Arturo Pérez-Reverte: crónicas de guerra, memoria y literatura
La guerra, en la memoria de Arturo Pérez-Reverte, no es un escenario remoto ni una materia literaria domesticada: es una habitación que nunca se abandona del todo. «Enviado especial» (Alfaguara, 2026) reúne la biografía bélica del escritor y académico a través de sus crónicas, reportajes y artículos sobre los conflictos que marcaron el último tercio del siglo XX y que, con el tiempo, alimentaron una de las miradas literarias más reconocibles de la narrativa española contemporánea. Mostar, Sarajevo, Beirut, Bagdad o El Aaiún regresan aquí como nombres cargados de polvo, miedo, dignidad y verdad periodística. Durante más de dos décadas, Pérez-Reverte miró de frente al ser humano en sus límites: la cobardía, el valor, la manipulación, la supervivencia. LENGUA acudió a la presentación del libro en el Ateneo de Madrid en mayo de 2026 para compartir aquí las declaraciones más destacadas de un acto que iluminó el origen moral y narrativo de una obra escrita desde la experiencia directa.

Arturo Pérez-Reverte (con gafas de sol) en Tah (Sáhara Occidental), punto fronterizo donde se detuvo la Marcha Verde, en 1975. Crédito: cortesía de Arturo Pérez-Reverte.
Cómo la censura está distorsionando la realidad
«Antes, nosotros [los fotoperiodistas] éramos la garantía de la verdad, éramos testigos directos, un contacto más fiable con ella. Ahora hay un montón de cosas que se interponen: imágenes que graban los soldados o las víctimas con los móviles o con drones… La verdad se ha alejado tanto que ya es imposible matizarla. Nosotros, los reporteros de esa época, los que están aquí y los que no, que hay muchos que están muertos, éramos una tenue garantía. Llegábamos a la guerra y mostrábamos: "Esto es la guerra". Ahora hay tanta interposición tecnológica e intereses de todo tipo que ya no es fiable. Ya no hay ninguna guerra fiable».
«Este libro, este periodismo, no puede mentir. Son imágenes de verdad, estamos dentro. Nadie puede mentir si está viendo a la gente morir delante de él. Matar a un prisionero, apalear a alguien… nadie puede mentir. Ahora ya no; ahora esto hasta puede ser manipulado con inteligencia artificial».
«El público no quiere entender la verdad; prefiere que le digas su verdad o prefiere mantenerse cálidamente lejos de la realidad. No quiere sangre, no quiere muerte».
«La guerra ha dejado de ser real, y eso es una barbaridad, una atrocidad. Durante 3.000 años, el ser humano vio la guerra como algo concreto, palpable, que protagonizaba, vivía y sufría. Ahora, cuando la guerra llega de verdad, nos pilla a todos preguntándonos: "¿Cómo es posible?"».
Ver más
«El público es tan culpable como los medios. El público acepta lo que le dan, no exige la realidad. La atención del público son ocho segundos y después pasa a lo siguiente. La guerra es muy cara de cubrir. Antes te mandaban a la guerra, te mandaban a Sarajevo, te mandaban a Beirut, y pasabas allí meses manteniendo el flujo de información para un público que reclamaba esa información. Ahora no merece la pena mandar a un enviado especial a una zona de estas, gastándote el dinero durante meses, para que a la gente no le interese».
«Las guerras se ponen de moda y luego pasan de moda. Hoy tenemos un barco y una epidemia; mañana se hablará de otra cosa».
«Hay un mundo que se ha terminado, y ahora viene otro, mejor o peor, pero es otro. El mundo de los reporteros, el mundo de la gente que iba allí y se jugaba la vida, o la mataban, o sufría para poder contar la realidad y poder conmover, sacudir conciencias… eso se ha terminado».
«En Gaza no veíamos imágenes crudas. Veíamos algunas imágenes, pero las más crudas no las veíamos. Yo no he visto a ningún niño con la cabeza aplastada, ni unas tripas fuera, ningún hombre mutilado, sangrando, aullando de dolor. Hasta lo más horrible lo tapan, lo esconden, lo capturan, lo pixelan… Eso es lo terrible: que nos han alejado de la realidad. La guerra es un horror terrible, huele mal, apesta a carne podrida, a plástico quemado, a sangre. En la guerra se grita, las personas aúllan, gritan… La guerra es eso, y eso es lo que tiene que hacer que, cuando la gente lo conoce, diga: "Cuidado con la guerra"».
«Los periodistas de ahora hacen lo que pueden, pero no les permiten hacer su trabajo. Hay tanta censura que ni siquiera es oficial. Es una censura social: el espectador no quiere que le digan la verdad».
«Hay una idea básica que es lo primero que hay que plantear: estas fotografías, hoy, no se podrían publicar. Se pixelarían, se apartarían. Son imágenes inadmisibles en el mundo actual, y eso les da un sentido especial. Las taparían, las esconderían. Molestan, son incómodas. Los mismos jefes prohibirían que se publicaran».
