridos a la figura de Goya. En todo caso, en literatura siempre la mirada del niño testigo es una mirada privilegiada, es la mirada de alguien que entiende las cosas a medias, al que le falta contexto, que no tiene una capacidad interpretativa muy desarrollada y entonces nos llegan retazos de la otra persona. Y es una mirada que, literariamente, siempre da muchísimo juego porque obliga al lector a completarla. Y en ese sentido, la obligación, sobre todo en la primera parte, a estar mirando desde los ojos de Rosario, me ha permitido humanizar en el sentido más banal del término a Goya, que creo que es una figura muy mitificada y, por tanto, muy deshumanizada y a la que cuesta mucho acercarse desde una perspectiva puramente doméstica. Eso ha sido, quizá, lo mejor, lo más destacado de la mirada de Rosario. Y mirar desde Goya a Rosario, creo que eso se aprecia mejor en la segunda parte, en la parte más ensayística, en el manuscrito encontrado de Sergio del Molino, porque ahí es donde se ven las influencias; cómo un artista emerge, cómo se va forjando algo que para Goya probablemente sea evidente pero no lo sea para los demás y es el hecho de que en esa niña se contiene una pintora, un artista. Y además eso, por los poquitos escritos que sabemos de Goya que nos han llegado, nos transmite la certeza de que él veía muy fácilmente esas cosas y, además, creía que, si había artista, había artista y si no lo había, no había nada que hacer. Quiero decir que, si realmente alguien tenía talento y dones, se podía hacer algo con ello, pero si no había ni talento ni dones, por mucho que se le enseñara y por mucho que se intentara forzar eso, no se iba a producir un artista. Y creo que eso lo puso en práctica en Rosario. La mirada aquí, desde ese punto de vista, es una mirada potencial, una mirada que se vuelca en lo que pudo haber sido y nunca fue. Y eso es probablemente la parte más triste de toda la mirada, la mirada de vuelta desde Goya hacia Rosario. Es algo que tiene picos de felicidad, que tiene picos de realización, pero sobre todo se queda en promesa, se queda en potencia y nunca llega a realizarse. Y esa mirada de Goya es la más trágica siempre.
LENGUA: Guillermo Weiss encuentra, en un momento concreto de esa España, en el manejo de los silencios, en los pactos personales con los silencios, un espacio emancipador para el nuevo tiempo que viene. Ese despertar político tan esperado. Aprende a callar para poder estar en el mundo que quiere.
Sergio del Molino: Bueno, no tengo claro si es Guillermo Weiss, el que aprende a callar, o es el narrador Rascón, que en todo caso van parejos, porque comparten las mismas pasiones y la misma perplejidad ante la España que va surgiendo y ante la nueva sociedad que en parte ellos van forjando. Pero sí, el aprender la sutileza del silencio es algo muy importante para todos los personajes de esta novela, hay que tener en cuenta que nunca se explica nada, incluso cuando piden explicaciones los personajes no las reciben, casi nunca. Y creo que eso forma parte de su aprendizaje sentimental, ahí sí que estaba pensando un poquito en Flaubert y en esa educación sentimental en la cual sucede precisamente eso, uno aprende a callar y a ver lo evidente, sin comentarlo, sin apostillarlo, sin intentar entenderlo. Está siempre ese misterio del arte flotando en torno a ese silencio, a esa iniciación en la que está metida Rascón, por parte de su atenea particular que es Rosario Weiss. Pero sí, el silencio ya lo hemos comentado en otras preguntas importantísimas de esta novela.
«Mirar a Goya a través de la mirada de Rosario me ha permitido distanciarme muchísimo de los tópicos románticos, del tópico del artista torturado, incluso de muchos tópicos políticos que estaban adheridos a la figura de Goya».
LENGUA: Hay un momento muy poderoso de La hija en la que describes a Leocadia Zorilla por su vínculo con la verdad cuando habla del célebre lienzo «La lechera». Un personaje que, a pesar de la miseria, se mantiene firme en la geografía de la dignidad y la honestidad.
