Uri Bleier: «Les hemos arrebatado el futuro a las mujeres trans, se lo hemos arrancado de tajo completamente»
Con una prosa que baila entre la ferocidad y la ternura, Uri Bleier irrumpe en la escena literaria con «Esta cuerpa mía» (Alfaguara, mayo de 2025), una novela desbordante de vitalidad, humor y cruda honestidad. En sus páginas, el lector se sumerge en un universo donde el cuerpo es trinchera y celebración, territorio de lucha y deseo. Entre cumbias, lentejuelas y tacones altos, Bleier construye una historia vibrante que huele a calle, sabe a mar y palpita al ritmo de una libertad conquistada a pulso. Hay sexo, drogas y peligro, sí, pero también hay amor, sororidad y la rabia necesaria para resistir. Su protagonista, indomable y entrañable, cabalga esta historia con una voz que no se calla nada, que se inyecta de vida aunque duela, que arde y brilla. «Esta cuerpa mía» no es solo una novela: es un manifiesto encarnado, una canción furiosa y luminosa en la que cada palabra tiene cuerpo.

Uri Bleier. Crédito: Yvonne Venegas.
Uri Bleier escribe con la pasión de quien empieza a conocer todo el potencial de las palabras y aprende a disfrutar explotándolo. Con horas de investigación y trabajo, ha levantado esta historia, Esta cuerpa mía (Alfaguara, 2025), gracias a un interés genuino por el lenguaje, por la oralidad, por qué dice de nosotros no solo aquello que expresamos, si no cómo lo hacemos. Con la experiencia de Cassandra Huaso como base, el escritor «chilango, judío y joto» crea una voz en primera persona que transmite el dolor más terrible a través de la gracia, del desparpajo, llegando al último grado de humor que se alcanza con la franqueza absoluta. Así ha escrito una novela que nos incita a entrar en el vaivén de emociones sin ningún tipo de armadura, porque no hay defensa posible contra la sinceridad, la narración directa y sin tapujos. Ha conseguido ver y atrapar la potencia del movimiento queer, de la lucha de las personas trans, de las trabajadoras sexuales, en afilados personajes que no pueden ser más honestos, que nos hacen verles y vivir la historia de Mónica —que nació como Leonardo— como ella misma se la hubiera contado: sin pena, sin complejos, con la cabeza alta y apretando bien los verbos.
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LENGUA: ¿Cómo se hacen convivir en una misma novela tanta violencia y tanta dulzura?
Uri Bleier: Una de las cosas que más me interesa explorar en mi escritura, y en lo personal, es la capacidad de vivir ciertas cosas de cierta forma. Esta historia está basada en una serie de entrevistas que le hice a Cassandra Huaso, una chava trans trabajadora sexual en México. La intuición que yo tenía al acercarme al colectivo trans tenía que ver con cómo usaban el lenguaje. Me interesaba acercarme a gente que, por sí misma, trabajara con el lenguaje como una herramienta mucho más que política. Me fui dando cuenta de que el lenguaje te puede salvar. La intención era justamente no victimizarlas, ni tampoco exotizarlas. Para mí fue un aprendizaje muy importante porque uno no piensa en el lenguaje como un espacio de salvación, sin embargo, es justamente lo que permite estar viviendo esos swings de sensaciones, pero no quedarse en uno.
LENGUA: En la novela hay mucha investigación, y mucho de aprender a hablar como tu personaje. ¿Fue difícil apropiarse de una voz ajena, para narrar en primera persona una historia tan personal?
Uri Bleier: Cuando empezaba a entrevistarla y ella me iba explicando ciertas cosas, surgían en mí dudas que estaban muy mediadas por la curiosidad, dudas que no tenían nada que ver con la historia que ella me estaba contando. Entendí que yo iba a ser capaz de contar esa historia en la medida en la que pudiera eliminarme a mí por completo. Porque esto pasa, de repente es más bien esa curiosidad la que te lleva la pluma. Y entonces, en la medida en la que tú entiendas y elimines esa curiosidad, no vas a estar guiado por ti, sino por el personaje. Esa fue la forma que tuve para encarnar esa voz, sin que yo estuviera entorpeciendo.
LENGUA: Profundizas en vínculos muy potentes, muy personales, como el de la madre.
