Borges por Borges: «La literatura es algo que se apodera de un hombre»
Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 y desde muy temprano pareció destinado a habitar un mundo hecho de signos, reflejos y enigmas. Antes de convertirse en uno de los nombres esenciales de la literatura universal, el niño Borges se demoraba ante los tigres del Zoológico de Palermo, fascinado por aquel «pelaje de oro» que, años más tarde, seguiría brillando incluso en la penumbra de su ceguera. Espejos, laberintos, bibliotecas, gauchos, máscaras y tigres componen el territorio inconfundible de un autor que hizo de la ficción una forma de pensamiento y de la memoria una arquitectura infinita. Premio Nacional de Literatura en Argentina y Premio Cervantes, Borges dirigió la Biblioteca Nacional cuando sus ojos ya no podían leer los lomos de los libros. A 40 años de su muerte en Ginebra el 14 de junio de 1986, LENGUA recupera una selección de citas extraídas de «Ensayos completos» y «Conferencias reunidas: 1960-1985», títulos reeditados por Alfaguara en 2026.

Retrato del escritor y poeta argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) en su despacho de la Biblioteca Nacional, en la calle México 564, Buenos Aires, Argentina, en 1971. Crédito: Getty Images.
Sobre los cuentos
«Siempre ocurre que veo el principio y el fin, sobre todo si se trata de un cuento. Es decir, yo sé quién es el personaje o quiénes son los personajes. No tengo mucha imaginación en la primera
página. Y sé lo que ocurrirá en la última. Pero tengo que descubrir, por mi cuenta, toda esa zona intermedia de sombras. Y a veces me equivoco en la oscuridad».
Mi poesía
«Yo tuve la revelación del arte de la poesía, es decir, del valor mágico de la palabra. Y luego, mucho después, hice otro descubrimiento, el hecho de que la belleza es común y que todos podemos alcanzarla o la habremos alcanzado alguna vez».
«El fin no es el asombro, creo más bien en lo que decía Pound: que el deber del poeta es expresar lo que muchos hombres habían pensado pero nadie había expresado de un modo tan cabal».
El lenguaje
«Tenemos que usar el lenguaje de un modo que no es el habitual: buscando una música. Esto se refiere por igual a la prosa y a la poesía. Podríamos decir que la prosa no existe».
El escritor
«Yo creo que es mejor que el escritor intervenga lo menos posible en su obra».
«Suponer que ser escritor es un oficio es un error. Es verdad que existe una Sociedad Argentina de Escritores. Yo he sido dos veces presidente de esa equivocada sociedad, en la cual se supone
que ser escritor es un oficio. Pero no puede ser un oficio por un hecho muy sencillo. Ser carpintero es un oficio (…) Pero si yo escribo un poema tengo que competir con Shakespeare, con Hugo, con Dante, bueno... con todos los escritores del mundo. Y siempre ha sido así. Éste no es un oficio, no es un problema de gremio, absolutamente».
La literatura y el laberinto
«La literatura (al decir literatura me refiero también a las otras artes que no conozco y que querría conocer como la música o la pintura) es algo que se apodera de un hombre».
«El laberinto es el símbolo viviente de la perplejidad, y por eso lo he elegido, porque de las muchas emociones que el hombre siente, la más frecuente en mí es la perplejidad, la maravilla, el asombro».
Mi ceguera
«Empezaré refiriéndome a mi modesta ceguera personal. Todavía puedo descifrar algunos colores, todavía puedo descifrar el verde y el azul. Hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo. El mundo del ciego no es la noche que la gente supone. Uno de los colores que los ciegos (o en todo caso este ciego) extrañan es el negro; otro, el rojo. Yo vivo en ese mundo de colores».
«Recuerdo que de chico me demoraba ante unas jaulas del jardín zoológico de Palermo y eran precisamente la jaula del tigre y la del leopardo. Me demoraba ante el oro y el negro del tigre; aún ahora, el amarillo sigue acompañándome. He escrito un poema que se titula «El oro de los tigres» en que me refiero a esa amistad».