Sergio del Molino: Fíjate, Leocadia Zorilla, en las pinturas negras, según algunas interpretaciones, tendría una presencia alegórica y podría representar la verdad que era algo que obsesionaba a Goya, que aparece en Los caprichos y en buena parte de su obra. Siempre está persiguiendo esa verdad con mayúscula y para él, Leocadia lo representaba de una manera muy evidente, era su toma de tierra, era la persona que le conecta con el pueblo, con la vida, con ese país extraño que se extiende más allá de la Quinta. Cuando Goya desaparece, Leocadia es un personaje portentoso, que está intentando sacar adelante a su hija y hacer algo más que sobrevivir dentro de la España que le ha tocado. Leocadia Zorilla es un personaje con el que se ha hecho muy poca justicia dentro de la biografía goyista porque no tiene obra, no tenemos muchas palabras suyas y porque lo que se ve es a una mujer que está encerrada, relegada al ámbito doméstico y sin proyección pública eso ha provocado que los historiadores no le hayan prestado ninguna atención, pero eso justamente es lo que la hace interesante para la literatura, para los escritores, el hecho de que sabemos que esa sombra que es para los historiadores es un sostén fundamental en la vida de Goya y en la vida de Rosario, no sólo es la persona que los vincula, es la persona que da sentido y profundidad a la obra de Goya, por eso está tan presente en ella, por eso tenemos ese retrato que le hizo en torno a 1815 y por eso también la tenemos retratada en las Pinturas negras, aparece en el centro de lo que más le importa a Goya. Y esto únicamente pude significar que era una persona muy relevante en la vida de Goya. Ojalá esta llamada desde la literatura permita que Leocadia Zorilla tenga más cuerpo histórico.
LENGUA: Siguiendo con ella, con Goya ya muerto, estas mujeres caen en el olvido, en la miseria. Nadie se acuerda de ellas. Pero Leocadia nunca baja los brazos.
Sergio del Molino: Leocadia se revela como una mujer profundamente valerosa y atravesada por la dignidad, conocedora de los límites del decoro, no renuncia a su dignidad. Ante la tentación de dejar de ser la persona que era, elige el camino más duro para ellas, pero el único camino que le permite seguir siendo la mujer que es y que quiere seguir siendo. Esto último es importante.
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Sergio del Molino. Crédito: Jeosm.
LENGUA: En la segunda de las partes de La hija, abordas que Goya se vio sacudido por cuatro contextos biográficos. Me interesa que hablemos sobre cómo se ve transformado su paisaje íntimo, el hombre que fue, por el horror de la guerra.
Sergio del Molino: Bueno, hay un consenso entre los historiadores del arte en que la gran experiencia de la vida de Goya es la guerra, lo cual no deja de ser una obviedad. También, evidentemente, eso le ocurre a cualquier personaje histórico que ha vivido una guerra. Yo creo que todos los de su generación, todos los españoles que vivieron esa guerra tan devastadora, que es la primera vez, además, que la población civil sufre muchísimo. Ya no es una guerra antigua, es la primera guerra moderna. Es la primera guerra en la que los ejércitos hacen matanzas, en las que se bombardean ciudades a la población civil con objetivos no militares, matándola de hambre, como ocurrió en muchos sitios, y en las que se crea un clima de inseguridad absoluta, de clima de guerra civil y de delación constante en todo el país. Eso es algo a lo que no estaban preparados. Nunca se está preparado para una guerra así, evidentemente. Pero las guerras, cuando se empezaban, era algo que sucedía entre ejércitos y que, a veces, de refilón le caía a la población civil, le tocaba sufrir un poco. Pero el hecho de que la población civil fuera el objeto principal de sufrimiento y de represalia y de violencia constante es una novedad que sucede en España. Es una de las incorporaciones, de las innovaciones, que los españoles hemos dado a la historia. Con lo cual, todos los que vivieron esa guerra se vieron marcados profundamente por ella. No es que Goya fuera una excepción. Creo que Goya fue un hombre absolutamente de su tiempo y eso se ha reflejado, evidentemente, en su obra. Goya es una persona mayor a la que le pilla todo esto con el pie un poco cambiado, intentando adaptarse a unos tiempos que le cuesta mucho comprender. Él ha crecido en otros códigos, en otros mundos, pero a la vez está rodeado de liberales. Es decir, a él le cambia el paisaje político al mismo tiempo que le cambia el paisaje íntimo. Porque su viejo mundo de amistades, propias del antiguo régimen y vinculadas a la realeza y vinculadas a la nobleza, todo eso desaparece y él empieza a rodearse de gente con un talante mucho más liberal y además muy radicalizada políticamente. Eso hace que se renueve por completo su visión política y su visión doméstica de las cosas. Ten en cuenta que también en la guerra se queda viudo. En 1812, en junio de 1812, muere Joséfa Bayeu y él cambia de casa y cambia radicalmente todo. Por eso ahí yo especulo con que no es extraño que en ese año de 1812, cuando hay una hambruna terrible en Madrid y donde se vive una situación desesperada de miseria, de violencia, de miedo generalizado en Madrid, él encuentre cobijo en los brazos de una mujer joven, de una prima de su nuera, que también lo está pasando muy mal, que también está profundamente marcada por la guerra, que tiene un hijo pequeño, que no tiene ni un año y que ha sido repudiada por su marido, lo cual equivale a ser una apestada en ese Madrid. A mí no me cuesta mucho imaginar que esas dos personas, a las que la guerra y la situación personal les ha dejado solas y perplejas, se hagan compañía la una a la otra y encuentren el amor. Creo que el amor de Leocadia y de Goya nace en la guerra. No hay ninguna constancia, esto es especulación, pero las fechas encajan. Al mismo tiempo que Goya pierde pie familiar y pierde todo su paisaje de lealtades y de amistades, sucede a la vez que Leocadia se queda sola y se queda como una mujer frágil con un niño pequeño. Creo que es fácil que los dos se encuentren en ese contexto y empiece la relación y cambie radicalmente la vida de ambos.