Uri Bleier: Yo creo de verdad que tu madre es tu patria. Me interesaba explorar aquí ese vínculo, porque es muy complejo, tiene como un motorcito de amor, muy importante, pero tiene también una carga social. El camino por donde transcurre eso que quizás es el amor, no es tan fácil. Está la sociedad viéndote, está una mamá que, por mucho que te quiera, también tiene expectativas sobre ti y que, sobre todo, no te quiere hacer sufrir. Muchas veces en esas experiencias, el miedo de la madre es a que sufras. Entonces explorar esos vínculos familiares para mí era muy importante. En mi propia familia hay vínculos muy buenos, y vínculos muy complicados, que creo que era importante extrapolarlos aquí, configurar esa familia de tal forma que se sintiera algo real, complejo.
LENGUA: El padre tiene el perfil de villano, sin embargo, ella dice: «Mi papá estaba hecho de madera buena». ¿Qué sucede con el vínculo con su padre?
Uri Bleier: Yo creo que muchas veces lo que pasa con las figuras que se quedan estáticas en el tiempo, es que uno tiende a romantizarlas. Y ya uno puede hacer con ellas lo que quiera, porque puedes proyectarle para atrás lo que te interesa. Me parece que son figuras muy interesantes en ese sentido, porque no terminaron de crear su obra en términos de vida. Entonces uno puede tomar ciertos rasgos y hacerlos crecer, y puede apagar otros. Eso pasa en las relaciones y pasa también en la propia familia. En la medida en que entiendas que tu cerebro te va a boicotear, serás capaz de vivir una mejor vida. Muchas veces eso también es lo lindo de escribir en primera persona, que no tienes que regalarle a todo el mundo una visión general de lo que pasa. En ese sentido, se proyecta como: bueno este es el vínculo de un papá que se murió, al que ella le tenía cariño, porque a esa edad tu papá es un poco un superhéroe. Pero visto desde fuera dices mija…
LENGUA: En un capítulo ella acompaña, todavía como Leonardo, a su madre y a su hermana a ver a Juan Gabriel. ¿Cómo de importantes son los referentes?
Uri Bleier: Acercarte a un personaje tan famoso que de una u otra forma, te espejea, te permite entablar una relación idílica con alguien que no existe. Parece que son personas a las que uno va a atribuirles la proyección de quizás quién quiere ser, qué tanto éxito quiere tener, qué tan visible quiere ser, la posibilidad de vestirte de otra manera, de ser diferente. A el famoso se le permite ser libre. Esto pasa en ese capítulo, Juan Gabriel está indultado de ser gay en México, porque era demasiado famoso, muy talentoso. De repente te reconoces ahí y empiezas a entablar esa relación un poco platónica. Y yo creo que eso pasa con estos referentes, como crees que te entienden, buscas en sus letras algo que te representa. Son personas muy importantes para la construcción, digamos, de tu persona no normativa.
«Creo de verdad que tu madre es tu patria. Me interesaba explorar aquí ese vínculo, porque es muy complejo, tiene como un motorcito de amor, muy importante, pero tiene también una carga social».
LENGUA: ¿Cuánta libertad tiene el movimiento queer ahora mismo? ¿Qué implica la libertad?
Uri Bleier: Es una pregunta difícil, yo realmente creo que hemos avanzado mucho en esta lucha, pero que se tiene que seguir dando. Es una cuestión cultural y social, porque de nada sirve que te puedas casar ante la ley, pero en tu casa te sigan machacando, o habitar una escuela en la que te están buleando todo el rato. La ley te permite unas libertades que incluso es probable que no puedas llegar a disfrutar, porque la sociedad es el primer regulador, y creo que ahí es el lugar en el que hay que trabajar. Muchas veces es confuso, pero hay algo que se apaga en la conversación nacional cuando se logra un derecho. A veces es más importante el hecho de perseguir algo, porque se va ganando mucho en el camino. La lucha no es solo la de lograr que la ley te avale, los políticos siempre llegan tarde a todo, la lucha está en el día a día en la sociedad.
LENGUA: En un momento se demanda que ellas no tengan el respeto para ser escuchadas, para defenderse a sí mismas.
