Marta Pérez-Carbonell: «Solo hay un día en nuestra vida que no vamos a poder decir "mañana seguiré viva"; todos los demás, sí»
Marta Pérez-Carbonell publica su segunda novela, «Mañana seguiré viva» (Lumen, enero de 2026), y confirma con ella una voz narrativa que ya había dejado huella con su anterior obra, «Nada más ilusorio» (Lumen, 2024). Si entonces exploraba las fisuras del relato personal a bordo de un tren, aquí traslada la acción a Capri, en un hotel apartado donde Linda Rams, antigua estrella del cine de la edad dorada, vive retirada de los focos. Junto a ella está Lorenzo Belmonte, el periodista que durante años contribuyó a crear su leyenda, y que ahora es el único testigo de lo que la fama silenció. En una larga conversación frente al mar, el pasado irrumpe sin concesiones: la construcción del mito, las renuncias, los amores frustrados, la familia biológica frente a la que se escoge. Pérez-Carbonell compone así una novela de diálogos precisos y silencios elocuentes, donde cada recuerdo revela el coste íntimo de haber sido mirada. La periodista, escritora y gestora cultural Andrea Mateos habla con la autora en exclusiva para LENGUA.
Por Andrea Mateos

Marta Pérez-Carbonell. Crédito: Jeosm.
Nunca sé con exactitud en qué momento exacto comienza una entrevista. Me gusta pensar que el diálogo se inicia mucho antes de encender la grabadora, en ese gesto previo de reconocernos, de mirarnos con atención, de leernos entre líneas. Con Marta Pérez-Carbonell ocurre algo así. Hemos quedado en un restaurante italiano escondido en el callejón de Puigcerdá, en Madrid. Se trata de una antigua caballeriza del siglo XIX cuya estructura aún conserva la memoria de lo que fue. Sentadas junto a la ventana, rodeadas de ramos de mimosas, tomamos el café a pequeños sorbos mientras calentamos las manos en nuestras respectivas tazas y contemplamos el manto de invierno que acontece al otro lado del cristal, guareciéndonos del frío de febrero.
Marta es cálida, risueña, de conversación generosa. Me pregunta por los accesorios que llevo colgados de las orejas: unas fotografías en blanco y negro de Carmen Martín Gaite, captada justo antes de ponerse a escribir. Le confieso que forman parte de una colección que yo he apodado como «pendientes de genias». Sonríe y me dice que la salmantina es también una de sus grandes autoras. Pienso entonces que no siempre quienes entrevistamos son, además, interlocutores excepcionales, y que ese cruce —no demasiado frecuente— se parece mucho a la felicidad que una siente cuando abre un libro y se ve reflejada en sus palabras.
Pérez-Carbonell se formó en literatura inglesa e hispánica, se doctoró en Londres con una tesis sobre Javier Marías y hoy enseña literatura española en la Universidad de Colgate, en Nueva York. Su prosa tiene la marca inconfundible de quien conoce el oficio de narrar y ha pasado muchas horas dentro de los libros. De hecho, no es casual que en sus novelas aparezcan constantes referencias literarias, guiños, ecos y conversaciones de otras obras. «En tus novelas siempre sentimos que nos estamos colando, con invitación previa, en tu biblioteca personal», le digo medio en broma. Ella asiente. En el fondo, esa es una de sus intenciones más honestas.
Sin darnos cuenta, de un momento a otro nos ponemos a hablar de Linda Rams, como si fuera una más en la mesa. Es entonces cuando coloco los micros y empiezo a grabar. Linda, la protagonista de Mañana seguiré viva (Lumen, enero de 2026), es una antigua estrella del cine de la edad dorada que vive retirada en un hotel de lujo en Capri, lejos de los focos, acompañada únicamente de un periodista que ha sido durante años su mejor confidente… y también uno de sus mejores amigos. A través de las conversaciones de ambos, se despliega así un glamuroso paisaje insular, pero también un territorio interior donde se entrecruza lo público y lo secreto, la identidad construida para ser mirada y la de la persona más allá del mito. Mañana seguiré viva es, en apariencia, la historia de una mujer y de una vida entera, pero bajo esa superficie late algo más hondo: la certeza esperanzadora de que en nuestra existencia solo vamos a morir un único día, y que todos los demás están, sencillamente, para ser vividos.
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LENGUA: Tu primera novela se vendió a doce sellos antes incluso de que saliera publicada en España, es decir, al igual que la protagonista de tu libro —salvando las distancias—, tú también eres ahora mismo «un blanco de infinitas miradas». Pero, ¿quién es Marta? ¿Qué puedes contarnos de ti más allá de tu identidad como escritora?