LENGUA: Qué ha descubierto Sergio del Molino durante el proceso de la escritura de La hija que, además de contar la historia de las mujeres que acompañaron a Goya, explora en los límites de la ficción.
Sergio del Molino: He descubierto que la ficción tiene límites y la no ficción, la otra parte que se basa en una narración en clave ensayística, también tiene límites, pero ambas son capaces de llegar a lugares muy interesante y esto es algo que no tenía claro y que, ahora, me apetece explorar mucho más. Quiero encontrar otra manera para que estos dos mundos converjan porque son herramientas, ambas, muy poderosas cuando conviven; cada una por su lado se queda muy corta, la ficción se queda en la sugerencia y la parte de no ficción obliga a un relato que subraya lo obvio y no es capaz de matizar lo suficiente ni el silencio ni la ambigüedad, intenta ser demasiado clara y eso es una desventaja. Esto lo he descubierto técnicamente escribiendo este libro, ahora me apetece explorar estas intuiciones. Creo que combinar ambos elementos nos permite alcanzar eso que buscaba Goya tan evidente en la figura de Leocadia: la verdad, en nuestro caso, la verdad literaria. Así que voy a intentar seguir las enseñanzas de este libro.
«Rosario Weiss tiene valentía, tiene rasgos de heroína y, a la vez, manifiesta una fragilidad enorme. Tiene todos los ingredientes para poder ser un personaje contemporáneo en todas las épocas, para que todos podamos recurrir a su memoria e identificarnos profundamente con ella».
LENGUA: Hay espacio en la memoria para alguien tan libérrimo como Rosario Weiss?
Sergio del Molino: Yo creo que sí, es el tipo de personaje con el que podemos identificarnos. Tiene valentía, tiene rasgos de heroína y, a la vez, manifiesta una fragilidad enorme. Tiene todos los ingredientes para poder ser un personaje contemporáneo en todas las épocas, para que todos podamos recurrir a su memoria e identificarnos profundamente con ella, precisamente, por el empleo que hizo de la libertad, por cómo antepuso la libertad a muchas otras cosas. Un rasgo que, en la época romántica, la hacía deseable y que, a lo mejor, en este tiempo, la vuelve un poco rara porque creo que nosotros hemos sacrificado la libertad, no es uno de los valores o virtudes que se promuevan en el mundo actual. Se valoran antes muchas otras cosas como la seguridad, por ejemplo, por cierto, valores que ofrecen mejor las dictaduras que la democracia. La libertad no es algo que se aprecie, está de capa caída. En las generaciones más jóvenes que están tomando posiciones en el mundo, por ejemplo, la libertad vale muy poco. Por eso hace más valiosa la peripecia de Rosario Weiss, una persona que, en situaciones de fragilidad y precariedad, nunca renunció a su parcela de libertad y nunca dejó de apreciar la libertad como buena liberal que era. La puso por delante de muchas otras cosas más confortables. Pudo haber transigido y no quiso. Y eso la convierte en una persona difícil de entender para el siglo XXI.
LENGUA: ¿Puede la ficción restaurar las dificultades históricas que encontró Rosario Weiss?
