«Te hice dios»: deseo, culpa y VIH en el debut de Marcos Augusto
Dos hombres se encuentran en un chat con una promesa tan perturbadora como íntima: uno desea infectarse de VIH; el otro asegura poder cumplir ese deseo. A partir de esa escena inicial, Marcos Augusto construye en «Te hice dios» (Random House, 2026) una novela de debut incómoda, magnética y profundamente contemporánea, donde el deseo, la culpa y el miedo a la pérdida se mezclan hasta convertir una relación esporádica en una historia de amor atravesada por la mentira. La narración avanza como una confesión tardía, un intento de mirar de frente aquello que el cuerpo, la memoria y la mala conciencia han ido deformando. Entre aplicaciones, ciencia, pensamiento mágico, arte y literatura, el libro traza «un dibujo a tinta negra» del amante y del presente. LENGUA entrevista al autor para hablar de pulsión erótica, decadencia, duelo y de las ficciones sobre las que, a veces, levantamos el amor.
Por Jaime Lapuente

Marcos Augusto. Crédito: Diego Lafuente.
Marcos Augusto da vueltas por la biblioteca en la que nos hemos citado para realizar esta entrevista. Se acerca a las estanterías y lanza nombres al aire -Virginia Woolf, Charles Dickens...- con la intención de hacernos testigos de sus ídolos, de que conozcamos aquellas deidades que, en forma de libro, han entrado en su vida de una u otra manera.
Conversamos también sobre cómo ponemos los libros en nuestras estanterías, de la importancia de esa elección sin aparente importancia, y me desvela, a modo de secreto, que está en contra de las librerías que colocan su catálogo por orden alfabético. Dice que entiende la practicidad de la decisión, pero que él a su librería le exige una curaduría temática.
Y hablamos, por supuesto, de Te hice dios (Random House, 2026), la novela que nos ha dado la excusa para citarnos. En este debut, Marcos Augusto habla del VIH, de conceptos como bugchasing o giftgiver [práctica sexual extrema y de muy alto riesgo que consiste en buscar activamente contagiarse del VIH], pero sobre todo habla del amor, de la mentira como escudo ante el miedo, de las complejidades de las relaciones de pareja, de la luz y de la oscuridad. Con un lenguaje incómodo y visceral a veces (otras es deslizante y poético como un río de palabras que se abrazan), este libro nos lleva de la mano hacia las complejidades más profundas del ser humano.
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LENGUA: ¿Te hice dios nos cuenta una historia sobre el bugchasing? ¿O nos está tratando de contar, a través del bugchasing, algo más?
Marcos Augusto: Yo quería que la historia del libro me sirviese para hablar de historias universales, quería que sirviera para hablar del amor pero también del duelo; que me sirviera para hablar de la mentira como algo que articula el libro, mentiras que no son grandes ni son pequeñas. Oscar Wilde, en De profundis, no deja de repetir que no hay mentira pequeña ni grande, y yo, con Te hice dios, recojo el testigo para ahondar un poco en esa idea: cómo las mentiras más banales o que no tendrían por qué tener una mayor trascendencia, al final se convierten en artefactos que necesitan un andamiaje muy complicado de pequeñas mentiras que lo vayan sustentando. Al final, la mentira, es como un castillo de naipes donde cada mentira va intentando generar unos cimientos sobre los que se ancla la gran mentira. Sí que creo que, detrás de Te hice dios y de lo llamativo de la historia, lo importante reside en aquello que nos interroga, que nos golpea a partir de la historia que, de lo que realmente va a hablar, es de cómo construimos el amor, qué tipo de mentiras hay detrás de las relaciones de pareja, qué deseamos cuando creemos que deseamos algo… esto era para mí lo verdaderamente importante.
«Yo quería que la historia del libro me sirviese para hablar de historias universales, quería que sirviera para hablar del amor pero también del duelo; que me sirviera para hablar de la mentira como algo que articula la novela».
LENGUA: Detrás de esta mentira, que revolotea alrededor de toda la novela, se esconde un miedo al rechazo, a esa inseguridad culpable que nos lleva al engaño.
Marcos Augusto: Yo buscaba generar una historia en la que el miedo al rechazo se construyera de una manera muy paradójica, que lo que entendemos como rechazable se convierte en algo deseable. Y sí, claro que hay un miedo al rechazo. En este sentido, lo que plantea la novela son estas capas de miedo que vamos construyendo a través de las redes sociales. Grindr tiene un papel muy importante a lo largo de la historia, donde aparecen fragmentos explícitos de conversaciones que me servían para darle una voz directa a Pedro, el protagonista de la novela. Pero es así, las redes sociales son una construcción que hacemos, que nos inventamos. En internet todos somos más guapos, más leídos, y más cultos. Mi Instagram tiene muy poco que ver con lo que soy yo.

