Literatura

Raquel Tibol, la mujer que nunca pudo hacer una biografía de Frida Kahlo

Raquel Tibol fue una reconocida crítica de arte que se propuso un libro exquisito: explorar la vida de Frida Kahlo a través de sus propias cartas, llenas de reflexiones, hechos e imágenes conmovedoras. “Escrituras” fue publicado hace poco más de veinte años. Pero al poco tiempo, el libro se retiró de las librerías y nunca más se supo de esas cartas. Mónica Maristain recuerda a Tibol y el misterio que rodea a esa correspondencia en la que Frida actúa como biógrafa de sí misma.
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Ilustración: Max Rompo.

por MÓNICA MARISTAIN

Lees unas cartas que hablan de ella y que son ella misma. Te llamas Raquel Tibol. Eres historiadora. Vives en México, pero naciste en Basavilbaso, Entre Ríos. Hay una sonrisa imaginaria en ti, porque Frida llama vagos a los surrealistas y a Breton. No fueron a recibir sus cuadros a la aduana. Ahora está preocupada por su obra y recuerdas que una vez tú dijiste que Guillermo Fadanelli debía cuidarse mucho, porque se iba a morir. Como esa voz que llama de la historia y nos recuerda algunos pasos que dieron antes que nosotros para hacer de este territorio algo cultural, algo tangible.

El libro Escrituras, de Frida Kahlo, con prólogo de Antonio Alatorre, con tu selección, proemio y notas, viene prestado de la escritora Silvia Molina. Está editado por Plaza y Janés. Le comento eso a Braulio Peralta y de pronto comienza a experimentar un cierto grado de enojo. Recuerda esos días. Tú trabajando en las cartas de Frida Kahlo, negociando con el Fideicomiso. Que un día dice que sí, otro dice que no. Que al final decide sacar el libro del mercado y a ti te pide que devuelvas todo el dinero que te había dado la editorial (unos cincuenta mil pesos) y las regalías generadas hasta el momento.

«… mi exposición no estaba arreglada. Mis cuadros me estaban esperando muy quietecitos en la aduana, pues Breton ni siquiera los había recogido. Ustedes no tienen ni la más ligera idea de la clase de cucaracha vieja que es Breton y casi todos los del grupo de surrealistas. En unas palabras, son unos perfectos hijos de… su mamá.»

Las cartas de Frida Kahlo no requieren una biografía, tú lo reconoces en el proemio: «Cuando Hayden Herrera en su trabajo mayor: Frida: una biografía de Frida Kahlo (editado en inglés en 1983 y en español en 1985) dio a conocer muchísimas cartas de Frida a amigos y amantes, tuve la convicción de que era necesario reunir lo escrito por ella en una secuencia estrictamente cronológica, fueran cartas, recados, mensajes, confesiones, recibos, corridos, solicitudes, protestas, agradecimientos, imploraciones y otros textos más elaborados, para obtener frutos irrecusables: una tácita autobiografía y la ubicación de Frida dentro de la literatura confesional e intimista del siglo XX mexicano».

Ahora que estás muerta, Raquel, es probable pensar en ti como la que nunca pudo hacer la biografía de Frida Kahlo. Desde ese largo viaje de Sudamérica a México, tu propuesta de hacer una biografía, los efectos del demerol «que puso en riesgo la vida de aquel venado herido», se cayeron al suelo.

«Cuando comprendí que las complejas vivencias y las tensas energías de la casa de Coyoacán chocaban con mi capacidad de asimilación, decidí cambiar de escenario», dices.

Entonces las cartas de Frida Kahlo son tu segunda oportunidad de biografiar a Frida. 

Hasta que el Fideicomiso dijo no por enésima vez y mandó a sacar tu libro (¡maravilloso!) del mercado. Hoy, mientras Guillermo Fadanelli sigue vivo, Frida Kahlo es la artista mejor pagada internacionalmente (muy lejos de los otros artistas mexicanos), uno de esos libros rescatados (Escrituras de Frida Kahlo, de Raquel Tibol) cuesta 3.200 pesos en Amazon y 2.280 pesos en Mercado Libre. 

AHORA ELLA CUENTA SU PROPIA BIOGRAFÍA

Frida habla del dolor:  en una carta a su primer amor, Alejandro Gómez Arias, dice que «el viernes me pusieron el aparato de yeso y ha sido desde entonces un verdadero martirio, con nada puede compararse; siento asfixia, un dolor espantoso en los pulmones y en toda la espalda, la pierna no puedo ni tocármela y casi no puedo andar ni dormir menos».

Habla de la pérdida de su hijo, esa ilusión que tenía: en una carta a su doctor querido, escrita desde Detroit, se lamenta y recuerda: «En esos días estaba yo entusiasmada en tener al niño, después de haber pensado en todas las dificultades que me causaría, pero seguramente fue más bien una cosa biológica, pues sentía la necesidad de dejarme a la criatura. Pasaron dos meses casi y no sentía ninguna molestia, estuve en reposo continuo y cuidándome lo más que pude. Pero como dos semanas antes del 4 de julio empecé a notar que me bajaba una especie de sanguaza casi a diario, me alarmé y vi al doctor Pratt y él me dijo que todo era natural y que él creía que podía yo tener al niño muy bien con la operación cesárea. Seguí así hasta el 4 de julio, que sin saber ni por qué aborté en un abrir y cerrar de ojos. El feto no se formó, pues salió como desintegrado a pesar de tener ya tres meses y medio de embarazada».