Marta Pérez-Carbonell: La persona más extrañada de esa Marta escritora soy yo porque únicamente he publicado dos novelas. Me refiero a que he sido mucho más tiempo Marta a secas que Marta escritora. Marta escritora es, además, una Marta muy desastrada. ¿Cómo se traduce esto luego en todos los eventos tan glamurosos que llegan a raíz de la publicación de un libro? Es como detallar lo que ocurre en las sombras. Hay una brecha enorme entre lo que tú proyectas en las presentaciones y lo que tú sabes que has pasado para llegar hasta ahí —como tú dices: salvando las distancias con alguien como Linda Rams—. Porque el proceso de escritura es poco instagrameable. Hay un momento en mi primera novela en el que acontece un diálogo entre dos personas que hablan sobre lo que tienen en común todos los trucos de magia buenos, esa ficción en el sentido de que, cuando tú descorres la cortina para ver qué hay detrás, lo que ves es algo extremadamente aburrido, repetitivo y simple. A mí me gusta quedarme con la ilusión del truco. Y ese truco al final es la presentación última del libro.
LENGUA: Carmen Martín Gaite era conocida por apuntar todas las ideas a mano en sus famosos cuadernos de todo. A ser posible, de la marca Clairfontaine. ¿Dónde anotas tú todos esos retazos?
Marta Pérez-Carbonell: Soy de cuadernos, para mí el mundo de la papelería es un vicio absoluto. Yo para cada novela utilizo varios. Empiezo con uno más grande y luego siempre acudo a unos más pequeños. Para esta utilicé dos de Fabriano, que es una marca italiana preciosa porque, además, en su origen eran para pintar, entonces el papel tiene mucha calidad.
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Marta Pérez-Carbonell. Crédito: Jeosm.
LENGUA: El título, Mañana seguiré viva, no ha sido solo tuyo, sino también gracias a tu editora... ¿Cómo llegasteis a él?
Marta Pérez-Carbonell: La gestación del título es interesante porque, durante todo el proceso de creación, yo creía que la novela se iba a llamar Linda Rams. De hecho, no fue hasta el final cuando mi editora y yo comentamos que no nos convencía del todo. «Mañana seguiré viva», en realidad, es una frase que aparece dentro de la historia. Es también un pequeño guiño a mi primera novela, Nada más ilusorio. A mí me gusta mucho como lectora encontrarme el título dentro del propio libro. La cuestión de «mañana seguiré viva» es que es una frase que parece muy grandilocuente, pero luego el contexto en el que te la encuentras es distinto: se traslada a ese punto en el que Linda y su hija Silvia están sentadas en el escalón y están hablando de una viñeta de Snoopy en la que Charlie Brown le dice que todos vamos a morir un día; y Snoopy le responde que sí, pero que todos los demás días, no. Así que cuando me lo propuso mi editora, Carolina, tuvo todo el sentido.
LENGUA: Desde luego es una frase muy potente. A mí me sugiere continuidad. ¿Qué es para ti «seguir viva»: sobrevivir, recordar o narrarse?
Marta Pérez-Carbonell: Para mí evoca esperanza. «Mañana seguiré viva» puede parecer un enunciado casi de tipo amenaza. También de pregunta: ¿por qué vas a seguir viva? Y se conecta con esa idea de que realmente solo hay un día en nuestra vida que no vamos a poder decir «mañana seguiré viva»; todos los demás, sí. A mí me transmite esperanza: si vamos a seguir vivos todos los días de nuestra vida, quizá al día siguiente intentemos no perdernos en las minucias. Linda tiene esa capacidad magnánima de ver la vida como algo para rehacer, para reinventarse. Eso no quiere decir que lo haya hecho todo bien… Su hija, de hecho, no lo ve así. Pero sí está la esperanza de que, aunque quizá hoy haya tenido un día indeseable, mañana seguirá viva.
«La persona más extrañada de esa Marta escritora soy yo porque únicamente he publicado dos novelas. Me refiero a que he sido mucho más tiempo Marta a secas que Marta escritora. Marta escritora es, además, una Marta muy desastrada».
LENGUA: Desde el inicio de la novela, el lector se está preguntando constantemente por la infancia semioculta de Linda Rams. De hecho, ella misma cuenta que, gracias a Gloria, su personaje más célebre, pudo mirar años después a la cara a la niña que fue. ¿Qué le susurrarías tú ahora a esa niña que fuiste?