Sergio del Molino: La ficción no puede restaurar nada porque no busca hacer justicia. La vida de Rosario Weiss fue la que fue, la que pudo vivir, y la literatura no puede hacer nada con eso. Lo que sí es la literatura es una manera de aproximarnos a la figura de Rosario, que nos permite contar su vida, describir y pensar su época, pero no busca hacer justicia, quien busca la justicia en la literatura se equivoca. Lo que sí puede hacer es atraer la atención del lector sobre asuntos que sólo pertenecían o eran propiedad de especialistas, un conocimiento que únicamente estaba al alcance de unos pocos. En este sentido, y esto guarda relación con lo que te comentaba antes de las dos partes en las que se divide La hija, el ejercicio literario se debe acompañar de historia, literatura y biografía histórica deben trabajar juntas para que ciertas cosas dejen de ser secretos, o que dejen de ser propiedad de unos pocos, que el pasado deje de estar ocupado por sombras, que se cuenten las cosas tal como le sucedieron a Rosario Weiss. Puede que aquí haya algo relacionado con la justicia, en ese anhelo por hacer que el pasado pertenezca a todos y no sea una sombra, pero la literatura no debe buscar hacer justicia, debe provocar fascinación para capturar la atención del lector y así llegar a la verdad, a lo que no era accesible. Cuando se concibe la narración de una obra, esta únicamente puede abordarse desde la pasión, no puede abordarse con el afán de ajustar cuentas. Yo no sé escribir de cosas por las que no tengo interés, escribo desde la pasión, desde la necesidad de crear. En este sentido, Rosario me interpela, me sentí interpelado por ella, por su historia. Tenía que contarla. En realidad, escribo para saber más sobre las raíces de esa fascinación.
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Sergio del Molino. Crédito: Jeosm.
LENGUA: Hay dos temas que están especialmente presentes en La hija, sobre los que se vertebran conflictos y reflexiones. El silencio y el amor. Luego abordaremos el tratamiento ficcional del silencio, pero quiero que hablemos del amor. Para mí es el gran asunto de La hija, un amor que se manifiesta con distintas pieles, que explora en posibles significados y, ante todo, que reivindica su importancia en la vida.
Sergio del Molino: Es que es justamente así. El amor es lo que mueve todo en esta novela y, además, tiene que ver con el tiempo que les toca vivir. El amor de Guillermo por su hermana, el de Leocadia, el amor de Goya, por ejemplo, este amor de Goya por Rosario es lo que permite que ella pueda dibujar, es este amor lo que rompe las sinergias de su tiempo. El amor explica mucha de las cosas que pasan en esta obra y concede estructura a las relaciones entre los personajes principales.
LENGUA: El silencio. Aparece de manera simbólica y de manera física. La necesidad de no decir, de callar. El silencio de la proximidad de la muerte, el silencio del conflicto.
Sergio del Molino: El silencio se muestra evidente en sí mismo y está presente en muchos momentos de La hija y, efectivamente, en esos conflictos humanos, personales o colectivos, que mencionas, el silencio tiene sentido, encuentra acomodo. Sirve para explicar relaciones, un momento histórico. Comportamientos y renuncias.
«Cuando se concibe la narración de una obra, esta únicamente puede abordarse desde la pasión, no puede abordarse con el afán de ajustar cuentas. Yo no sé escribir de cosas por las que no tengo interés, escribo desde la pasión, desde la necesidad de crear».
LENGUA: He disfrutado, especialmente, con el tratamiento descriptivo que haces de las tertulias, su importancia en un tiempo convulso. El papel que desempeñaron en la época romántica a la hora de ser espacios emancipadores para las ideas y el conocimiento.
Sergio del Molino: Eran espacios caóticos, tertulias realmente caóticas. Quienes participaban sabían que podían terminar a puñetazos. Y en ellas ocurrían muchas cosas. Las ideas iban y venían. No eran esas tertulias tan cívicas y ordenadas de la vida literaria del Madrid del siglo pasado, qué va. Hemos hablado mucho sobre las tertulias del pasado siglo, incluso de las que acontecían en los salones privados, en los grandes salones cortesanos, espacios totalmente restringidos, ese conocimiento restringido para unos pocos. Creo que las tertulias de la época romántica están por explorar, fueron muy importantes para el movimiento liberal y como vehículos de transmisión de la libertad, de las ideas.
LENGUA: Qué queda de aquella España en el ahora. Qué se ha quedado en nosotros de ese tiempo.
Sergio del Molino: Esa época es el comienzo de la España actual, es el momento en el que España se independiza de su identidad como imperio. El imperio se desmorona y es el momento del asentamiento. Al producirse esa ruptura con una identidad tan marcada, aparece un modo político que se asemeja bastante al actual. La España del siglo XXI se parece más a la del XIX que a la del siglo XX por esa polarización constante, por esa incapacidad para el diálogo.