Uri Bleier: En general se ha vilipendiado a las mujeres trabajadoras sexuales en toda la historia de la sociedad. Las trabajadoras sexuales son un concepto social, al que se le atribuyen ciertas cosas, pero para la sociedad no son personas. Y siempre se tratan como un concepto, no hay un acercamiento, no hay una intención de entender, no hay un análisis real de lo que está pasando. Siempre han tenido voz, lo que muchas veces no han tenido, es micrófono, y ahora empiezan a agarrar el micrófono y dicen espérate, aquí hay algo que tenemos que luchar. La sociedad tiene estos personajes en los que puede descargar toda su furia y su frustración como si no sucediera en la vida real. Tú los puedes matar, les puedes gritar y eso no se investiga, o no se castiga. Esto es lo que tiene que cambiar y, creo que, desde hace tiempo, está cambiando con las mujeres, está cambiando con el colectivo LGBTQ+, y ahora tiene que empezar a cambiar con el colectivo de las trabajadoras sexuales, porque son personas que tienen el mismo derecho que nosotros.
LENGUA: El otro gran estigma social que aparece en la historia, que contribuye a esta desvirtuación, son las drogas. ¿Por qué parece que siempre van de la mano?
Uri Bleier: Creo que tiene que ver con qué herramientas habitan en cada espacio. No vamos a tratar de hacer la analogía, pero en el espacio de oficina existen un cierto tipo de herramientas y, en la calle, existen otras herramientas. No pueden entrar las de allá para acá y las de acá para allá. La sociedad lo que hace es limpiar los centros pero no elimina la basura: la expulsa. Las drogas son algo que habita en los márgenes. A las mujeres que hacen trabajo sexual y a mucha gente en el colectivo, la sociedad la escupe directamente para el margen, y en el margen, hay aparentemente menos reglas, y donde hay menos reglas, hay más abuso de sustancias. Mónica llega a Tijuana, en su casa le habían dicho mira el diablo es esto, son personas que hacen trabajo sexual, son putas, son personas que se drogan, y de repente el diablo es Rosy, pero resulta que es la primera que la ve como la persona que es, que la acepta con ternura. Lo que tienen los márgenes es que si la sociedad no te escupe, no llegas. Entonces ahí hay unas sustancias más normalizadas que otras. Con el alcohol hay un abuso total en la sociedad, pero no pasa nada. No es por la medida en que eres adicto o no eres adicto a una sustancia, sino como qué tan lavada y qué tan blanqueada esté.

Uri Bleier. Crédito: Yvonne Venegas.
LENGUA: Si salvarse es poder ser fiel a lo que somos, a lo que queremos hacer, en comunión con lo que nos hace bien o nos hace mal. ¿Con qué valores se construye Mónica a sí misma?
Uri Bleier: Es muy, muy fuerte cuando entiendes que no vas a salvarte y que lo que vas a hacer es sobrevivir. México tiene una cultura de la muerte muy rara y me parece muy interesante. Para mí, la verdadera cultura de la muerte son las mujeres trans. Cassandra decía «yo tengo 40 y tantos, ya le debo pues no sé ocho o diez años a la vida no más». El corazón se me hacía pedacitos. Entras a querer salvar a una persona que te está diciendo con toda la claridad, y sin ningún rasgo ni atisbo de victimismo que a los 50 años se quiere ir. Les hemos arrebatado el futuro a estas mujeres, se lo hemos arrancado de tajo completamente. Están intentando sobrevivir todo el rato, y saben que la única manera que tienen es con su cuerpo, porque la sociedad no dio otras herramientas, ni permitió utilizarlas, es muy duro. Entonces creo que importan mucho menos los valores o esta construcción, y lo que hay es un modo de supervivencia, un hálito de oxígeno que tiene fecha de caducidad.
LENGUA: ¿Has sufrido escribiendo?
Uri Bleier: Sí. Yo lloré muchísimo con esta novela, sigo llorando muchas veces. Te metes tan adentro que te das cuenta de tu privilegio, de las diferencias. Y realmente es muy doloroso, o sea hay capítulos, como el del poema de las mujeres o las escenas de violación que me dan un mal cuerpo que me quiero morir. También me he reído y gozado. He vivido en la felicidad más absoluta y en la tristeza más profunda escribiendo.
LENGUA: ¿Cómo es de fiel a la realidad?
