«Serpiente», de Alfredo Andonie: en Santiago de Chile aprendí a hablar
El español es un territorio compartido y en permanente transformación, un espacio donde conviven voces diversas que amplían los límites de la literatura. Desde esa mirada surge Mapa de las Lenguas, la iniciativa de Alfaguara y Random House que cada año identifica y proyecta las narrativas más significativas escritas en nuestro idioma. En su edición 2026, el mapa se compone de ocho libros que atraviesan géneros, estilos y geografías: del testimonio a la distopía, de la fábula a la crónica. Ocho propuestas que dialogan con el presente y desafían fronteras literarias y simbólicas. Aquí, Alfredo Andonie escribe sobre «Serpiente» (Alfaguara).
Por Alfredo Andonie

Alfredo Andonie. Crédito: Despacho Lennon-Quezada.
Yo nací y crecí en Santiago de Chile, y aprendí a caminar en concreto. Yo nací y crecí en Santiago de Chile, pero a mi ciudad no le gusta hablar. Tampoco te mira a los ojos y por años pensé que no los tenía. Pero Santiago ve todo. Desconfiada y sigilosa, te observa de reojo. Hay ciudades que gritan y otras que lloran: pero mi ciudad es huraña y a ella no le gusta hablar. Mi ciudad te exige callar. Y está bien. Yo le debo a su silencio la palabra de mi pavimento como le debo a mi olvido su comienzo: «Una serpiente deambula por las calles de Santiago», arranca en 1969 mi novela desde el centro de la capital.
En Serpiente quise hacer una arqueología del grito, escarbar los años y reconstruir el coro de una ciudad enmudecida para poderla escuchar. En mi novela quise rendirle un tributo al pasado de mi terreno para encontrarme en él, abrir un hueco en su tiempo, dejar correr el paso ausente de cuerpos, escuchar sus voces, la voz de la calle, el tránsito de su deseo y lo prohibido del subsuelo. Escribí para mis pies, para darles un piso, ponerlos en la tierra y echar a andar raíces de mis suelas. Pero no fue así. Hay mucho pavimento. Retratar a Santiago me fue desdibujando. A medida que escribía, me iba borrando. Perdí terreno, tengo menos tiempo y hay mucho concreto. A medida que escribo, me olvido. Y está bien. Santiago te exige callar para escuchar y olvidar para comenzar. Y yo tuve que ausentarme para dejarla entrar.
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Y entra. La Pedra, la Chichi y la Ramona destellando plumas a medianoche mientras Emeterio cacarea el último chisme de la capital. Patricia y Ernesto lanzan una carcajada desde la esquina y Dalia se retuerce de furia contra su hijo, Carlos, que muere de celos viendo a Pedro prenderle un cigarro a Baltazar. Baltazar es un prostituto que recorre la calle buscando clientes entre bares, cines y plazas a fines de la década del sesenta y comienzo de los setenta. Traza un sendero de miradas a lo largo de un Santiago convulso de política, carne y fantasía. Los cuerpos se echan a correr y sus voces transitan el deseo callejero. La noche santiaguina arde y la madrugada estalla de pólvora y gemidos. La ciudad grita desde el subsuelo.
Y desde ahí aprendí a escuchar. Santiago, tierra sísmica, que rompe concreto y agrieta pavimento, habla, ruge y mira, siempre, desde el subsuelo. Y escucho. Porque sólo aquí aprendí a hablar.
El español es un territorio compartido, un espacio diverso habitado por múltiples voces que lo transforman cada día. Desde esa mirada nace Mapa de las Lenguas, una iniciativa conjunta de Alfaguara y Random House que, cada año, traza una cartografía de la mejor narrativa escrita en nuestro idioma.
Cada país selecciona las obras más prometedoras, relevantes o singulares de su escena literaria: títulos que merecen ser leídos más allá de sus fronteras. Mapa de las Lenguas es la plataforma que les permite expandirse y ser publicados de manera simultánea en todo el ámbito del español. Una colección que refleja la temperatura de lo que está ocurriendo en la literatura de cada país.
En 2026, ese mapa se dibuja con ocho libros que revelan la amplitud y la diversidad de la narrativa contemporánea: del testimonio histórico a la distopía, de la fábula poética a la crónica de lo real. Cada uno de estos libros es una forma de resistencia: contra el realismo, contra el olvido, contra las fronteras.
Desde Argentina, Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores de Roberto Chuit Roganovich combina el terror ecológico y la ciencia ficción para crear una criatura que atraviesa la historia y las entrañas del planeta; mientras que en México, Soñarán en el jardín de Gabriela Damián Miravete convierte la fantasía especulativa en un acto de resistencia y esperanza.
En España, Presentes de Paco Cerdà reconstruye la memoria desde la no ficción con la intensidad de una novela, y Laura Chivite, con El ataque de las cabras, transforma la rareza de crecer en una celebración del humor y la imaginación.
Desde Colombia, Andrea Mejía deja fluir en La sed se va con el río una prosa poética que une lo humano y lo natural, mientras Antonio García Ángel mezcla sátira y vértigo en Que pase lo peor, una fábula brillante sobre el desorden contemporáneo.
En Chile, Alfredo Andonie irrumpe con Serpiente, una novela queer y nocturna que captura el deseo y la historia en los años setenta; y desde Perú, Dany Salvatierra imagina con Criaturas virales una Lima distópica donde la belleza se abre paso en medio del colapso.
Mapa de las Lenguas no busca fijar una geografía, sino mostrar su movimiento: el idioma como materia viva, la literatura como territorio en expansión.
Te damos la bienvenida a nuestro MAPA DE LAS LENGUAS 2026.