Marcos Augusto. Crédito: Diego Lafuente.
LENGUA: Pedro es un personaje adicto a la vida, romántico, emocional, muy puro, al que, sin embargo, le rodea una oscuridad muy fuerte. Estos contrastes siguen apareciendo a lo largo de todo el libro, también a nivel estético y narrativo. ¿Cómo conviven la luz y la oscuridad dentro de la novela?
Marcos Augusto: En el fondo recogen el testigo de algo tan clásico como lo es la pulsión de la vida y la pulsión de muerte. Me imaginaba que las zonas de luz de Pedro eran como pequeños fragmentos, pequeños destellos que brillan entre tanta oscuridad. Yo creo que la oscuridad y la luminosidad en Pedro conviven de tal manera que, aunque sea el relato de la búsqueda del bicho, el relato de la muerte del protagonista, sí que es verdad que de alguna forma, a través del narrador, me permitía meter esos destellos de luz porque necesitaba entender qué es lo que puede enamorar de una persona que vive tan al límite. Por esto mismo hubo fragmentos que me costaron mucho. Yo creo que justamente lo que más me costó fue meter esa luz en la novela. Al final, que una novela tenga un tono homogéneo, esté bien escrita y hable de un solo tema no es tan complicado, no voy a decir que es sencillo, pero sería lo esperable. Sin embargo, introducir momentos de luz, saber en qué momento hablar del afán que él siente, por ejemplo, por los perfumes, la belleza de las flores… ahí residía la complejidad. Si a alguien le gustan las flores quiere decir que entiende la belleza y le otorga un sentido fuerte, son representaciones de algo que es íntegramente bello. El caso de los perfumes es lo mismo. A nivel temático hay oscuridad y hay luz, pero también a nivel formal existe un contraste entre la sordidez y la elegancia. Yo tenía muy claro que quería que fuera una prosa muy poética y que hubiera elementos muy duros que convivieran con momentos líricos.
«La novela plantea cómo construimos capas de miedo a través de las redes sociales. Grindr tiene un papel muy importante a lo largo de la historia, donde aparecen fragmentos explícitos de conversaciones que me servían para darle una voz directa al protagonista».
LENGUA: ¿Existe una intención divulgativa escondida detrás de la ficción?
Marcos Augusto: Creo que la intención se separa de la pedagogía y se acerca más a algo activista. Sí que me interesaba que el libro, pese a que no es un ensayo ni pretende serlo, estableciera un imaginario de lo que pasa ahora con el VIH en el momento de la PrEP y del indetectable igual a no transmisible. Parte del activismo en redes, de las personas que lanzan mensajes, de las campañas que, a día de hoy, se han hecho sobre el VIH, remarca mucho esa idea de indetectable igual a no transmisible. Que esto suceda es perfecto, está genial, y me parece que es una manera de trabajar lo que se conoce como el SIDA social o el rechazo hacia los seropositivos. Pero existe un territorio de exclusión y, mi novela, lo que intenta poner encima de la mesa es lo que pasa con aquel que es detectable y lo que pasa con aquel que es transmisible, es decir, lo que estamos dejando fuera, y sobre todo en un momento actual donde el auge de la extrema derecha pone cada vez más en peligro las coberturas sanitarias en este contexto. Entonces tengo la sensación de que indetectable igual a no transmisible se ha convertido en un eslogan y en una idea mayoritariamente útil pero que deja fuera a algunas personas. Por esto quería plantear qué ocurre con estas determinadas vivencias de personas que quizás no tienen acceso a la medicación o que la medicación no les hace efecto o que tienen algún tipo de problema con ella y desarrollan alguna enfermedad… Quería contar qué es lo que está pasando ahí.

Marcos Augusto. Crédito: Diego Lafuente.
LENGUA: ¿Crees que había alguien ahí afuera esperando a que este libro saliera a la luz?
Marcos Augusto: Algunos de los que lo han leído me han llegado a decir que es una novela valiente o necesaria, pero yo no querría hablar de mi novela en esos términos. Sí que me gustaría sin embargo mencionar un ensayo que habla del sexo a pelo en el momento álgido de la pandemia del VIH. Es el último trabajo del profesor de la UAM Julio Pérez Manzanares. Creo que este es un trabajo necesario que ha publicado Egales, una editorial valiente con los temas LGTB, una absoluta referencia en el estado español. Mi caso es una novela, y una novela establece imaginarios y trabaja desde otro punto, pero en el caso del libro de Julio yo sí que me atrevería a decir que es un libro necesario porque plantea cosas que han quedado fuera del panorama, tanto artístico, al no haber sido demasiado tratadas desde la literatura ni desde el cine, como académico y ensayístico. Entonces, Julio, de forma magnífica, rellena un hueco con su libro Deseo y desvío (2026, Egales).
«La corporalidad está muy presente a lo largo de la historia. Yo quería que incluso el bicho tuviera una presencia física (...) A mí me costaba mucho entender a alguien que genera todo un morbo hacia algo que es invisible, intangible… me preguntaba cómo y de qué manera se puede sostener algo así».
LENGUA: El título evoca algo que trasciende a lo terrenal. En una novela tan física, tan corpórea, ¿quién es ese dios y qué lugares de la historia habita?
Marcos Augusto: La corporalidad está muy presente a lo largo de la historia. Yo quería que incluso el bicho tuviera una presencia física, que la presencia de algo como puede ser un virus se volviera algo que pudiera confundirse con un cuerpo. Hay un momento en el que Pedro se pregunta si el virus huele, esto es una forma de darle una presencia al virus que fuera mucho más allá. A mí me costaba mucho entender a alguien que genera todo un morbo hacia algo que es invisible, intangible… me preguntaba cómo y de qué manera se puede sostener algo así. Te hice dios tiene un sentido dual, por un lado está el tema del hacedor, dar la vida y dar la muerte, que es algo característico de los dioses. Un tema que me interesaba era el de deificar a una persona. En el fondo es un relato, o una carta, hacia un amante que ha desaparecido y para mí es tremendamente importante porque nosotros cuando colocamos a alguien en un lugar estratégico en nuestra vida, cuando colocamos a alguien en un lugar privilegiado de nuestra vida, decimos que está en un altar, por lo tanto a esa persona la conviertes en dios de alguna manera. La Sagrada Forma es la que está en el altar, la Sangre también está en el altar, esa carnalidad del pan que se convierte en cuerpo.