Marta Pérez-Carbonell: Madre mía, qué buena pregunta… Yo era una niña tímida, una niña que, de alguna manera u otra, se sintió muchas veces un poco expulsada. Creo que es algo que nos ha pasado en algún momento a todos los que éramos lectores. Así que lo que le susurraría a esa Marta chiquita es que puede pasar a ese otro lado, al lado de escritora. Porque siempre he sido lectora, pero me ha costado mucho tiempo atreverme a contar yo también una historia. Publiqué mi primera novela con más de cuarenta años. ¿Por qué no me atreví antes? A veces creces con la idea de que hay cosas que son de otros, pero, si lo piensas, nada te viene dado de nacimiento.
LENGUA: Siguiendo con el tema de la infancia, la novela aborda la maternidad y la filiación como dos caras de una misma moneda. Linda Rams es una mamapapá que ha tenido que criar sola a su única hija y, además, lidiar con el éxito y la fama. ¿Siempre tuviste claro que querías encarnar esa tensión desde ese enfoque?
Marta Pérez-Carbonell: Sí, siempre tuve claro que la íbamos a conocer por las dos vías. Por un lado, está Linda madre, que tanto ella como su hija sienten que no lo ha hecho bien, pero está también la constatación de que ese no era su único cometido en la vida. Porque ella, antes de ser madre, era una mujer con una serie de esperanzas, sueños, necesidades y ambiciones. Después está la manera en la que se queda embarazada. Es desde el inicio, de hecho, uno de los grandes interrogantes de la novela: ¿quién es el padre? En la historia no hay un modelo de padre, amor y familia tradicional. Pero sí hay una conexión vital entre todos los personajes. A mí me gustaba explorar la idea de la familia escogida: desde Lorenzo hasta Milko, Albice, Marcella o Baz. Yo creo que, además, en el ciclo de madre-hija hay un momento en el que piensas que tu madre, además de tu madre, es también una persona con su propia herencia emocional. Muchas veces como hijas se nos olvida que, por encima de la figura materna, hay un ser humano, y eso es lo que hay que desaprender.
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Marta Pérez-Carbonell. Crédito: Jeosm.
LENGUA: Tengo que decirte que a mí el personaje de Silvia me ha parecido tremendamente profundo porque, al final, es alguien que tiene tantos sentimientos contradictorios y enfrentados… Admira a su madre, quiere ser como ella, pero odia que sea famosa, que no le preste la atención que ella quiere.
Marta Pérez-Carbonell: Es que el ser humano es así. En realidad, somos así. Lo bueno y lo malo, esa conceptualización maniquea, no existe. Somos seres y todo eso está cambiando constantemente. Ser humano es abrazar la complejidad y convivir con todos esos sentimientos que, muchas veces, están encontrados.
LENGUA: Hemos hablado de las heridas de Silvia, vamos a mencionar ahora las de Linda. Al final, cuando exploramos la fama como concepto, muy pocas veces se relata la parte oscura de la misma, ese lado que puede arrinconar a las personas en un sentimiento inmenso de soledad. Una soledad que, por otra parte, no siempre es elegida... ¿Cómo lidia Linda Rams con esto, con ser mirada constantemente?
Marta Pérez-Carbonell: Son heridas profundas porque Linda llegó a ese mundo ya herida, a causa de ese pasado tumultuoso del que no quiere hablar. Pero, cuando luego entra por la puerta grande y gana su primer Oscar, de repente empieza a convivir, además, con una mirada externa constante, que acarrea una narrativa que le construyen en torno a su persona. En realidad, tenemos que tener en cuenta que, más allá del mito, Linda es una mujer con sus inseguridades, con su pasado. Es una persona llena de complejidades y de contradicciones. Hay un momento en el que se la encasilla de vieja, de histérica, de desesperada, de loca. Las heridas de Linda son muchas y muy complejas porque… ¿cómo combates los espejos que te rodean y te devuelven una imagen constante de ti misma?
LENGUA: Esto está muy relacionado con una parte de la novela que me encantó, donde, en un momento de diálogo entre Lorenzo y Linda, él le pregunta si no cree que podría ayudar a otras mujeres hablando de su infancia en Madrid. Y ella le responde: «No, ya he sido ejemplo de muchas cosas». ¿Crees que las mujeres —y especialmente las mujeres artistas— cargan con una exigencia social que las empuja a ser referentes en todos sus roles?
Marta Pérez-Carbonell: Es que es una carga muy injusta con la que no suelen cargar los hombres, porque a los hombres no se les exige tan a menudo que hagan este tipo de alegatos públicos. Una artista que es actriz, que no se dedica a otra cosa que a actuar, no tendría por qué ser ejemplo de algo que ella no quiera.
«Publiqué mi primera novela con más de cuarenta años. ¿Por qué no me atreví antes? A veces creces con la idea de que hay cosas que son de otros, pero, si lo piensas, nada te viene dado de nacimiento».