Uri Bleier: Demasiado fiel. A mí me interesa preguntarme muchas cosas, no necesariamente las resuelvo, pero hay unas preguntas que están motivando todo el rato la escritura. Entendí que había como tres capas, la primera eran los hechos, datos duros, objetivos. Después, cómo hilamos la narración de estos hechos. Y luego están las sensaciones que deja esa narración. Cuando entendí que le quería ser fiel a sus sensaciones, porque me parecía que en las sensaciones está el retrato más real, entonces empecé a escribir con mucha libertad de ficción, porque sabía que no iba a llegar a ese lugar desde otro lado. Pegarse a los hechos, como en el periodismo, no permite mostrar las sensaciones, les cuesta más trabajo llegar ahí, y para mí era importante escribir eso. Así que es asquerosamente fiel, es tristísimo, y la realidad es mucho más cruda. Incluso hay cosas que ella me contaba que yo sabía que el libro ya no aguantaba. Hay una frase que es «el papel lo aguanta todo», pero aquí es como no, el papel no lo aguanta todo, es el cuerpo el que lo aguanta todo.
LENGUA: ¿En algún momento tuviste miedo de la crítica, de tu figura como escritor al elegir esta historia?
Uri Bleier: María Fernanda Ampuero, que es una escritora que me arropó mucho, me dijo como «Uri la novela es increíble, pero te van a matar, porque eres blanco, muy privilegiado…». Hubo un momento en el que medio asumí que tenía que hacer un prólogo o algo, y mi editora me dijo «las novelas no llevan prólogo, esto es una ficción. O sea, no te vas a justificar ante nadie, esto está escrito con mucho respeto». Ese miedo era de otros y lo entiendo. Hasta hoy nadie ha dicho nada, pero me pueden decir lo que sea. No puedes meterte en camisa de once varas, no salir bien o no hacerlo bien, y luego andar llorando. Una de las cosas más importantes que para mí tiene que tener un artista, es hacerse cargo de su obra.
«Realmente creo que hemos avanzado mucho en esta lucha [la del movimiento queer], pero se tiene que seguir dando. Es una cuestión cultural y social, porque de nada sirve que te puedas casar ante la ley, pero en tu casa te sigan machacando, o habitar una escuela en la que te están buleando todo el rato».
LENGUA: ¿Y qué fue lo más difícil de superar a nivel creativo?
Uri Bleier: En esta novela hay como una estética, una poética, algo como muy mío. Algo que ya me interesa empezar a explorar, que no está terminado de pulir, pero ya se empieza a atisbar. Creo que encontré un poco eso. Luego lo más difícil, fue que la historia no fuera solo triste, que la gente no se quedara con un mal sabor de boca, quería que entendieran que baja, pero también sube. Que hay algo de dignidad en vivir vidas que parecen muy duras, y ahí creo que me ayudé con la estructura. Creo que mucha gente la dejaría si los capítulos fueran más largos, que no podría soportar que una escena como la de la violación se alargara en el tiempo. Hay cosas muy duras, pero la propia estructura te va permitiendo avanzar como «bueno, un poquito más».
LENGUA: ¿Qué lecturas o que apoyos han sido importantes?
Uri Bleier: Yo creo que los talleres para mí fueron fundamentales. En España siempre animaron mucho, no sé si era que les gustaba mi forma de escribir o de leer, pero siempre recibía mejores críticas de los españoles que de la gente en México. Sabina Urraca, es una increíble impulsora de la escritura, esa mujer sabe cómo sacarte las historias y contagiarte las ganas de escribir. Luego, María Fernanda Ampuero, que cuando me leyó casi que adoptó la novela. Y la tercera muy importante, fue la de Pablo Simonetti, porque fue él quien realmente me puso en contacto con Mayra, mi editora, para que le hiciera llegar el texto.
LENGUA: ¿Estás orgulloso del resultado final?
Uri Bleier: En términos de publicación, creo que se construye y se escribe muy diferente, cuando no sabes que vas a publicar. Hay un punto de valentía o de libertad que te da el pensar que a lo mejor no se publica. Cuando estás escribiendo sin saber que vas a publicar, no estás creando un artefacto cerrado, no estás desplegando herramientas narrativas en un texto pensando en el total. Creo que eso se hace cuando ya vas a publicar, entonces entran otros cuestionamientos, también muy interesantes, pero vas trabajando desde otro lugar. O sea que sí, estoy contento porque me parece un buen inicio, me representa, me gusta, me divierte mucho, me entristece mucho. Me transmite muchas sensaciones, que era un poco lo que buscaba.
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