-Arturo-Pérez-Reverte.webp)
Las ruinas de Beirut. Crédito: cortesía de Arturo Pérez-Reverte.
La guerra y la literatura
«Yo tuve una ventaja. Hay gente que se iba con chicas, se emborrachaba, se tiraba con un cigarrillo mirando a la pared sin hablar con nadie durante una hora… Yo tenía libros, y eso era lo que me permitía digerir todo aquello. Yo lo había leído ya. Llegaba a Sarajevo, o a donde fuera, y yo eso ya lo había leído en Homero, etc. Eso me permitía racionalizarlo, digerirlo, hacerlo soportable. Era una especie de mecanismo analgésico para soportar cosas teóricamente insoportables. Cada uno tenía sus métodos, y el mío eran los libros».
«Ahora, para escribir novelas, recurro continuamente a mi memoria. Yo fui a la guerra con una mirada educada por otros, por los autores que había leído; ahora escribo novelas con la claridad que la vida me dejó».
«Yo tengo una biografía de la que me alegro, pero también tengo remordimientos. De vez en cuando te acompañan los fantasmas, pero, a cambio de eso, he aprendido muchas cosas sobre el amor, el odio, la violencia, el ser humano. Cualquier lector mío se beneficia de lo que yo aprendí allí. Es una forma de mirar el mundo, no mejor, pero distinta».
La amistad, el humor como mecanismo de supervivencia y la soledad
«La guerra, aunque parezca asombroso decirlo aquí, puede ser divertida en algún momento».
«Yo he entrevistado a un oficial de guerrilla africano con unas gafas Ray-Ban con la etiqueta pegada en el cristal de la gafa, y no se la quitaba para hacer ver que eran nuevas. [José Luis] Márquez ha grabado a un africano con un chaleco salvavidas hinchable inflado en mitad de la selva… Eso lo hemos visto».
«Cuando carga la tensión, cuando has estado horas y horas bajo el fuego, bajo una presión muy fuerte, llegas al hotel, abres una botella de algo, te ríes, haces bromas, y se ve esa especie de cinismo profesional que tiene el periodista, que no es maldad: es que también necesitas sobrevivir psicológicamente. Todo este tipo de bromas, de risa, a veces de humor negro, forma parte de la profesión. En la guerra hay momentos de todo, como en la vida».
«Yo nunca estaba detrás de mis compañeros. Siempre estaba a su lado, siempre estaba con ellos. Todo esto genera unos lazos, crea unos vínculos especiales. Pasarán los años y, aunque no nos veamos nunca, queda en nuestra memoria».
«Cuando ibas solo tenías que relacionarte más, buscarte la vida, conocer a la gente, llegar a un lugar y ofrecer cigarrillos, una botella de whisky… Mi etapa trabajando solo fue muy de aprendizaje, porque me hizo desarrollar un montón de trucos del oficio, trucos profesionales para sobrevivir».
-Arturo-Pérez-Reverte.webp)
Tessenei en 1977, durante la guerra de independencia de Eritrea. Crédito: cortesía de Arturo Pérez-Reverte.
El pasado que sigue hablando desde el presente
«[La guerra] me dio una mirada, una forma de ver el mundo, la vida, las relaciones… Yo soy lo que soy porque viví esos años allí. La guerra me conformó. Todavía ahora tengo reacciones positivas que tienen que ver con la forma de moverme, de ir por una calle, buscar el sol y la sombra, pararte en una esquina, mirar si hay alguien detrás… Y esa certeza de la incertidumbre, esa conciencia de que estás en un lugar hostil donde puede haber cualquier problema, la tenía yo, y hace falta».
«Cuando estás allí, la obsesión es transmitir. A esto lo sacrificas todo. Yo he delinquido en todos los países y en todos los idiomas. He sobornado, he mentido, he engañado a policías, soldados… para poder transmitir. Ningún reportero de verdad tiene la conciencia tranquila en ese sentido. Todos hemos hecho cosas oscuras, necesarias. Esto tiene daños colaterales, que son los fantasmas que cada uno tiene».
«Un periodista que muere en la guerra es un accidente laboral. Han matado a muchos amigos, amigos muy queridos. Los matan trabajando. Sería insultarle, rebajarle la categoría, decir que lo han asesinado. Va incluido en el trabajo, lo asumes cuando vas de periodista de guerra».
«Claro que tienes miedo a la muerte, pero otra cosa es el pánico. Te derrumba, es peligroso, pero el miedo te lo aguantas».
OTROS CONTENIDOS DE INTERÉS:
Arturo Pérez-Reverte y la guerra
Arturo Pérez-Reverte: cuando fuimos honrados mercenarios
Animales como uno: Arturo Pérez-Reverte y los perros que amó
Arturo Pérez-Reverte por Pierre Lemaitre: literatura para bien de todos
Clases de literatura (avanzada) con Arturo Pérez-Reverte y Pierre Lemaitre
Tuiteos sobre literatura en el bar de Lola (201...