LENGUA: En la historia hablas también de esas personas que transitan a nuestro alrededor sin que sepamos aún qué papel jugarán en nuestra vida, un tema que ya aparecía en tu obra anterior, en el trayecto de un tren. ¿A ti esto te ha pasado alguna vez? Me refiero a toparte de frente con un completo desconocido y plantearte, o al menos pensarlo de forma fugaz, sobre el papel que esa persona, que todavía no conoces, pueda desempeñar en tu vida. Fantasear con eso, igual que con el personaje de un libro.
Marta Pérez-Carbonell: Fíjate, me estoy acordando ahora: en 2005 yo estaba viviendo en Nueva Orleans. Estaba terminando la carrera y dando clases en la universidad con una beca. Ese fue el año en el que llegó el huracán Katrina y se inundó toda la ciudad. Yo había llegado allí hacía un mes y tuve que evacuar todo, perdí todas mis cosas. Fue una cosa espantosa salir de la ciudad y luego reubicar todo. Después de esa experiencia, me han preguntado muchas veces si iba a escribir algo sobre ello. Todavía no lo he hecho, aunque en mi primera novela sí ha habido alguna escena en la que aparece una mujer que se ve sola en una situación extremadamente adversa. Ahora que lo pienso, a lo mejor en ese contexto sí había algo de eso, pero yo no suelo ser consciente en el momento, mientras lo vivo. A veces es más sutil que una conversación, es más una mirada, entrar en algún lugar, sentir algo concreto. A veces no es una persona, sino una playa vacía y, de repente, te das cuenta de que en tu mente tenías aquella playa, que aquel día te hizo sentir de una determinada manera.
LENGUA: En un momento del relato, una de esas personas que transitan alrededor de la vida de Linda, Milko, reflexiona sobre la calidad literaria. Para ti, ¿qué es un buen libro?
Marta Pérez-Carbonell: Mira, ahí sí que Milko y yo coincidimos. Reconozco que esa opinión de Milko se la he trasladado yo. Para mí un buen buen libro es un libro que te habla con una voz que tú siempre quieres escuchar porque sientes que no se parece a ninguna de las voces que has oído hasta entonces, es casi como un bálsamo. Los escritores que he leído siempre y de los que he leído toda su obra para mí son voces que me dan igual lo que cuenten.
LENGUA: De hecho, en tu novela haces muchos guiños a muchas de esas voces. Es una novela de muchos guiños cinematográficos, musicales, de menciones a otros autores… No es un libro dentro de otro libro, como tu anterior novela, pero sí has dejado en esta una librería particular. Además de los que ya mencionas en la historia, ¿qué otros buenos libros recomendarías?
Marta Pérez-Carbonell: El primero que recomendaría es Corazón tan blanco de Javier Marías, un libro maravilloso, redondo, colosal. Una historia increíble que a mí me cambió la vida, pero de verdad, porque fue el primer libro de Marías que leí y, gracias a él, me quedé en la universidad e hice una tesis sobre él. Sin él, yo no habría escrito. El segundo libro, que está al mismo nivel que el primero, es La loca de la casa de Rosa Montero. Rosa tiene tres libros de esos que ella llama «artefactos literarios», pero es que este es maravilloso. En cuanto al tercer libro… Suele variar porque depende de lo que haya leído recientemente. Hoy te diría que El aniversario de Andrea Bajani. Es un libro peculiar que trata de la ruptura de un hijo con sus padres y está escrito con una precisión quirúrgica.
LENGUA: Voy a terminar esta entrevista con un mensaje que lanzas al inicio de la novela: «No se sabe nada; todo se imagina» y «si no sabemos nada, podemos fantasear con todo». Para cerrar el círculo: ¿con qué está ahora mismo fantaseando Marta Pérez-Carbonell?
Marta Pérez-Carbonell: Con otra historia. Es muy diferente y voy a tardar más en escribirla porque ahora tengo un bebé y escribo mucho menos. Escribir, como hablábamos antes, conlleva una obsesión, un volcarte por entero en la historia y que esta se convierta en tu vida, en tu realidad. Y eso, cuando tienes un bebé, no es tan viable… Pero, bueno, digamos que estoy con una historia que no tiene nada que ver con esta novela ni con la anterior. Todavía está muy incipiente y no me atrevo a desvelar nada de ella para no gafarla. Lo que sí te voy a decir es que en ella vuelve a ser importante la mirada. Me gustaría que los lectores volvieran a pensar en la mirada, en la mirada de los demás, en cómo miramos el mundo. En cuanto al estilo, va a ser un poco más oscuro que las anteriores.
Premio Nobel de Literatura 2024