Habla todo el tiempo de Diego Rivera, cuando se enamora de él. Habla de él: «Diego hace ya tres días que empezó a pintar, el pobrecito llega rendido en las noches, pues es un trabajo para mulas y no para gentes». Habla con él: «Creo que lo que pasa es que soy un poco bruta y un tanto cuanto zorrilla, pues todas estas cosas han pasado y se han repetido durante siete años que vivimos juntos y todas las rabias que he hecho no me han llevado sino a comprender mejor que te quiero más que a mi propia piel y que aunque tú no me quieres de igual manera, de todos modos algo me quieres, ¿no? O si no es cierto, siempre me quedará la esperanza de que sea así, y con eso me conformo. Quiéreme tantito. Te adoro».

Frida habla del dolor: en una carta a su primer amor, Alejandro Gómez Arias, dice que «el viernes me pusieron el aparato de yeso y ha sido desde entonces un verdadero martirio, con nada puede compararse; siento asfixia, un dolor espantoso en los pulmones y en toda la espalda, la pierna no puedo ni tocármela y casi no puedo andar ni dormir menos».

Pide plata, da dinero, da invitaciones, escribe muchas cartas en inglés, pide recetas, vuelve a pedir dinero quizás para su drogadicción que hace a Diego Rivera llamarle «la niña enferma»: «Oiga, compañero, ¿qué no sería mucha lata para usted darme dos recetas para comprar dos ampolletas de demerol para poder dormir a gusto hoy y mañana?», le pide en una carta al doctor Samuel Fastlicht, quien prefirió destruir su recetario para no dejarse tentar por Frida.

Vuelve a hacer un perfil de su «niño mío», Diego Rivera: «Su vientre, enorme, terso y tierno como una esfera, descansa sobre sus fuertes piernas, bellas como columnas, que rematan grandes pies, los cuales se abren hacia fuera, en ángulo obtuso, como para abarcar toda la tierra y sostenerse sobre ella incontrastablemente, como un ser antediluviano, en el que emergiera, de la cintura para arriba, un ejemplar de humanidad futura, lejana de nosotros dos o tres mil años».

Toda la vida de Frida Kahlo está, efectivamente, en sus cartas y tú las conocías mejor que nadie y coincidiste, naturalmente, con Antonio Alatorre en el prólogo: «Lo que digo en conclusión es que Frida Kahlo es una señora escritora, dientona de veras (o chingona, como bien podía decir ella)».

¿QUÉ PASÓ CON EL LIBRO DE CARTAS?

El editor, como dijimos, fue Braulio Peralta, quien antes de hablar del fideicomiso y del libro que tuvo que sacar del mercado, prefiere hablar de ti, Raquel Tibol. En sus palabras, «a Raquel Tibol la aceptan como una historiadora de arte, pero nunca la van a aceptar como una crítica de arte. Eso es el fondo de toda la complejidad que hay en la cultura mexicana, para poder entender a una mujer que le hizo críticas al propio Diego Rivera, a Orozco, a Siqueiros, estuvo con ellos en todos los procesos de creación. A Raquel Tibol le tocó una parte de México que no va a volver nunca. Cuando el arte mexicano triunfaba en Rusia, en Nueva York, en Berlín, con estos tres grandes muralistas».

Raquel Tibol estuvo, claro, con Frida Kahlo. Fue a vivir cuando llegó de Chile (aunque ella era de Argentina) directamente a su casa, le habían cortado la pierna derecha y Diego Rivera estaba desesperado por «su estado físico y espiritual».

«A ella le costó cincuenta años ser la persona que hoy es Frida Kahlo. Cuando ella murió, en 1954, no había tenido una sola exposición, le hicieron una muestra cuando estaba enferma y a punto de morir. Las cartas físicas pertenecen al Fideicomiso del Banco de México. Originalmente pertenecían a Dolores Olmedo (1908-2002). Raquel Tibol pidió autorización para esas cartas. Se dedicó a estudiarlas durante quince años. Juntas me las presenta y yo casi enloquezco», dice Braulio Peralta.

«Pero Raquel tuvo una desavenencia con el fideicomiso de Diego Rivera, porque ella era una crítica acérrima de Dolores Olmedo; tuvieron muchos pleitos con Dolores por cómo manejaba el fideicomiso a su antojo. De hecho, Tibol declara que es lamentable no poder ver en México los cuadros de Frida Kahlo, porque están viajando por el mundo. Los hijos de Dolores Olmedo se enfurecieron por esa declaración», agrega Peralta.

A Raquel Tibol la aceptan como una historiadora de arte, pero nunca la van a aceptar como una crítica de arte. Eso es el fondo de toda la complejidad que hay en la cultura mexicana.

«Gracias a la intervención de Teresa del Conde (1938-2017) obtuvimos la autorización del Fideicomiso para hacer el libro. Cuando se dan cuenta del éxito de Escrituras de Frida Kahlo, reclaman los derechos y así se sacó del mercado. ¿Quiénes pierden en esto? Los lectores, el público y la propia Frida Kahlo. Porque esas cartas hablan del conocimiento que tiene de sí misma, de su obra, de lo que quiso representar en sus cuadros, de por qué se pintó a sí misma con los calzones colgando de Nueva York. Hablan de la obra de arte de Frida y la relación abierta con Diego Rivera. Eran unos modernos inusitados en tiempos de costumbrismo mexicano, así de sencillo», afirma Braulio Peralta.

Raquel Tibol era una mujer de dogma, «imposible negociar con ella un cambio de estructura» del libro. «Ella se enojó muchísimo cuando en la edición española querían hacer cambios de ciertos mexicanismos que usaba Frida. Raquel me llamó por teléfono y me decía: “Yo no puedo con la editora de España”».

«Frida Kahlo escribió su propia biografía a través de sus cartas y de su diario», dice Braulio Peralta. Lo decías tú. Lo decimos nosotros al ver Escrituras de Frida Kahlo, un hermoso libro de Raquel Tibol.

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